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viernes, 22 de enero de 2010

Prevenir para no lamentar

General (r ) Henry Medina Uribe

El Colombiano, medellín

Enero 22 de 2010

En mi anterior columna, " Programas antes que personas ", sugerí, de cara al año electoral y a la selección de quienes habrán de liderar los poderes Ejecutivo y Legislativo durante los próximos cuatro años, la importancia de discutir, antes que el carisma, la capacidad comunicativa o el músculo económico de los candidatos, los temas críticos y de mayor impacto en la vida nacional en el corto, mediano y largo plazo.


Sugerí seis posibles: 1. La ética, la corrupción y el impacto del narcotráfico en nuestro sistema de principios y valores; 2. La tenencia de tierras; 3. La macroeconomía; 4. Las relaciones exteriores y la actual encrucijada en la que nos encontramos; 5. La Seguridad en una concepción integral y 6. La Justicia y la actual crisis que la aqueja.


El liderazgo que democráticamente escojamos debería ser, como en la mitología griega, el Perseo que enfrente y venza a tan singular medusa que amenaza la institucionalidad y pone en riesgo la mejor calidad de vida de nuestros compatriotas en el futuro, y no Eris, la diosa del caos, que utilizando canto de sirenas y otros artilugios logren sustraerle al país el libro con los secretos para construir y mantener la paz.


La segunda opción parece ser la que amenaza a nuestra vecina Venezuela.


Las manifestaciones del movimiento Carapaica, milicia urbana nacida en 1992 con el propósito de respaldar el movimiento chavista y que hoy reclama de su líder renovar el tren ejecutivo, al que acusa de enriquecimiento ilícito, a la vez que lo amenaza con acciones político-militares si no cumple tales exigencias, son sintomáticas del proceso de desinstitucionalización creciente y del riesgo de una situación que puede llevar al país al caos que buscó Eris.


Pero el problema también es nuestro, pues la historia es rica en ejemplos de gobiernos que para mitigar los efectos de la desintegración interna, recurren a incentivar un conflicto externo, como sofisma de distracción que les permita prolongar su permanencia en el poder.


El destino de Colombia y Venezuela tiene mucho en común y las circunstancias de los dos países se retroalimentan en lo geopolítico, en lo social y en lo económico.


Lo grave es que las perspectivas no son las mejores.


Hace algunos días leí con alto interés la columna de Carlos Caballero Argáez, en la que insiste en la necesidad de pensar a largo plazo y nos advierte sobre los posibles efectos de un inequitativo sistema tributario, las graves perspectivas fiscales del país y la situación social.


Caballero Argáez invita a los candidatos al Congreso y a los electores a adquirir conciencia de tal situación.


Me parece una buena recomendación, pero debemos tener en cuenta que los primeros son el resultado de la racionalidad de los segundos.


Mucho análisis y responsabilidad necesitamos los electores para que el próximo Congreso y las cabezas del Ejecutivo asuman la actitud de Perseo.


Nuestra obligación es minimizar los riesgos. Para ello, debemos tener conciencia de nuestras vulnerabilidades y buscar la forma de hacerlas menos significativas.


A la vez, adquirir claridad sobre las amenazas para prevenir sus efectos y estructurar las medidas protectoras.

Esas también son responsabilidades del liderazgo que debemos elegir. La nuestra, como electores, es no equivocarnos en nuestra decisión. Seleccionar a los más capaces y prever para luego no tener que lamentar.

viernes, 11 de diciembre de 2009

¿Hacia una guerra inútil?

My. Gral. (r.) Henry Medina Uribe

El Colombiano, Medellín

Diciembre 11 de 2009

En días pasados llegó a mis manos un libro con el sugestivo título " Guerras inútiles - Una historia de las Farc ", de la Corporación Observatorio para la Paz, el cual me resultó útil para recordar el acontecer político y militar del país en los últimos cincuenta años y repensar sobre la actualidad nacional. El texto, como lo insinúa Antanas Mockus en el prólogo, facilita comprender la absurda obstinación y persistencia del movimiento subversivo que solo ha causado dolor, muerte y atraso, su degradación de movimiento insurreccional a su actual condición delincuencial narcoterrorista, como también la carencia de sabiduría del Estado para resolver la confrontación constructivamente, por encima de los miedos y los odios. De su lectura resultan evidentes las múltiples oportunidades perdidas para construir la paz, como también los exitosos resultados militares de la "Política de Defensa y Seguridad Democrática", que deberán conducirnos a la antesala de la concertación.


