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lunes, 8 de marzo de 2010

La ETA está aquí

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Marzo 8 de 2010

Chávez espera que la Historia, con mayúscula, claro, lo absuelva en el caso reciente en que se lo acusa de haber protegido a la ETA y estar protegiendo a las Farc. Antes o después y como cualquier izquierdoso colombiano ha declarado que estas acusaciones son el resultado de los rescoldos del colonialismo español. A Chávez se le olvidó que la Historia no perdonó ni perdonará por sus crímenes a los hermanos Castro. A unas acusaciones serias y fundamentadas responde con tópicos desgastados que tal vez surtan efecto en un periodismo despistado que continúa creyendo que hay que acabar con Estados Unidos para que así los pueblos del Tercer Mundo encuentren la paz y sobretodo dejen de ser pobres.

Hace unos tres años en esta columna llamé la atención sobre el artículo de una colaboradora de “El Tiempo” donde se hacía la defensa entusiasta de lo que se consideraba un ejemplar grupo de izquierda: La ETA. Y si uno examina la basura escrita de muchos columnistas de esa tendencia, nos encontraremos con la misma exaltación de la ETA presentada como un admirable grupo revolucionario.

A las característica ignorancia de nuestros más connotados columnistas colombianos en materia de política internacional, le podemos atribuir esta confusa aceptación de un grupo de terroristas desalmados, pero lo cierto del caso es que la aceptación de la ETA ha sido algo tan normal como el silencio que esos comentaristas suelen utilizar en lo que se refiere a los crónicos atropellos del régimen cubano y por supuesto a los crímenes de la guerrilla. La ETA se refugió primero en Cuba y luego en México, que los deportó, y en la Venezuela de Chávez, finalmente, encontraron el ambiente propicio para ayudar en el proyecto de revolución bolivariana propuesta por Chávez y las Farc.

Recordemos a los tres irlandeses del IRA, otro grupo terrorista que había llegado a apoyar a las Farc en su tarea revolucionaria. Todo esto trató de hacerse aparecer como algo normal cuando se dio comienzo el despeje del Cagúan. El provincianismo, la torpeza de nuestra justicia dejó escapar a los tres connotados especialistas en bombas, pero Eta no dejó de entrar y salir desde Venezuela. ¿Conoce alguno de esos comentaristas lo que ha significado como dolor el terrorismo de la ETA? Dividir a los vascos en bandos irreconciliables fue una tarea infame que contó con la complicidad de un nacionalismo a ultranza de la clase media y no del pueblo. En estas últimas semanas la policía francesa y española han venido dando golpes continuos a estas bandas asesinas, desmontando su estructura militar.

Otegi, dirigente de Eta, pasó 17 años en la cárcel condenado por el asesinato de 25 ciudadanos. Se lo volvió a condenar por el enaltecimiento verbal del terrorismo. Escapó a Belfast donde continuó exaltando a ETA hasta que Irlanda decidió entregarlo a las autoridades españolas, que lo acaban de condenar a otros dos años de cárcel por el enaltecimiento del terrorismo. El nombramiento de Patxi López como lehendakari ha supuesto el regreso a la libertad de un pueblo que había sido dominado por el chantaje del terror, tal como lo pude comprobar en varias visitas a Bilbao, a San Sebastián.

En Medellín estuvo de visita cuando era lehendakari, Ibarretxe, un nacionalista cerrado que en muchas ocasiones se hizo el de la vista gorda ante los atropellos y asesinatos de la Eta. ¿Qué sucedería si en Colombia la justicia comenzara a juzgar a quienes desde los distintos medios de comunicación hacen el enaltecimiento de las Farc y se burlan del ejército y la policía?

Es esta la diferencia entre una y otra concepción de la justicia, entre uno y otro periodismo, entre una izquierda que fue capaz de condenar el pasado estalinista, entre una democracia que ejerce la justicia frente al terrorismo y nuestros jueces que aisladamente dictan sentencias jurídicas que desconocen el alcance que tiene el terrorismo, juzgado hoy desde la perspectiva de un proyecto infame que sólo ha dejado dolor y tristeza pero que afortunadamente se está viniendo abajo.

lunes, 25 de enero de 2010

Creando el enemigo

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Enero 25 de 2010

“Existen en la cultura política moderna dos grandes modelos de convivencia. La de la dialéctica amigo-enemigo es una cultura bélica, de destrucción del adversario, con el que sólo cabe el exterminio desde el odio y la imposibilidad de reconciliación. Es el modelo totalitario de enemigo sustancial. La de las sociedades liberales, democráticas y sociales es una cultura de respeto a la dignidad humana, a la tolerancia, a los valores, principios y los derechos, al sufragio universal, a la Constitución y a la ley”, nos recuerda el catedrático español Gregorio Peces-Barba. No deja de llamarme la atención que en recientes artículos dos importantes artistas plásticos colombianos citen el nombre de Carl Schmitt y su teoría del enemigo como algo loable, revolucionario.

Nadie niega la importancia de este pensador pero no puede aceptar un demócrata que esta idea que utilizó el nazismo pueda retomarse irresponsablemente. Lo que recuerda Peces-Barba es algo que no solo caracteriza el totalitarismo de derechas, sino al totalitarismo de izquierda parapetado en el ejercicio permanente de la dialéctica del odio, inculcado a los niños, a los adolescentes a través de escuelas y colegios, y desde luego universidades, bajo el sofisma de concienciarlos sobre la realidad del país. Eufemísticamente, a esta dialéctica se le ha disfrazado bajo el concepto de lucha de clases, reivindicaciones étnicas, emancipaciones de género. Actitud que conduce no a la identidad con unos valores sino al resentimiento social, al complejo de inferioridad, o sea a la amargura y la frustración.

