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domingo, 7 de febrero de 2010

"Chávez, ´tas ponchao"

Jorge Ramos

El País, Cali

Febrero 07 de 2010

El presidente venezolano Hugo Chávez puede ser muchas cosas. Pero, eso sí, no es un buen administrador.

Resulta increíble que Venezuela, con una gigantesca riqueza petrolera, esté sumida en devaluaciones, apagones, cortes de agua y criminalidad. Por eso, en una reciente manifestación en su contra, se vieron varios carteles que decían: “Los tres ‘strikes’ de Chávez: inseguridad, cortes de luz y agua... Chávez, 'tas ponchao”.


Efectivamente, luego de más de diez años al bate, se acabaron los jonrones para Chávez. El ‘Socialismo del Siglo XXI’ ha resultado un fiasco que se mide en una moneda devaluada, en los 50 asesinatos que ocurren en promedio cada fin de semana en Caracas, en un creciente número de noches sin electricidad y en duchas de tres minutos.

Así explica Chávez su nueva técnica para bañarse sin desperdiciar agua: “Tres minutos he contado yo y no quedo hediendo”.

¿Cómo es posible que un país con una de las reservas petroleras más grandes del mundo viva una crisis como ésta y le falle en lo más básico a sus habitantes? ¿A dónde fue a parar tanto dinero?

El escritor mexicano Carlos Fuentes vio venir las consecuencias del despilfarro de Chávez hace cuatro años. En una entrevista con la BBC de Londres, Fuentes dijo en febrero del 2006: “El de Chávez me parece un fenómeno de opereta. Creo que el buen señor desaparecerá pronto porque no tiene fundamento. Va a gastarse el dinero petrolero y luego va a desaparecer”.

Fuentes, quien también ha calificado a Chávez como un “payaso continental” y un “Mussolini tropical”, tuvo razón. Chávez se ha gastado miles de millones de dólares de su reserva petrolera mientras los venezolanos ven deteriorarse su calidad de vida. Pero lo que no está muy claro es que Chávez vaya a desaparecer pronto. Él está más aferrado al poder que nunca.

Chávez controla la asamblea, la Corte Suprema, el Ejército, al Consejo Nacional Electoral y prácticamente todos los medios de comunicación. Parece incapaz de la autocrítica. Y cualquiera de sus colaboradores que se atreva a cuestionar su gobierno o la dirección del país sabe que tiene sus días laborales contados. Basta ver las últimas “renuncias” de su Gabinete.

El Gobierno se ha convertido en una maquinaria que promueve el culto a la personalidad de su presidente y censura cualquier disidencia. Chávez ni siquiera pudo tolerar a seis canales de cable internacionales que no transmitieron sus últimos discursos y los cerró (incluyendo Radio Caracas Televisión Internacional). Los gobiernos de Estados Unidos, Francia y Chile se quejaron públicamente por esos cierres, pero nada cambió.

Chávez ha abusado de las cadenas. Ha obligado a las televisoras a transmitir más de 2.000 de sus discursos a nivel nacional desde que entró a la presidencia en Febrero de 1999. Y solo el año pasado los obligó a transmitir 141 discursos. ¿Se imaginan si Obama pretendiera hacer lo mismo en Estados Unidos?

“El presidente Chávez sigue avanzando en su estrategia contra los medios críticos”, me dijo en una entrevista José Miguel Vivanco, director para el continente americano de Human Rights Watch. “Los que critican son objeto de hostigamiento permanente. La estrategia es cerrarles los espacios y tratarlos como enemigos del país”.

Chávez, por primera vez, está perdiendo el apoyo de los que lo llevaron al poder.

La crisis económica mundial, a pesar de sus primeros y bravucones comentarios, sí ha afectado fuertemente a Venezuela. Ya no dispone de tanto dinero para regalar a los países miembros de la Alianza Bolivariana y para repartir entre los votantes venezolanos.

Y ahora, sin dinero para despilfarrar, Chávez ha resultado ser un pésimo administrador y un mal gobernante. Así de sencillo. Por eso está silenciando a los pocos medios de comunicación que aún se atreven a decir la verdad sobre él y sobre la falta de libertades y esperanza en Venezuela.

La prosperidad no surge de lemas. La suma de crisis en Venezuela ha desnudado al aprendiz de emperador. Los estudiantes, que nunca se han dejado impresionar por el autoritarismo de Chávez, lo han dicho mejor que nadie: “Tas ponchao”.

Pero la tragedia de Venezuela es que, aun ponchado, Chávez sigue al bate y arremetiendo contra la oposición.

domingo, 24 de enero de 2010

Esperanzas para la reforma migratoria

Jorge Ramos

El País, Cali

Enero 24 de 2010

El presidente Barack Obama sigue comprometido con cambiar el actual sistema migratorio (incluyendo la legalización de indocumentados) y quiere hacerlo en la primera mitad de este año.

¿En qué me baso para decir esto? En las declaraciones de tres personas que están íntimamente involucradas con el tema migratorio y que conocen muy de cerca la forma de pensar de Obama.

