Rafael Nieto Loaiza
El País, Cali
Febrero 07 de 2010
El referendo rerreleccionista murió. En Anif le dan 30% de posibilidades. Son optimistas. Sólo lo salva un milagro. La ponencia negativa del magistrado Sierra Porto cambia no solamente la dinámica política, como lo prueban los acuerdos entre Santos y Arias, sino que impacta del tal manera el cronograma que hace complicadísimo realizar el referendo.
Si se acoge la ponencia de Sierra, el asunto está zanjado. No habrá referendo. Pero si la mayoría se inclina por negarla y declara la constitucionalidad del referendo, la Corte debe escoger otro magistrado para que redacte una nueva ponencia. Entre la discusión sobre la ponencia original, la escogencia del nuevo ponente en caso de que la mayoría no la acoja, la preparación de la ponencia alternativa, y la discusión y afinación del texto definitivo de la sentencia, será casi imposible tener decisión final antes de la segunda semana de marzo.
En otras palabras, el referendo no podrá celebrarse el 13 de ese mes, el día antes a las elecciones parlamentarias del domingo 14. Que el referendo se hubiera realizado ese sábado permitía que la Registraduría extendiera 24 horas la logística de las elecciones parlamentarias. Eso ya no es posible. El Registrador necesitaría, ahora sí, un par de meses para hacer el referendo. No habría referendo antes de mediados de mayo.
Ahora, si el referendo se adelanta en mayo, ¿qué ocurriría con la obligación de inscribir las candidaturas presidenciales a más tardar el 12 de marzo? La única posibilidad de saltarse el límite sería que la Corte, en su sentencia, lo permitiera. Pero aun en ese caso y dado que la primera vuelta de las elecciones se realizará el 30 de mayo, ¿el Presidente no haría campaña sino 15 días? O, peor, ¿sí la haría, pero sin haberse inscrito y sin garantías para los competidores? O, aún más grave, ¿permitiría la Corte alterar el calendario electoral para facilitar la participación del candidato Presidente y en teoría dar reglas iguales para todos? La modificación del cronograma electoral sería un nefasto antecedente. Además, el mismo José Obdulio Gaviria ha sostenido que él no ve al Presidente “haciendo maromas para inscribirse extemporáneamente”. Conociendo su talante, tampoco lo veo yo.
Pero si el desafío del tiempo no fuera suficiente, el referendo tendría un reto adicional: los siete millones cuatrocientos mil votos que necesita para salir adelante. Hace un mes, las encuestas mostraban que los obtendría. Pero el Gobierno ha venido metiendo las de andar en estos días. Proponer informantes pagados entre los universitarios fue un error, no porque no sea indispensable la cooperación ciudadana en la lucha contra los violentos y la delincuencia común, sino porque el mensaje de que se pagará por ello rompe el principio de solidaridad sobre el cual debe construirse esa colaboración. Salvo alguna excepción, las recompensas deben restringirse a desvertebrar estructuras de grupos armados violentos. Después, porque la socialización de la respuesta gubernamental a la emergencia social ha sido un desastre. ¿Cuántos miles de votos perdió el Presidente en estas últimas semanas?
Así las cosas, ¿no será mejor que el Presidente se dedique desde ya a ordenar las huestes uribistas para asegurar la continuidad de sus doctrinas y programas? Como vamos corremos el riesgo de quedarnos sin el pan y sin el queso.
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