El libro termina hablando de las nuevas guerras. Cita, entre otras, aquellas contra el terrorismo, el narcotráfico, los agentes propiciatorios del mal o, incluso, contra amenazas provenientes de un país vecino. En sus últimas páginas afirma que el esfuerzo militar consentido y apoyado por la mayoría del pueblo colombiano se ha venido esfumando sin la definición de una política que logre ponerle límites a la guerra.


La palabra "límite" la usa dentro del contexto del pensamiento del filósofo español Eugenio Trias y su libro " La política y su sombra ". De él transcribe: "Se necesita una política, con su reflexión pertinente, que ponga límites a esa sombra, aunque sin perder de vista su imperiosa presencia retadora. Ése sería el proyecto de una política del límite que insista en éste como lugar de instigación y prueba".


Es que Trias ve a la seguridad como la sombra de la política moderna. Como la sombra que acecha, persigue y acompaña a la libertad. Por ello, según Trias, es necesario reflexionar sobre la seguridad para poder comprender la felicidad, la libertad y la justicia. Si la libertad y la justicia constituyen el cuerpo de la razón filosófica, el miedo y la seguridad constituyen su sombra. El miedo es el agujero negro que devora ideales como la libertad, la justicia, la igualdad, la fraternidad y la felicidad. El límite no es final, es borde y es la cercanía del otro que nos justifica. Así las cosas, el límite deja de ser muro para ser puerta. O es puerta y muro al mismo tiempo.


El miedo fue el factor determinante en la situación angustiosa que vivió el país durante la década de los noventa, ante la amenaza de la subversión y las debilidades producto de nuestras propias vulnerabilidades y errores en frente de una complejidad extrema e incomprendida. No cometamos equivocaciones similares en el campo externo que nos convoquen al miedo futuro. El deterioro gradual y permanente de las relaciones con el gobierno de Venezuela reclama no solo la solidaridad nacional y el apoyo a quienes tienen la responsabilidad de prever, prevenir, anticipar y proteger, sino el análisis y el debate sobre realidades que no se pueden ocultar.


El gobierno del país vecino ha pasado de la palabra a la acción. Sus actuaciones en el campo diplomático, político y militar hacen presumir la ejecución de una estrategia coherente que no debemos soslayar.


De nuestra parte, siendo consecuentes con las lecciones de la historia, debemos exigir la aplicación de una estrategia política y diplomática exitosa que aleje la más mínima especulación en torno a probar la efectividad de la estrategia militar y enfrentar otra guerra inútil. Necesitamos una política que fije nuestros límites para no llegar al escenario con que finaliza el libro que comento:


"El Estado colombiano tendría como función primordial atender las nuevas guerras. Con el gran riesgo de que, en el desarrollo de esas nuevas guerras cuyo campo de acción trasciende las fronteras patrias, se termine derrumbando el Estado nacional".

viernes, 27 de noviembre de 2009

Las fuerzas de la sinrazón

M. Gral. (r ) Henry Medina Uribe

El Colombiano, Medellín

Noviembre 27 de 2009

No deja de preocupar el giro que han venido tomando las relaciones entre Colombia y Venezuela. Ha sido un proceso de deterioro progresivo con consecuencias que hoy pudieran resultar impredecibles, además de hacer, una vez más, evidente la poca efectividad preventiva de los organismos internacionales creados para conservar la paz entre las naciones.


No esperemos su acción cuando ya las unidades militares estén cruzando la línea de partida hacia el sacrificio del bien supremo de la vida, así sea con la recompensa de la gloria. El momento es ahora.


La frontera con Venezuela es, en buena parte de su extensión, una frontera viva, de permanente interacción y dinámicas antropológicas contrarias a propiciar un conflicto bélico entre los dos países.


La confrontación armada sería, desde cualquier visión elaborada, una quimera o un juego de perdedores. Sin embargo, la diplomacia camorrista de nuestro vecino presidente puede hacer posible el absurdo y probable advenimiento de la sinrazón.


Por ello, nosotros mismos estamos hablando de guerra, destrucción y muerte, cuando deberíamos estar hablando de cooperación, crecimiento, calidad de vida y desarrollo.


Entre los dos países existen antagonismos, como es natural entre países vecinos, pero no imperativos estratégicos que caractericen o hagan predecible un conflicto.


Hoy en día existen casi cinco millones de colombianos que han migrado a Venezuela en búsqueda de oportunidades. Sin embargo, según la Defensoría del Pueblo, cerca de 7.000 de ellos han tenido que regresar a nuestro país en los últimos meses por la deteriorada situación fronteriza.