“El Presidente está complacido con que el Congreso esté dando pasos para avanzar un proyecto de ley para la reforma integral del sistema migratorio”, me confirmó en un correo electrónico una de ellas, Luis Miranda, el director de medios hispanos de la Casa Blanca. “Estamos comprometidos a enfrentar los retos relacionados con la inmigración de maneras prácticas y efectivas”.

Otras fuentes han afirmado que se está esperando la primera oportunidad legislativa que surja en este 2010, de manera bipartidista, y consideran que el Senado, no la Cámara de Representantes, debe dar el primer paso.

Los senadores Charles Schumer, demócrata de Nueva York, y Lindsey Graham, republicano de Carolina del Sur, son los que ya están trabajando en una propuesta migratoria bipartidista. Sin embargo, no sabemos cuándo van a presentar esa propuesta en el Senado.

El presidente Obama está siguiendo muy de cerca el proceso.

Desde luego, hay mucho más que la legalización de doce millones de inmigrantes indocumentados.

Entre los logros que destaca el gobierno de Barack Obama en el tema migratorio está la agilización del proceso de ciudadanía (acelerando las revisiones del FBI), un nuevo sistema de información del Departamento de Seguridad Interna para seguir los trámites migratorios a través de internet y textos y un importante cambio de estrategia respecto de los indocumentados. En lugar de hacer redadas, como en el gobierno del ex presidente George W. Bush, la administración de Barack Obama se ha concentrado en presionar a los empleadores para que sean ellos quienes despidan a quienes no tienen documentos.

A pesar de los logros anteriores, el tema que aún queda pendiente es el de la legalización de indocumentados. Pero la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, está convencida de que ahora es un buen momento para lograr la reforma migratoria.

El optimismo de Napolitano, según comentó en un reciente discurso, se basa en que el flujo de indocumentados hacia el Norte se ha reducido a la mitad, en que hay 600 millas más de muro fronterizo con México y en que el número de agentes de la Patrulla Fronteriza se ha incrementado a más de 20.000. Esto, de acuerdo con Napolitano, aunado a más recursos para controlar la frontera y los lugares de trabajo (como el sistema e-verify), ha creado las condiciones para que se dé ahora una reforma migratoria.

“Cuando el Congreso esté listo para actuar, nosotros estaremos listos para apoyarlos”, dijo Napolitano.

Una fuente cercana al proceso migratorio me ha informado que la Casa Blanca no quiere hacer un ‘show’ con la reforma migratoria y presentar en el Congreso un proyecto que vaya a fracasar, como ocurrió en el 2007. El objetivo, insistió, es aprobar una nueva ley y para eso los demócratas necesitan la ayuda de los republicanos.

Obama, es cierto, no ha cumplido su promesa de campaña de tener una propuesta migratoria durante su primer año en la Presidencia. Pero, hay que tomar en cuenta la peor crisis económica en ocho décadas que él tuvo que enfrentar en el 2009, y el debate legislativo sobre la reforma al sistema de salud que ha tomado mucho más tiempo y esfuerzo de lo previsto.

La esperanza, sin embargo, ahora radica en que Barack Obama sí quiere una reforma migratoria para este mismo año. Y lo único que les queda a los indocumentados es creerle.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La década de la desilusión

Jorge Ramos

El País, Cali

Diciembre 20 de 2009

La última década ha sido la peor de nuestras vidas, a menos que te haya tocado vivir el horror de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El decenio que comenzó en el 2000 ha estado plagado de miedo, guerras, ataques terroristas, la destrucción del medio ambiente y una prolongada crisis económica mundial.

Recuerdo perfectamente los temores a atentados terroristas al inicio del nuevo milenio. Pero lo que no pasó el 1 de enero del 2000 ocurrió el 11 de septiembre del 2001.

Casi tres mil personas murieron por los ataques terroristas en Washington, Nueva York y Pensilvania. Luego seguirían los ataques en Bali (2002, 2005), Mumbai (2002, 2003, 2006, 2008), Madrid (2004) y Londres (2005).

El cambio fue notable. Antes que se estrellaran dos aviones en las Torres Gemelas de Nueva York, la canción de moda era ‘It's a Beautiful World’ del grupo U2, había crecimiento económico en casi todo el mundo y la discusión entre intelectuales era si, ante la ausencia de conflictos importantes, habíamos llegado al ‘fin de la historia’. No fue así. Más bien estábamos llegando al fin de la ingenuidad.

La guerra contra Afganistán comenzó en el 2001. Desde ahí se organizaron los ataques contra Estados Unidos. Pero el líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, sigue prófugo. ¿Alguien sabe dónde está?

En marzo del 2003 el ex presidente George W. Bush inventó razones para una guerra contra Iraq y aún hoy Estados Unidos no sabe cómo salir de ahí. El costo de ambos conflictos ha sido extraordinariamente alto: decenas de miles de muertos, miles de millones de dólares y la terrible sensación de que poco o nada se ha conseguido a cambio. Los terroristas, lejos de disminuir en número, se han esparcido por todo el planeta.

