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lunes, 22 de marzo de 2010

Errores que cuestan


José Félix Lafaurie

El Universal, Cartagena

Marzo 21 de 2010


El país suele confundir el debate cuando están en juego intereses políticos grandes. El asunto de los whiskies el día de las elecciones, hecho cierto, sería lo visible de algo más grave: el colombiano de a pie se acostaba con la certidumbre de los escrutinios el día de las elecciones.

No guardaba dudas sobre los resultados. El 14 de marzo fue diferente. ¿Culpa de unos drinks? Creo que no. Hay otros interrogantes que responder para saber qué cosas cambiaron para mal.
Un país surcado por violencias diversas, no puede permitir que se mine la confianza en el sistema electoral que, con todas sus imperfecciones, avanzaba y daba cada vez mejores resultados tras la Constitución de 1991. Antes bien, amerita consolidar sus progresos y limar sus distorsiones, para garantizar un pronto resultado el día de los comicios, más puro y transparente, ajeno a vicios. En otras palabras, volver a contar con un dato pronto, transparente y creíble, cerrándole espacios a la corrupción del día de las elecciones, hasta situaciones indeseables por parte de quienes tienen la responsabilidad de entregar pronto y de manera limpia y eficaz, un resultado.

Desde luego que la Registraduría tendrá que explicarle a los ciudadanos –a quien se debe–, y a las autoridades competentes, sus decisiones infortunadas, empezando por la selección objetiva de contratistas para un proceso tan dispendioso y delicado como los escrutinios.

El contrato interadministrativo, mediante el cual se adjudicó la sistematización del proceso a UNE-EPM –luego de 20 años con “Sistemas y Cómputos”– debió inquietar al Registrador. No dudamos de la experiencia en conectividad de una empresa tan respetable como UNE, pero la integración de soluciones con terceros privados evidenció que su expertise no se hizo extensivo al proceso electoral.

Pero es más, al margen de sus propios intereses, el señor Navas, gerente de Sistemas y Cómputos, dijo que hubo un incumplimiento reiterado por parte de UNE, y ahorros injustificados, y aseguró a la prensa, que en las elecciones del 2006, él adelantó de manera exitosa los mismos procesos que hizo Une en esta oportunidad, pero con dos importantes agregados: menor costo, 25 mil millones, frente a más de 95 mil millones, y lo hizo muy bien.

Y como si ya lo anterior no fuera suficiente, se sumaron las dificultades de muchos colombianos para entender por quién votar y cómo hacerlo asertivamente. ¿Cómo reparar el desencanto de más de 1,9 millones de colombianos que ejercieron un derecho constitucional, pero que a la postre no le fue garantizado ni resguardado?

Por todo lo anterior, la Organización Electoral en su conjunto, con el Consejo Nacional Electoral a la cabeza, como máxima autoridad, tendrá que revisar lo sucedido. Faltó pedagogía y diseño del tarjetón electoral, causante del abultado número de sufragios nulos e inválidos de la jornada.

Nuestra democracia requiere capitalizar esta coyuntura, en un nuevo consenso con todos los partidos y movimientos políticos, para reformar el sistema electoral.

Como decía Harry Truman: una de las virtudes de la democracia, es que sus defectos siempre son visibles, y en los procesos democráticos pueden señalarse y corregirse. A eso debemos apuntarle.

*Presidente ejecutivo de Fedegán

lunes, 15 de marzo de 2010

¡Lo que faltaba!

José Félix Lafaurie

El Nuevo Siglo, Bogotá

Marzo 14 de 2010

Ahora el señor Jenaro Pérez, gerente de Colanta, pretende culpar a Fedegan de la desastrosa posición en que dejaron a la producción lechera los negociadores del Acuerdo con la Unión Europea y exculparse porque no fue invitado. Es una de sus ocurrentes declaraciones en la que intenta sacar partido faltando a la verdad, demostrando su intención de torpedear iniciativas que benefician la cadena con la que promueve su fraccionamiento, para sacar adelante sus intereses.


No. “El palo no está para cucharas”. Lo peor que le puede ocurrir a la cadena láctea es que se canibalice y trabaje en estancos. Si bien me debo a los ganaderos, el trabajo de Fedegan es por sacar adelante la cadena.


