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sábado, 20 de marzo de 2010

El cuarteto celestial

Álvaro González Uribe

El Mundo, Medellín

Marzo 20 de 2010

Primero fue José Barros: hace tres años desapareció -dicen- río Yuma abajo navegando en una piragua que le prestó Guillermo, de los Cubillos de Chimichagua. Después, hace casi un año, Escalona se fue a vivir en una casa en el aire. Luego, el pasado enero, Jaime R Echavarría subió a iluminar para siempre las noches de Cartagena. Y para cerrar esta diáspora musical, hace poco Jorge Villamil se difuminó entre las espumas que lleva el ancho río Magdalena. Fueron cuatro colosales compositores colombianos que se apagaron corporalmente en los últimos tres años. Diversos estilos y terruños, pero el mismo país, de regiones.

Dos era profesionales, que dicen: Jaime R, ingeniero químico, y Villamil médico; y los otros dos, Escalona y Barros, aunque no universitarios tenían más cultura que cualquier “doctor”. Dos eran caribes (Escalona y Barros), y dos andinos (Villamil y Jaime R). Los cuatro resumen la riqueza cultural y artística de una sola Colombia, diversa y polifacética; un armónico popurrí inmarcesible y jubiloso, un colorido mosaico amarillo, azul y rojo.

Los cuatro compartieron una carencia, fecunda en su caso: no estudiaron música de academia ni sabían de notas ni solfeos; eran maestros del tarareo y del silbeo, y sus partos melodiosos brotaban en cualquier vereda, pueblo o paraje. De comadrona ungía algún amigo, lugar o remembranza cómplices.

Cuando evoco a estos cuatro prodigios cierro mis ojos y siento deslizarme en una piragua sobre las espumas de un ancho río pensando en alguna Matilde Lina de mi vida al son de la brisa cálida que murmura toda una serenata tropical.

Cuando voy por la calle y me acuerdo de estos cuatro gigantes aunque esté envuelto en polvaredas que se levantan en los caminos me dejo hasta robar de un ratero honrado así me queden pesares y pesares que luego me lavo en el fresco Guatapurí o acallo con el suave rumor que tiene el mar.

Pesares…, y pasearon por casi todos los estilos y ritmos colombianos y hasta extranjeros. Barros fue el más polifacético: incluso compuso tangos, y Agustín Lara lo señaló como “el mejor compositor de América”. Jaime R, paisa de corbata rumbero y enamorado, era de música fácil y resbalada, cantaba como respirando y respiraba componiendo. Escalona, la leyenda, galante y elegante, fue un cronista de su tierra, y consolidó en la cumbre más alta el ritmo que identifica a Colombia: el vallenato. Villamil, caballero mamador de gallo, fue un acuarelista del Tolima Grande y de otras geografías de Colombia, pero igualmente sabía pintar la profundidad de alma humana con cadenciosas pinceladas.

¿Barros Palomino José Benito?, ¿Escalona Martínez Rafael Calixto?, ¿Echavarría Villegas Jaime Rudesindo?, ¿Villamil Cordovez Jorge Augusto?: No-presentes, se fueron; ya nunca volverán pero nos dejaron sus canciones. Le robaron a las flores todo su encanto y color, y las convirtieron en hermosas letras y ritmos danzantes formando el paisaje. Uno va por la calle, y mientras se va llenando la noche con rumores de sus canciones, en cualquier esquina le sale por aquí, le sale por allá, alguna melodía de estos cuatro luceros. En fin, como de humanos ya se nos fueron…, pero de recuerdo nos dejaron un paseo, para amar o llorar bajo guaduales, un palo de mango o algún ejército de estrellas, mientras enredamos en cualquier ventana una serenata de amor.

Maestros: y entonces los tenemos que llorar, y de ñapa los tenemos que rezar. Gracias por habernos robado el alma sin tener compasión, gracias por esparcir notas, ritmos, melodías y sabias frases y versos en sabanas, montañas, playas, ríos, bosques, cumbres, valles, pueblos, calles, hogares, y en el corazón de toda Colombia. Sí, de nuestra sufrida Colombialma, maestros, que cuando suena en sus canciones se transforma por cuatro o cinco minutos en el paraíso que debería ser. Por eso necesitamos no olvidarlos: para poder vivir.