“Son dos modelos enfrentados, incompatibles, desde visiones del individuo y de la sociedad contradictoria. En el primero el centro es la autoridad indiscutible del que decide, del dictador. En el segundo es la persona como igual como titular de la soberanía”. ¿No conduce esta dialéctica del odio a la peor violencia contra el individuo? ¿Se le puede pedir a un educador cuyo modelo político es Castro o Chávez que tenga tolerancia a las ideas contrarias a la suya? Lo verdaderamente deplorable es que este maniqueísmo haya permeado a importantes medios de comunicación, tal como sucedió con el reciente caso de Agro Ingreso Seguro, donde algunos locutores y columnistas terminaron creando una confusión respecto a los responsables –que lo son- al desacreditar a una aspirante por el hecho de ser rica, como si éste fuera el mayor de los delitos. Odio al rico como expresión de esta explosión de rencor que puede conducir a lo peor, alimentado por personajes que, paradójicamente, viven, o al menos quieren vivir en la mayoría de los casos como ricos.

Declarar como enemigas a las instituciones, desacreditar los valores, al policía, al soldado, socavar la democracia es un proceso que nos tiene hoy al borde de una sin salida que no es económica sino moral, pues una sociedad sin valores termina por caer como lo estamos haciendo en la delincuencia. Revel calificó esta ingenuidad de las democracias a defenderse como la entrega de los espacios del diálogo a los portadores del odio que se benefician de la libertad y de la tolerancia. La democracia supone la presencia de los mejores espíritus, preparados por una sana emulación de la inteligencia a través del conocimiento, mientras la mediocridad que caracteriza a los propagadores del odio es una consecuencia directa de su ignorancia. La reconciliación bajo estas circunstancias es algo imposible cuando el mismo ejercicio de la justicia obedece más a los razonamientos del resentimiento que a la visión universal de la justicia.

¿Cuál de estos modelos hemos escogido? Si los medios de comunicación han elegido el más fácil, el de la dialéctica del odio, el deterioro de la poca vida democrática que nos resta, la función de la cultura seguirá cayendo en el espectáculo, en la pantomima periodística de acusaciones sin fundamento, en el populismo, o sea, en la hostilidad, en el señalamiento de enemigos inventados.

lunes, 18 de enero de 2010

El fin de Chávez

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Enero 18 de 2010

Lo que los teóricos de la llamada Revolución Bolivariana no esperaron nunca fue el hecho de que el tiempo no les diera plazo y hoy, ante los ojos del mundo tengan que admitir su terrible fracaso. Lo que no tuvieron en cuenta estos profetas criollos fue el hecho de haber olvidado la primera recomendación que al respecto hace Marx: leer en cada momento la historia para no repetir errores, para no caer de nuevo en fatales equivocaciones, para no repetir la historia ya no como tragedia sino como una simple y cruel parodia. Y un militante con ínfulas de caudillo como Chávez pretendió, rodeado de un grupo de mediocres intelectuales, convertirse en el líder de una revolución ya no proletaria sino bolivariana, algo difuso, equivoco y encima patriotero.

En once años de gobierno la devaluación ha llegado a 99.8% y la inflación actual es del 28%. Por la crisis energética la jornada laboral de los trabajadores oficiales se ha reducido en cuatro horas, el apagón se prolonga en todo el territorio venezolano durante horas en que no funcionan los ascensores ni las neveras, ni el aire acondicionado. En los supermercados los alimentos escasean mientras cerca de 38.000 cubanos infiltrados se encargan de la educación, de la salud, de la vigilancia a favor del régimen.

En diez años como recordaba Marco Aguinis el gran historiador y novelista argentino los Kirchner, otra ácida parodia de dictadores criollos y sus grupos de asalto han pretendido destruir la gran tradición humanística, legado de la verdadera cultura argentina como construcción de una civilidad, para sustituirlo por ese tipo de rufián bolivariano estilo Galeano y que en Colombia tiene nombres y proyectos que continúan trabajando en las sombras tal como sucede en Medellín. No olvidemos que en Venezuela un grupo de estos intelectuales está escribiendo un nuevo diccionario de la lengua donde ya no se dice española, sino bolivariana y donde han sido borrados los nombres de los representantes considerados como humanistas burgueses. ¿Por qué y cómo se ha venido abajo este proyecto político que parecía inamovible en su proceso violento hacia “una nueva sociedad”?

Los hechos cotidianos que desmienten la demagogia oficial se convierten en argumento contundente contra un régimen que exige sacrificio a los pobres mientras una minoría de fieles al presidente siguen disfrutando de la buena vida. No olvidemos que algunos grupos poderosos de empresarios han apoyado a Chávez y se han beneficiado del cierre de canales de TV, de emisoras, etc. Esta devaluación afecta de manera directa los intereses de ciertos grupos empresariales españoles, hoteleros, Repsol, que verán afectadas sus grandes ganancias.

“Cuba despegó mal” es el título del famoso estudio que René Dumont escribió para mostrar los graves errores cometido por los revolucionarios castristas, buenos para la lucha armada pero unos perfectos ignorantes en planificación, economía. Creer que la demagogia sustituye al conocimiento es lo que ha llevado a Cristina Kirchner a considerar a Argentina como su finca particular. Rafael Cadena el inmenso poeta ha dicho en el hermoso discurso de agradecimiento por el premio Juan Rulfo que es necesario defender como sea lo que queda de democracia, negarse a caer en las tentaciones de este bárbaro populismo que conduce, tal como lo sufren los venezolanos a lo peor. Este es nuestro reto, salvar la democracia, oponernos a las estrategias de los falsos mesías sociales.

P.D. Chávez ha dado marcha atrás en las cuatro horas de racionamiento eléctrico en Caracas, pero estas absurdas normas siguen vigentes para el resto de Venezuela.

lunes, 11 de enero de 2010

Cenizas de la esperanza

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Enero 11 de 2010

El invento del alambre de púas recuerda Solzhenitsin, define a la llamada modernidad. Y al recordarlo sabía muy bien porque lo decía, pues conoció la infamia de estar prisionero durante muchos años en un gulag soviético. El alambre de púa constituyó en la Norteamérica del siglo XIX el principio de la propiedad privada, la desaparición de las grandes praderas como imagen de libertad con sus rebaños de bisontes y caribúes, de los vaqueros, esa raza nómade que fue alejándose hacia el norte para no enfrentarse a estos obstáculos con los cuales tropezó su cuerpo y quedó lleno de cicatrices. Pero el alambre de púas llegó a su siniestra apoteosis durante el régimen nazi en los campos de concentración. Líneas paralelas, duplicadas y triplicadas a través de kilómetros y detrás de las cuales asomaba el rostro de los prisioneros, su mirada sin esperanza alguna.

