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lunes, 22 de marzo de 2010

"El gran héroe de esta historia..."

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Marzo 21 de 2010

Robert Kagan, columnista del Washington Post, es posiblemente el analista de asuntos internacionales más incisivo de Estados Unidos.

En reciente artículo, cuyo tema principal era la decisión de la Corte Constitucional sobre el referendo, Kagan afirma: “El gran héroe de esta historia es Álvaro Uribe… quien, sin importar sus ambiciones personales, le ha dejado a los colombianos un sistema político basado no en el poder y el carisma sino en el Estado de Derecho”.

Existe una enorme brecha entre el país que recibió Álvaro Uribe en 2002 y el que está entregando en 2010. Esta sorprendente transformación, positiva en casi todos los campos, la reconoció el electorado dándole —en las pasadas elecciones legislativas— una victoria abrumadora a aquellos candidatos y partidos con el compromiso de continuar los programas del Presidente, simultáneamente castigando a los candidatos y partidos que aseguraban que le darían un vuelco radical a las políticas de Uribe. No resiste mayor discusión el triunfo de los partidos que apoyaron al Presidente, la U, el Conservador, y Cambio Radical, sufriendo singular derrota el Polo, opositor contumaz de la gestión del Mandatario.

Puede ser oportuno analizar las realizaciones del gobierno de Uribe en cuanto a seguridad democrática y confianza inversionista. En el campo de la seguridad democrática, aún los más recalcitrantes opositores de Uribe reconocen que la seguridad —y muy especialmente en el sector rural— ha vuelto al país, que los narcoterroristas están arrinconados y que el secuestro prácticamente ha desaparecido. Algunos analistas mantienen que el país está en guerra. El confundir un conflicto de orden público, principalmente motivado por los actores armados involucrados en el negocio del narcotráfico, es un error. No se puede olvidar que tanto los narcoterroristas de las Farc y del Eln, los ‘paracos’, los narcotraficantes a secas, y parte no despreciable de la clase política, son todos hermanos de leche: es decir, maman de la misma ubre que es el cultivo, refinación, transporte, distribución y consumo de estupefacientes. En lo que sí aciertan muchos analistas es que la solución es la legalización de la droga. Dicha legalización va a producir traumatismos, traumatismos que el mundo tendrá que aprender a manejar y que muy probablemente no serán más graves que los que produce el consumo del tabaco y del alcohol. En la guerra contra el narcotráfico no podemos seguir siendo los colombianos los que ponemos los muertos y los desplazados, mientras que los países desarrollados, especialmente los europeos y los norteamericanos, son los que financian ambos lados del conflicto.

En relación con la “confianza inversionista”, algunos afirman que la proliferación de ‘pirámides’ ilegales es una palpable demostración del fracaso de las políticas de Uribe. Nada más alejado de la verdad: no se puede ni se debe confundir una recua de inversionistas desinformados, ignorantes o codiciosos, con “desconfianza inversionista”. Jamás en la historia el país ha tenido mayor inversión en todos los sectores, empezando por el de la construcción; y lejos de existir una fuga de capitales, lo que se observa es una repatriación masiva de capitales que en épocas pasadas buscaban seguridad en el exterior. La alta tasa de desempleo es el resultado más que todo de la rigidez laboral y de los parafiscales, ambos aspectos que contribuyen con el incremento injustificado del empleo informal y el pluriempleo, no de las políticas económicas, ni de los incentivos fiscales, del actual gobierno. Nunca tanto compatriota había tenido casa, carro, y acceso a educación. Si esto no es ‘confianza’, ¿qué es?

domingo, 28 de febrero de 2010

¿Por qué sera...?

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Febrero 28 de 2010

— ¿Por qué será que la senadora Piedad Córdoba tiene derecho, por cuenta de los contribuyentes, a recibir una pensión anual de centenares de millones de pesos cuando difícilmente ha asistido a la tercera parte de las sesiones del Congreso?

— ¿Por qué será que algunos congresistas insisten en reajustar sus ya jugosas pensiones cuando la Constitución taxativamente les prohíbe legislar en beneficio propio?

— ¿Por qué será que algunos ex magistrados y ex congresistas, que reclaman a gritos contra la desigualdad del ingreso en el país, guardan silencio en relación con la manifiesta desigualdad en sus pensiones, pensiones que en muchos casos son cuarenta a cincuenta veces superiores al salario mínimo, cifra que reciben la inmensa mayoría de los pensionados?

— ¿Por qué será que las cabezas del Partido Liberal —en su ingenua estrategia de abrirles las puertas a los militantes de una izquierda trasnochada— no se dan cuenta de que por esa misma puerta son los liberales auténticos que en manada se están saliendo?

— ¿Por qué será que aquellas voces que más duro criticaron a Colombia por el Tratado de Protección con Estados Unidos, voces como la de Insulza (Secretario de la OEA), y la de los cancilleres brasileño y español, Amorim y Moratinos, permanecen pusilánimemente calladas ante el ejército de ocupación de 80.000 cubanos en Venezuela?

— ¿Por qué será que hay ingenuos que realmente creen que cuando Castro manda a Venezuela a su “Goebbels” (Ramiro Valdez, un sangriento represor) es para arreglar problemas energéticos (de los cuales no tiene la más remota idea) y no para apretar la mordaza, apretón que se ha iniciado con el control del ‘internet’, control que ya empezó a imponerle a todos los venezolanos?

— ¿Por qué será que los que se han rasgado las vestiduras con la posibilidad de que Uribe sea reelegido por segunda vez, permanecen en silencio ante la indefinida reelección de Chávez, Ortega y Morales?

— ¿Por qué será que el Estado sigue contratando día tras día a las mismas compañías que proceden a demandarlo cada vez que requieren más reajustes o anticipos; empresas que han demostrado hasta la saciedad que saben bastante más de derecho que de ingeniería, y de amenazas que de salud; y a empresas que en nómina tienen bastantes más abogados que ingenieros, y bastantes más negociantes que médicos y enfermeras?

— ¿Por qué será que la posibilidad de que haya un enredo gordo está directamente relacionada con la cantidad de ex magistrados y ex procuradores que forman parte de los ejércitos de abogados que utilizan algunas empresas en su estrategia legal?