Si a esto sumamos los 83 colombianos desaparecidos en Venezuela en los últimos años, según el mismo informe de dicho organismo, los colombianos muertos en las últimas semanas, la destrucción de puentes peatonales y los niveles de animosidad con que el Presidente de Venezuela se refiere al presidente de un país hermano, debemos concluir que ellos no son hechos triviales sino actos de hostilidad suficientes para crear preocupación en los dos países y en las entidades con la función de regular las relaciones internacionales.

Hay circunstancias propiciatorias del éxito de la sinrazón. Los planteamientos recientes de los países miembros del Alba y sus circunstancias actuales, en el orden político, social y económico, podrían llevarlos a formular intereses comunes con países de Asia y África, como Rusia, Irán, Libia y otros.


La consecuencia podría ser la conformación de dos ejes perturbadores del orden occidental, con graves repercusiones en el Orden Público de nuestros países.


Esta sola percepción debería llevar a Colombia a recuperar su otrora fama de habilidosa en los juegos diplomáticos, o afrontar el riesgo de agregar a los conflictos internos la inestabilidad externa.


Si miramos la historia, para no repetir algunas de sus nefastas páginas, debemos negarnos a llegar a hechos que no tengan justificación convincente, como la "Guerra del fútbol" entre Honduras y el Salvador, en 1969, cuando en una inusitada confrontación bélica, en cinco días se dieron cerca de 3.000 muertos.


La obligación de todos quienes ostentamos el título de colombianos es no ser indiferentes a tales circunstancias.

Si somos consecuentes con el pensamiento moderno de Ivan Witker, debemos propiciar espacios para que la fuerza coercitiva de la opinión pública internacional y la arquitectura multilateral supranacional hagan su trabajo.


Que la política y la diplomacia hagan lo suyo y los militares lo nuestro. El éxito, como la suerte, solo les llega a quienes estén preparados y son idóneos para recibirlo, pues bien sabemos que Dios no juega a los dados.

viernes, 13 de noviembre de 2009

De lo posible y lo probable

Gral. (r.) Henry Medina

El Colombiano, Medellín

Noviembre 13 de 2009

Hace años, en 1999, cuando el Coronel retirado Hugo Chávez se convirtió en el presidente de Venezuela, opiné que, dada la personalidad del mandatario y los ribetes de su nueva constitución, los colombianos deberíamos apostarle al éxito de su gobierno, pues si a él le iba mal, a nosotros también nos podría ir mal. La realidad es que a Chávez no le ha ido bien y las relaciones entre los dos países se han deteriorado. Actualmente están en una situación que podríamos calificar de delicada. Para dolor de todos, lo que era posible, ahora también es, en alguna medida, probable.

En agosto del 2001, en la Escuela Superior de Guerra, nos propusimos planear, organizar y dirigir un seminario internacional que denominamos: "Sociedad, Gobierno y Fuerza Pública en situaciones de emergencia". Vinieron especialistas de todo el mundo que nos dejaron valiosas reflexiones. La idea fue bosquejar los cimientos de una nueva conciencia sobre las responsabilidades institucionales en el proceso que genera la aplicación de los conceptos de previsión, prevención, protección y reparación. Parte de ello se conoce militarmente como "Movilización". Su objetivo es minimizar los riesgos de que ocurra lo indeseado, o que ocurriendo, los efectos sean lo menos lamentables.

En tal ocasión, no estábamos pensando únicamente en el eventual riesgo de una confrontación bélica de características mayores a las que hemos vivido en los últimos lustros, sino también en las graves consecuencias de una catástrofe natural, pandemia o cualquier otra calamidad pública. El conflicto con el Perú, la desaparición de Armero, el terremoto del Eje Cafetero, el 1.200.000 afectados por el fenómeno de La Niña en 1999 y otros eventos indeseados nos han dejado variadas experiencias. En el futuro, lo posible puede ser cada vez más probable. La previsión y la buena fortuna no lo permitan, pero podríamos tener un tsunami en el occidente o un evento antrópico en el oriente.

Desafortunadamente, las expectativas creadas en el seminario internacional del 2001 se fueron extinguiendo, tal vez, porque estamos acostumbrados a priorizar lo urgente y visible sobre lo trascendente e importante o porque tendemos a confundir lo poco probable con lo imposible. Ello lleva a la imprevisión y a incrementar la probabilidad de que pase lo que no deseamos que suceda. En términos militares, la capacidad disuasiva se hace insuficiente y la paz explosiona.