Así como he advertido que el sector está fracturado por la visión cortoplacista de la industria, que lejos de entender el juego de agregaciones de valor en la cadena láctea -para que todos los eslabones sumen- aprovecha las asimetrías de poder para beneficiarse, también he señalado que uno de los más afectados sería el eslabón industrial.


El tema es de esta magnitud. La industria ha concentrado su producción para satisfacer a la población de mayores ingresos del país que consume, entre leche y derivados, el equivalente a 179 litros de leche al año, mientras que en los estratos bajos el consumo es de 36 litros. Es apenas lógico que la conquista europea venga por el lado de quesos y productos derivados, enarbolando su experiencia, tradición, calidades y, por supuesto, mejores precios. Eso es lo que les corre pierna arriba, y cuando eso suceda tendrán que mirar pierna abajo, con el agravante de que nuestra producción de leche cruda habrá sufrido duro golpe.


Pasando a la otra desinformación, Fedegan sí estuvo presente en el “cuarto de al lado”, defendiendo los intereses no sólo del productor sino de toda la cadena. Allí estuvieron los que sintieron la necesidad de hacerse cargo de la suerte de sus sectores. Asoleche no se hizo presente en ninguna ronda, pero sí resquebrajó el consenso que se había alcanzado en el Consejo Nacional Lácteo, como posición del sector privado para presentar a los negociadores del Gobierno.


De cara a las negociaciones, Fedegan no negocia; el que negocia es el Gobierno. Son funcionarios públicos los que se sientan en las diferentes mesas temáticas bajo la dirección de un jefe negociador y del propio Ministro de Comercio.


No quiere decir que Fedegan no haya sabido defender sus intereses, como afirma el Gerente de Colanta, sino que los negociadores tomaron decisiones unilaterales, inconsultas y a espaldas de los sectores afectados. Nos utilizaron como moneda de cambio para preservar la suerte de otros sectores a costa del futuro de la ganadería colombiana. Tan es así, que el Ministro de Agricultura también fue sorprendido con su inaudito proceder. Es más, lo mismo le sucedió al propio Presidente de la República, quien no ha escatimado esfuerzos para remediar en algo la situación al más alto nivel.


Las apreciaciones del Gerente de Colanta no son ciertas. Sentimos que sus esfuerzos por colocar leche en polvo en los mercados externos son grandes, y por esa misma razón creemos que debe haber sindéresis en sus juicios frente a los que estamos trabajando por la cadena. Hay que hacer frente unido a lo que se nos viene encima.

domingo, 7 de marzo de 2010

Nos defraudaron

José Félix Lafaurie

El Universal, Cartagena

Marzo 7 de 2010


¡Qué paradoja! En los últimos acuerdos comerciales negociados por el país se cedió más de la cuenta en lo que somos defensivos, y no anotamos en lo que podemos ser ofensivos. Y parece que vamos para allá en las negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea (UE), en donde los resultados son malos para el sector ganadero.

El equipo negociador hizo un trabajo malo. Defraudaron nuestra confianza en ellos y en ese Acuerdo. No hicieron valer la capacidad ofensiva del subsector cárnico, ni defendieron al subsector lácteo frente a la posición desmedida de la UE por asegurarse el mercado colombiano con subsidios a la exportación y ayudas internas a los productores.

Los preocupaba obtener resultados en la contribución cafetera, mejor acceso para el banano y el mantenimiento del Plan Vallejo (drawback) y zonas francas, condenados por los europeos antes de la negociación, y utilizaron al sector lácteo como moneda de canje.

Fracasaron porque trasgredieron el lineamiento del Alto Gobierno y el Consejo Superior de Comercio Exterior, desconociendo los intereses del sector privado, quien siempre acompañó la negociación.

Entregaron el Sistema Andino de Franjas de Precios (SAFP) a cambio de una salvaguardia no automática, limitada, con la cual no se corrigen las distorsiones sino hasta cuando el daño esté hecho, y otorgaron un contingente tan generoso como el entregado a Estados Unidos. No hablaron del desmonte de las ayudas y subsidios a los productores en la UE.