— ¿Por qué será qué el Secretario de Transporte norteamericano, al igual que los congresistas de ese país, critican tan duramente las fallas en los frenos de los Toyota, cuando dichos frenos fueron fabricados precisamente en Indiana?

— ¿Por qué será que algunos todavía creen que las Farc (que asesinan a sus militantes por el sólo hecho de robar un cigarrillo), en el muy remoto caso de negociar el poder, no van a asesinar a cualquiera sólo por el hecho de contradecirlos?

— ¿Por qué será que un ridículo patriotismo sigue dominando el periodismo deportivo y tenemos que sacar al señor Juan Pablo Montoya a dos columnas, aún cuando llega a la meta en la insignificante posición número 36?

— ¿Por qué será que hay generalmente una enorme distancia entre los que saben destruir, pero ignoran cómo construir; entre los que insisten sobre la conveniencia y su destreza para distribuir, mas desprecian la creación de riqueza? ¿Será que los más prestos a repartir el patrimonio del prójimo son precisamente los que jamás han tenido que edificar o conservar patrimonio propio?

domingo, 14 de febrero de 2010

Separados en la infancia

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Febrero 14 de 2010

En su excelente libro False Economy (Riverhead Books, 2009), el editor de Comercio Exterior del Financial Times, Alan Beattie, hace un descarnado paralelo entre el desarrollo de Estados Unidos y el de Argentina.

Mientras el primero se convirtió en una de las economías más exitosas del planeta, el segundo pasó a la historia como la única nación que ha hecho tránsito del desarrollo al subdesarrollo. Beattie teje un fascinante recuento de cómo a Estados Unidos y Argentina les barajaron cartas del mismo naipe, pero el primero logró evolucionar de ser una potencia agrícola, a una industrial, a una informática y de servicios. A medida que el mundo se abría al comercio internacional, Argentina cerraba sus fronteras, llegando a imponer tarifas del 84% sobre todo bien o servicio importado. Para atender un mercado diminuto y de escaso poder adquisitivo, los peronistas se embarcaron en una política suicida de sustitución de importaciones. Paralelamente, buscando favorecer el voto urbano, los ‘justicialistas’ se dedicaron a gravar las exportaciones agropecuarias. Como ejemplo de las insensateces en el campo económico, Beattie relata que Perón suspendió las exportaciones de aceite de linaza. Dado que este aceite era un elemento esencial en la fabricación de pintura, los industriales norteamericanos presionaron al Departamento de Estado para que Argentina levantara la prohibición de exportar este producto. Perón, indignado, contestó que “si los gringos necesitaban pintar sus casas, que las trajeran a Argentina”. El resultado final del episodio es que los norteamericanos se dedicaron a sembrar masivamente linaza, desplazando a los argentinos de forma permanente en ese lucrativo mercado.

Más allá de la tragicomedia argentina, los logros del libre comercio son dramáticos: el Fondo Monetario Internacional estima que en las últimas dos décadas China y la India han logrado sacar a por lo menos trescientas millones de personas de la pobreza; y decenas de millones de personas en los países emergentes han logrado ascender a la clase media, todo ello gracias al desmonte de las barreras comerciales. De acuerdo con el economista Jeffry Sachs, existe una correlación directa entre el nivel de riqueza, el grado de apertura comercial y la libertad política. No es un accidente que todo país con un ingreso per cápita por encima de los 15.000 dólares sea una democracia representativa. Y si bien es un hecho que hay mayor desigualdad en muchos países, la reducción masiva de la extrema pobreza de lejos justifica el libre comercio.

Un agudo observador alguna vez señaló que para una nación, el cerrar las fronteras por medio de tarifas y otros obstáculos, evitando todo camino al libre comercio, es hacerse a sí mismo —en épocas de paz— lo que el enemigo hubiera impuesto en tiempos de guerra. Colombia puede escoger entre dos caminos: el de la autarquía, limitando severamente el comercio internacional (el camino que escogió Argentina, y que es el que recomiendan el senador Robledo y sus seguidores en el Polo); o continuar en la apertura y la busca de acuerdos de libre comercio, especialmente con los países más desarrollados. Hoy en día, el gobierno, la mayoría de los analistas económicos y los empresarios y los comerciantes respaldan de manera decidida los tratados de libre comercio con Estados Unidos, Canadá, y la Unión Europea, tratados que benefician al país en su conjunto, pero muy especialmente a los más pobres. Los economistas David Dollar y Aart Kray, en su estudio Trade, Growth, and Poverty, concluyen: “El crecimiento económico y el comercio son el más efectivo programa contra la pobreza que jamás haya existido”.

domingo, 31 de enero de 2010

Solo dos son los sinvergüenzas...

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Enero 31 de 2010

En esta época electoral, varios tipos de argumentos esgrimen los apologistas a favor de los narcoterroristas: afirman que la guerrilla sigue teniendo capacidad de doblegar a los 44 millones de colombianos.

Para muestra de la ofensiva mediática, basta leer la reciente columna del “periodista” Jorge Enrique Botero en El Tiempo (enero 23/10), en la que reafirma que las Farc son una “fuerza político militar” que es “científicamente invencible”. (Entre otras, pretender que Jorge Enrique Botero es un periodista independiente es tan ridículo y apartado de la verdad como pretender que la agencia de noticias Anncol es una entidad objetiva. El primero hace público alarde de sus simpatías por los narcoterroristas y la segunda es la vocera oficial de la guerrilla).

Para poder dimensionar el problema de orden público entre un puñado de narcoterroristas y los 44 millones de colombianos, y contextualizar la increíble y poco realista pretensión de las Farc de ser una fuerza político militar, puede ser oportuno repasar algunos números absolutos y relativos. En Colombia hay en el mejor de los casos 11.500 narcoterroristas que, con la hipócrita coartada de buscar justicia social (i.e imponer el marxismo leninismo) en el país, lo que hacen es traficar, secuestrar y extorsionar. Es decir, por cada guerrillero hay 3.826 ciudadanos indefensos. En términos relativos lo anterior significa que en un barrio promedio de 8.000 personas, donde conviven 2.000 familias, sólo dos son los sinvergüenzas que —envalentonados con el sucio dinero del narcotráfico— pretenden imponerles a 2.000 familias un sistema político y económico totalitario que obligatoriamente tendrían que acatar. Que 7.652 ciudadanos están dispuestos a reconocer y aceptar que el par de sinvergüenzas del barrio son una fuerza político militar, es un hipótesis tan insólita como peregrina.