Las circunstancias del momento nos deben llevar a recordar y a actuar, sin sobrevalorar nuestras capacidades. Administrarlos riesgos tiene como base la aplicación de los principios de previsión y solidaridad y ello exige la movilización humana y de recursos para atender situaciones de crisis o emergencia. La movilización es un proceso que implica la actitud proactiva de la comunidad para integrar sistemáticamente los instrumentos políticos, económicos, sociales y militares, en prevención de una calamidad.

La movilización humana exige, además de motivación e información, organización y compromiso. En tal sentido, los medios de comunicación juegan un papel fundamental. La movilización de recursos incluye la disponibilidad de toda la capacidad productiva del país, de incorporación de bienes del exterior y de transporte, almacenamiento y distribución. La logística adquiere toda su dimensión y el ser humano muestra toda su generosidad, solidaridad y entrega a una causa. Las experiencias del Forec, en los años posteriores al terremoto del Eje Cafetero, muestran en algo los imperativos de organización y liderazgo que tales circunstancias exigen.

En tal materia resta mucho por hacer. Bien sabemos que es mejor prevenir que lamentar. Salir airosos de cualquier situación de emergencia no es responsabilidad únicamente del Gobierno nacional, sino de toda la institucionalidad colombiana en su conjunto. Estamos en mora de propiciar la cultura de la previsión.

viernes, 2 de octubre de 2009

¿Primará la insensatez?

Henry Medina

El Colombiano, Medellín

Octubre 2 de 2009

Los colombianos parecemos poco interesados en los temas de la Seguridad y la Defensa, cuando su ámbito sobrepasa el límite de nuestras fronteras. Tal vez porque el conflicto interno vivido durante más de medio siglo nos ha acortado la visión y la angustia sólo nos alcanza para lo doméstico. Esa sería una posible explicación al poco interés que convoca la amenaza de un proceso armamentista en Sudamérica.


Al respecto, el presidente Alan García decidió hacer pública su carta enviada el 14 de septiembre a los ministros de relaciones Exteriores y de Defensa asistentes a la reunión convocada en Quito por Unasur. La misiva tiene un buen mensaje y un significativo número de propuestas de una importancia merecedora de mayor análisis del que ha sido objeto.


La idea del mandatario del país vecino es que Unasur aproveche las circunstancias del momento para actuar en beneficio de la paz, el desarrollo y la disminución de la pobreza en Sudamérica y así incrementar su legitimidad ante los pueblos del continente. Comenta que si en los últimos cinco años no se hubiese incurrido en los 23.000 millones de dólares de gasto en compra de equipo militar y se hubiese reducido el gasto en defensa en un 15%, se habría podido sacar de la pobreza a 30 millones de habitantes en Sudamérica. Recordemos que en la región, el 42% de sus habitantes (240 millones) viven en condiciones infrahumanas.


La propuesta de constituir una Fuerza de Paz y posteriormente una Fuerza de Defensa Sudamericana que impida cualquier conflicto militar en la región es bastante optimista pero posible en el largo plazo. Todo depende del futuro de Unasur, de las reacciones de la OEA a las situaciones actuales y de la receptibilidad práctica que tenga la posición del Presidente peruano. Cuando habla de prescindir del "tutelaje de las instituciones externas a Sudamérica", entiendo que se refiere a la OEA y a lo consagrado en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, Tiar, el cual contempla que "en caso de (...) un ataque armado por cualquier Estado contra un Estado americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados americanos, y en consecuencia, cada una de las partes contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inminente de legítima defensa?". Habría que establecer la efectividad de tal cambio de visión y determinar cuánto cuesta, quiénes lo pagan, qué se gana y cuánto se pierde.


También propone el Presidente de Perú que el Consejo de Defensa Sudamericano estudie cada país y haga públicos los montos de los gastos militares. La intención es buena, si la ubicamos dentro de las realidades diversas que cada país vive. Ejemplo, el gasto habrá que mirarlo a la luz de variables como la extensión del territorio, la cantidad de población, las problemáticas internas y de orden público, las amenazas potenciales externas creíbles, entre otros factores. Con esta óptica es posible lograr en el mediano plazo la comprensión y solidaridad de Unasur con la causa colombiana.


El pensamiento del presidente García es coherente con la sana lógica, con el pensamiento del presidente Barack Obama, quien declaró en El Cairo el compromiso de Estados Unidos de procurar un mundo en el que ningún país tenga armas nucleares y con las esperanzas de buena parte de la humanidad de un mundo más justo, unido y solidario. De otra parte, plantea la posibilidad de un escenario que traiga tranquilidad frente a la beligerancia con que algunos países ven el juego de intereses en las relaciones entre naciones.


