martes, 17 de noviembre de 2009

De una vez por todas

Francisco Javier Saldarriaga

El Colombiano, Medellín

Noviembre 17 de 2009

La tontería llega a extremos inaceptables. La tolerancia se agota con estos exponentes de fatuidad perenne.

La primera de estas circunstancias se presenta día a día con el coronel Chávez, que con su intemperancia verbal mantiene locos, extraviados y desconcertados a sus seguidores, que ante sus incoherencias sólo les queda aplaudir como monos de manada, sus palabras inconexas y sin sentido, por un momento es un manso cordero y a renglón seguido, sin pausa siquiera, arremete con toda la fuerza de su estupidez, contra quienes él y solo él, considera que lo están persiguiendo para asesinarlo.


La historia de los pueblos se reedita con periodicidad y con ritmo inexplicables, se repiten hechos que suponemos superados por la humanidad. No entiendo si es por amnesia colectiva o por ignorancia extrema, pero surgen personajes que tienen la capacidad de encender el mundo con acciones por fuera de toda lógica, lo inquietante es que encuentran seguidores que se van convirtiendo en fanáticos obtusos, que solo ven por los ojos de esos líderes insanos.


¿Qué tenemos ahora en nuestro vecindario? Un enfermo mental, esquizofrénico, pues se cree la reencarnación de Bolívar, paranoico, ya que ve enemigos en donde no los tiene (no los ve en donde realmente están; son esos que le asesoran y le aceptan todas sus necedades sin hacerle caer en cuenta de sus errores) y un pueblo que sin darse cuenta, se está dejando llevar a un abismo sin fondo, puesto que si se desencadena lo que este señor pretende para mantenerse en el poder, el retorno a la cordura se dará cuando no haya piedra sobre piedra, en una sociedad que enloqueció debido a unas dádivas momentáneas.

Ha surgido una nueva clase social en Venezuela; es la que se está entronizando en todos los estamentos de poder dentro de los cargos públicos, a raíz de los nombramientos de seguidores del coronel, sin importar sus capacidades y conocimientos. Podríamos llamarla clase chavista, que tiene poder, dinero y muy pocos conocimientos. Son como aquellos que se ganan la lotería y no están preparados para esa bonanza instantánea. Cuando es solo esto, la dilapidan; allá se la ganan diario, pero siguen impreparados y además tienen poder.


Esos ministros incoherentes en sus palabras como su jefe, esos cancilleres sin nada de diplomacia y mucho de inmadurez y, en fin, los cercanos y el caudillo incluido, están conduciendo a todo un pueblo a un suicidio. Falta alguien que "de una vez por todas", imponga la razón. Al paso que vamos, tendrá que llegar de afuera, pues en el interior no aparece quien pueda.

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