Su error fue tan garrafal que hasta el Presidente Uribe intervino para enmendarlo. Es genuina su preocupación. Se comprometió a comunicarse con el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso y otros jefes de Estado de la UE, para que reconsideren la negociación.

Fedegán no cederá, porque lo que está en juego es demasiado importante: miles de pequeños productores que viven de las rentas precarias de la leche. No se entiende cómo el país se compromete a alcanzar las metas del milenio para reducir la pobreza y la inequidad, cuando desprotege al campo, donde hay que dar esa batalla. El pequeño campesino enfrenta todos los días la penuria de la pobreza rural y serán borrados del mapa cuando entren en vigor los TLC como este.

Que la industria no se equivoque: a ella también le tocará el turno. ¿O acaso podrá sobrevivir cuando entre al país una gran variedad y cantidad de quesos -en contingentes crecientes e ilimitados -, para satisfacer los variados paladares? ¡Que se tengan, porque la competencia con subsidios a las exportaciones estará a la orden del día!

¿Qué hacer? Mucho trabajo. Independientemente de las buenas gestiones del presidente Uribe, Fedegán debe lograr una reconversión profunda del sector, que eleve la competitividad, lo cual implica tener el compromiso del Gobierno no sólo para proponer y aprobar los Conpes y leyes para desarrollar el sector, sino hacer cumplir el plan sanitario. No se puede continuar con los aplazamientos repetidos en la aplicación de los Decretos 1500 y 616, que nos permitirían tener unas condiciones sanitarias y de inocuidad en el consumo de carne y leche, como lo exigen los países desarrollados.
No hay deuda que no se page ni plazo que no se cumpla y una vez firmados y en vigor los TLC, no habrá Santa Lucía que valga.

*Presidente ejecutivo de FEDEGÁN

sábado, 27 de febrero de 2010

Un nuevo zarpazo

José Félix Lafaurie

La Patria, Manizales

Febrero 27 de 2010

Empezó la última ronda de negociaciones con la UE en Bruselas. Mucho está en juego. Unos ganan y otros pierden. Así de crudo. Cada sector trata de ver reflejados sus intereses estratégicos tanto para lograr una buena penetración del mercado de referencia o, si es el caso, defenderse de las amenazas que trae el nuevo competidor. La tarea de los negociadores es justamente encontrar un buen equilibrio como país, pero con un balance neto positivo en materia de comercio exterior.


Hay sectores ofensivos y otros no, lo que depende de muchas cosas, pero sin duda, el éxito de una posición negociadora para un sector depende de la unidad y defensa que la cadena productiva sea capaz de hacer. Me temo que, así como en el sector cárnico hemos mantenido la unidad y en consecuencia estamos logrando algunas ventajas ofensivas para incorporarnos al mercado de la Unión Europea con éxito, no suceda lo mismo para el sector lácteo. Un sector clave y decisivo para apaliar la pobreza rural, pero que irracionalmente está fracturado por la visión cortoplacista de la industria, que lejos de entender el juego de agregaciones de valor de la cadena para que todos los eslabones sumen, lo entienden como el aprovechamiento injustificado de las grandes asimetrías de poder que hoy coexisten en el sector lácteo para aprovecharse tramo a tramo de sus ventajas.


Pues bien Asoleche, de cara a la negociación con la UE vuelve a dar un zarpazo y en una reunión pública con el equipo negociador del Gobierno, de manera inconsulta traiciona los principios de unidad de cadena y los consensos alcanzados en la Comisión de Mercados Externos al interior del CNL, tomando una posición independiente y contraria a lo pactado. De esta manera le facilita a los negociadores un margen adicional de negociación que sin duda, pondrá en riesgo la defensa justificada de los intereses estratégicos de la cadena, pues en río revuelto…


No sé bien qué tendrán en mente. Los ganaderos no sólo nos hemos opuesto a la inundación del mercado interno con leche y derivados foráneos, sino que hemos promovido un nivel de protección a la importación de productos lácteos que alcanzan hoy niveles arancelarios prohibitivos del 98% para la leche en polvo y 94% para los lactosueros, sólo por una razón: para proteger el ingreso de cientos de miles de pequeños productores cuyo único factor para sobrevivir se deriva de la venta de leche fresca. De no ser así, no me cabe la menor duda que la industria en vez de ampliar su capacidad instalada, comprar más leche y dársela a los sectores populares a precios razonables, optaría por traer leche en polvo con precios distorsionados por los inmensos subsidios que ofrecen los países desarrollados, y luego procesarla y dársela en quesos y derivados de alto valor comercial a los sectores de mayores ingresos.