De todas maneras, las buenas intenciones de la citada carta no son suficientes para controlar los niveles crecientes de desconfianza en la región, pero pueden ayudar a mitigar la insensatez que se vislumbra.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Juegos peligrosos

Por Henry Medina

El Colombiano, Medellín

Septiembre 18 de 2009

Nada tan delicado y peligroso para la seguridad regional como la carrera armamentista en que está entrando América Latina. Ningún argumento puede justificar tan demencial gasto a la luz de los beneficios esperados. El riesgo ya fue estudiado en sociología y formulado como: Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias. (Teorema de Thomas).

Es usual y aconsejable que los estrategas militares de cada país formulen las hipótesis de guerra que consideren más factibles, como amenazas a los intereses nacionales, y que ellas lleven a concebir estrategias que impliquen acrecentar su poder de acción-reacción y con ello su capacidad ofensiva o disuasiva. También es conveniente que tales hipótesis sean evaluadas a la luz de las probabilidades de ocurrencia y de los efectos de privilegiar el gasto militar frente a otras erogaciones que permitan el desarrollo, el incremento de la calidad de vida y el bienestar de la comunidad nacional en general. En definitiva, es muy importante el análisis de la relación costo-beneficio de un significativo incremento del gasto en material bélico como de otras consecuencias de las decisiones que sobre el poder militar se tomen.

Si, en gracia de discusión, aceptamos como cierto lo expresado en el párrafo anterior y analizamos lo que está ocurriendo en América Latina, encontramos sin asidero y muy peligrosas las decisiones de los gobiernos comprometidos en tan peligrosa carrera. Veamos los casos más comentados o significativos.

¿Cuáles son los mayores riesgos que afronta la nación venezolana? ¿Es Colombia, Brasil, los Estados Unidos o las quimeras del proyecto bolivariano? ¿Ha tenido Colombia algún antecedente como país agresor o algún apetito conocido que solo pueda ser alcanzado a costa del menoscabo de los intereses venezolanos? ¿Existe algún interés cierto o intuido de Brasil que atente contra los intereses venezolanos? ¿Es Venezuela, aún multiplicando su gasto militar al máximo posible, capaz de alcanzar un poder bélico que disuada la capacidad militar plena de los Estados Unidos? ¿O serán todos estos desarrollos parte de la estrategia del gobierno del país hermano para satisfacer aspiraciones políticas coyunturales a costa de los intereses del pueblo venezolano? Decía Jean Le R. d'Alambert en tono cínico: La guerra es el arte de destruir hombres; la política de engañarlos.

El caso de Brasil tiene connotaciones diferentes. Es un país con vocación y capacidad de llegar a ser potencia, y bien sabemos que para lograrlo se necesita un poder militar que soporte sus actuaciones geopolíticas y respalde su influencia económica. Además, Brasil tiene una base tecnológica y mercados cautivos que le permiten invertir en procesos productivos, así sean armas, para luego, en el largo plazo, exportar a los países del continente y recuperar con creces la inversión. De otra parte, considera su obligación proteger a toda costa gran parte de la Amazonia, como ejercicio de soberanía y dominio sobre una de las reservas más importantes de la humanidad. De todas maneras, está dedicando a la industria bélica parte importante de sus recursos que, ante una amenaza poco probable, bien podrían alternativamente emplearse en mitigar las grandes asimetrías sociales que hoy lo caracterizan.

Pero no son sólo Brasil y Venezuela los actores de estos condenables hechos. Otros países, como Chile y Perú, caminan por la misma senda. En los últimos cinco años la región ha duplicado sus gastos en arsenal bélico, mientras la inequidad se amplía en buen número de los países del área, lo cual no contribuye al mundo responsable, unido y solidario al cual todos deberíamos aspirar.

Hagamos votos porque nuestros gobernantes, en este juego peligroso, no se enamoren, a la manera del rey Pigmalión, de sus propias fantasías y en perjuicio de las sociedades a las que juraron defender.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Unasur, al alza

Por Henry Medina

El Colombiano, Medellín

Septiembre 4 de 2009

Transcurrió la Cumbre Extraordinaria de la Unión Suramericana de Naciones, Unasur, en la mejor forma que se hubiese podido prever. Afortunadamente, ningún presidente llegó "cargado de tigre" sino de argumentos para defender lo que creyeron eran sus mayores intereses, así algunos resultaran indefensables.

