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martes, 12 de enero de 2010

Los campesinos de la ficción

Juan David Ramírez Correa

El Colombiano, Medellín

Enero 12 de 2010

Ficción. Ni más ni menos. Al mejor estilo de George Lucas. Avatar se quedó en palotes: las Farc están conformadas por campesinos simples, comunes y silvestres, dedicados al cultivo de lulo, el maíz, el cacao y la yuca, porque, según uno de ellos, "son el sostén de nuestra supervivencia". Eso es lo que se ve en el documental Farc-EP, Insurgencia Siglo XXI, un filme salido de cualquier amago de verdad, dirigido por alias "Diego Rivera", donde la ficción hace sus delicias. ¡Stanley Kubrick, tienes alumnos aventajados!


Cosa contraria creen aquellos que lo vieron por primera vez. Unas 200 personas reunidas en el Teatro Gaumont de Buenos Aires, Argentina, saborearon, obnubilados, lo más fino de la mentira propagandística. Se tragaron el cuento.


Uno de los espectadores, una señora adulto mayor, di tú de unos 75 años, casi con la lágrimas chorreando dijo: "hermoso documental. Que muestren lo que nadie ve, lo que ocultan, lo que no quieren que veamos". Qué reflexión profunda. Tan profunda que me dio angustia existencial: ¿dónde hemos estado todos estos años? ¿Cómo es que no nos habíamos dado cuenta de que las Farc son excelentes cultivadores de maíz, lulo, yuca y cacao? ¿Cómo desconocimos que esos fusiles son accesorios de trabajo y que lo de ellos es el azadón, la pala y el abono?


Bueno, invoquemos el beneficio de la duda y hagamos la suposición de que esta obra maestra del documental es la pura verdad de los abnegados insurgentes de las Farc. Siendo así, ¡gracias, muchas gracias! Por esas lecciones de vida y de progreso que les dan al país. Gracias por enviarles un mensaje desinteresado a los desplazados de que el campo sí paga, que no había razones para haber huido desarraigados a las ciudades, y que ellos nada tuvieron que ver con esas masacres, ajusticiamientos, tomas guerrilleras, pipetas de gas, burros bomba, violaciones y torturas, que salen en los periódicos y en los medios de comunicación.


Gracias, gracias por mostrarnos que esos malditos cultivos de coca, amapola y marihuana, los cuidan otros, que se hacen llamar narcoguerrilleros, que no tienen nada que ver los verdaderos camaradas, seguidores fieles de las lecciones que dejó el sabio campesino Pedro Antonio Marín, quien, además, les enseñó el valor profundo de cultivar la tierra, inclusive sembrando minas antipersonas, que requieren poco cuidado, pero que producen mutilados de lo lindo.


Ah, y se me olvidaba: los secuestrados. ¿Secuestrados, quiénes? No señor, las personas que tienen retenidas hace más de 10 años son trabajadores que les ayudan a cuidar sus sembradíos. Gente de la ciudad, de la clase política, a quienes les están enseñando a ser campesinos y que ayudan a evitar que esos animales voladores llamados Black Hawk destruyan sus cultivos. Otros creen que los secuestrados servirán más cuando se mueran en la selva, porque al enterrarlos estarán abonando sus cultivos, como hicieron con el cuerpo del General Luis Mendieta.


¡Qué hermoso documental! ¡Qué bonita realidad! Qué importan los millones de colombianos indignados con la distorsión de la realidad que más le duele al país: los muertos por culpa del conflicto.


Qué tristeza que hayan muchos alrededor del mundo que se traguen el cuento de que en esos cultivos hay un sentido romántico de la revolución. ¿Romántico? Romántico? Sandro. En Colombia puede pasar de todo, y habrá alguno que otro que quiere tapar la barbarie con un dedo, pero los colombianos bobos sí no somos porque ya ha corrido mucha sangre debajo de este puente. Llegó el momento de que la Cancillería se amarre el pantalón y, al mejor estilo del campesino templado, el campesino de verdad, ponga puntos sobre las íes. Ahí está el poder de la diplomacia para que las víctimas y sus familiares no sean convidados de piedra a estas absurdas funciones de ficción.

martes, 23 de junio de 2009

Jaque

Por Juan David Ramírez Correa

El Colombiano, Medellín

Junio 23 de 2009

El 2 de julio se cumple un año de la operación militar más asombrosa de la historia mundial contemporánea: la Operación Jaque. Todo un éxito. El Gobierno, de la mano del Ejército, le pegó al perrito: sin un solo disparo y solamente con dos puños a una persona como para dejar por lo menos un ojo morado como evidencia del desahogo, se le dio el mayor golpe militar a las Farc en 50 años.

Gol. Olímpico, de chilena o como si hubiera sido con la mano de Dios. Gol que resultó ser una inyección de confianza para todos los colombianos, quienes vimos cómo sí nos podemos curar de ese cáncer que carcome al país y que no tiene un nombre distinto a narcoguerrilla.