En esta década también nos hemos matado lentamente. Durante el último año enviamos a la atmósfera 29.000 millones de toneladas de gases contaminantes (23% más que en la década anterior), según un panel de científicos de las Naciones Unidas. Y eso le ha hecho varios hoyos a la capa de ozono.

Los polos se están derritiendo y el nivel del mar está aumentando tanto que partes de países como las Maldivas pudieran quedar bajo el agua. El clima es cada más impredecible y extremo. Y la culpa es nuestra. La Nasa acaba de informar que la última década fue la más caliente de la historia.

Si el pronóstico del tiempo es tormentoso, el de la economía es de neblina con frío. Cada país tiene su historia de horror. Y aquí en Estados Unidos hay quince millones de personas sin empleo y más de cinco millones de familias que han perdido sus casas en los últimos dos años. Y cada vez hay más.

Nadie se salva. No me lo tienen que contar. En los últimos meses he estado en México, Honduras y España y sus crisis parecen mucho más profundas que la norteamericana. Y se tardarán mucho más en salir.

Los que dicen que la recesión ya terminó trabajan en Wall Street. La burbuja que se reventó en el 2007 -por préstamos impagables, ejecutivos avaros y gobiernos cómplices- ha enterrado en la pobreza y en la desesperanza a los que creían que se podía comprar una casa -o cualquier otra cosa- inflando las tarjetas de crédito.

Esta ha sido la década de la desilusión.

Las guerras, el terrorismo del que nadie se salva, la paulatina destrucción del planeta y la crisis económica global justifican el patente pesimismo a finales del 2009. Pero es precisamente por la terrible década que hemos vivido que Barack Obama es visto en el mundo como una alternativa que representa el optimismo, esperanza y cambio.

No debe sorprender a nadie que el Presidente norteamericano sea mucho más popular en el extranjero que en su propio país. Y es en parte por discursos como el que el acaba de pronunciar tras recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo.

“Podemos reconocer que la opresión siempre estará con nosotros y, sin embargo, buscar la justicia”, dijo Obama. “Podemos admitir que existe la depravación y, sin embargo, buscar la dignidad. Podemos entender que habrá guerra y, sin embargo, buscar la paz. Podemos hacer esto; es la historia del progreso humano... y esta debe ser nuestra tarea en la tierra”.

Más que un reconocimiento, el Premio Nobel a Obama es un rechazo al pasado y una apuesta a favor de la persona que más puede hacer para ponerle fin a la década de la desilusión. Es, en realidad, casi un rezo.

domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Presidente de la paz?

Jorge Ramos

El País, Cali

Diciembre 13 de 2009

La razón por la que Barack Obama está en la Casa Blanca es porque se presentó durante la campaña electoral como el candidato presidencial anti-Bush. La mayoría de los votantes no quería otra presidencia similar a la de George W. Bush y por eso pusieron al candidato demócrata (Barack Obama) en la Casa Blanca, no al republicano (John McCain).

Sin embargo, conforme llegamos al primer año de Barack Obama en la presidencia, algunas de sus decisiones se acercan más a las que podría haber tomado George W. Bush que a las de un mandatario que prometió el cambio. Dentro de un momento hablaremos de la guerra en Afganistán, pero comencemos con Honduras.

Cuando el Ejército hondureño destituyó a Manuel Zelaya de la presidencia el 28 de junio, el Gobierno de Estados Unidos calificó el hecho como un “golpe” y pidió su inmediata restitución. Pero luego de cinco meses, la posición de Barack Obama se empezó a parecer a la que exigían congresistas republicanos y antiguos aliados de George W. Bush. Hubo fuertes presiones para que el gobierno de Barack Obama reconociera al ganador de las elecciones en Honduras y todo parece indicar que sí lo va a hacer.

Así me lo explicó Manuel Zelaya en una entrevista: “Los norteamericanos hicieron una negociación. Barack Obama arregló su casa, pero desarregló la nuestra. Ellos cambiaron su posición después que habían suscrito documentos en las Naciones Unidas y la OEA (Organización de Estados Americanos)”.

El gobierno de Barack Obama no puso la restitución de Manuel Zelaya como condición para aceptar el resultado de las elecciones el 29 de noviembre. Y dejó el destino del depuesto presidente en las manos de la Corte Suprema y del Congreso de Honduras. Ambas instituciones, por supuesto, votaron contra el regreso de Manuel Zelaya a la presidencia.

La posición de Estados Unidos, según Zelaya, pasó de la condena al “golpe” a tolerarlo, y eso sienta un peligroso precedente en América Latina.

Así lo ve el depuesto presidente y así lo ven también países como Argentina y Brasil que no han reconocido al ganador de las pasadas elecciones hondureñas, Porfirio Lobo.

Pero Lobo tiene una explicación distinta. Me dijo que para una democracia como Estados Unidos “negar un proceso electoral es sumamente complicado”. Ciertamente Honduras es un caso único. Pero la pregunta es ¿cómo va a actuar Estados Unidos cuando ocurra el siguiente golpe de Estado en América Latina?

