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miércoles, 24 de febrero de 2010

¿Y sí pagarán la energía en Venezuela?

Editorial

La República, Bogotá

Martes 23 de Febrero de 2010.

Hay negocios que es mejor depurarlos muy bien para saber si son tan buenos y rentables como a primera vista lo aparentan.


Un buen negociante diría: ¡que bueno venderle energía a Venezuela! Pero detrás de esa eufórica afirmación hay mucha tela que cortar antes de lanzarnos en plancha por los petrodólares de Hugo Chávez.

El vecino país atraviesa por una de las situaciones más dramáticas en su historia reciente en materia de suministro energético. Los constantes racionamientos han puesto en jaque la maltrecha economía venezolana, que hoy se cuenta como una de las más inflacionarias del mundo, sólo superada por dos países africanos que son caso perdido en materia económica.

Como país hermano, en casi todos los puntos de vista, es nuestro deber acudir en su ayuda ahora que nos necesitan para frenar sus apagones. Colombia tiene una buena red generadora de energía y los embalses están por encima del 55 por ciento, capacidad que puede satisfacer parte de las necesidades venezolanas y sería una actitud inapropiada desde el punto de vista "de hermandad" no venderle al Gobierno de Chávez y a nuestros hermanos esos kilovatios que necesitan para resolver el problema del racionamiento.


Obviamente, detrás del gesto de "buen vecino" hay un negocio muy interesante que redunda en beneficios económicos para las empresas generadoras. Pero detrás de ambas justificaciones, de por qué hacerlo, hay unas consideraciones de tipo estratégico que bien se pueden traer a colación en estos momentos.

La primera tiene que ver con el negocio en sí mismo, o sea, temas puntuales como la cantidad de energía a venderles a los venezolanos, el precio del kilovatio, la duración y las condiciones de pago. No podemos olvidar que Venezuela no es el Estado más eficiente a la hora de pagar u honrar los compromisos adquiridos. Testigo de ello son los cientos de empresarios colombianos que tienen que esperar meses o años para que los dólares provenientes del régimen chavista se hagan efectivos en Colombia. En pocas palabras, no es por la plata en sí misma, pues el dinero tarda en llegar.

El segundo aspecto es puramente estratégico en materia política. Chávez ha demostrado ser un gobernante de amores y de odios en contra de Colombia y nadie sabe con qué ánimos amanece. Los casos sufridos por Almacenes Éxito y Argos hablan por sí solos; un día aparece en los medios de su país desafiando a los empresarios colombianos con toda suerte de expropiaciones y de cierres comerciales, mientras que en otras ocasiones los trata como verdaderos hermanos.

Las autoridades minero energéticas colombianas deben ponderar bien la operación de venta de energía a Venezuela, pues la transación va mucho más allá que un simple negocio de kilovatios. También juega un papel muy importante el respeto que Chávez les de a nuestros empresarios y gobernantes.

jueves, 10 de diciembre de 2009

En defensa de una oportundidad

Editorial

La República, Bogotá

Diciembre 10 de 2009


Hace pocos días el presidente Uribe manifestó su preocupación por los intentos de hacer naufragar el Tratado de Libre Comercio de Colombia con la Unión Europea.

Este muy importante acuerdo, cuya negociación está culminada, tendrá que ser aprobado por el Parlamento Europeo el año entrante. Existe en general un clima favorable a ese tratado, porque los gobiernos y la gran mayoría de los eurodiputados apoyan la iniciativa a favor de la libertad económica, tanto en materia de comercio como de inversión.

Sin embargo, algunos representantes de la izquierda europea más radical se oponen a este acuerdo, con la ayuda de parlamentarios colombianos como el senador Jorge Enrique Robledo. Alegan que Colombia no se merece esta oportunidad por una supuesta violación masiva de los derechos humanos con la complicidad del Gobierno.

Acusación sin fundamento porque a pesar de que en el país todavía suceden lamentables hechos en contra de los derechos humanos, hay abundante evidencia que confirma que esa situación ha mejorado sustancialmente en los pasados siete años y que prueba que la administración Uribe sí está muy comprometida en la defensa de los derechos humanos empezando por el prioritario derecho a la vida.

El gobierno ha adoptado un sinnúmero de medidas encaminadas a proteger en especial los derechos humanos de los grupos más vulnerables, decisiones que han mejorado considerablemente la situación de seguridad de líderes sindicales, comunidades indígenas, periodistas, miembros de organizaciones no gubernamentales y otras comunidades que podrían estar en riesgo. Es cierto que en materia de derechos humanos existe aún un buen trecho por recorrer, pero es claro que el avance en los pasados años ha sido notable, tal como lo ha reconocido Naciones Unidas.

Así pues, sería muy injusto que un instrumento de progreso económico y social como es un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea se le niegue a Colombia con base en distorsiones manipuladas por políticos cuyo único objetivo parece ser el debilitamiento del gobierno de Uribe, a toda costa, sin importarles el daño que le puedan hacer a los ciudadanos de nuestro país.

Lo hemos dicho varias veces y sea esta la ocasión para repetirlo: los tratados de libre comercio son buenos para Colombia porque brindarán oportunidades para crear nuevas empresas, para expandir las empresas existentes, para generar empleos, para exportar y sustituir importaciones, y para atraer más inversión extranjera y estimular la inversión doméstica. Y lo más importante es que dichos acuerdos serán de gran beneficio social porque al aumentar la actividad económica se recaudarán más impuestos con los que se podrá hacer mayor inversión social en favor de los colombianos menos favorecidos.

Por lo tanto es irresponsable la conducta de políticos nacionales y extranjeros que con argumentos sin respaldo en la realidad pretenden negar a los colombianos la posibilidad de impulsar su progreso social y económico.