Hoy, desde Bruselas, donde escribo estas líneas, el sector está sometido a que por la falta de unidad de criterios al interior de la cadena, ingresen a nuestro país leche en polvo, lactosuero y quesos a través de contingentes que no paran de crecer en el tiempo, convirtiéndose en sí mismos, en una liberación total del mercado en el largo plazo; a que se ponga en riesgo el sistema de franjas de precios, o por lo menos su componente fijo, sistema que constituye el único mecanismo de protección efectiva en frontera con que cuenta la cadena láctea colombiana; a que se importen productos que no sólo han recibido una amplia ayuda interna al productor, sino que también pueden haber recibido subsidios directos, distorsionando cada vez más su precio y por lo tanto generando una competencia desleal para el productor nacional. Con todos estos elementos en juego, la posición de la cadena láctea es muy complicada por decir lo menos, todo por cuenta de fractura en la posición unificada que hasta hace poco había al interior del sector y que fue rota por Asoleche.


Menudo lío, Dios proveerá, pero de seguro, los ganaderos no nos quedaremos con las manos cruzadas.

domingo, 21 de febrero de 2010

Debate ineludible

José Félix Lafaurie

Vanguardia Liberal, Bucaramanga

Febrero 21 de 2010

El recrudecimiento de la criminalidad es un hecho. Alimentada desde diversos frentes, partiendo del que no se ha podido extirpar, del que rebrota y de la delincuencia común, su crudeza nos retrotrae a la época en donde el asesinato, el secuestro, y la extorsión, eran la regla en nuestros campos. 42 ganaderos asesinados en Córdoba en lo corrido del año es una señal muy grave de lo que está ocurriendo, sin que se nos olvide el brutal asesinato del Gobernador del Caquetá.

Mucho me temía que si la sociedad colombiana no llenaba, económica, social e institucionalmente, los espacios que se iban abriendo, primero, con los procesos de paz con los grupos al margen de la ley, y luego, con las exitosas operaciones militares, tarde que temprano iban a aparecer grupos delincuenciales anárquicos diseminados por todo el país. Así ocurrió en otros países, y no tardaron en aparecer en nuestro territorio las denominadas “águilas” y las bandas criminales, bacrim. Mucha sangre de colombianos se derramó en la etapa de surgimiento de las Farc., del paramilitarismo y del narcotráfico; mucha sangre de nuestros militares corrió para abatirlas, y mucha sangre, también de colombianos de bien, está quedando en los campos por el accionar de esta delincuencia.

He sido un convencido de las bondades de recuperar nuestros campos. Desde hace muchos años, por allá cuando me aproximé a la política con Álvaro Gómez e inicié mis primeros garabatos editoriales, he sostenido la necesidad de crear condiciones para capitalizar el campo. Posteriormente, y con motivo del Congreso Ganadero de 2004, me atreví a plantear unas estrategias para obtener una desmovilización exitosa bajo el convencimiento de que era necesario “ganar el campo”. Luego incursioné en una visión más amplia sobre el sector rural bajo el enfoque del posconflicto y el desarrollo, explorando su potencialidad para jalonar el desarrollo económico del país, el papel que juega en la economía mundial y en el proceso de pacificación del país, junto con otros tópicos de gran interés avenidos con el surgimiento con fuerza de los biocombustibles.

No se trata de vanidad, pero hoy como ayer, el campo ha sido el escenario de la confrontación de la criminalidad, y hoy como ayer, la sociedad colombiana no ha repensado el sector rural de cara a esos ya tradicionales problemas y menos frente a los retos que impone el ya adelantado siglo XXI.