Ahora Afganistán. Cuando se trata de la guerra ¿está Obama actuando como Bush?

La estrategia de Barack Obama en Afganistán tiene similitudes a la de George W. Bush en Iraq: primero aumenta considerablemente el número de tropas para tratar de pacificar el país -el famoso “surge”- y luego le transfiere el poder a los gobernantes locales.

La decisión de enviar 30.000 soldados más a Afganistán ha decepcionado a muchos que votaron por Obama. Sospechan que es exactamente lo mismo que hubiera hecho Bush.

Si George W. Bush fue el presidente de la guerra -comenzó dos- la esperanza era que Barack Obama fuera el presidente de la paz. Y enviar más tropas a Afganistán no es precisamente la acción más pacífica que hubiera podido tomar.

Obama ya tiene el premio Nobel de la Paz. Pero ahora le toca ganárselo.

Es verdad que el presidente Obama ordenó el cierre de las cárceles en la base naval de Guantánamo en Cuba, prohibió la tortura a detenidos y le puso fecha a la salida de soldados norteamericanos de Iraq y Afganistán. Nada de eso hizo Bush. Pero el envío de más soldados a una guerra asemeja a Obama con su antecesor.

Gobernar es, desde luego, más difícil que hacer una campaña electoral. Ser presidente es mucho más complicado que ser candidato. Pero la desilusión de muchos votantes norteamericanos se basa en que el cambio total que les había prometido Obama el año pasado aún no ha llegado.

Obama no es Bush, pero...

domingo, 22 de noviembre de 2009

Conversando con la Reina Noor

Jorge Ramos

El País, Cali

Noviembre 22 de 2009

¿Puede una reina acabar con todas las armas nucleares en el mundo? La reina Noor de Jordania no lo sabe. Pero lo está intentando.

La viuda del rey Hussein (1935-1999) está promoviendo la iniciativa llamada Global Zero, cuyo objetivo es terminar con las armas nucleares en el año 2030.

“¿Es realista?”, le pregunté a la reina Noor en una entrevista reciente.

“Tendremos que ver. En los últimos 20 años nos hemos desecho de 40.000 armas. Quedan 23.000 armas”, dijo la reina. “¿Por qué no podemos deshacernos de esas 23.000 armas (nucleares) cuando hay un consenso de que no tienen ya valor alguno para evitar guerras y hay un enorme peligro de que caigan en manos de grupos terroristas?”.

La reina Noor -quien divide su tiempo entre Londres y Ammán, y lleva 30 años promoviendo causas sociales- tiene el mismo temor que ha expresado el presidente norteamericano Barack Obama.

“Todos tememos que la proliferación de armas nucleares llevará a que sean usadas por grupos terroristas o por gente que no está vinculada con ningún gobierno. Las posibilidades crecen día con día”, añadió.

“Tras los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001 y las guerras en Iraq y Afganistán, ¿vivimos en un mundo más seguro?”, le pregunté.

“No lo creo”, respondió. “Creo que vivimos en un mundo cada vez más peligroso. Entre el cambio climático y la proliferación de armas nucleares corremos el riesgo de dejarles a nuestros hijos y a sus hijos un mundo imposiblemente peligroso y lleno de amenazas”.

México y Costa Rica apoyaron recientemente la propuesta del presidente Barack Obama en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas para eliminar todas las armas nucleares. Y la reina me recordó que fue un mexicano, Alfonso García Robles, quien, en 1967, negoció el Tratado de Tlatelolco para evitar la construcción y emplazamiento de armas nucleares en América Latina y el Caribe. Pero 1967 no es el 2009.

Venezuela ha pedido la ayuda de Irán para buscar depósitos de uranio en su territorio, confirmó a periodistas Rodolfo Sáenz, ministro de Industrias Básicas y Minería del gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez. El reporte fue publicado por The New York Times. Pero luego el Gobierno de Venezuela se quiso deslindar de Irán -que ha anunciado una segunda instalación nuclear en su territorio- y aclaró que era Rusia (y no Irán) quien les estaba ayudando a buscar reservas de metales radioactivos.

Con Irán, Rusia o con los dos, Chávez insiste en que su objetivo es la creación de energía con fines pacíficos, no para hacer bombas nucleares. Pero, ¿es esto un peligro para la región?

“Como ambientalista”, contestó la reina, quien actualmente tiene a una hija estudiando español en Centroamérica, “estoy preocupada, incluso, por el uso del poder nuclear entre civiles: los desechos nucleares es un asunto que no se ha resuelto y existe el peligro de daños al medio ambiente y accidentes”.

Y terminé la entrevista con dos preguntas personales.

Primero, ¿cuál es el principal malentendido que hay sobre el mundo árabe y musulmán?

“Uno de los problemas es que en un país como Estados Unidos, por ejemplo, es muy difícil tener una cobertura de prensa balanceada sobre el mundo árabe y musulmán... la mayor parte de la cobertura es tendenciosa”.