¡Psst, psst!, maestros: ¿cómo está la rumba allí?, ¿me invitan?, yo subo el ron, el guaro, el olparcito y el doble anís.

sábado, 4 de abril de 2009

Hueso por hueso

Por Álvaro González Uribe

El Mundo, Medellín

Abril 4 de 2009

Cambio un húmero equivocado por un cúbito romo; dos costillas falsas por cuatro vértebras desvertebradas, un radio sin señal por una tibia fría, tres peronés sin peros por dos omoplatos quebrados. “El coleccionista de huesos” es una película de terror, pero acá no es una película, es un país de terror. Se trata sencillamente del negocio que están proponiendo las Farc al Gobierno por medio de la carta dirigida al grupo “Colombianos por la Paz”: el cuerpo (lo que debe quedar de él) del mayor de la policía Julián Guevara, por los cadáveres de Raúl Reyes e Iván Ríos.

Listo. Aquí todo se negocia, sigamos negociando, usados como los anteriores pero con imperfectos: permuto un coxis astillado por un esternón moto-serruchado, una clavícula con mácula por un parietal agujereado, un temporal sin tiempo por un sacro satánico, un trapecio sin cuerdas por una rótula sin rotular. 

Y también hay con ñapa: entrego un maxilar con una muela calzada en oro a cambio de dos tarsos y dos metatarsos calzados en un par de botas pantaneras; un carpo con reloj digital por un frontal con sombrero vueltiao; todo un cráneo con pasamontañas por una falange con anillo; una mano aún con uñas por dos manos con las falanges entrelazadas (¡dos por uno!); un fémur con jirones de overol por el martillo, el yunque y el estribo de un oído medio con un arete de fantasía. 

Cambio, recambio, intercambio, permuto, vendo, compro, trueco, transfiero, negocio, canjeo, traspaso, trapicheo, cambalacheo, trafico, especulo, ofrezco, subasto, oferto, financio y tramito cadáveres, osamentas, cuerpos, huesos, cráneos, mechones de cabello, cartas dentales, pedazos de ropa, células, fluidos, uñas, manos, muestras de ADN y hasta actas de defunción. En Colombia los cuerpos vivos o muertos y sus pedazos son botín y mercancía. Si no hubiera ofertas y demandas equilibradas el dinero humano circulante nos tendría en inflación permanente. 

Pero si las Farc quieren intercambiar el cuerpo del mayor Guevara por los de áliases ‘Raúl Reyes’ e ‘Iván Ríos’ deben exigir algo más, pues de lo contrario saldrían estafadas porque al cadáver de Ríos le falta la mano que alias Rojas le cortó para vender, a no ser que el Mayor también esté incompleto luego de más de tres años bajo la selva húmeda tropical. Quizás deba mediar algún país amigo para evitar engaños en la macabra transacción. 

Qué degradación sin fondo. Ya no hay adjetivos ni lágrimas ni asombro ni vergüenza ni más rubor para las mejillas frente al mundo. Pero no nos escandalicemos, es la antiquísima ley del talión aplicada en forma literal: ojo por ojo, diente por diente, hueso por hueso, mano por mano, cadáver por cadáver, persona por persona, guerrillero por paraco, paraco por soldado, soldado por guerrillero, campesinos por paracos y por guerrilleros, campesinos y muchachos de barriada positivos por soldados, armas por coca, víveres por amenazas, tierra por desplazamiento, vacuna por dinero, laboratorios por protección, paz por guerra, sosiego por terror, Colombia por infierno. 

¿Y por cuál hecho pensarían intercambiar los asesinatos afortunadamente frustrados del ministro Juan Manuel Santos y de su hermano Enrique?, ¿o se irían a llevar sus cadáveres como botín de guerra? Dicen que iba a ser una retaliación por la muerte de Reyes, y ahora piden el cadáver de éste y de Ríos que, además, ¿coclí coclí dónde están? 

Juan Gossaín entrevistó a la madre del mayor Guevara ante la posible entrega de sus restos. Cuando el periodista le pidió un mensaje para el jefe de las Farc ella expresó (casi textualmente): “yo le diría a don Alfonso Cano que le agradezco su acto de generosidad”. ¡Ay país!, país en el cual tenemos que mendigar la más minúscula migaja de caridad, agradecer el más diminuto mendrugo de humanidad. 

“Juego mi vida, cambio mi vida/ de todos modos/ la llevo perdida…/ Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo/ la dono en usufructo, o la regalo… (…) por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil…”.