Luego, este infierno creado por el ser humano y por una razón pervertida se dimensiona hacia una mayor crueldad en los gulags de Stalin a donde millones y millones de seres humanos fueron condenados a morir en nombre de la futura patria del proletariado. Detrás de las alambradas se va muriendo un poeta de la grandeza de Ossip Mandelstan cuyos reclamos a su diabólico ex amigo han quedado para siempre como el testimonio de que el fanatismo político jamás doblegará la fe del ser humano capaz de hacer que un verso sea más poderoso que el poder un tirano.

Cuando el mundo civilizado descubrió las imágenes de los campos de concentración de las Farc, los cercos de alambre de púa, los famélicos prisioneros, sintió la misma repugnancia moral que se sintió al descubrir el mundo la barbarie de los campos de concentración. El alambre parece a simple vista una escueta línea metálica, una geometría ligera que solo podrá ser constatada en su ferocidad cuando el enloquecido prisionero que lleva años mirándola, podrido entre el barro y la inclemencia de la selva, se arroja hacia ella.

No olvidemos que la cicatriz es la presencia de una sin razón, de una injuria a los significados más profundos del alma humana. “Señal que queda en los tejidos orgánicos después de curada una herida” lo cual no es cierto como dice el diccionario, pues hay heridas como las del alambre de púas que nunca se curan en el corazón del prisionero que sabe y conoce de la ofensa a la moral y la espereza de esta muralla infame.

A mí el llamado profesor Moncayo con el espectáculo que ha montado alrededor de su hijo y la manipulación que ha hecho de la desgracia de éste para lanzarse a la vida política, sencillamente me produce pena y es una muestra de la manera en que se utiliza ideológicamente el dolor humano. Ya que otra es la imagen de la madre del Mayor Julián Ernesto Guevara muerto en cautiverio y a quien de manera perversa se le ha querido manipular sin que ella en su dignidad de madre se haya prestado a esta manipulación.


Vencer el olvido es lo que hace el rostro del Teniente que habla a su madre, evadiéndose de aquel ultraje al que era sometido, saltando por encima de las alambradas, de la figura del carcelero sanguinario que los amenaza con la muerte si intentan escapar. Esas cenizas cuya entrega ha sido aplazada una y otra vez por estos carceleros que no lograron marchitar en los ojos de la madre la esperanza del regreso del hijo. Lo que no esperaban los carceleros era que estas cenizas se convirtieran en un símbolo de resistencia a la opresión y en un canto de libertad.

Bajo este rotundo argumento, ¿qué sentido tiene hablar de un intercambio humanitario? ¿Cómo puede hablar de lo humano quien mantiene atados con cadenas y a la intemperie a unos seres humanos durante doce años? Lo curioso es que muchos de quienes padecieron esta infamia, para justificar su regreso a la política, se hayan olvidado de los argumentos contundentes que estas cenizas suponen si queremos seguir siendo una sociedad civilizada y si queremos rescatar la tarea de la política dentro de una sociedad agredida pero no doblegada por el terrorismo.

martes, 22 de diciembre de 2009

El liberalismo pop

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Diciembre 22 de 2009

En la última década los colombianos hemos vivido momentos de una sombría violencia, acosados por el terrorismo, y que necesitaban de la solidaridad de todos los grupos pensantes, de todos los grupos políticos especialmente; sin embargo, desde su regreso al país el ex presidente César Gaviria se ha caracterizado no por su proximidad a esta problemática, sino, por ese no hacer nada que suele caracterizar a quien se cree por encima de cualquier contingencia, al sobrado que con actitud displicente se considera ya un espíritu selecto que nada tiene que ver con las temores del ciudadano común ni con los azares de la realidad pública. Esto lo ha llevado a alejarse del país real - sí, volvamos a utilizar este concepto- y a refugiarse en el país nacional bogotano como un hombre refinado para el cual los problemas del arte aparecen por encima del problema del terrorismo, o sea, del problema de la libertad amenazada, el problema de la violencia que socaba nuestras instituciones los restos de modernidad que nos quedan.

Y el problema de Chávez ante el cual no puede guardarse ninguna tibieza.

“Liberal, en este sentido, se llama en la política norteamericana a los personajes del alto mundo social que posan de progresistas y se fotografían al lado de supuestos revolucionarios, pero por puro caché. Otra cosa distinta fueron los verdaderos liberales como Stevenson, Fullbright, Galbrait, cargados de razones y argumentos contra la injusticia social, pero a la vez con la suficiente energía moral para condenar el aventurerismo de unos snobs metidos a revolucionarios.

¿Girar a la izquierda? Hacerlo, pero a través de plataformas ideológicas que enfrenten los problemas del sector financiero, de la corrupción administrativa, de la pobreza general, y no confundiendo a una agrupación tan desacreditada como el Polo, carente precisamente de contenidos específicos e incapaz de condenar el terrorismo, como la única opción para ese giro ideológico. ¿No es aquí donde se hizo más endeble la posición de quienes desconocen que no se puede dialogar como señala Vattimo con quienes han cometido un crimen de lesa humanidad como el secuestro, de quienes han torpedeado la justa acción de la justicia para castigar al terrorismo criminal?

“La guerra es un asunto tan peligroso que los errores debidos a la benevolencia son los más grandes de todos”. ¿De quién es este argumento?

