Gral. (r.) Henry Medina
El Colombiano, Medellín
Noviembre 13 de 2009
Hace años, en 1999, cuando el Coronel retirado Hugo Chávez se convirtió en el presidente de Venezuela, opiné que, dada la personalidad del mandatario y los ribetes de su nueva constitución, los colombianos deberíamos apostarle al éxito de su gobierno, pues si a él le iba mal, a nosotros también nos podría ir mal. La realidad es que a Chávez no le ha ido bien y las relaciones entre los dos países se han deteriorado. Actualmente están en una situación que podríamos calificar de delicada. Para dolor de todos, lo que era posible, ahora también es, en alguna medida, probable.
En agosto del 2001, en la Escuela Superior de Guerra, nos propusimos planear, organizar y dirigir un seminario internacional que denominamos: "Sociedad, Gobierno y Fuerza Pública en situaciones de emergencia". Vinieron especialistas de todo el mundo que nos dejaron valiosas reflexiones. La idea fue bosquejar los cimientos de una nueva conciencia sobre las responsabilidades institucionales en el proceso que genera la aplicación de los conceptos de previsión, prevención, protección y reparación. Parte de ello se conoce militarmente como "Movilización". Su objetivo es minimizar los riesgos de que ocurra lo indeseado, o que ocurriendo, los efectos sean lo menos lamentables.
En tal ocasión, no estábamos pensando únicamente en el eventual riesgo de una confrontación bélica de características mayores a las que hemos vivido en los últimos lustros, sino también en las graves consecuencias de una catástrofe natural, pandemia o cualquier otra calamidad pública. El conflicto con el Perú, la desaparición de Armero, el terremoto del Eje Cafetero, el 1.200.000 afectados por el fenómeno de La Niña en 1999 y otros eventos indeseados nos han dejado variadas experiencias. En el futuro, lo posible puede ser cada vez más probable. La previsión y la buena fortuna no lo permitan, pero podríamos tener un tsunami en el occidente o un evento antrópico en el oriente.
Desafortunadamente, las expectativas creadas en el seminario internacional del 2001 se fueron extinguiendo, tal vez, porque estamos acostumbrados a priorizar lo urgente y visible sobre lo trascendente e importante o porque tendemos a confundir lo poco probable con lo imposible. Ello lleva a la imprevisión y a incrementar la probabilidad de que pase lo que no deseamos que suceda. En términos militares, la capacidad disuasiva se hace insuficiente y la paz explosiona.
La movilización humana exige, además de motivación e información, organización y compromiso. En tal sentido, los medios de comunicación juegan un papel fundamental. La movilización de recursos incluye la disponibilidad de toda la capacidad productiva del país, de incorporación de bienes del exterior y de transporte, almacenamiento y distribución. La logística adquiere toda su dimensión y el ser humano muestra toda su generosidad, solidaridad y entrega a una causa. Las experiencias del Forec, en los años posteriores al terremoto del Eje Cafetero, muestran en algo los imperativos de organización y liderazgo que tales circunstancias exigen.
En tal materia resta mucho por hacer. Bien sabemos que es mejor prevenir que lamentar. Salir airosos de cualquier situación de emergencia no es responsabilidad únicamente del Gobierno nacional, sino de toda la institucionalidad colombiana en su conjunto. Estamos en mora de propiciar la cultura de la previsión.
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