Y segundo, ¿qué es lo que la mayor parte de la gente, particularmente los que no somos parte de una familia real, no comprende sobre el hecho de ser reina?

“Sólo puedo hablar por mí misma y por mi esposo”, concluyó, “pero los dos vimos nuestra responsabilidad como servidores públicos y no como gobernantes”.

Noor, que significa ‘luz’ en árabe, sabe que su visibilidad puede atraer la atención del mundo al delicado e impostergable asunto del desarme nuclear. Es una misión casi imposible: Sabe que basta una sola bomba para terminar con su sueño... y con la vida de millones de personas.

domingo, 18 de octubre de 2009

Oscar Arias: lo peor que le puede ocurrir en Honduras

Jorge Ramos

El País, Cali

Octubre 18 de 2009


Para Óscar Arias, el presidente costarricense, lo que ocurrió el 28 de junio en Honduras sólo tiene un nombre: golpe de Estado.

“Un golpe, aunque se vista de seda, golpe se queda”, citó Arias recientemente en un discurso.

Pero Arias, quien ha sido uno de los mediadores en el conflicto hondureño, aún tiene la esperanza que la democracia regrese a ese país centroamericano y que el ejemplo golpista no se propague por toda la región.

“Lo peor que puede ocurrir en Honduras es que no haya un clima de tranquilidad para poder llevar a cabo el proceso electoral”, me dijo Arias en una reciente entrevista vía satélite desde su casa en San José.

El Presidente ya se había recuperado del virus AH1N1 y de una afección en las cuerdas vocales que lo había dejado sin el poder de hablar en público por meses.

“Y lo segundo peor”, siguió, “es que por no darse ese clima de tranquilidad, la comunidad internacional no reconozca al ganador de esas elecciones y continuemos aislando a Honduras del resto del mundo”.

“¿Usted reconocería al ganador de las elecciones del 29 de noviembre?”, le pregunté.

Pero prefirió no contestar.

“En mi condición de mediador yo prefiero no emitir una opinión en estos momentos”, respondió.

Estados Unidos, el principal socio comercial y militar de Honduras, y la Organización de Estados Americanos (OEA), han dicho que no reconocerían el resultado de esos comicios.

El punto central del llamado Acuerdo de San José, negociado en la propia casa de Arias, establece el regreso de Manuel Zelaya a la presidencia. Pero el gobierno interino de Roberto Micheletti se ha negado a hacerlo. Y algunos allegados a Micheletti han acusado a Arias de tomar partido a favor de Zelaya.

“¿Ha perdido usted su objetividad?”, le pregunté.

“No lo creo”, respondió. “Pero de igual manera este papel de mediador siempre es injusto. Yo hago lo que la conciencia me dice y que sea en el mejor interés del pueblo hondureño... Yo no me saqué el acuerdo de San José como un conejo de un sombrero.

Arias, quien ganó el Premio Nobel de la Paz en 1987, trató de convertir a Centroamérica, hace dos décadas, en la primera zona desmilitarizada del mundo. Costa Rica es un país sin ejército. Pero su ejemplo no se ha extendido a otros países latinoamericanos.

“Nunca me imaginé que volviéramos a tener golpes de Estado aquí en Centroamérica”, comentó sobre el caso hondureño. “Esto lo único que hace es alentar a otros ejércitos (a hacer lo mismo)”.

Arias gobernó Costa Rica de 1986 a 1990 y, tras cambiar la Constitución, se reeligió. Sin embargo, él había sido un duro crítico de la “propensión de nuestros gobiernos de reescribir las constituciones políticas cada cinco años”.

¿No es esta una contradicción? ¿Acaso no hizo exactamente lo mismo que antes había criticado?

“No necesariamente”, contestó. “Lo que aquí sucedió es que una sala constitucional consideró que negarle el derecho a un costarricense de ser presidente, por el simple pecado de haber sido presidente, era una violación a los derechos humanos más elementales. Fue la Corte Suprema de Justicia la que modificó la Constitución”.

De hecho, más que la Constitución de Costa Rica, la que le preocupa a Arias es la de Honduras.

“Yo sí he dicho que esta Constitución hondureña es un verdadero adefesio”, dijo. “Uno se pone a buscar cuál constitución es peor que ésta y yo pienso que en el mundo no hay ninguna otra. Una constitución donde no se permite hacerle un juicio político al presidente y que no deja más remedio que darle un golpe de Estado, bueno, esa constitución no se la merece ningún pueblo. Ciertamente tarde o temprano tendrán que modificar muchas de esas cláusulas”.

Pero antes de cambiar su Constitución, Honduras tiene que resolver el siguiente dilema: dentro de su territorio hay dos personas, Zelaya y Micheletti, que dicen ser el presidente legítimo del país.

Arias, por su parte, tiene un futuro mucho más claro que el de Honduras.

“¿Le interesa ser el próximo secretario general de la OEA, tras concluir su segundo período presidencial en Costa Rica?”, le pregunté.