Los del sector rural seguimos mendigando soluciones, luchando por el territorio contra narcotraficantes, contra una insurgencia que no se sacia. Sentimos el gran abismo que crean las abultadas chequeras de los países ricos que subsidian sus actividades productivas rurales, y percibimos, a nuestro pesar, que el Gobierno también nos ha dejado al garete.

También hay que revisar nuestras bases jurídicas para combatir el crimen. Hay que revisar el Código de Procedimiento Penal y el Sistema Penal Acusatorio oral. No entendemos por qué un Juez deja en libertad a miembros de bandas delincuenciales sin mayor reparo. Eso es una señal negativa para la sociedad, una pérdida de esfuerzos, de recursos, y un factor de desmoralización para la Fuerza Pública en su lucha contra la delincuencia.

domingo, 14 de febrero de 2010

Nada nuevo bajo el sol

José Félix Lafaurie*

El Universal, Cartagena

Febrero 14 de 2010

Con todo respeto por el informe de la ONG, Human Rights Watch (HRW), no dice nada nuevo. Nada que el Gobierno y las instituciones no hubieran reconocido a su manera. Nada que ya no hubiera descrito la Fundación Ideas para la Paz o la comisión de seguimiento de la OEA.

Nada que FEDEGÁN no hubiera advertido y confirmado en campo –en todas las regiones y con pocas excepciones–. Los hechos recientes de Córdoba, Caquetá o el Magdalena Medio lo confirman. El contubernio entre el narcotráfico, algunos desmovilizados y delincuentes, está vigente. Tampoco es nuevo el sesgo político de HRW, porque no tiene sentido incriminar a todas las instituciones encargadas de reprimir la violencia, o descalificar por completo la política de Seguridad Democrática. Eso sí no.

Por más de 30 años el hedor del narcotráfico y el crimen organizado es elemento de la descomposición social, política, y económica en el país. La herencia de este pasado oprobioso y complejo no la hemos podido rectificar y no sirve desconocer que el narcotráfico sigue activando homicidios, masacres, extorsiones y desplazamiento en las zonas metropolitanas, pero especialmente en el campo, escenario preferido para sus batallas de control territorial, para imponer sus condiciones y manejar sus actividades ilícitas.

En cuentas gruesas, han sido más de 74.000 miembros de los grupos subversivos y de las BACRIM capturados, desmovilizados o abatidos en los últimos 8 años. En el combate al narcoterrorismo, los datos oficiales cuentan 202 naves interceptadas y se han extraditado más de 1.000 personas. En el último año, el área con cultivos de coca cayó 18% y sólo en lo corrido de 2010, se han destruido 18.503 hectáreas, incautado 2 toneladas de pasta y 16 de hoja y desactivado 94 laboratorios para narcóticos. En la ofensiva contra las BACRIM, las capturas suman 7.000, de las cuales más de 1.100 eran desmovilizados. Son cifras elocuentes.

Aunque en el peregrinaje por el conflicto armado, maduraron y se pudrieron algunos funcionarios, está fuera de toda proporción asegurar que el Ejército, la Fiscalía, la Policía o la Dirección de Estupefacientes, fueron completamente permeadas por el narcoterrorismo. No podemos salpicar de fango, por ejemplo, a toda nuestra Fuerza Pública –constituida por 411.028 efectivos que desarrollan anualmente un promedio de 13.178 operaciones tácticas– por un promedio anual de 600 quejas, algunas por episodios de “falsos positivos”.

Que el Gobierno no ha hecho nada, es falso. Que ha sido permisivo o que ha cohonestado con este estado de cosas, es una falacia. Más bien nos faltan más recursos financieros y humanos. Con lo cual, la noticia del desmantelamiento paulatino del Plan Colombia no puede menos que causarnos desasosiego. Tanto como el falso debate sobre el uso de las bases militares por parte de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, para combatir el narcotráfico. ¿Qué nos falta? Un poco más de sindéresis en el reconocimiento de un fenómeno que no es nuevo, pero que de dársele un tratamiento equívoco por intereses políticos, puede afectar la suerte futura del país.