¿De Uribe? No, de un teórico al cual citan constantemente los estrategas revolucionarios de bolsillo, Clausewitz, en sus consideraciones sobre la guerra. El discurso pop de despedida de César Gaviria tuvo como ausente el país real y dejó percibir que nos está preparando el reinado de unos nuevos delfines negando el proceso interior democrático que caracteriza a un partido moderno. No se trataba de atacar a Uribe sino de mostrar la vigencia de un liberalismo capaz de hacer frente a los extremismos, a la laxitud moral del aparato político, a eliminar la terrible distancia que se sigue dando entre las bases populares y una dirección de bolsillo.

El liberalismo debe ser la presencia de una república, o sea la vigencia de un proyecto que reconoce las armas ideológicas de la democracia para vencer el mal del totalitarismo, y mantener el humanismo como una réplica a lo peor. ¿Dónde se oyó aquí la voz del verdadero país liberal?

Caer en un irracional antiuribismo fue dejarse llevar por las estrategias de esa izquierda emponzoñada por el fracaso de su modelo revolucionario y por las conquistas de la seguridad democrática.

¿Estaban allí las regiones, las juventudes, los viejos dirigentes populares? El libreto preparado por Piedad Córdoba y Alan Jara, simpatizante del Polo, llegó a la culminación de la farsa cuando éste último leyó el comunicado donde se autoriza al partido a plantear acuerdos con el Polo y la extrema izquierda del Partido Comunista. Sustituir la herencia viva de quienes fundamentaron la concepción política de liberalismo es caer en un peligroso vacío, una vez más en esa penosa sensación de traición que han sentido las bases populares del liberalismo, traicionadas por el llamado país nacional bogotano. Que los jóvenes dirigentes como Aníbal Gaviria recojan estas bases del liberalismo que son expresión de la autonomía de las regiones, del trabajo de años de dirigentes anónimos en sindicatos, en el campo, en la educación.

lunes, 14 de diciembre de 2009

La farsa bolivariana

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Diciembre 14 de 2009

Si uno analiza, apenas por encima, sin entrar en profundidades, lo que las reuniones del Mercosur, del Alba, la OEA, reflejan, es desconcertante por la medianía de sus protagonistas y por la sustitución de los problemas reales por una retórica grandilocuente de supuestas reivindicaciones étnicas y sociales bajo las cuales se disimula un particular y peligroso manejo de la política, sojuzgada y manipulada ésta, bajo el poder de una nueva economía que permite, con el cinismo más descarado, que se persiga a la prensa, se considere peligrosos a los medios de comunicación, se atropelle la propiedad privada, para ir colocando en su lugar un capitalismo de Estado cuyos intereses están siendo manipulados por una minoría, sin que sus beneficios redunden sobre los pobres y enfrenten el drama de la miseria.

Y no sólo el drama de la miseria sino las formas ocultas en que una etnia ha sometido a otras por considerarlas inferiores, en que muchas de estas etnias, aculturadas por el narcotráfico, asesinan a sus propios miembros. Desaparecidos los ideales que brindaban un horizonte y forjaban una ética, los nuevos revolucionarios aparecen en medio de una sociedad líquida para la cual los valores de la civilización no cuentan para nada. A través de los años la democracia, paradójicamente, ha permitido que la corrupción enriquezca a las minorías sindicalistas, a la izquierda parlamentaria, de manera que cuando se habla hoy de socialismo, este simulacro que ha convertido el terrorismo en un efecto de distracción, solo busca efectos inmediatos.

¿Han planteados estas asociaciones el crimen de lesa humanidad que supone el secuestro a nombre de justificaciones políticas? Confundir la cultura con un folclor amañado, es convertir al indígena, tal como lo he venido repitiendo, en una figura al uso de esta monstruosa demagogia.

¿No estamos viendo en este desolado panorama los efectos de un largo y dispendioso trabajo de destrucción de la enseñanza, de la universidad, iniciada por el castrismo? ¿No nos damos cuenta ahora de la manera sistemática en que en la escuela, el colegio se fueron sustituyendo los valores universales por un adoctrinamiento político cuyo resultado es este presente de mediocridad?

Mújica, el nuevo presidente de Uruguay, viene a engrosar la galería de los Chávez, Evos, Moratinos, etc. Sacado de su granja, ex guerrillero, o sea culpable de la represión militar, es colocado por un sector social que cree aun posible recuperar el tiempo perdido de aquellos años de militancia, aplastado finalmente por una derecha despiadada. Nada más peligroso que los entusiasmos tardíos porque evaden el análisis del presente y se refugian en un simulacro social que termina por considerar que la crítica es su enemigo. ¿Nos hemos referido en algún momento al problema de la ciencia, del conocimiento? ¿Pueden imaginarse la enciclopedia que los intelectuales chavistas están escribiendo para excluir a la verdadera tradición del humanismo latinoamericano?

¿Nos estamos dando cuenta de que en Colombia esta silenciosa sustitución de la historia se está efectuando en nuestros centros docentes sin que nadie proteste? ¿Quién podría hacerlo además? Herta Muller, en su discurso preparatorio para recibir el premio Nobel, no ha tenido pelos en la lengua para recordarnos lo que conlleva el totalitarismo de estos mediocres, la traición a la tarea critica del pensamiento por parte de estos oportunistas.

Pero en Caracas todo es posible en este delirio de la irracionalidad, tal como lo acaba de comprobar la llamada izquierda bolivariana en su saludo y reconocimiento a las Farc.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La España corrupta

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Noviembre 23 de 2009

Los principales periódicos españoles coincidieron hace unas semanas en sus titulares de primera plana al denunciar la corrupción que se ha apoderado de España, colocando en el más absoluto descrédito a los partidos políticos y lógicamente a quienes representan públicamente a esos partidos. El editorial de ABC llamaba la atención en el sentido de que la corrupción estaba acabando con los restos de la democracia. Curiosamente a esta incontenible ola de corrupción se unió Cataluña, definida desde el siglo XIX, como lo recuerda Arcadi Espada, como “el oasis”, pues según sus conspicuos dirigentes históricos, de esa isla de civilización estaba ausente el mal tercermundista de la corrupción.

