Eduardo Herrera Berbel
El Colombiano, Medellín
Febrero 12 de 2010
En la columna anterior se concluía que los actores violentos pasan por un debilitamiento estratégico incuestionable, pero su derrota no está a la vuelta de la esquina. Sin duda, ellos se preparan para lanzar el próximo 7 de agosto un grito de victoria mediática: ¡Resistimos ! ¡Qué gran proeza, a costa de tanta infamia, vejámenes, dolor y violencia!
Hoy podemos afirmar que la Política de Defensa y Seguridad Democrática (PDSD), con más de 7 años de vida, ha sido exitosa, partió de una visión integral basada en la coordinación entre lo militar y lo civil, la recuperación y el fortalecimiento de la presencia del Estado, y el imperativo de proteger a sus asociados sin distinción social o económica. La PDSD fue desarrollada bajo un fuerte liderazgo civil-militar, que ha contado con la solidaridad y la credibilidad de la gran mayoría de los colombianos.
Para la PDSD, el 2010 se visualiza como un año de transición en la confrontación armada. A pesar de sus connotaciones electorales, la consigan de los actores violentos será: acumular, perturbar, intimidar y preservar fuerzas. ¡Aguantemos a ver qué pasa, en la contienda electoral que se avecina!
Las Farc y el Eln de hoy, no son iguales a los de 2002. Las amenazas son cada vez más complejas, múltiples, difusas, en simbiosis con bandas emergentes y la delincuencia organizada de connotaciones transnacionales. En conclusión, se observan unos grupos guerrilleros cada vez más criminales, menos políticos e inmersos en un terrorismo indiscriminado.
Por su parte, se observa un Gobierno con una presión transitiva que en ocasiones lo exaspera, que siente que se le agota el tiempo para lograr definiciones estratégicas frente al terrorismo, sin que la afirmación anterior indique que los logros alcanzados en seguridad sean mínimos o se califiquen de manera ligera, como en estado decreciente.
Se podrían enumerar algunos de los retos de la seguridad democrática en 2010: continuar el debilitamiento estratégico, contención, neutralización y presión sobre los actores violentos; consolidar la recuperación social del territorio, desarrollar constantes ejercicios de revisión y reajustes de la estrategia, y no caer en escenarios reactivos frente al terrorismo.
La seguridad es dinámica y no estática. Es un imperativo hacer una nueva caracterización del escenario del conflicto después de diez años del Plan Colombia y más de siete de seguridad democrática. También es necesario privilegiar el consenso político para continuar la lucha sin claudicación frente a los violentos, puesto que las tensiones al interior del sistema político, no pueden convertirse en un distractor que debilite la agenda pública de la seguridad.
Más allá de 2010, se requiere de una estrategia de seguridad más amplia, no limitada sólo a un pulso militar que ya se graduó con honores en el campo de combate, y que no se pueden descartar otras alternativas que propendan por la búsqueda de la reconciliación nacional.
Será que los amables lectores de Sin Pausa, ¿aguantan una tercera entrega sobre la seguridad de los colombianos? Lo voy a pensar?
PAUSA UNO: La continuidad de la seguridad democrática necesita de líderes políticos auténticos, con carácter para someter a los violentos y voluntad de servicio a Colombia. Las imitaciones cantinflescas son inaceptables.
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