José Félix Lafaurie Rivera
El Universal, Cartagena
Noviembre 10 de 2009
Aunque se estima que la economía iniciará su recuperación en 2010, nadie sabe en qué momento y bajo qué parámetros. Salir del trance requiere remontar la caída del consumo de los hogares, corazón de la demanda agregada y de la reactivación del PIB. Las condiciones no están dadas. Las tasas de interés siguen siendo un elemento reactivo de la demanda. Sólo una reducción rápida y mayor en los tipos de interés del Emisor podría mejorar la confianza, si se transmiten con la misma velocidad y magnitud a los créditos de consumo e hipotecario.
El Banco de la República lo ha hecho bien, pero necesitamos más. Los cinco sectores responsables del 85% de empleo tienen tres y cuatro trimestres de crecimientos negativos –comercio, industria manufacturera y sector agropecuario– o empiezan a mostrar una merma –Servicios Sociales, Comunales y Personales y Transporte–, con un agravante: las malas perspectivas para los exportadores, con una apreciación del peso frente al dólar de 14,69% en los últimos 12 meses, que sólo augura mayor desempleo.
La construcción y minería repuntan, pero escasamente crean el 6% del empleo. Y, el financiero –con crecimientos sostenidos– no participa con más del 8%, pero mantiene una política de riesgo que no estimula el crédito.
Aunque el Emisor bajó sus tasas de intervención en 550 pb desde diciembre de 2008, los intereses de colocación, en especial para consumo eventual dinamizador de la demanda de los hogares– ha caído escasamente 360 pb. La tasa para el crédito de consumo está 19 puntos porcentuales por encima de la tasa del Banco y es casi 7 veces la inflación, y se refleja en la cartera total del sistema financiero, que desde hace más de dos años y medio se desacelera, en especial la de consumo, que de un crecimiento de 49,6% anual, pasó a 1,28% en agosto pasado.
No sirve que la baja en las tasas de intervención del Emisor se sienta un año después en la banca. La economía necesita que el sistema financiero actúe en consonancia. Y puede hacerlo. El sector exhibe leves deterioros en los indicadores de mora y calidad de cartera. El saldo de deuda hipotecaria y de consumo, como porcentaje del PIB, ronda el 11%, inferior al 19% de 1999. El indicador de solvencia supera en 6,1 puntos porcentuales la mínima legal requerida de 9%, al estar en 15,1% en agosto y sus utilidades acumuladas llegaron a $5,9 billones.
La estabilidad del sistema financiero y el comportamiento de la economía están asociados con la dinámica del sector real. Poco se podrá hacer en 2010 sobre la quiebra de los sectores productivos, con una mayor destrucción de empleo y de variables como ingreso, inflación y PIB. El artífice, en buena medida, del cuarto de hora de los precios bajos, ha sido la sobreoferta agroalimentaria, que difícilmente se repetirá en 2010.
El otro componente reactivador de la demanda, la inversión de las empresas y el sector público, tampoco está “para hacer cucharas”. Para 2009 se espera un mal comportamiento del recaudo fiscal, que se estima caerá cerca en $6,9 billones, con su efecto negativo en el gasto público productivo. Sólo queda el sector privado para reactivar la inversión, que igual requiere crédito expedito a un precio acorde con las condiciones macroeconómicas, que, por supuesto, tampoco está dado.
*Presidente Ejecutivo de FEDEGÁN
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