La constante en esta trama de corrupción catalana es la de siempre: la especulación urbana, los prevaricatos urbanísticos, que como en el sonado caso de las costas andaluzas compró terrenos para legitimar, con la complicidad de concejales, funcionarios, y que luego de estafar a los ciudadanos se descubría que eran terrenos anegables, con fallas geológicas. Una verdadera galería de personajillos que parecen sacados de un thriller de Elmore Leonard se han apoderado de los medios de comunicación con sus figuras patéticas y el séquito de implicados.


“El agotamiento y sobretodo la perversión de la vida democrática en nuestro país, - ha recordado con su incisiva lucidez José Vidal- Beneyto- al mismo tiempo causa y consecuencia de la acumulación y del hacinamiento de turbiedades, estafas, latrocinios, trampas; esa celebración unánime del fraude y la rapiña generalizadas en el mundo actual, pero en España elevadas a su máxima potencia, acompañadas por la obscena codicia de poder y por la obsesión de privilegio que hacen de su conquista y disfrute una partida a vida o muerte”.


Porque la corrupción cuando se generaliza hace del latrocinio y la estafa una terrible virtud del poderoso que al no encontrar el freno que podría oponerle la ética de la justicia verdadera, termina por minar las instituciones y por generalizar algo concomitante al mandato de los corruptos: la mediocridad de la vida pública, de los funcionarios, la presencia normal del corrupto en la vida pública, en los llamados medios de comunicación donde jamás se los cuestiona. Los valores que se celebran no son otros que los que la corrupción ilustra por desgracia, y así, la relación humana que debe ser una relación de respeto, de defensa del débil, se convierte en la exaltación de estos seres terribles, de su codicia.


Por eso el escándalo juega su poder catártico para que al final todo quede impune. El error consiste en creer que la corrupción es un problema político y no una necesaria responsabilidad de individualidades a quienes la justicia debe responsabilizar judicializando oportunamente. Los abogados instrumentan la defensa de un cliente que no tiene frente a sí, la presencia de la justicia sino el vacio del derecho, la ausencia del Estado.


“España está zozobrando. Y esta náusea de ahora es sólo un síntoma. No hay vida en esta tierra.
Estamos muertos”, exclama el pensador Gabriel Albiac al hacer su recuento de lo que supone a través de la corrupción la desaparición de Estado de derecho, la desaparición de la autoridad. Afuera la impunidad cobija a los especuladores que destruyeron las ciudades, el campo, a los traficantes de mujeres, al inmenso negocio del narcotráfico. Una vez más con el verso de Machado se ha regresado, “a esa España inferior que ora y bosteza, vieja, tahúr, zaragatera, triste”.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La izquierda enterrada

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Noviembre 16 de 2009

Lo que un amigo llama “privatización de los social” se refiere a que espacios de reivindicación defendidos frente al absolutismo de los poderes, el derecho a la vivienda, a la salud, a la educación, etc., se han ido convirtiendo en botines privados de las ONG que surgieron como una necesidad para defender a los oprimidos, pero que a lo largo de los años se han ido burocratizando en manos de estos propietarios que han impedido que éstas agrupaciones se democraticen, renueven su filosofía. Ver a la misma señora nórdica disfrazada de indígena, al mismo danés travestido de guerrillero, produce risa, inevitablemente. Pero lo mismo sucede en Colombia donde esta burocracia que devenga altísimos sueldos no pasa ya de hacer cada cierto tiempo un mitin a favor de los campesinos desplazados, contra Uribe, y “a favor de la paz” mientras asiste a cocteles, seminarios para “erradicar la pobreza”. De esta manera el discurso sobre la injusticia se ha ido desgastando en la medida en que se convirtió en un cliché. ¿Quién les pide una rendición de cuentas a estas organizaciones?

El noble propósito de crear confianza, fraternidad para evitar la dispersión de los grupos perseguidos, dio paso, desgraciadamente, a un silencioso adoctrinamiento, y, a la propagación de odio, a la imposición de lenguajes y formas extrañas tan perniciosas como las del consumismo. El resultado de estas prácticas en las diferentes comunidades no es la presencia de la solidaridad, la reflexión sobre el presente para dar paso a la modernidad, sino el abandono, la aculturación, la caída fatal en esa miseria que describe magistralmente Levy-Strauss en “Tristes trópicos”, un nuevo tipo de automarginamiento. Marx ya prevenía sobre los peligros que supone para un dirigente social la llamada vida burocrática, parlamentaria, en la cual los altos sueldos suponen para ellos un cambio radical de costumbres que los van convirtiendo en satisfechos holgazanes y no pues en defensores de aquellos contenidos que supuestamente iban a rescatar. El juicio que se hace hoy al fracaso de la izquierda europea, no es un juicio planteado desde la derecha, sino desde los pensadores de izquierda aterrados de ver como el oportunismo, la banalidad le ha impedido a esta izquierda tener una respuesta frente a las nuevas realidades políticas tal como se está dando en la Italia de Berlusconi, tal como se da en la Francia de Sarkozi, en Inglaterra, en España.

Lo que la caída del muro de Berlín destapó fue el horror de un totalitarismo que bajo la proclama de una nueva sociedad para los pobres y explotados se corrompió creando una burocracia que se convirtió a su vez en un remedo de pequeña burguesía. A partir de esta caída del muro se inicia entonces un juicio a estos monstruosos líderes políticos y a una utopía mentirosa. Modelo de horror que estas agrupaciones nacionales e internacionales de beneficencia para los explotados defiende en el caricaturesco “socialismo del siglo XXl y que, callada e impunemente

lunes, 19 de octubre de 2009

Opinión y provocación

Darío Ruiz Gómez

El Mundo , Medellín

Octubre 19 de 2009

Sartre incitaba a sus discípulos a desafiar la “libertad burguesa” mirando si ésta vedaba un determinado tema y haciendo en seguida el respectivo escándalo. Este ejercicio de provocación llegó a crear situaciones difíciles porque si Sartre desafiaba a la sociedad, ésta no sabía cómo desafiarlo permitiendo que afloraran sus prejuicios. Mantener en jaque a la sociedad francesa pero nunca hacerlo con el totalitarismo comunista que había prohibido cualquier tipo de discrepancia era evidentemente una incongruencia.

