domingo, 15 de noviembre de 2009

Este planeta azul

Editorial

El Heraldo, Barranquilla

Noviembre 15 de 2009


La explosión de un cohete lanzado desde la Tierra contra la superficie lunar puso al descubierto lo que tan afanosamente viene buscando desde hace años la agencia espacial estadounidense, Nasa: agua.

Luego del impacto del artefacto artificial sobre la Luna, en la polvareda que se levantó se pudieron detectar muestras de agua congelada, para satisfacción de los científicos que seguían con gran ansiedad los resultados de la misión.

El descubrimiento del preciado líquido alentó los planes de la Nasa de construir en el satélite natural de la Tierra una estación que permita abastecer futuras misiones tripuladas a otros planetas del sistema solar y de más allá.

Sin duda, un hallazgo de gran importancia para la ciencia en su incesante búsqueda de conocimientos acerca del vasto e ignoto universo en que nos hallamos suspendidos y, hasta ahora, solitarios.

La presencia de ese elemento vital para la vida se constituirá así en un motivo más para que el gobierno de Estados Unidos le continúe asignando cuantiosos recursos a su agencia espacial. Por lo pronto ya se habla de reactivar las misiones tripuladas a la Luna.

Difícilmente quienes aún habitamos este planeta podemos sustraernos de cierta sensación de asombro y regocijo por este descubrimiento. A partir de ahora ya tendremos un nuevo pretexto para mirar con más atención esos cráteres que salpican la corteza lunar.

La imaginación de los niños de seguro que muy pronto poblará la superficie del satélite con jardineros regando toda clase de plantas y de lagos con peces voladores. Mientras los científicos empezarán a diseñar los siguientes experimentos y las futuras estaciones lunares, los niños harán lo propio con su imaginación; incluyendo, por supuesto, a esos otros niños, los poetas.

Ese es otro atractivo que tiene el hallazgo de la Nasa; esto es, que es democrático, en el sentido de que cada terrícola le puede dar el significado que quiera según sus sueños y su imaginación. Al fin y al cabo la Luna sigue siendo de todos.

No obstante, en esto hay algo que no deja de ser bastante paradójico. Al tiempo que Estados Unidos invierte grandes sumas de dinero en tratar de hallar agua fuera de la órbita terrestre, aquí en la Tierra se resiste a adquirir un mayor compromiso para que su industria reduzca de manera drástica la emisión de gases de efecto invernadero.

El incremento de estos gases es considerado por la comunidad científica como uno de los principales factores que más está incidiendo en el calentamiento global y, por ende, en la reducción de los glaciares, como también en las intensas sequías responsables del aumento de la superficie de los desiertos.

Ciertamente somos muy contradictorios los terrícolas: mientras hacemos todo lo posible para agotar las reservas de agua dulce del planeta, a la vez nos gastamos ‘astronómicas’ sumas de dinero tratando de hallar ese preciado don de nuestra naturaleza a millones de kilómetros de la Tierra.

No ha habido, en efecto, razón suficiente, ni alertas rojas, ni estadísticas angustiosas, que lleven a los países más industrializados a tomar las medidas requeridas para detener la degradación creciente del medio ambiente, la destrucción de los bosques, la contaminación de los mares o la extinción de la fauna silvestre.

Así como el hombre ha demostrado ser un animal de una curiosidad insaciable que lo llevará a los más remotos confines del universo, así mismo ha demostrado hasta la saciedad tener una irresistible capacidad depredadora que lo llevará a la ruina de esta hermosa esfera sideral.

Al respecto, todo parece indicar que en la próxima reunión en Copenhague sobre cambio climático los países pobres y ricos no llegarán a un acuerdo que permita remplazar el Protocolo de Kioto, que está próximo a expirar en 2012.


En los próximos años veremos entonces aumentar los racionamientos de agua, como ya se viven en España y en Caracas, al tiempo que se incrementarán los viajes a la Luna y las perforaciones en su superficie tras el preciado líquido.

Será, sin duda, curioso ver partir los cohetes desde un planeta azul hacia un satélite yermo.

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