Y los primeros que pagamos los platos rotos, somos los miles de compatriotas que seguimos creyendo tozudamente que desde el campo se puede construir país.

*Presidente Ejecutivo de FEDEGÁN

domingo, 7 de febrero de 2010

2010... con pies de plomo

José Félix Lafaurie

Vanguardia Liberal, Bucaramanga

Febrero 7 de 2010

Las cábalas económicas para 2010 son tan inciertas como las “cabañuelas”. Sin embargo, si algo de credibilidad le otorgamos a los presagios climáticos de la tradición popular, bien podríamos sostener que la piedra en el zapato al intento por romper el ciclo recesivo, se podría originar justamente en los precios de los alimentos por cuenta de la prolongada sequía de El Niño y el previsible temporal de lluvias e inundaciones del segundo semestre. Para no mencionar las presiones macroeconómicas externas, que en los últimos años han afianzado su influjo sobre el sistema alimentario mundial. Del estancamiento en los precios de los alimentos –como resultado de la creciente producción agroalimentaria y los excedentes que dejó el cierre de la frontera venezolana– podríamos pasar a un escenario de escasez, carestía y destrucción de riqueza.


Entre los ganaderos existe preocupación por los costos y pérdidas ocasionadas por el intenso verano, que se empiezan a manifestar en menguas significativas en producción, rentabilidad y oferta de carne y leche. Una variación inesperada en los precios de los alimentos –que pesa sustancialmente en el cálculo de la inflación– o un revés en la incierta recuperación mundial, harían aguas las estimaciones sobre crecimientos sectoriales generalizados y de un PIB positivo para esta vigencia.


Persisten, además, las dudas sobre una recaída mundial. Krugman y Roubini advirtieron sobre el insostenible déficit, acumulación de deuda, liquidez y el anémico crecimiento de las economías industrializadas, que harían irresistible el uso de la inflación para reducir el valor real de sus deudas públicas y privadas.


No sabemos cuánto durará el verano o qué tan fuerte será el invierno. Pero, además, no podemos descartar una recaída en la economía mundial o que, en un supuesto entorno de recuperación, repunte la demanda y cotización internacional del crudo, porque además de presionar los costos en la producción de alimentos, haría inatajable el proceso revaluacionista del peso frente al dólar.


Aunque para muchos inconscientes, el problema se resolvería con una declaratoria de libertad de importaciones, de poco servirá sembrar en un año tan frágil sobre la ruina del sector agropecuario que genera el 18% del empleo en el país y el 13% del PIB nacional. Sólo la ganadería contribuye con 3,76% en la formación de riqueza nacional.


No podemos dejar cabos sueltos en 2010. La economía, la local y la mundial, se volvió impredecible. Aunque noviembre fue bueno para la industria, comercio y exportaciones, sus contracciones trimestrales y año corrido (enero-noviembre de 2009) dejan mucho qué desear, así como la destrucción de empleo que han registrado, con su efecto rebote sobre el consumo de los hogares –corazón de la reactivación– que ya carga con la famélica capacidad adquisitiva del ingreso.

domingo, 31 de enero de 2010

Una mala señal sería funesta

José Félix Lafaurie

Vanguardia Liberal, Bucaramanga

Enero 31 de 2010

No es de poca monta lo que está en juego en la ganadería de leche. Su futuro depende, en el corto plazo, de una decisión del Gobierno –la determinación del precio del litro de leche cruda que debe recibir el productor–, y de las señales que envíe para su permanencia en el largo plazo. ¿Por qué el Gobierno tendría que intervenir y fijar un precio en un mercado? ¿No son la oferta y la demanda las que lo determinan? Infortunadamente lejos estamos de ese “deber ser”. Daño grave se le haría al país el aceptar esa tesis cuando existen condiciones de mercado adversas que habilitan intereses muy particulares. Es una situación en la que la industria procesadora de leche puede hacer lo que quiera con los productores. Algo debe decirles al Gobierno –y a todos los colombianos– los continuos períodos de crisis por la que atraviesan los productores de leche.