Hicieron el ridículo los guerrilleros. Un ridículo de aquí a Shangai. Hacer el ridículo de esa manera no tiene precio, diría un comercial de la tarjeta de crédito MasterCard. La Operación Jaque los mostró como ignorantes, sedientos de exposición mediática. ¿Recuerdan la sonrisa de Gafas, el guerrillero, que cada vez que el falso periodista le ponía de frente la cámara de video, se alborota como una diva de cabaret, ufanándose de ser un carcelero experto en manipulación de cadenas y vejaciones? Ridículo.

Los liberados siguen con sus vidas. Las han reconstruido con momentos de felicidad, pero también con muchos otros dolorosos. Íngrid Betancourt dejó a un lado la exposición mediática, donde se le veía la sed de ganas de premio Nobel. Decisión sana. Los otros, tratan de superar las marcas de la insensatez generada por un puñado de irracionales.

Lo cierto es que a pesar de que agradecen día a día a la vida, el estrés post traumático que padecen los atormenta sin parar, haciéndolos cargar con la angustia de saber que en las selvas aún quedan muchos como ellos, muchos que no tuvieron la oportunidad de estar al lado de Íngrid y los contratistas norteamericanos, para ver cómo un helicóptero se convertía en el caballo de Troya criollo que les daría la libertad.

Pero, sea lo que sea, Jaque nos marcó. Por primera vez todos los colombianos nos sintonizamos con el orgullo por esta patria que, a veces, es demasiado boba: nos dimos cuenta de que nada puede haber por encima del derecho a la libertad. La pregunta entonces es, ¿cuándo vienen más acciones que nos devuelvan a los que no están? ¿O será que les están dando espera para usarlas como herramientas políticas en medio de un periodo electoral que está a la vuelta de la esquina? Muchos están esperando ejercer su derecho a ser libres. ¿Entonces?

martes, 26 de mayo de 2009

Pastranadas

Por Juan David Ramírez Correa

El Colombiano, Medellín

Mayo 26 de 2009

Yo de entrada lo digo: Andrés Pastrana nunca me ha gustado. De hecho, creo que tiene mucha, pero muchísima responsabilidad en los grandes problemas que ha tenido el país. Y no se trata de un odio visceral, recalcitrante y destructivo frente al hijo de Misael. Más bien, el poco gusto hacia el ex nace de ver cómo fue un Presidente frívolo, que creía que hacer la paz con la guerrilla era fácil, sin darse cuenta que el asunto iba más allá que tomarse una foto con Tirofijo, y quien hoy, cada que pasa algo y aparece, lo hace más en tono de pataleta que en tono constructivo y aportante, así sea desde la oposición.

Aclaro, tampoco tengo nada en contra del Partido Conservador, el cual, siento, ha hecho las cosas bien desde hace unos años, cobrando de nuevo un espacio relevante en el juego del poder político. Pero, de Pastrana? líbrame, señor. Tuvo la oportunidad durante cuatro años de hacer mucho por el país y terminamos confinados a una guerrilla como las Farc, fortalecida, secuestradora y terrorista.

La de la semana pasada fue buenísima: el presidente de la Corte Constitucional, Nilson Pinilla, dijo: "Andrés Pastrana es un desocupado", en alusión a la forma como se refirió sobre las dudas que él tiene acerca de la imparcialidad de dos magistrados de la Corte Constitucional para revisar legalidad del referendo reeleccionista. Según Pastrana, dos magistrados fueron nombrados prácticamente por el Presidente Uribe, "lógicamente son del bolsillo del Gobierno, y estoy seguro que la ponencia del referendo va a caer en manos de uno de esos dos magistrados", anotó.

Pinilla le contestó en la radio, asegurando que el ex desconoce la manera como constitucionalmente se elige a un magistrado (el mecanismo de elección de los magistrados de la Corte fue fijado en el 91) y la forma como se reparten los asuntos dentro del organismo (que se realiza aleatoriamente). "Falta de oficio estar haciendo esas afirmaciones absolutamente ajenas a la realidad", dijo y lo cuñó asegurando que las declaraciones de Pastrana obedecen más a tratar de mantenerse vigente, reencaucharse y figurar en los medios.

Lo cierto es que con Pastrana es así. Salidas en falso, como la pataleta que hizo, siendo embajador de Colombia ante los Estados Unidos, para sacarse un clavito enterrado contra el ex presidente Ernesto Samper (¡que ni hablemos de él!), porque el Gobierno lo quería nombrar embajador en Francia, son muestra de ello. Al final, Samper no aceptó y Pastrana se quedó sin embajada.

Sea lo que sea, si hay reelección o no, lo cierto es que Pastrana, tratando de pescar en río revuelto, no aporta mucho. El fuetazo que le mandó a la Corte Constitucional resulta ser irrespetuoso y desestabilizador de una institución que, hoy, con los constantes roces que han tenido las Altas Cortes con el Gobierno, se ha visto en boca de todos, desconociendo así, el respeto que merece como máxima institución y veedora de la Constitución -norma de normas- en este país.

Está bien que a Pastrana lo consulten sus amigos. Rico, porque conversadito, conversadito, puede sentir la importancia que demanda. Pero sucede y acontece que cada vez que habla públicamente suena a puchero y en este país no estamos para peinar moños. Cuánto no quisiera yo que los ex presidentes de este país fueran como Belisario Betancur: Callados y poetas.