A Colombia le fue bien. Su primer éxito fue lograr la transmisión por televisión en directo, lo cual limitó la verborrea de otros actores y le permitió a nuestro presidente hacer público, a nivel regional y hemisférico, el contexto dentro del cual se estaba mirando el proyecto de acuerdo con los Estados Unidos. El segundo, lograr el no rechazo del acuerdo, sino su aceptación implícita y una declaración final justa y conveniente, la cual apoya buena parte de los argumentos colombianos. Veamos los seis puntos de dicha declaración:

1. Fortalecimiento de Suramérica como zona de paz y compromiso de establecer mecanismos de confianza en materia de defensa y seguridad reafirmando la decisión de no usar la fuerza contra otro Estado del Continente.

Declaración que fortalece la posición histórica de Colombia y se ajusta al mandato de nuestra Constitución. Igualmente, respuesta afortunada a amenazas de alguno de nuestros vecinos.

2. Fortalecimiento de la cooperación y de la lucha contra el terrorismo y la delincuencia transnacional organizada y sus delitos conexos.

Aspectos que respaldan la posición colombiana y que hicieron parte de los planteamientos expresados por nuestro Presidente.

3. Rechazo a la presencia de fuerzas militares extranjeras que puedan amenazar la soberanía e integridad de las naciones suramericanas.

Posición clara e incuestionable que debe servir de lupa para analizar el texto del acuerdo con los Estados Unidos, cuando se haga público y nazcan las circunstancias que permitan su análisis objetivo.

4. Organización de una reunión extraordinaria entre ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa con el propósito de buscar medidas complementarias a las existentes en el marco de la OEA que fomenten la confianza y la seguridad en la región.

Este punto del acuerdo rescata la posición de Colombia de mantener a la OEA dentro del juego de los intereses planteados. También evidencia la aplicación del principio que enuncia que todo espacio vacío tiende a ser llenado por un cuerpo vecino. El nacimiento de Unasur es una voz que llama al despertar de la OEA para indicarles que su accionar y efectividad está siendo cuestionada.

5. Encomendar al Consejo Suramericano de Defensa la tarea de analizar el texto "Estrategia Suramericana - Libro Blanco" del Comando de Movilidad Aérea (AMC) de los Estados Unidos y realizar una verificación de la situación actual en las zonas de frontera.

A pesar de la declaración de los Estados Unidos sobre el carácter no oficial del documento, su análisis no está por demás ni causa daño. Si el Comando de Movilidad Aérea lo puso en internet es porque invita a su estudio.

6. Instruir al Consejo Suramericano de Lucha contra el Narcotráfico que elabore un Plan de Acción con el objeto de definir una estrategia suramericana de lucha contra el tráfico ilícito de drogas y de fortalecimiento de la cooperación regional.

Lo anterior apoya uno de los puntos fuertes de la argumentación de la delegación colombiana. No sería extraño que en el propuesto plan surja la iniciativa de utilizar aeronaves y buques de un país aliado para anticipar los riesgos y confrontar las amenazas.

En conclusión, la ganadora fue la naciente Unasur. La posición de los presidentes de Brasil y Chile, al buscar la unidad en la diversidad, fue ampliamente contributiva a tal efecto. A nosotros nos fue bien, aunque seguimos pagando el costo de mirar solo al norte, cuando la modernidad exige vista panorámica.

viernes, 7 de agosto de 2009

La justiia injusta

Por Mg (r) Henry Medina Uribe

El Colombiano, Medellín

Agosto 7 de 2009

La Asociación que aglutina al cuerpo de generales y almirantes en retiro de las Fuerzas Militares ha publicado un documento denominado " La justicia injusta " en el cual manifiesta su inmensa preocupación por lo que viene ocurriendo en los procesos contra personal militar, acciones que generan aprensión y desconfianza hacia la Fiscalía General de la Nación. Su contenido es una queja por comportamientos irregulares de algunas instancias de la Fiscalía en procesos judiciales contra personal militar, donde se desconocen bases específicas del derecho procesal para inducir a sentencias condenatorias, cuando el sindicado es un militar no culpable del delito del cual se le inculpa.


La lectura y análisis del documento lleva a recomendar la reflexión, la investigación a fondo y, si fuese del caso, la acción correctiva inmediata, por el riesgo que para la buena salud del Estado representa cualquier fisura grave entre dos instituciones críticas en la vida nacional.


Situación delicada cuando se afirma que la Fiscalía, en el caso de los militares, únicamente está investigando lo desfavorable del acusado. O peor, si una entidad de tanta respetabilidad conceptúa que la administración de justicia no está contribuyendo a forjar perspectivas de paz.


