Editorial
Vanguardia Liberal, Bucaramanga
Noviembre 12 de 2009
En innumerables ocasiones, este espacio editorial ha citado los ejemplos y detallado las consecuencias de esa incapacidad crónica de los altos dirigentes estatales, de aprender las lecciones de sus errores. Desde presidentes de la República hasta magistrados, pero muy particularmente los congresistas, se han caracterizado por insistir en sus faltas y reiterar sus equivocaciones e irregularidades que lamentablemente, terminan por lo general perjudicando a todo el país. Sin embargo, hay quienes rompen sus propias marcas todos los días, como sin lugar a dudas lo hace la senadora Piedad Córdoba.
La controvertida parlamentaria, a quien no se le puede negar su aporte para la liberación de secuestrados por parte de las Farc, no solo parece desconocer la impopularidad que le generan muchas de sus posturas, sino que persevera en las mismas.
A las polémicas pero sobre todo ofensivas fotos con boina y de abrazo con delincuentes de las Farc, la opinión pública aún les suma sus declaraciones en México exhortando a la comunidad internacional a romper relaciones con el Gobierno colombiano.
Pero ahora hay más. No contenta con lo anterior, esta semana insiste en su apoyo a Hugo Chávez, quien mantiene a toda la región incendiada políticamente, asegurando además que existen planes para asesinar al mandatario venezolano que hasta el momento, sólo él ha denunciado, curiosamente, cada vez que se aproximan elecciones internas.
Y, sí la senadora Córdoba tiene derecho a sus opiniones, así como a expresarlas por más de que estén en contravía a las del resto del país. Ese es precisamente uno de los pilares de la democracia.
Sin embargo, cuando esas posturas van en contra de su propia nación, como en el caso más reciente al afirmar que es el Gobierno Nacional al que más le conviene la confrontación, al tiempo que resulta evidente que Chávez es su principal instigador y agresor, la congresista sí debería considerar si no está azuzando una situación de por sí particularmente difícil. Situación que a fin de cuentas ella condona, a pesar de que perjudica a su propia patria.
En pocas palabras, Piedad Córdoba como cualquier ciudadano, tiene derecho a sentar sus posiciones, pero cuando lo hace en calidad de Senadora y en contra del Estado del que hace parte para ponerse a favor de un antagonista extranjero, sí constituye una provocación innecesaria que muy posiblemente, le cobrarán los colombianos en las próximas elecciones.
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