“No, no me interesa”, concluyó. “No estaría dispuesto. Gracias”.

domingo, 17 de mayo de 2009

Calderón en La Habana

Por: Jorge Ramos

El País, Cali

Mayo 17 de 2009

 

Está de moda visitar al dictador Raúl Castro y a su hermano Fidel en La Habana. Lo que no está de moda es pedir que en la isla haya una verdadera democracia representativa, que se respeten los derechos humanos, que haya libertad de prensa y que los cubanos puedan salir de su país cuando se les dé la gana. 

Es como un trencito. Los presidentes latinoamericanos han ido llegando a La Habana con un sorprendente cargamento de ingenuidad. Sus visitas, lejos de promover una apertura democrática en la isla, refuerzan a un par de dictadores atornillados al poder durante medio siglo.
 


El requisito mínimo, en primer lugar, es exigir públicamente el fin del embargo norteamericano. Pero todos son censurados: ninguno puede criticar abiertamente a la dictadura cubana ni reunirse con prisioneros políticos. Es increíble que estos presidentes acepten una mordaza de sus anfitriones cubanos cuando ellos mismos no podrían imponer el mismo tipo de censura en sus países.
 


Así llegaron en enero los mandatarios de Panamá y Ecuador. En febrero cayeron los mandatarios de Guatemala y Chile. (Pregunta: ¿cómo se habría sentido Michelle Bachelet si durante la dictadura militar -responsable de la muerte de su padre- un presidente latinoamericano hubiera ido a visitar a Augusto Pinochet a Chile?). En marzo visitaron los líderes de República Dominicana, Honduras y Argentina. Y en abril lo hizo el incondicional Daniel Ortega, de Nicaragua; Evo Morales, de Bolivia y Hugo Chávez, de Venezuela, que van y vienen.
 


Cuando veo las caritas sonrientes de esos presidentes en La Habana me pregunto: ¿acaso no saben que a sólo unos pasos de ahí hay prisioneros políticos pudriéndose en sus celdas? Estas visitas responden a una búsqueda de legitimidad del régimen castrista. Y sólo busca legitimidad quien no la tiene.
 


¿A qué van los mandatarios a Cuba? Hay, claro, una curiosidad personal por ver a Fidel antes de su muerte. Pero las fotos de los encuentros le sirven al Gobierno de la isla para promover la continuidad. Ya ven, sugieren los pie de fotos, nuestro líder histórico no está moribundo ni tampoco nuestro sistema de gobierno.
 

Los presidentes van porque creen que pueden ser útiles en una futura transición hacia la democracia en Cuba. O como intermediarios entre ella y Estados Unidos, como lo propuso Calderón a Obama en su visita a México.
 


Y esto nos lleva a la próxima visita de Calderón a La Habana. El Gobierno de México se había guardado la fecha, en parte, para evitar protestas y un muy incómodo debate público. Hoy sabemos que iba a ser muy pronto. Pero como Cuba prohibió los vuelos desde y hacia México debido a la influenza, ahora Calderón lo piensa dos veces.
 


“Pues, sí, iba a ir a Cuba, efectivamente, en estos días, semanas”, le dijo en una entrevista al periodista de Televisa, Joaquín López Dóriga, “pero como Cuba ha impedido los vuelos de México, pues a lo mejor no voy a poder ir”.
 


Ahora bien, el régimen cubano, con tal de conseguir la primera visita de un presidente mexicano en años, pudiera restablecer rápidamente los vuelos a México. Y si Calderón cae en la trampa, ojalá aproveche su visita para defender los derechos humanos de los cubanos.
 


México, que tanto se queja del maltrato a los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, hace algo mucho peor con los cubanos que llegan en botes o balsas a México: los deporta a un futuro incierto y no hace ningún tipo de seguimiento para asegurarse que el cubano deportado no sea encarcelado o sufra severas represalias a su regreso forzado a la isla. Esto forma parte de un nuevo acuerdo firmado por el gobierno de Calderón con el régimen cubano. Pero ese acuerdo debe ser revisado.
 


Además, Calderón sí puede hacer algo distinto a otros presidentes latinoamericanos que le precedieron en su viaje a la isla. Cuando vaya a La Habana, ojalá Calderón no tenga miedo de decirles a los cubanos que su familia -y muchas otras familias- lucharon en México durante mucho tiempo para no vivir como en Cuba: sin prensa libre, sin libertad religiosa y sin verdaderas elecciones multipartidistas.
 


Ojalá el Presidente mexicano le cuente a Raúl y a Fidel que su padre, Luis Calderón Vega, uno de los fundadores del Partido Acción Nacional, PAN, dedicó su vida a que los mexicanos no tuvieran un régimen autoritario como el que ahora sufren los cubanos.
 


Ojalá Calderón les recuerde que él hizo todo lo posible para que terminaran las siete funestas décadas del PRI y que sabe que cinco décadas ininterrumpidas en el poder son muchas. Ojalá no se quede callado frente a las violaciones de los derechos humanos que hay en Cuba y que él tanto denunció cuando ocurrían en el México priísta.
 