Otro argumento de Botero Lince y los demás apologistas de los narcoterroristas es que “las Farc son invencibles… es un hecho científicamente comprobado”. Para respaldar tan peregrina tesis, el mentado “periodista” saca a relucir el siguiente raciocinio: “¿O es que 50 años de infructuosos (y costosísimos) esfuerzos por aniquilarlas no son suficiente evidencia?”. Hoy, el narcoterrorismo representado por las Farc y un insignificante reducto de “elenos” logra subsistir exclusivamente con base en los ingresos del narcotráfico, el secuestro, la extorsión y el mal disimulado apoyo de Chávez y sus secuaces. Afirmar que son “científicamente invencibles” es un disparate mayor. Sin embargo, mientras que la droga sea ilegal va a ser muy difícil erradicar el narcotráfico: cuando mucho se les puede arrinconar, forzando simultáneamente su repliegue al vecino país. Lo que es una inescrutable e incomprensible realidad es que a las dos partes involucradas en la guerra contra el narcotráfico la financian son los mismos norteamericanos y europeos. Los gobiernos de estas naciones con una mano ayudan a financiar el esfuerzo para acabar con los narcoterroristas, pero con otra mano los consumidores de droga norteamericanos y europeos son los que financieramente le dan oxígeno a la guerrilla.

Mientras existan consumidores de droga ilegal en Europa y Estados Unidos, los dos sinvergüenzas del barrio van a seguir operando. Confundir una recua de narcotraficantes (arropados en una discutible ideología marxista leninista) con una fuerza político militar “científicamente invencible” es una imbecilidad. Cuando se legalice la droga, en menos de lo que canta un gallo el narcoterrorismo desaparece. Las Farc, o son droga, o no son.

domingo, 24 de enero de 2010

"La suerte de la fea..."

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Enero 24 de 2010

La señal más inequívoca de que Venezuela va en caída libre es que Chávez y los mandriles que lo rodean parecen estar convencidos de que los problemas económicos se solucionan con devaluaciones, expropiaciones y controles de precio, acompañadas por la acción coercitiva del Ejército.

Venezuela prácticamente no produce alimentos y su capacidad de importarlos está comprometida. Ninguna nación en la historia ha logrado alimentar a su pueblo a punta de bayoneta. La tragedia de Chávez es que no ha entendido una verdad irrefutable, verdad señalada por el filósofo Nicolás Gómez Dávila en sus escolios: “El pueblo no se rebela contra el despotismo sino contra la mala alimentación”.

“La suerte de la fea, la bonita la desea”, reza el refrán. En Venezuela puede ser más apropiado aseverar que “la suerte de la expropiada, la privada la desea”. Ser expropiado en un país que, económica y políticamente hablando, rueda por el precipicio, es una bendición, no una maldición. Chávez, en realidad, al arrebatarles las empresas antes del desplome final del país, lo que les ha hecho es un enorme favor a los accionistas tanto del Éxito como de la empresa azucarera Cazta. Pero lo que los accionistas de estas empresas no pueden permitir es que estos ladrones los tumben. So pena de embargar internacionalmente los activos de Venezuela, deben exigir pago de inmediato a valor de mercado.

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Para Chávez y los idiotas que lo acompañan en la iniciativa Alba, la elección de Sebastián Piñera en Chile es una regular noticia. Piñera va a seguir con las exitosas políticas que han convertido a Chile en el país —en términos per cápita— más rico de América Latina. Sin embargo, el nuevo presidente chileno se va a apartar del apoyo tácito que Chile les otorgaba a los mendigantes del Alba, y muy concretamente a las ambiciones del chafarote venezolano de formalizar su entrada a Mercosur. Piñera entiende que los Chávez y todos los fantoches bolivarianos como Evo y Ortega son una enorme amenaza para la estabilidad del continente.

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La derrota del Partido Demócrata en las elecciones para reemplazar en Estados Unidos el puesto en el Senado ocupado por el recién fallecido Edward Kennedy, son un golpe bastante más grave para Obama y su administración de lo que a primera vista se piensa. Los demócratas lo que en efecto han dejado de tener es la mayoría absoluta en el Senado que les permitía gobernar sin tener en cuenta a los republicanos. Hoy, Obama y su equipo se van a ver en la imperiosa necesidad de negociar con la oposición las reformas que quieran impulsar. Puede ser el momento de que Colombia, con la ayuda de los republicanos que nos han respaldado, logre que se tramite el Tratado de Libre Comercio.

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En la última edición de la revista Newsweek (enero 18/10), esta publicación resalta en grandes titulares que si alguien hubiera invertido 100 dólares el 31 de diciembre de 1999 en las bolsas de los países emergentes, hoy tendría 262 dólares. Si esta inversión se hubiera hecho en el índice Standard & Poor’s de la bolsa norteamericana, la inversión sólo valdría 91 dólares. En el caso de la bolsa china, la inversión tendría un valor de 250 dólares; en la de la India, 374 dólares; y si hubiera invertido es en la bolsa de Colombia, la inversión valdría 1.629 dólares, de lejos el mejor rendimiento de cualquier nación. Prueba igual del éxito de las políticas de seguridad y económicas de este gobierno no debe ser fácil de encontrar.

domingo, 17 de enero de 2010

Punto de quiebre

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Enero 17 de 2010

La historia nos trae innumerables ejemplos en donde se presenta un punto de quiebre tecnológico.

En la segunda mitad del siglo XIX con la llegada del petróleo —más abundante y económico— el aceite de ballena pasó a los anaqueles del olvido; en el siglo XX el teléfono desplazó a los Marconi; en los setentas el fax acabó con el télex y los casetes les dieron una estocada mortal a los discos de acetato; en los ochenta los discos compactos (CD) desplazaron a los casetes; el iPod pulverizó al walk-man; y más recientemente la telefonía celular ha convertido la fija en obsoleta. Para que se materialice el desplazamiento de una tecnología a otra se tiene que presentar lo que los economistas denominan el “network effect”: a medida que haya una demanda cada día mayor por la nueva tecnología, se van reduciendo de manera exponencial los costos de suministrarla. La vieja desaparecerá al ritmo que se logre neutralizar la oposición de aquellos que tienen intereses creados en que se mantenga la tecnología obsoleta.