Se critica la creación de las comisiones de ejecuciones extrajudiciales creadas para investigar exclusivamente a personal militar, las cuales el informe califica de parcializadas y de llevar a convertir las bajas en combate en simples homicidios. Advierte que los militares están convencidos de que algunos fiscales obran con animadversión manifiesta, tomando partido por ideologías o intereses ajenos.


Rechaza el protocolo firmado el 14 de junio del 2006, denominado "Apoyo a la Justicia Penal Militar" y firmado por el Fiscal General y el Ministro de Defensa, pues, según el documento, se rompe con los principios de legalidad y de juez natural, deslegitima las operaciones militares y la justicia penal militar. De ser así, ello incidiría negativamente en el ánimo de los militares y, por ende, en el resultado de las operaciones contra los agentes de violencia.


Cuestiona también el documento la Unidad de perfiles criminales de la Fiscalía, encargada de instruir los sumarios contra miembros de la institución castrense, señalando que no parte de la presunción de buena fe, tanto así que toma a la capacitación profesional y a la experiencia en combate como una tendencia homicida y un agravante o indicio grave en el análisis de los hechos donde hay un militar inculpado. Igualmente, argumenta que se aceptan testigos y testimonios falsos y se desconoce el fuero carcelario a los militares.


Para los autores del documento es claro que el desconocimiento del Derecho Internacional de los Conflictos Armados (Dica) y otros factores induce a pensar que por medio de lo que han denominado "la justicia injusta" se pretende obstruir la acción legítima del Estado contra las organizaciones armadas al margen de la ley.

domingo, 28 de junio de 2009

La ética en el oficio de las armas

Mayor General (r) Henry Medina Uribe

El Colombiano, Medellín

Junio 26 de 2009

El General Freddy Padilla, comandante general de las Fuerzas Militares y Ministro de Defensa encargado, ha mantenido permanente preocupación por incrementar la legitimidad de la institución que dirige. En pasado reportaje con Yamid Amad reclama respeto, afecto y respaldo moral para soldados y policías. Me parece que ello ya existe, pero está bien que sin pausa se busque incrementar tales condiciones, prerrequisito y consecuencia de la legitimidad. La pregunta es ¿Qué hacer y cómo hacer para lograrlo? Creo que la respuesta está en la reforma de la educación militar. El General ha dado muestras claras de conocer la necesidad de merecer antes de exigir.

El punto de partida es la comprensión de la especificidad de la institución militar y su capacidad de infligir destrucción y muerte, si se requiere, para proteger la vida. Sin embargo, su fin último es la paz y el bienestar de la sociedad a la cual pertenece y a la cual se debe. En este contexto, la paz justa obtenida por disuasión, es un óptimo.

En tal orden de ideas, se deben considerar las diferencias existentes entre el concepto tradicional expuesto por Max Weber sobre la función de las fuerzas militares como el ejercicio de la "violencia legítima" y la visión moderna del "uso legítimo de fuerza". La violencia es el abuso de la fuerza, y hoy no puede ser la vocación de una institución legítima. Ello podría llevar a acciones que, aunque legales, no sean consideradas como legítimas en razón del fin que las motiva, aún con el argumento de la razón de Estado. Lo conveniente es encuadrar la acción militar dentro de condicionantes, que van desde la legitimidad de la autoridad que decide, hasta el respeto al adversario, pasando por los objetivos que se buscan, los medios utilizados, la relación costo-beneficio y la posibilidad de victoria.

Otro aspecto importante lo constituye el método, los procedimientos y la forma de medir los resultados del accionar militar. La evaluación no puede someterse a una lógica económica primaria de rentabilidad y de estadísticas que pudieren llegar a ser perversas. Se necesita una visión moderna, técnica y sofisticada.

Debemos volver a lo esencial. En la edad media, el caballero se comprometía a proteger a la viuda y al huérfano, aún al precio de su propia vida, y ese ha sido uno de los valores que históricamente el militar colombiano ha practicado. A diferencia, los violentos asesinan y buscan proteger su vida, aún a costa de aumentar las viudas y los huérfanos. La estrategia de ganar la guerra a la manera de la "pax romana", está superada.

Es necesario entender que los mal llamados falsos positivos no hacen parte de los "usos y costumbres" de las Fuerzas Militares de Colombia y por ello no deberían afectar la legitimidad institucional. No deberían existir y si por excepción han ocurrido, deben reafirmar la necesidad urgente de acelerar la reforma de la educación militar en proceso, tanto como la de revisar el diseño de indicadores de gestión e innovarlos. En otras palabras, el sistema de "premios y castigos" debe claudicar ante una visión más acorde con el mundo actual.