Ojalá exija que, como condición a su visita, le permitan reunirse con prisioneros políticos, disidentes, periodistas independientes y con las Damas de Blanco (un grupo de mujeres en Cuba que luchan por la liberación de sus familiares disidentes encarcelados por la dictadura).
 


En otras palabras, cuando Calderón vaya a La Habana, ojalá pida para los cubanos las mismas libertades que él siempre ha exigido para los mexicanos. Y, si hace eso, entonces su viaje habrá valido la pena.
 

 

domingo, 29 de marzo de 2009

Obama en México

Por Jorge Ramos

El País, Cali

Marzo 29 de 2009

Desde que Barack Obama era candidato presidencial, quería ir a México. Pero tras su viaje a Berlín no quiso arriesgarse a que lo criticaran por preocuparse más por México que por la crisis económica que estaba estallando en Estados Unidos. Y no fue. 


Obama, quien ha resultado ser un mago para medir los tiempos políticos, ha calculado correctamente que éste es el momento propicio para visitar México. Son realmente inexplicables las acusaciones que saltan de un lado al otro de la frontera en este momento. ¿Acaso no hay teléfonos o internet? ¿Dónde están los embajadores, diplomáticos, cancilleres y jefes de prensa? ¿Por qué han subido de tono las disputas entre estos vecinos?
 


Lo que ha ocurrido en las últimas semanas entre los gobiernos de México y Estados Unidos es un verdadero diálogo de sordos. Y, como si fuera un circo, mexicanos y norteamericanos se están peleando simultáneamente en dos pistas.
 


Primera pista: funcionarios de Estados Unidos critican a México por ser un estado fallido y perder el control de su territorio frente a los narcotraficantes. Sólo en lo que va del año han muerto más de mil personas en crímenes vinculados al narcotráfico. Por eso, Estados Unidos está considerando enviar más soldados y miembros de la Guardia Nacional a la frontera.

 
Y México contesta las críticas diciendo que la culpa de la narcoviolencia la tienen los 35 millones de norteamericanos mayores de 12 años de edad que han usado cocaína, según una encuesta nacional de salud, y las armas de los narcos, que en un 90% provienen de Estados Unidos.
 


Y como cereza en el pastel, el propio presidente Felipe Calderón acusa a la revista Forbes de exaltar la violencia por incluir al narcotraficante ‘El chapo’ Guzmán en su lista de los hombres más ricos del mundo. Y, aquí, la revista le contesta que la lista incluye a todos: a ilegales y otros que no lo son tanto. Y que si le preocupa tanto, pues entonces que no permita que haya narcos como ‘el chapo’ que ganen tanto dinero (y así ya no los pondrán en la lista).
 


Segunda pista: tras la prohibición de que camioneros mexicanos entreguen sus mercancías más allá de 40 kilómetros dentro del territorio norteamericano, el Gobierno de México ha aumentado considerablemente los aranceles a decenas de artículos estadounidenses. O sea, ojo por ojo.
 


Pero en esta pelea los dos países salen noqueados. En juego están los US$350.000 millones en comercio entre ambas naciones y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan o Nafta, sus siglas en inglés). La prohibición y las sanciones se hubieran podido evitar con un cafecito o un viaje (clase turista, claro, porque estamos en crisis). No se hizo nada y ahora desenredar estos asuntos va a costar mucho. ¿Por qué México no envió a un funcionario de alto nivel a negociar a Washington antes de que el Congreso aprobara la ley que dejó fuera de Estados Unidos a los camioneros mexicanos?
 


La esperanza es que Obama acabe con el circo de dos pistas y lime asperezas con su visita a México los días 16 y 17 de abril y con el viaje de la secretaria de Estado Hillary Clinton esta semana. ¿Qué mensaje llevará Obama a México?
 


“Lo que es absolutamente cierto es que tenemos que ser socios”, me dijo el entonces candidato Obama, en un tono totalmente conciliador, en una entrevista el 27 de septiembre del 2008. Y en vista de que el nuevo Presidente se ha hecho famoso por su congruencia (y por el dicho ‘No drama Obama’), el mensaje de Obama a Calderón será el mismo.
 


Aunque la postura del Mandatario respecto al Tlcan sigue siendo un interrogante -¿Qué quiere Obama: suspender, renegociar, fortalecer o dejar igual el Tratado?- sí está consciente de que a Estados Unidos le conviene un México económicamente fuerte. Su ecuación es sencilla: a más trabajos en México, menos indocumentados en Estados Unidos.
 


“Trabajar con México para reducir ahí la pobreza y crear trabajos y oportunidades”, Obama afirmó, “es la mejor fórmula que tenemos para lidiar (con la inmigración indocumentada) a largo plazo”.
 


Así que ya sabemos. La actitud de Obama hacia México siempre ha sido positiva.
 


México se hubiera ahorrado muchos gritos y sombrerazos con una simple llamada de Calderón a Obama. En cambio, prefirieron llevar la pelea al circo y ahora los leones ya se escaparon de la jaula.
 



domingo, 15 de marzo de 2009

Cinco años en el infierno

Por Jorge Ramos

El País, Cali

Marzo 15 de 2009

Lo que pasó en la selva no se quedó en la selva. Los tres norteamericanos que estuvieron secuestrados durante más de cinco años por los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, se lo están contando a quien quiera escuchar. 