En el caso del transporte, muy seguramente se ha llegado al punto de quiebre entre la tecnología convencional de motores alimentados por combustibles fósiles a una nueva tecnología de vehículos híbridos, es decir, aquellos propulsados por uno o varios motores eléctricos y un pequeño motor convencional como apoyo. Según la prensa, por primera vez en 2009 un vehículo híbrido (el Toyota Prius) fue el carro más vendido en el Japón. Para quien escribe esta nota, este hito no sólo es el inicio de la expansión mundial de una tecnología más limpia, eficiente y económica, sino que es comienzo del fin de la era del petróleo. Los híbridos obtienen el doble de kilometraje, emiten 55% menos contaminantes, son silenciosos y sustancialmente más eficientes por unidad de energía (BTU).

Para poder contextualizar el futuro del petróleo, es necesario entender que el 75% del crudo se destina a la producción de gasolina y diésel y un 4% adicional a gasolina de aviación. El petróleo es transporte, punto. El viraje tecnológico hacía los híbridos, por razones obvias, implica cambios radicales en el futuro de este recurso no renovable. Las decisiones sobre el combustible del futuro no las va a tomar Estados Unidos, ni mucho menos la Unión Europea: las va a tomar China, que en 2009 se convirtió en el mayor consumidor de vehículos de transporte en el mundo, con 13,6 millones de unidades, dejando a Estados Unidos, con 10,4 millones de vehículos, en segundo lugar. China, igualmente, a la vuelta de dos años se va a convertir en el mayor productor global de carros y camiones. Es vital entender que China —que carece de reservas de crudo— no tiene el menor interés en que el petróleo siga siendo el combustible para sus necesidades de transporte.

A la vuelta de la esquina los países productores de petróleo se van a dar cuenta de que el futuro del transporte no será el petróleo y que las inmensas reservas que yacen en su subsuelo no van a valer mayor cosa. Es obvio que los que van a tardar más en salir del juego son los países con crudo liviano, petróleo tan fácil de sacar como de refinar. Al desplomarse los precios, los que se van a quedar con los crespos hechos son los productores de crudos pesados, cuyo costo de extraer, transportar y refinar es prohibitivo. El cartel de la OPEP, incapaz de controlar la producción, se despedazará.

El fin de la era del petróleo va a tener enormes consecuencias para las empresas del sector, para Colombia, sus vecinos y la geopolítica mundial, temas que se tratarán en las próximas columnas.

Punto de quiebre

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Enero 17 de 2010

La historia nos trae innumerables ejemplos en donde se presenta un punto de quiebre tecnológico.

En la segunda mitad del siglo XIX con la llegada del petróleo —más abundante y económico— el aceite de ballena pasó a los anaqueles del olvido; en el siglo XX el teléfono desplazó a los Marconi; en los setentas el fax acabó con el télex y los casetes les dieron una estocada mortal a los discos de acetato; en los ochenta los discos compactos (CD) desplazaron a los casetes; el iPod pulverizó al walk-man; y más recientemente la telefonía celular ha convertido la fija en obsoleta. Para que se materialice el desplazamiento de una tecnología a otra se tiene que presentar lo que los economistas denominan el “network effect”: a medida que haya una demanda cada día mayor por la nueva tecnología, se van reduciendo de manera exponencial los costos de suministrarla. La vieja desaparecerá al ritmo que se logre neutralizar la oposición de aquellos que tienen intereses creados en que se mantenga la tecnología obsoleta.

En el caso del transporte, muy seguramente se ha llegado al punto de quiebre entre la tecnología convencional de motores alimentados por combustibles fósiles a una nueva tecnología de vehículos híbridos, es decir, aquellos propulsados por uno o varios motores eléctricos y un pequeño motor convencional como apoyo. Según la prensa, por primera vez en 2009 un vehículo híbrido (el Toyota Prius) fue el carro más vendido en el Japón. Para quien escribe esta nota, este hito no sólo es el inicio de la expansión mundial de una tecnología más limpia, eficiente y económica, sino que es comienzo del fin de la era del petróleo. Los híbridos obtienen el doble de kilometraje, emiten 55% menos contaminantes, son silenciosos y sustancialmente más eficientes por unidad de energía (BTU).

Para poder contextualizar el futuro del petróleo, es necesario entender que el 75% del crudo se destina a la producción de gasolina y diésel y un 4% adicional a gasolina de aviación. El petróleo es transporte, punto. El viraje tecnológico hacía los híbridos, por razones obvias, implica cambios radicales en el futuro de este recurso no renovable. Las decisiones sobre el combustible del futuro no las va a tomar Estados Unidos, ni mucho menos la Unión Europea: las va a tomar China, que en 2009 se convirtió en el mayor consumidor de vehículos de transporte en el mundo, con 13,6 millones de unidades, dejando a Estados Unidos, con 10,4 millones de vehículos, en segundo lugar. China, igualmente, a la vuelta de dos años se va a convertir en el mayor productor global de carros y camiones. Es vital entender que China —que carece de reservas de crudo— no tiene el menor interés en que el petróleo siga siendo el combustible para sus necesidades de transporte.

A la vuelta de la esquina los países productores de petróleo se van a dar cuenta de que el futuro del transporte no será el petróleo y que las inmensas reservas que yacen en su subsuelo no van a valer mayor cosa. Es obvio que los que van a tardar más en salir del juego son los países con crudo liviano, petróleo tan fácil de sacar como de refinar. Al desplomarse los precios, los que se van a quedar con los crespos hechos son los productores de crudos pesados, cuyo costo de extraer, transportar y refinar es prohibitivo. El cartel de la OPEP, incapaz de controlar la producción, se despedazará.

El fin de la era del petróleo va a tener enormes consecuencias para las empresas del sector, para Colombia, sus vecinos y la geopolítica mundial, temas que se tratarán en las próximas columnas.

domingo, 10 de enero de 2010

El fracaso es ante todo político

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Enero 10 de 2010

Comentando el criminal degollamiento del gobernador de Caquetá, el columnista Pedro Medellín Torres (El Tiempo, Dic. 28/09) afirma: “…el asesinato del gobernador del Caquetá comienza a devolver la seguridad del país por lo menos diez años atrás”.