En publicaciones de izquierda sólo encontramos la opinión incontrovertible del Partido Comunista pero no las voces disidentes que critican la línea dogmática de esta política. Todavía hoy, aun cuando parezca imposible, quienes se atreven a disentir del dogma son perseguidos a muerte. Desde el triunfo de Petro y la condena reiterada de la sociedad internacional a las Farc, las estrategias de una opinión de provocación se ha desatado con total beligerancia. O sea, una estrategia política que busca que los grandes medios de opinión colapsen y los ciudadanos se queden huérfanos de una información objetiva y confiable. Lo otro es buscar mediante el escándalo de ser “perseguido” un protagonismo.

En países donde la democracia conoce de estas argucias del totalitarismo sabe hasta qué punto es justa la presencia de un determinado colaborador. Importantes periódicos demócratas han tenido en más de una oportunidad que prescindir de uno de éstos provocadores, pues la opinión es diferente a la falta de respeto que se ha tenido hacia una persona o hacia un determinado tema. La congruencia de Sartre consistió en editar un periódico y obsequiarlo en las esquinas, no en escribir en un gran medio burgués.

Sin la presencia de una oposición crítica es impensable el funcionamiento de una democracia.

Otra cosa es un enfermizo antiuribismo que se mueve más en la patología que en las teorías políticas. Sobre lo que está sucediendo en Medellín nunca ha dejado de existir una crítica permanente, lo he hecho en esta columna, lo han hecho concejales, blogueros, sin temor alguno. Lo que no es lógico es que de la noche a la mañana algunos columnistas bogotanos, haciendo oídos sordos a la podredumbre, al clientelismo que se da en el gobierno de la capital, se hayan dado a la tarea de estigmatizar a Medellín, a sus empresarios acusándolos de ser parte del proyecto “paramilitarista”. Decir que La Oficina de Envigado se va a apoderar del departamento del Chocó es una aseveración cuyo único objetivo consiste en distraer a la opinión pública de lo que está sucediendo con las Farc, acorralados, desmovilizados, después de años de terror y de intento de apoderarse de las riquezas naturales de esas regiones.

Aseverar que un hecho se está produciendo cuando no es cierto, es arrojar sobre una realidad una sombra de duda difícil de borrar, y esto, es lo que se está haciendo mediante este columnismo que solo busca el escándalo, el desafío, porque toda denuncia verdadera se sustenta y se abre a lo que se supone conlleva toda interlocución. Lo positivo es que teniendo enfrente el espejo de Venezuela, de Cuba, de Bolivia, de Nicaragua, o sea, lo que sería el ejemplo de la “libertad de expresión revolucionaria” lo que sentimos, espanta por su inhumanidad y precisamente su odio físico a la libertad.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La derecha indígena

Por Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Septiembre 7 de 2009


El concepto maniqueo, repitámoslo, de que todo indígena es bueno y es malo el blanco, ha conducido a errores históricos fatales, pues una cosa es la voz real, la respuesta genuina de Quintín Lame y otra la de ciertos líderes indígenas de hoy, aculturizados por una formación política “revolucionaria" que les ha quitado su verdadera filosofía antropológica, su concepción religiosa del mundo, para convertirlos en activistas que monocordemente repiten la misma monserga contra el gobierno y contra el imperialismo norteamericano. Victimas del choque de culturas son incapaces de replantear sus antiguos valores y enfrentar la presencia de valores que los excluyen y los rechazan por el hecho de que nunca sus líderes han tenido la lucidez necesaria para dilucidar este choque, la presencia del progreso.

El proceso de enfrentar las nuevas culturas, de deshacerse de la educación que les impuso el colonialismo sería un largo y arduo trabajo, tal como lo expresan los textos de Franz Fanon respecto a las comunidades africanas sometidas por la cultura francesa e inglesa. Lograr un lenguaje liberado de estas mistificaciones y llegar a una lengua propia donde se exprese una idea de justicia, de convivencia social, no es tan sencillo tal como lo ponen de presente los sectores mas oportunistas de éstos movimientos, cuando tomaron el camino más fácil: renegar de todo lo que supone el legado de la cultura occidental para regresar a la irracional ley del foete y del cepo, olvidándose de la justicia y regresando a costumbres verdaderamente bárbaras. Como reiteradamente lo ha denunciado la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia, Evo Morales está destruyendo esta Corte para implantar su propia justicia, o sea una “justicia" que se acomode a sus intereses.


Pero como lo señalé hace algunos años, el regresismo tiene en realidad un objetivo, mantener en la ignorancia a las comunidades, mantenerlas en un hábitat degradado negándole los beneficios de la ciencia mientras muchos de sus líderes comercian con la guerra y se entregan a sucios negocios, incomprensibles para nuestros cándidos antropólogos que ven como el rencor, el chantaje, el crimen, dentro del juego de poderes, han llegado a estas comunidades y las siguen degradando.


Recuérdese la utilización del ron y el whisky por parte de los granjeros para envilecer a las tribus norteamericanas buscando convertir al indígena en una especie de niño adulto incapaz de raciocinar, de acceder a una madurez intelectual. El gran Gerónimo terminó posando por unas monedas para los turistas. Regresar a la “Pacha Mama" tal como Evo Morales lo ha hecho, retornar a los supuestos trajes ancestrales, no es, repito, afirmar una “identidad", sino convertir a toda una comunidad en una caricatura de ella misma. La estrategia de la ignorancia justifica y fortalece este nacionalismo detrás de cual se esconde -como sucede con todos los nacionalismos- una poderosa y maquiavélica élite que se beneficia de estas “nacionalizaciones" del cobre, el petróleo.