Se visualiza, entonces, una institución, no en actitud gregaria, sino creadora de su propio destino, con una visión humanista, que sirva de guía a los aspectos de índole cultural, doctrinal, reglamentaria y pedagógica. Unas Fuerzas Militares con actitudes regidas por una ética auténtica, fundamentada en valores, con un sólido compromiso con la justicia social, la solidaridad y el bien común.

El esfuerzo del Sr. General Padilla es digno de aplauso y apoyo. Es bueno para el país y para la paz. Los colombianos deberíamos darle toda nuestra adhesión y compromiso.

viernes, 12 de junio de 2009

Artesanos de la paz

Por General (r) Henry Medina

El Colombiano, Medellín

Junio 12 de 2009

Hace un par de semanas se realizó en Medellín el Congreso Internacional de Víctimas. Fue una excepcional ocasión para pensar en la inhumanidad de la humanidad, en la violencia que no es patrimonio único de Colombia y de los compromisos que debemos construir para salir del laberinto en que hemos vivido. Del gran número de noticias y testimonios uno de ellos me impresionó, el de Yolande Mukagasana, sobreviviente del genocidio de Ruanda. Sin duda, una mujer valiente, amante de su patria, comprometida con la justicia y con la paz. Una artesana de la paz. Una mujer, como tantas en Colombia, que se declaran muertas en vida. La violencia les ennegreció el pasado y el futuro, pero les iluminó el espíritu.

Casi en paralelo, se realizó en Bogotá el Congreso internacional sobre Riesgos, Seguridad y Defensa en el Siglo XXI, donde se habló de derechos y responsabilidades, de ética y de legitimidad institucional. De allí surgieron innumerables motivos de reflexión. Asistieron expertos de quince países convocados a dialogar sobre uno de los temas de mayor preocupación en el mundo de hoy, el de la seguridad, en un sentido más amplio del que estamos acostumbrados a percibir.

Uno de los invitados fue Pierre Calame, director de la Fundación para el Progreso de la Humanidad que lidera el proceso de construcción comunitaria de la "Carta de las Responsabilidades Humanas" y autor de la propuesta de una "Alianza de Artesanos por la Paz". Sus opiniones sobre los procesos que viven las sociedades en la transición de la guerra a la paz valen la pena ser tenidas en cuenta por nosotros, los colombianos, partiendo de su definición del Arte de la Paz, como el arte de administrar las transiciones.

Eso que con tanto anhelo denominamos posconflicto es precisamente la transición para la cual debemos comenzar a prepararnos. De los estudios de Pierre Calame podemos sacar algunas conclusiones:

Es imperativo incrementar la legitimidad de las instituciones y de las personas que las hacen funcionar. Dentro de este proceso debemos aprender a ponernos de acuerdo, más allá de las leyes y de las reglas formales, sobre nuestra idea de Bien Común y cómo administrarlo. La ausencia de legitimidad está en el corazón de las causas de la violencia.

También debemos buscar el equilibrio entre derecho y responsabilidad, como la base de la ciudadanía. Al respecto, resulta muy constructivo el análisis y discusión de la carta de responsabilidades humanas en proceso de construcción por todas las sociedades del mundo.

La transición de la guerra a la paz implica la evolución de las instituciones y la conversión de una economía de guerra hacia una economía de paz. La reconversión de las instituciones de la guerra a la paz es entonces una cuestión primordial y un compromiso de todos. Las competencias y la pertinencia de cada una de ellas deben ser revisadas en detalle.

No menos importante resulta la cooperación entre actores. Aunque difícil, es necesario darle vigencia a la idea de un interés común superior a los intereses particulares. Hemos vivido dentro de una cultura política fundamentada en la competencia y en la no cooperación y debemos hacer camino hacia la búsqueda de la complementariedad.

Igualmente, debemos aprender a categorizar los niveles de la territorialidad y articular sus diferentes escalas, desde lo municipal hasta lo internacional, pasando por lo departamental, lo regional y lo nacional. Ningún problema puede ser resuelto en un solo nivel y es papel de la política obtener la cooperación de las diferentes escalas.

De lo anterior, podemos deducir que no es suficiente ganar la guerra para lograr la paz. ¿Entonces, en el esfuerzo colectivo de construir la paz justa y duradera, cuántos artesanos se deben educar?