El comentario de Medellín, más que una distorsión de la realidad, es otra demostración del sesgo que caracteriza a buena parte de los columnistas de los diarios nacionales.

Una golondrina no hace el verano, ni un asesinato invalida la política de seguridad democrática. Hace diez años el país era rehén de las Farc, que con la implícita anuencia del gobierno de entonces, secuestraban y extorsionaban a su libre albedrío desde el Caguán. Hoy, el panorama de seguridad es diametralmente opuesto: en 2009, 507 subversivos fueron dados de baja, de un total de 2.844 que fueron capturados y desmovilizados. Las operaciones militares ofensivas (más de 1.200 combates) lograron la destrucción de 1.172 campamentos, principalmente laboratorios de cocaína y centros de acopio de armas; y se evitaron cerca de 1.350 ataques a poblaciones, infraestructura eléctrica y energética. La reducción en el número de secuestros es dramática: de cerca de 3.000 en 1999, se ha reducido la cifra a menos de 150. Es más que evidente que las Fuerzas Armadas han jugado y siguen jugando un papel fundamental en defensa de los ciudadanos. El politólogo francés Daniel Pécaut, en su excelente libro sobre las Farc, ¿Una guerra sin fin o sin fines?, afirma: “Lo que convence a la mayoría de los colombianos del éxito de la seguridad democrática son los hechos que han mejorado su vida cotidiana: además de la disminución de los homicidios, la seguridad de los principales ejes viales, el fuerte descenso del número de secuestros, la reducción de la extorsión y la ruptura del cerco que las Farc habían establecido alrededor de las grandes ciudades”.

Una vez le preguntaron al gran ajedrecista cubano Raúl Capablanca cómo pensaba jugar una partida, a lo cual respondió: “No tengo ni idea. Depende de cómo juegue mi adversario”. Se trae a colación la anterior anécdota, ya que es frecuente la confusión entre estrategia y táctica. Algunos despistados, aun estando de acuerdo en la necesidad de acabar con el flagelo del narcoterrorismo, exigen darle reverso a la política de seguridad democrática. Otros, más centrados, solicitan revisar su rumbo. Los primeros reclaman abolir la estrategia, estrategia que a todas luces ha sido exitosa. Los segundos sugieren cambios en la táctica, lo cual es válido. El confundir la táctica con la estrategia, y viceversa, siempre ha tenido consecuencias funestas. El cobarde degollamiento del gobernador de Caquetá, lejos de ser una demostración de fuerza y del naufragio de la seguridad democrática, es evidencia del forzoso repliegue de esta recua de vulgares asesinos. Como advierte Pécaut en su libro: “Las Farc ignoran la exasperación creciente de numerosos sectores frente a la prolongación de un conflicto cuya atrocidad tienen que sufrir… en definitiva, el fracaso de su estrategia es militar sólo en parte; el fracaso (de las Farc) es ante todo político”.

La ofensiva final de la seguridad democrática debe encaminarse a la creación de un embudo territorial que termine en un “puente de plata” de un solo sentido que permita que la totalidad del negocio del narcotráfico se desplace a Venezuela, en donde a los narcoterroristas les espera un oasis de tolerancia en el cual podrán desarrollar su actividades criminales, como lo testimonian Chávez y Timochenko, con total y absoluta impunidad.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La pirámide invertida

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Diciembre 20 de 2009

En la anterior columna se señaló que la bomba poblacional había sido desactivada por una serie de factores, principalmente de índole económico.

La pirámide poblacional en los países en vías del desarrollo ha pasado a ser una especie de tonel (ancha en la cintura y más estrecha en las extremidades), y una pirámide invertida en los países más desarrollados. Las consecuencias de estos cambios, concretamente en lo que a seguridad social y mercado laboral se refiere, son sustanciales.

La seguridad social en el mundo es (con la posible excepción de Noruega y unos tres países más) una enorme pirámide: el Estado recoge los aportes de los trabajadores y utiliza estos recursos para pagarles las pensiones a los que han dejado de trabajar: a los primeros se les paga con los aportes de los últimos. Para poder cubrir las pensiones de nuestros hijos, el Estado confía en que va a poder exprimir a nuestros nietos. A la hora de la verdad entre la seguridad social y las pirámides financieras de don Madoff y don Murcia no hay diferencias sustanciales, aparte de que la seguridad social (al ser una pirámide estatal) se arropa en un cuestionable manto de legalidad. Las pirámides se sostienen cuando la base es amplia y la cúspide estrecha, pero cuando se reduce la base y se amplía la cúspide, se avecina una catástrofe. Y para evitarla, los países tienen que adoptar reformas para disminuir las erogaciones y aumentar los ingresos, como el aumentar la edad de retiro y las semanas de cotización. Paralelamente es necesario disminuir los beneficios económicos de los pensionados, o aumentar los impuestos. Ambas alternativas, en época de crisis, son políticamente incorrectas (Noruega utilizó las regalías del petróleo para “fondear” en su totalidad las obligaciones pensionales. Colombia, en vez de permitir que algunos pocos municipios despilfarren con impunidad esas regalías, debería seguir el ejemplo noruego).

El segundo factor que los países con una pirámide invertida van a enfrentar es no disponer de trabajadores suficientes para generar los bienes y servicios que su población —cada día más vieja, pero con mayor poder adquisitivo— estará demandando en todos los campos, pero especialmente en la salud. Los países desarrollados se verán en la necesidad de incentivar inmigraciones masivas y empezarán a ofrecer cuantiosos incentivos monetarios que logren inducir a los trabajadores de los países en vías al desarrollo a migrar; hacía el 2020 se impondrán importantes cambios migratorios hacia los países que puedan ofrecer los mayores incentivos económicos. Para los países en vías de desarrollo va a existir un enorme potencial de exportar capital humano: las remesas se han convertido para muchas de estas naciones en la principal fuente de divisas, divisas que como el café entran de forma directa al bolsillo de los familiares que son y siempre serán un agente económico más acertado que el Estado.

Pero el problema de fondo es que a medida que los pobres se vuelvan ricos, la presión sobre el medio ambiente puede llegar a ser insostenible, tema que se tratará en el próximo artículo.

Apostilla: Ojalá se logre atajar en el Congreso una nueva vagabundería (denunciada por los senadores Rodrigo Lara y Alfonso Núñez) asociada con el Runt, que consiste en entregarles, por ley, un negocio de $23.000 millones a los mismos concesionarios que han sido incapaces de poner en funcionamiento la plataforma de unificación de registros.

domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Se desactivó la bomba poblacional?