Recordemos el nacional-socialismo, el fascismo, recordemos la tripe A argentina y al “mago" de López Rega, miremos las grandes histerias de Chávez y nos daremos cuenta de que estamos entre las sombras delirantes de un irracionalismo capaz, llegado el momento, de desatar lo peor.


Ya de hecho Evo ha dividido su país al dar prioridades a su etnia a través de estas proclamas irracionales, y haciendo ver a los blancos como enemigos de un futuro que supuestamente se está forjando alrededor de
la Pacha mama.

lunes, 17 de agosto de 2009

El chavismo colombiano

Por Dario Ruiz Gómez

El Mundo, Medellin

11 de agosto de 2009

La llamada revolución de los Ayatolás en Irán es un hecho bochornoso por la llegada al poder de un ciego fundamentalismo religioso que intentó que toda una nación renunciara al presente, a los logros de la civilización, para sumirse en una dictadura reacia al diálogo y al entendimiento con otras religiones, con otras concepciones políticas. La represión, la censura a los medios opositores, la desaparición en las cárceles de miles de opositores, el aplastamiento de las protestas universitarias, tal como se demostró en las últimas elecciones, han sido la pauta seguida por este feroz fundamentalismo cuyos científicos han desarrollado la energía nuclear y están a punto de construir bombas que se utilizarían de inmediato como chantaje frente al resto del mundo.

A este régimen terrorista se ha plegado Chávez en una de sus acostumbradas reacciones, donde la estrategia contra lo que llama imperialismo norteamericano se adopta, olvidándose de estas persecuciones, fusilamientos de líderes de izquierda. ¿De qué manera este régimen ha penetrado en Venezuela y cuáles son sus objetivos a corto y a largo plazo? Si en algo ha seguido Chávez al pie de la letra al régimen de los Ayatolás ha sido precisamente en estos métodos de represión, de chantaje contra los opositores, de despiadada persecución a los intelectuales que no comulgan con su folclórica idea de revolución, hoy, armada hasta los dientes. Ante una comunidad universal, condescendiente y cobarde, aplastó la figura cívica de la alcaldía de Caracas y quiere, como no ha dejado de repetirlo, invadir con sus divisiones los territorios que no le marchan políticamente, los estados del Táchira y Zulia.

Después de esta ocupación ¿cuál sería el paso a seguir? Su histeria actual se debe a algo con lo cual no contó: el aparatoso desmoronamiento de las Farc, espina dorsal de la revolución bolivariana, y la secuela vertiginosa que cada día desencadena la información de los computadores de Raúl Reyes, el supuesto Diario de éste, recogido y entregado por la justicia ecuatoriana. Además las relaciones Farc-Correa ya son más que evidentes tal como brillantemente lo describió y comprobó el corresponsal de El País de España. Sumemos a esto los reclamos del gobierno sueco sobre los lanzacohetes y podremos entender su bárbara reacción ante Colombia dejando atrás los mínimos protocolos internacionales. El niño grande a quien muchos gobiernos, los inevitables actores “progres” norteamericanos, el mediocre y servil grupo de intelectuales revolucionarios le rinden pleitesía, quiere mantenerse siempre en primera página mientras las gentes en Venezuela se mueren de hambre y su inmensa burocracia nada en el lujo.

¿Por qué esta intelectualidad que hasta hace solamente pocos meses escribía calurosos artículos dándole la bienvenida a Obama y presentándolo como el nuevo salvador, reacciona de repente y obedeciendo las groseras actitudes de Chávez olvida aquella esperanza y prefiere sumirse en la cobardía intelectual desenterrando gastados clichés sobre el imperialismo norteamericano? ¿No tiene Colombia el derecho a defenderse de una agresión cantada? ¿No regresarán entonces de visita a Estados Unidos Iván Cepeda, Piedad Córdoba, Jorge Enrique Robledo? Se da siempre en el proceso político algo que los representantes del Polo olvidaron y es la dialéctica desencadenante de los hechos: ya que éstos los abocan hoy a una situación donde descubiertas las artimañas con que han manejado la revolución bolivariana, la presencia entre nosotros de una fuerza chavista, hoy están recurriendo a una estrategia que Stalin y Mao utilizaron: la mentira, la negación de lo obvio al decir que desconocían a Jojoy y a Márquez como si no existiera el registro visual de esas intimidades, como aquella de Rodríguez Chacin cuando en la primera entrega de secuestrados se va hacia los comandantes de las Farc, los felicita y le dice que su gobierno está con ellas.

Si antes trabajaron para una patria proletaria cuyas capitales eran Moscú o Pekín ¿no es ahora Caracas su nueva patria? La ventaja que tenemos los demócratas es que cada atropello de Chávez nos ilustra sobre lo que sería la vida en un régimen totalitario, una vez anexada Colombia a “la nueva patria”. ¿Qué será entonces lo que el Polo va a plantearle a Chávez y a Correa sabiendo de su odio irracional a Uribe? Por último: la joven madre que utilizaron para enviar un paquete a una estación de policía en un pueblecito de Nariño y accionaron la bomba cuando estaba adentro es la manera como cada semana esta organización nos recuerda que el horror los ha situado más allá de lo humano. Y es curioso el silencio de Piedad Córdoba, de Claudia López, de cientos de colectivos femeninos y de los inefables poetas de la paz.

lunes, 22 de junio de 2009

Ante la Historia

Por Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Junio 22 de 2009

Creo que no está la justicia llevando a cabo el proceso de los horrendos crímenes de los paramilitares, de la corrupción de algunos políticos, con la dimensión jurídica que esto conlleva como expresión de violencia de un grupo económico frente a ciudadanos que además de ser masacrados fueron despojados de sus tierras y desplazados de ellas mediante acciones de tipo armado cuyo salvajismo ha sido total. Un crimen histórico que no puede ser convertido por la justicia en problema de abogados, de simples restituciones parciales, de solicitudes de perdón a las víctimas, sino al cual debe dársele ante la opinión pública la dimensión histórica que estos crímenes connotan como expresión de barbarie.

