miércoles, 6 de mayo de 2009

Panamá, un gran vecino

Editorial

El Heraldo, Barranquilla

Mayo 6 de 2009

La política exterior colombiana ha girado en gran medida en los últimos años alrededor de las relaciones con dos de nuestros países vecinos: Venezuela y Ecuador. 

Los hechos que han determinado esa atención especial son de amplio y público conocimiento, como lo son también las innumerables vicisitudes que hemos vivido en todos esos años, tanto con el gobierno Chávez como con el de Correa.


Mientras que las relaciones con Caracas pasan por un buen momento, las relaciones con Quito aún permanecen suspendidas. De poco han servido hasta ahora las gestiones de varios intermediarios para restablecer los tradicionales canales diplomáticos y, para ser realistas, parece poco probable que se logre ese objetivo. Así lo deja entrever de tanto en tanto el presidente Correa o su ministro de Relaciones Exteriores.
 

En medio de ese escenario dominado por quienes son, además, nuestros principales socios comerciales en la región, es preciso destacar los esfuerzos recientes por fortalecer las relaciones con Brasil, por la importancia creciente que tiene ese otro vecino, no solo en la región sino también en todo el continente.


En lo que hace a Perú, las relaciones con el gobierno de Alan García se mantienen en buena tónica y nada hace pensar que ellas vayan a cambiar en el futuro inmediato. Perú transita hace ya varios años un camino de gran estabilidad política y crecimiento económico sostenido, que solo beneficios nos puede traer.


A la región, es apenas obvio, le conviene la estabilidad política y el buen entendimiento entre las naciones, así no exista un bloque sólido que obre en la arena internacional con una sola voz. Las fricciones continuas o las disputas verbales, aunque inevitables, deben tratarse en el marco diplomático adecuado para evitar que ellas pasen a estadios mayores.


Máxime en estos tiempos de crisis económica cuando se impone la mesura y la protección de los mercados tradicionales. Ningún país puede darse el lujo de perder a sus mejores clientes por cuestiones menores.
 


Esbozamos este breve contexto para apreciar mejor los fuertes lazos económicos, culturales y políticos que desde hace décadas hemos tenido siempre con ese otro vecino nuestro, ayer no más parte integral de Colombia: Panamá.


En efecto, nuestras relaciones fluyen de manera tan cordial y tranquila que muy pocas veces reparamos en ellas, no porque las subestimemos, sino porque nunca se presentan fricciones o problemas que perturben ese buen clima de entendimiento.
 


Panamá se ha convertido, de hecho, en un escenario atractivo para la proyección de muchas empresas colombianas y un mercado dinámico para nuestras exportaciones.
 


La economía panameña, sin embargo, no ha estado, ni está exenta de las turbulencias financieras mundiales que han afectado todos los continentes. Su extrema sensibilidad a los movimientos financieros la hacen muy vulnerable en estos tiempos de crisis, como ya lo está experimentando en los últimos meses, en los cuales se ha acentuado su desaceleración.


Ese es el escenario que afrontará el recién electo presidente Ricardo Martinelli, quien deberá tomar en el corto plazo diferentes medidas macroeconómicas que seguramente tendrán un sentido efecto en nuestras relaciones bilaterales y afectarán a más de una empresa barranquillera.


Si bien en sus primeras declaraciones públicas el nuevo mandatario expresó su simpatía por el presidente Uribe y nada hace pensar que vaya a revisar nuestras relaciones diplomáticas, no podemos ignorar que algún malestar debe existir en algunos sectores panameños desde que la candidata presidencial oficialista Balbina Herrera, dijo en su campaña que si ganaba las elecciones empezaría a exigir visas de ingreso a los ciudadanos colombianos.


Las razones que esgrimió en su momento la candidata hacían referencia a los efectos que el conflicto colombiano tenían en su país: “Tenemos un problema de narcotráfico, armas ilegales y pandillas. Mucha gente sale huyendo del conflicto... y resulta que el conflicto ahora se está yendo a Panamá...”, fueron sus palabras.

Se trata, a no dudarlo, de una preocupación que no se debe minimizar y a la que se le debe prestar la mayor atención. A todos los problemas que tenemos con los vecinos debemos procurar que este no coja vuelo y se convierta, a la vuelta de poco tiempo, en una fuente de desestabilización con quien ha sido un excelente socio y compañero.


Le deseamos, pues, la mejor de las suertes a nuestra hermana república de Panamá, y que nuestros profundos lazos de amistad, cooperación y amistad política sigan inalterados.

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