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Diciembre 13 de 2009

Posiblemente el fenómeno más relevante del siglo XXI es la desactivación de la bomba poblacional.

Según el economista Gary Becker, mientras la población del mundo se ha doblado en las últimas décadas, las tasas de natalidad de buena parte de los países caen en picada a niveles sin precedentes. (El descenso en la población no sólo se circunscribe a los países más desarrollados, sino que incluye Brasil, India, e Indonesia). Entre el año 1750 y el año 1950, la población mundial paso de mil millones de personas a tres mil millones. Entre 1950 y comienzos del siglo se duplicó, llegando a seis mil millones. La población va a seguir creciendo hasta nueve mil millones (a tasas sustancialmente menores) y entre el año 2020 y 2050, según la prestigiosa revista The Economist, la tasa de fecundidad mundial (que hoy en día es 2,33) va a estar por debajo de la tasa de reemplazo (que por definición es 2), y en el año 2050 empieza a disminuir el número de habitantes. Esta realidad ha puesto en evidencia que el reverendo Thomas Malthus, y todos los profetas del Apocalipsis que le sucedieron y que en esencia pronosticaron que el crecimiento de la población arrollaría la producción de comida, en el fondo no tenían ni idea de lo que estaban hablando, y mucho menos idea de lo que estaban pronosticando.

Puede ser conducente analizar brevemente las causas del crecimiento desbordado de la población y de su vertiginoso descenso. Pero antes de entrar en las causas y efectos, unas realidades: la población de Europa, estimada hoy en 728 millones de personas, va a reducirse a 565 millones en el 2050. Cuatro países, Rusia, Alemania, España, e Italia, pueden ver una reducción en sus poblaciones hasta del 40%.

¿Pero qué explica la explosión demográfica de los últimos dos siglos? La primera razón es que antes del desarrollo de la seguridad social, y cuando las sociedades eran eminentemente rurales, los hijos —principalmente los hombres— eran un activo económico: no sólo ayudaban en las labores del campo, sino que servían para cuidar a los padres en su vejez e invalidez. Con la industrialización y eventual migración a los centros urbanos, unidos a los avances médicos que disminuyeron drásticamente la mortalidad infantil; las revoluciones técnicas y científicas que multiplicaron la oferta de comida, y el advenimiento de la seguridad social, los hijos pasaron de ser un activo a un pasivo. Como bien lo señala el futurólogo norteamericano George Friedman: “En Francia, a finales del siglo XVIII, el tener diez hijos era una bendición de Dios; para un galo el procrear diez hijos a principios del siglo XIX, hubiera podido presentar numerosos problemas; pero el tener hoy en Francia diez hijos es una verdadera catástrofe”.

¿Y qué ha ocurrido? A medida que las naciones se industrializan, el valor económico de los vástagos ha disminuido. Hoy, para que un hijo pueda contribuir económicamente al hogar, requiere más educación, al igual que ser alimentado y vestido. Si, en promedio, el educar a un hijo toma entre 15 a 17 años, en vez de aportar materialmente al núcleo, lo que un hijo hace es consumir el patrimonio familiar. Thorstein Veblen, el notable economista y sociólogo, hubiera observado que hoy los objetos más notorios de consumo conspicuo por parte de los pudientes es el número de hijos que se dan el lujo de procrear.

Pero simultáneamente a la excelente noticia de que la bomba poblacional ha sido desactivada hay un enorme desafío: los ciudadanos más pobres sólo emiten 0,1 toneladas de CO2 a la atmósfera por año. Los norteamericanos veinte toneladas. ¿Resistirá la Tierra el día que los pobres se vuelvan ricos? Las consecuencias del declive poblacional, al igual que el impacto en el ecosistema de los países emergentes, serán motivo de próximos artículos.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Refrito de Foncolpuertos

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Diciembre 6 de 2009

En medio de una aberrante e incomprensible impunidad, y ante las atónitas miradas de las autoridades, lo que está ocurriendo en la antigua Telecom es la repetición (con algunas variantes menores) del escándalo de Foncolpuertos, en donde una heterogénea caterva de cacos y pícaros de todos los estratos económicos y sociales defraudaron por miles de millones de pesos a la Nación.

Se trata nada menos que del uso legal —aunque abusivo, cuestionable, e improcedente— de la tutela, una todopoderosa arma constitucional que es utilizada por los cacos para expoliar a la Nación. En Colombia, país singular, el arma del atracador al Estado se la proporciona es el atracado.

La valerosa denuncia del nuevo saqueo la hace la sagaz ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, María del Rosario Guerra, en entrevista que le concedió a la periodista Cecilia Orozco y que fue publicada en El Espectador . Las evidencias apuntan a un concierto para delinquir por parte de un cartel integrado por jueces venales o ignorantes (o ambas cosas a la vez), abogados pícaros y ex funcionarios codiciosos, para esquilmar al liquidado Telecom.

¿Y cómo está compuesto y cómo opera este nuevo cartel? Son hoy por hoy unos 12 a 15 abogados de Córdoba que en manguala con unos treinta jueces (principalmente de Córdoba, Sucre, Bolívar y Antioquia) han copiado una astuta —aunque poco original al ser un refrito de Foncolpuertos— estrategia jurídica. Este cartel ha logrado fallos en contra de el Estado por $120.000 millones (de los cuáles sólo $35.000 millones se han pagado), pero de no frenar este desangre, mañana pueden ser dos billones. El modus operandi es relativamente sencillo: la recua de abogados acude ante un juez promiscuo o penal (ojalá de pueblos como Lorica), quien admite con pasmosa rapidez la tutela y otorgando sólo 48 horas para responder, ordena embargar las cuentas del antiguo Telecom. Plata en mano, el juez divide el botín por mitades entre los accionantes y los abogados. Un juez penal en Montería, en nombre de unos accionantes en Boyacá, recientemente repartió la no despreciable suma de $1.527 millones de esa manera.