El juicio que se hizo en su momento al nazismo en Nuremberg no se redujo a enjuiciar a unos jerarcas, sino que tuvo como objetivo de la justicia mostrar la inhumanidad de este concepto político que comprometió a toda una sociedad convirtiéndola en asesina. Lo mismo ha sucedido al enjuiciar al comunismo en Europa, pues de lo que se trató y se trata es demostrar los extremos de barbarie a que condujo una teoría política que a nombre de una hipotética sociedad más humana terminó asesinando a cerca de 45 millones de personas e instaurando regímenes de terror para destruir paradójicamente aquello que nos hace humanos. Toda la obra de Milán Kundera es un análisis de lo que supuso este totalitarismo en la vida de los ciudadanos checos.

En Latinoamérica hace 50 años los llamados movimientos revolucionarios buscaron la realización de esta utopía frente a las injusticias de una minoría económica que nunca quiso reconocer el derecho de los explotados.

Líderes como Luis Carlos Prestes, dejaron una imagen de verdadero liderazgo cuando aún no había comenzado a degradarse el movimiento sindical ni la guerrilla. En Colombia el Partido Comunista jamás renunció a la lucha armada a pesar de la caída de los regímenes comunistas en Europa y Asia y la comprobación de la falsedad de esta doctrina, tal como lo hicieron los demás partidos comunistas en el mundo. Lo que la justicia colombiana va a enjuiciar no son pues nombres, sino personajes asociados a un proyecto político que jamás condenaron. ¿Cuál fue acaso la respuesta de los cuadros intelectuales del PC o de los “helenos”, gran parte de los cuales eran profesores universitarios o sea, seres pensantes? ¿Cuándo se atrevieron a condenar la caída de la guerrilla en el narcotráfico y el terrorismo?

Si una teoría política cae en lo criminal al buscar un fin justificando cualquier medio para ello debemos recurrir, al enjuiciarlo, no a un enfoque anecdótico, sino a un enjuiciamiento objetivo de quienes fueron capaces de callar ante esta caída en la barbarie. Es aquí en el terreno de lo ético en donde conceptos como perdón y reparación adquieren todo su significado frente a los alcances apresurados de manipular el olvido y la paz. En el reino de la justicia no caben ni la venganza ni el rencor ciego, ni, por supuesto, el perdón por decreto, pues es aquí en donde cobran dimensión la soledad de los muertos, la melancolía de quienes sobrevivieron. Y es aquí donde los individuos como seres responsables no pueden disimular ni justificar su complicidad con estas doctrinas degradadas.

Aquí la política y sobre todo esa Izquierda olvidó que lo político sin lo ético, tal como sucedió con los totalitarismos, supone la una abdicación de esta responsabilidad o sea la complicidad, que, finalmente se paga ante la fuerza vindicadora de las víctimas.

45 años de lucha armada, más de 200.000 víctimas de este intento de supuestamente cambiar una sociedad para hacerla más justa, estrategias criminales descritas por los grandes pensadores europeos pero ocultadas en Latinoamérica por grupos de intelectuales al servicio de “esta causa”. Entrar en la edad de la Razón, premisa de la modernidad, es lo que permite hacer el enjuiciamiento de estas formas de barbarie y establecer los principios de hacer posible una paz verdadera, una verdadera justicia social.

lunes, 9 de febrero de 2009

Simulacro y política

Por Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

9 de febrero de 2009

 

Una vez más en la entrega de los liberados por parte de las FARC se ha cumplido lo que un pensador como Baudrillard señaló como algo característico de las sociedad actual, o sea, la sustitución de la Historia –que supone por parte del periodismo una análisis crítico de los hechos- por el suceso, o sea, por una escenificación banal de los hechos. Lo actual es algo sin fondo. Pero también se cumplieron las estrategias del espectáculo paso a paso esta vez con suspenso inclusive, e igualmente, lo que Baudrillard denomina como el simulacro.

 

El tropel de periodistas gritando, la banalidad de las preguntas en las respectivas ruedas de prensa ayudaron a que estos tres elementos de la frivolidad informativa terminaran por quitarle su verdadera dimensión a la tragedia del secuestro. Seguramente si llegara una nueva liberación los telespectadores ante un guion ya reconocido decidirán cambiar de canal.

 

Para un buen periodismo el objetivo de esta información se hubiera dado desde el acontecimiento que desnudó una vez más el cinismo despiadado de las FARC: no anunciar el nombre de los liberados hasta el último momento y dejar que miles de madres y familias se forjaran una expectativa creyendo que los suyos serian liberados. La infame lotería buscó con su suspense tratar de derrotar el ánimo y por supuesto la esperanza de quien llevan más de 11 años esperando el regreso de sus hijos, de familiares secuestrados.

 

Las cámaras debieron buscar el rostro del dolor, de la infinita tristeza de estas familias que expresan, la medida de una tragedia convertida en espectáculo superfluo. Un plano en el cine, decía Godard es un problema ético. Un plano nos acerca a la historia de  madres olvidadas, la sobrevivencia de unos huérfanos, la medida de la verdadera dignidad de quienes responden con callada grandeza a los oprobio de los poderes.

 

En este caso cuando se habla teóricamente del relato, nos encontramos  entonces con la raíz de una degradación del documento, de la tergiversación de la imagen bajo la diferencia entre verdad y propaganda. Banalizar el dolor humano es el objetivo de los totalitarismos. ¿Qué buscaban Lozano Guillèn, Hollman Morris, Jorge Enrique Botero al saltarse los códigos de honor del periodismo? Lograr su objetivo, hacer propaganda para la “revolución bolivariana”.

 

El secuestro constituye un crimen de lesa humanidad y por tanto para la verdadera justicia se convierte en un imposible moral el hablar de un intercambio humanitario mientras se utilize el sufrimiento de los secuestrados como un chantaje político. Ideologizar la vida tal como lo hemos hecho en Colombia es un despropósito que hace imposible la paz.