lunes, 16 de noviembre de 2009

¿Posición dominante de EPM o algo más?

Carlos Felipe Londoño Álvarez

El Colombiano, Medellín

Noviembre 16 de 2009

Con la decisión del Gobierno Nacional de vender su participación en Isagén, se ha abierto nuevamente el debate sobre este proceso que incluye repetidos intentos de venta desde hace diez años. En 1997, luego de varios anuncios contradictorios por parte de altos funcionarios gubernamentales, se suspendió la venta de Isa e Isagén, sugerida, entre otros, por la Comisión del Gasto Público.

En ese entonces, este columnista expresó que los mensajes contradictorios del Gobierno reflejaban inseguridad en sus decisiones y que, por tanto, no sería extraño el anuncio de nuevos cambios en éstas, tal como acontece ahora con Isagén.

El agua y la energía han sido objeto de más de veinte artículos en esta columna, en los que se ha expresado, en forma argumentada, la inconveniencia de la venta de Isagén por considerar que esta empresa y sus activos son estratégicos para el país. En consecuencia, si el Gobierno decidiera venderla, EPM -o la Empresa de Energía de Bogotá- debería poder aspirar a adquirirla en los términos establecidos por la ley, pues no tiene sentido excluirla del derecho que le asiste de competir en condiciones de mercado, cosa que tanto el Alcalde de Medellín como el Gerente de EPM hacen bien en defender públicamente.

La energía eléctrica es un elemento fundamental para el desarrollo del país y carece de sustitutos, por lo que no convendría dejar en manos privadas la mayor parte de la generación de energía, máxime si en este caso se considera que las centrales eléctricas fueron construidas con recursos públicos y han sido bien administradas; como lo sería, eventualmente, de continuar en manos de EPM que, además, podría ofrecer algunas ventajas adicionales por su integración operativa y comercial de la cadena hídrica del Oriente antioqueño.

Colombia, y Antioquia en particular, tiene un gran potencial para generar energía limpia que debería aprovecharse más y en mejor forma para impulsar el crecimiento económico, reducir sustancialmente la pobreza, eliminar la miseria y mejorar la calidad de vida de nuestra gente, asuntos que, sin lugar a dudas, son responsabilidad plena y primaria del Estado en todas sus formas.

Pero el desarrollo de estos proyectos demanda grandes inversiones con un largo período de retorno, que pocas veces es atractivo para los inversionistas privados, lo cual también debe llevar a debatir, en forma amplia, el tope establecido de generación propia, o ¿quién va a construir esas nuevas centrales?; y ¿puede relegarse el desarrollo de éstas a la exclusiva iniciativa privada?

Por eso, es desafortunado, y cuesta entender, que un destacado columnista de El Tiempo , -ex ministro y actual directivo académico-, con base en la venta de Isagén, alimente rencores regionales como lo hizo recientemente desde su privilegiada tribuna, en un país que demanda, por el contrario, estrechar los lazos de entendimiento. Sería suficiente plantear las ideas y los argumentos de su visión sobre el asunto sin sembrar la cizaña que, además, pone en boca de "un buen amigo caleño" como para liberarse de la responsabilidad de semejante aseveración que resaltó desde el título de su columna.

A pesar de que haya diatribas como ésta, no debería existir temor en defender que EPM pueda participar en el proceso de compra de Isagén acorde con lo establecido en la Constitución, las leyes y las normas de regulación de la operación que deben velar por el bien común.

Y en tal caso, EPM debería ofrecer un valor que le asegure la adquisición, pues se trata de una inversión segura, de valor estratégico, con buena rentabilidad y que le permitiría abrir en debida forma la puerta principal de la exportación de energía, para el bien no sólo de Antioquia sino del país.

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