Este columnista no puede entender cómo las autoridades no tomaron medidas para impedir una repetición de Foncolpuertos. Es inaudito que los jueces promiscuos y penales, no especializados en asuntos laborales, fallen sobre temas en los cuales no tienen preparación alguna, y arropados en una caprichosa y seguramente ilegal interpretación del derecho de la tutela, se hagan cómplices de la rapacidad de unos abogados pícaros que representan a unos ex funcionarios codiciosos. Y ante la muy probable impunidad en que va a quedar este nuevo atraco a la Nación, uno se pregunta si en realidad Colombia no es irremediablemente un país de cacos que operan con todo el respaldo de la Constitución. ¿Tendría Hernando Martínez Rueda toda la razón cuando escribió “Caconia”, su inmortal sátira? (de la cual transcribo los dos últimos versos):

Todo caco del mundo quisiera vivir en Caconia

Porque allí es un Brahamín, es un lord, un Medina Sidonia;

Y como es palestina al sionista y Ucrania al cosaco,

Es Caconia la patria ideal de cualquiera que es caco.

Es lo más natural que se sienta en su casa todo caco en Caconia,

Como crece feliz en mitad del pulmón la neumonia.

Y la acción más Bolonia, y la más infantil ceremonia,

Es poner contra un caco un denuncio por robo en Caconia;

Porque el juez que es caconio, a la vez tan cabal como probo,

Suelta al caco en razón de que el caso fue de hurto, no robo.

Fuero igual no tuvieron siquiera los zares;

Porque al caco, y es claro, en Caconia lo juzgan sus pares.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Más allá de Chávez...

Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Noviembre 15 de 2009

Hugo Chávez desequilibrado y pendenciero, confirma cada siete días su condición de psicópata.

La semana pasada les advirtió a los venezolanos (hastiados hasta la médula por falta de electricidad y agua) que se prepararan para la guerra; esta semana les informa que no habrá guerra y que todo ha sido una manipulación mediática. Con sus delirantes aspiraciones de ser la reencarnación de Bolívar y jugar un papel determinante en la geopolítica mundial, el narcisista no se percata de que él no pasará de ser un desafortunado accidente en la historia venezolana y un asterisco insignificante en la historia universal.

El problema de Venezuela no es sólo Chávez: es, utilizando el lenguaje de los economistas, un grave problema estructural y no un accidente coyuntural. El problema de fondo es que desde hace cerca de un siglo Venezuela se transformó en una sociedad rentista, aquella en que el Estado deriva la inmensa proporción de sus recursos de la venta de un producto en los mercados internacionales, recursos que sustituyen los ingresos tributarios. Las sociedades rentistas están expuestas a todo tipo de riesgos. Según Andrés Mejía Vergnaud, en su excelente libro El destino trágico de Venezuela (Tierra Firme Editores, 2009), “Una democracia rentista sufre de una enorme debilidad: será estable y será legítima —a ojos de la población— en la medida en que pueda distribuir los recursos de la renta hacia dicha población o hacia sectores vitales de ésta. Si pierde la capacidad de hacer tal cosa, ya sea por el agotamiento del recurso que da origen a la renta, o porque las condiciones de su comercio en el mercado mundial se tornan desfavorables, o simplemente porque los recursos no alcanzan para atender las demandas de la población —que suelen ser crecientes e insaciables—, sobrevendrá un debilitamiento muy profundo del sistema político y de la legitimidad que éste inspire en las gentes”.

El petróleo, para Venezuela, se convertiría en “el excremento del diablo”, según la profética sentencia del fundador de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonso. Hoy, el país se hunde en dicho excremento. Para 2010 las perspectivas económicas de Venezuela son dramáticas: la inflación va a pasar del 37,4 al 50% anual, el desempleo se acercará al 17% y el déficit fiscal va a ser el 8,2% del PIB.

El previsible ocaso del petróleo está sólo a dos o tres lustros en el horizonte. (El mundo desarrollado está evolucionando hacia otras fuentes de energía en el sector del transporte, sector que consume el 78% de los derivados del crudo). De la misma forma en que la edad de piedra —no por falta de piedras— llegó a su fin, la edad del petróleo llegará a su fin, aun existiendo gigantescas reservas de hidrocarburos. Mejía Vergnaud agrega: “…desaparecido o menguado el bálsamo (el petróleo), la intranquilidad social podría trastornar la vida de Venezuela y dar una faz trágica al inexorable tránsito hacia una vida más allá del petróleo”. Dicho de otra forma, el “Caracazo” es un juego de niños al lado de la violenta detonación social de una población acostumbrada a que el Estado multimillonario les preste todo tipo de concesiones y subsidios.

Colombia y América Latina deben seguir con mucho cuidado la evolución del vecino país, porque todo parece indicar que cuando los venezolanos se den cuenta de que su inmensa riqueza es una vana ilusión, y que durante nueve décadas los políticos se robaron el país, va a estallar una enorme revuelta social. El dilema de Venezuela, repito, no es sólo Chávez, y la hecatombe social que se avecina puede ser mucho más peligrosa y desestabilizadora para el continente que las bufonadas histriónicas del coronel. Los países, a medida que se agravan los problemas internos, tienden a desahogarse acusando a los vecinos de ser los causantes de sus de penurias. No hay razón para pensar que en el caso de Venezuela la reacción sea diferente.

domingo, 23 de agosto de 2009

De comunicados y de regaños...

Por Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Agosto 23 de 2009

Lejos de cansarse aturdiendo semanalmente a los pobres venezolanos con sus interminables diatribas en ‘Aló Presidente’, Chávez pretende hoy es aturdir a todos los ciudadanos del continente con unos avisos de página entera, avisos que publicó el pasado domingo en los principales periódicos latinoamericanos, entre ellos El Tiempo.

El aviso de marras contiene el texto de un mensaje que Chávez les envió a los presidentes que pertenecen a la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en el que acusa a los Estados Unidos de intenciones “imperialistas”, y a Colombia de servir a esos intereses. Según la investigadora Socorro Ramírez, “para Chávez es capital minar la credibilidad del gobierno colombiano”.

Con innumerables errores de puntuación y ortografía, pero ante todo increíblemente mal escrito, el de Chávez es un comunicado poco inteligible, extravagante, rococó, churrigueresco, recargado, pomposo y chabacano. La barroca y ornamentada floridez de la redacción induce en el lector un estado que oscila entre la estulticia y la risa. El chafarote venezolano ofende a nuestra patria, a nuestro gobierno legítimamente constituido y a nuestra libertad de acción. El comunicado es, adicionalmente, un abuso inaceptable a la memoria de Bolívar, ya que el demente venezolano deja entrever nuevamente que Bolívar, en vez de ser bolivariano, era en realidad chavista. “El modo en que Chávez utiliza a Bolívar es totalmente ajeno a la historicidad del personaje”, afirma el historiador mexicano Enrique Krauze.