Y yo los escuché -en español (con un marcado acento)- con motivo de la publicación de su libro ‘Out of captivity’ (Fuera de cautiverio). 

Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell me contaron en una entrevista cómo sus 1.967 días en el infierno verde de la selva colombiana estuvieron marcados por encadenamientos, amenazas constantes, trabajos forzados, huidas del Ejército en medio de la noche, enfermedades y la desesperanza de no ver el sol por lo tupido de las ramas de los árboles. 

"Si las Farc querían matarme, confesó Howes, no era una cosa tan desagradable dentro de tanto sufrimiento". 

El 13 de febrero del 2003 todo comenzó mal. La avioneta en que viajaban los tres norteamericanos, junto con otras dos personas, se quedó de pronto en silencio. 

"Lo que pasó en la avioneta fue un fallo del motor", recordó Stansell y cayeron en una zona controlada por los guerrilleros. Las otras dos personas que viajaban en la avioneta -un norteamericano y un colombiano- fueron asesinados. 
 "Tom Janis y el sargento (Alcides) Cruz intentaron escapar después del accidente", explicó Howes y los guerrilleros los ejecutaron. 

Gonsalves, quien en cautiverio fue obligado a utilizar un uniforme rebelde que decía ‘Hecho en Venezuela’, no entiende por qué el presidente venezolano Hugo Chávez rehusa llamar terroristas a las Farc. 

"Cuando miro a un presidente de un país diciendo una cosa así, declaró Gonsalves, yo creo que él está mostrando al mundo su ignorancia". 

Stansell coincide, enseñando las cicatrices causadas en su cuello por las cadenas que le ponían los guerrilleros para que no escapara. 

"¿No son terroristas los que hacen cosas así?", se preguntó. "Los que mantienen un bebito en cautiverio, que tiene el brazo partido, drogado, durante meses y meses, son terroristas". 

Stansell se refiere a Emmanuel -el bebé de la rehén Clara Rojas-, a quien le rompieron un brazo al nacer por cesárea en medio de la selva. "Las condiciones en que ella estaba dando a luz eran infrahumanas". 

Y no sólo eso. Luego de pasar un tiempo con su madre, Emmanuel fue arrebatado de sus brazos y entregado por los guerrilleros a una familia de campesinos. 

"Primero perdió su libertad, después perdió su bebé", contó Stansell. "Yo no sé cómo aguanta una mujer esto". 

Stansell, Howes y Gonsalves están de acuerdo en sus críticas a los brutales métodos de las Farc. Pero no coinciden en sus opiniones respecto a Íngrid Betancourt, la ex candidata presidencial que estuvo secuestrada casi siete años y con quien compartieron parte de su cautiverio. 

"Es una mujer engreída", dijo Howes. "Mi significado de un político o una política es que sea un servidor público; yo no vi eso en ella". 

"Íngrid es una persona muy arrogante", añadió Stansell, "es muy difícil convivir con ella... Hay veces que la verdad duele y eso es". 

Sin embargo, Gonsalves -con quien Íngrid tuvo una relación más estrecha (aunque no íntima)- tiene una opinión totalmente distinta a la de sus compañeros. 

"No teníamos permitido hablar, ¿cómo podíamos ser pareja?", se preguntó Gonsalves respecto a Íngrid. "Estuvimos escribiéndonos cartas en secreto. Ella es una buena amiga mía. A ella la quiero mucho. Para mí es una buena persona". 

El rescate de la selva en una atrevida operación del Ejército colombiano el 2 de julio del 2008 los tomó a los tres por sorpresa. 

"Lo que más recuerdo del rescate es cuando la gente gritaba: ¡somos el Ejército!”, siguió Gonsalves. "Yo no les creí. Yo pensé que era imposible... Luego entendí bien que nuestro sueño fue cumplido, que por fin éramos libres. Fue como ganar la lotería". 

Pero la lotería no fue para siempre. "Es triste", reconoció Howes, "pero mi matrimonio no sobrevivió al cautiverio. Estoy en la mitad de un divorcio en este momento. Esa es la parte negativa de mi vida. Pero el resto es increíble". 

Gonsalves tiene una historia similar. "Yo también estoy en el proceso de divorcio", lamentó. "Lastimosamente, ahora estoy soltero. Mi vida de antes ya no existe. Ahora estoy empezando una nueva. Pero estoy feliz por tener la oportunidad de vivir libre otra vez". 

El único de los tres que mantiene una vida emocional más balanceada es Stansell. Él tuvo una relación con una azafata colombiana, quien quedó embarazada poco antes de que fuera secuestrado. Y ahora ambos son los padres de dos niños, gemelos, de 6 años de edad. 

"Mi vida es lo mejor que yo he imaginado", exclamó Stansell para terminar. "La vida es un regalo".