El columnista Andrés Hoyos, en este diario (agosto 19/09), califica el comunicado como “cursi e indignante”. “Usurpando el nombre de ‘los humildes’ del continente, el bufón con chequera que manda en el vecino país se gastaba así un poco de millones, que no son suyos, y logra ofendernos a los colombianos”, agrega Hoyos.

Da cierta tristeza que algunos medios en América Latina, por un puñado de dólares, se presten a publicar la bazofia propagandística de un charlatán cuyo objetivo en estos comunicados es injuriarnos.

Son pocos los que ponen en duda que Chávez y sus áulicos lo que le están tratando de imponer a Colombia es un ‘bloqueo’ comercial y económico. Las reiteradas manifestaciones del déspota en el sentido que no va a seguir comprando productos colombianos, añadido al reciente rompimiento unilateral del convenio de suministro de combustibles en la frontera, confirma sus malévolas intenciones. El ‘bloqueo’ va a tener algún impacto a corto plazo, pero habiendo convertido Chávez a Venezuela en una potencia económica de cuarto nivel, a mediano y largo plazo las repercusiones en nuestro comercio internacional van a ser insignificantes.

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Lo que cada día es más evidente es que exportar y competir en medio de una deplorable infraestructura es y va a seguir siendo una ardua tarea. Es por eso que fue oportuno el jalón de orejas público del presidente Uribe a su ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego. Pero mientras que el Presidente exige celeridad para resolver las obras que se vienen adelantando en materia de infraestructura, y se encuentra preocupado por la forma como se estructuran los pliegos de condiciones de las licitaciones, las autoridades son refractarias.

En el caso de los aeropuertos, los usuarios del sistema pagamos posiblemente las sobretasas e impuestos más altos del mundo. Un pasaje de $100.000 le termina costando al pasajero cerca de $190.000 en todo tipo de gravámenes, impuestos y sobretasas. Hoy en día el 60% de los vuelos presenta retraso y muy posiblemente este guarismo va a aumentar al 70%. Más que soluciones, lo que las autoridades nos ofrecen es paciencia. Diera la impresión que la crisis de la infraestructura aérea y vial requiere más, señor Presidente, mucho más que un simple regaño.

lunes, 20 de julio de 2009

Los errores sindicales

Por Mauricio Botero Caicedo

El Espectador, Bogotá

Julio 18 de 2009

Es más que evidente que gran parte de la culpa de la debacle de la industria automotriz norteamericana recae en la voracidad y miopía de las cabezas de los sindicatos del gremio.

Los líderes sindicales del sector automotor en Estados Unidos, liderados por el mítico Walter Reuther, presidente de la omnipotente United Automobile Workers (UAW), se embarcaron en una cadena de errores cuyas consecuencias las están pagando y las seguirán pagando los afiliados a estos sindicatos. (El que buena parte de la culpa la tengan los sindicatos de ninguna manera exonera a los ejecutivos y a los administradores, cuyos grandes desaciertos administrativos, financieros y comerciales, al igual que la pusilanimidad con que se doblegaban ante las presiones laborales, contribuyeron de manera significativa a la destorcida).

El desacierto principal de los sindicatos de esta industria es haberles puesto camisas de fuerza a las empresas. Cualquier cambio, por nimio que fuera, requería la previa autorización por escrito del sindicato (el libro oficial de regulaciones y procedimientos de la UAW tenía 5.000 páginas). Dentro de un entorno cada día más globalizado, en donde la calidad, el precio y la garantía priman sobre toda otra consideración, los tres grandes fabricantes en Estados Unidos no tuvieron la flexibilidad necesaria para competir. Los fabricantes extranjeros, principalmente los japoneses y los alemanes, aprovecharon las debilidades de sus competidores y muy rápidamente se apoderaron del mercado. Los tres grandes fabricantes en Estados Unidos tardaron lustros en implementar los cambios en los sistemas de producción, principalmente en relación con la rapidez para introducir nuevos modelos al mercado. La escasa capacidad de maniobra de las tres grandes frente a la competencia no les permitió adaptar sus fábricas para producir vehículos más livianos, con considerable menor consumo de combustible.

Los trabajadores del sector automotor durante décadas fueron los aristócratas de los llamados empleados de “cuello azul”. La UAW había logrado que las empresas les cubrieran todo tipo de riesgos, especialmente los de la salud, y fuera de tener los mejores salarios del sector industrial, los trabajadores podían optar por la jubilación con apenas treinta años de labores. En los años cincuenta y sesenta, Detroit, la gran capital del sector automotor norteamericano, era una ciudad modelo: con cerca de dos millones de habitantes en 1950, esta ciudad tenía el mayor ingreso per cápita para empleados de la nación. Hoy, con una población sólo de 917.000, parece un pueblo fantasma en donde la caída de los precios de la finca raíz parece no tener fin. De los seis millones de puestos de trabajo que han desaparecido en Estados Unidos en esta recesión, el 70% son trabajadores de “cuello azul”.

Las fábricas del futuro van a estar localizadas en aquellos países y zonas en las cuales las empresas y la mano de obra puedan adaptar rápidamente sus sistemas de producción a los cambios abruptos en los mercados. Una de esas plantas, envidia del sector automotor mundial, es la de la empresa Fiat, en Tychy, Polonia. Esta fábrica, que opera 24 horas al día durante seis días a la semana, produce cerca de 500.000 Fiat 500 al año, uno cada 55 segundos.

Los sindicatos tienen la obligación con sus afiliados de mirar el largo plazo. Lo que no pueden pretender es que las prebendas y las conquistas de corto plazo pongan en serias dudas la viabilidad de las empresas a mediano y largo plazo. La decadencia de Detroit es la mayor evidencia de que sin flexibilidad laboral no es posible sobrevivir en un entorno globalizado donde el consumidor es autónomo e independiente. El futuro del sector automotor, por improbable que hubiera parecido hace una década, esté en Silesia y no en Detroit o Yokohama.