Hay que señalar que un poco menos de la mitad de la producción total de leche cruda es adquirida por la industria (2.700 millones de litros al año). Una pequeña parte se queda en finca (700 millones), y el resto (2.900 millones) lo absorbe el mercado informal. En la práctica lo que existe es una abundante oferta de leche cruda a disposición de la industria, lo cual significa que el argumento de exceso de oferta siempre va a ser válido para bajar precios, ya sea en época de invierno o de verano. Argumento que siempre utiliza la industria. El año pasado lo aceptaron los productores más con la responsabilidad social que los caracteriza que con ingenuidad, para que los colombianos menos favorecidos pudieran beneficiarse de la excelente oferta de leche cruda al estar dispuestos a poner $25 por litro para comprar los excedentes a la industria y llevarlos al mercado asistencial.


La pregunta entonces es, ¿por qué la industria no lleva esa abundante oferta a las poblaciones de bajos ingresos? Estudios de mercado indican que el canal de distribución por excelencia de los procesadores son los grandes supermercados, en donde colocan alrededor del 70% de sus productos. No van a las poblaciones pobres. Pero tampoco aprovechan los buenos precios de los mercados internacionales. Cuando el precio por tonelada estuvo a US$5.700, nuestros industriales no lograron exportar una tonelada de leche en polvo a nuevos mercados.


Cada uno maneja su negocio como mejor le parezca. Puede regalarla y exprimir a sus proveedores, pero lo que sí es claro es que el Gobierno no puede evadir su responsabilidad. La fórmula vigente para determinar el precio no corrige las distorsiones descritas. Lo que el ganadero pide es que el precio del litro aumente levemente por encima de la inflación, 2.7% (20 pesos) y el reconocimiento de una prima de verano tasada en 50 pesos durante 6 meses.


En la decisión del Gobierno debe prevalecer la urgencia de solucionar el problema inmediato para que el ganadero subsista en el largo plazo.

domingo, 24 de enero de 2010

Distorsiones y concertaciones

José Félix Lafaurie Rivera

Vanguardia Liberal, Bucaramanga

Enero 24 de 2010

Según las normas vigentes, en febrero se debe actualizar el precio del litro de leche cruda que la industria debe pagar al productor. Esto, que sería una gran noticia para los ganaderos de leche, tiene su desencanto: la metodología utilizada para determinar la liquidación del pago no involucra elementos para contrarrestar graves imperfecciones del mercado que han hecho mella en el ingreso del productor lechero, mientras que los precios al consumidor aumentan. La buena noticia es que hay un buen ambiente para concertar un mejor sistema. En efecto, si nos atenemos a la actualización de las variables del sistema de pago de leche cruda al productor que son, en esencia, el precio competitivo, las bonificaciones obligatorias por calidad higiénica y composicional, y el costo del transporte, éstas contemplan sólo algunos aspectos de los precios del mercado, tasan el esfuerzo del ganadero en el mejoramiento de la calidad –aunque en la práctica no exista la infraestructura en laboratorios para su real valoración– y reconoce el aumento de costo del transporte.

Así las cosas, los ganaderos tienen razón en preguntar en dónde se involucran los mayores costos de producción que registra la actividad y cómo compensar las pérdidas que se generan cuando el industrial decide, unilateralmente y haciendo uso de su poder de mercado, no recoger la leche durante unos días al mes.


No se puede desconocer que la fórmula ha servido de base para demostrar y denunciar ante las entidades respectivas a algunas empresas por pagar por debajo del precio fijado legalmente, pues Fedegán recibió más de 3.500 quejas de las cuales 1.150 interpuso demanda, pero el sector productor requiere, de verdad, una regulación que considere las fallas en el funcionamiento del mercado, y que se adopten acciones correctivas.

Estamos hablando de la estabilidad para colocar en el mercado la leche que produce sin pérdidas, es decir de los contratos de proveeduría, y del reconocimiento de las pérdidas que ocasionan las condiciones naturales como el fenómeno de El Niño. Sus catastróficas consecuencias son denunciadas por el mismo Gobierno, y por ello se requiere de un salvavidas, el cual puede ser el otorgamiento de una “prima de verano”. Hay que entrar a considerar todos esos factores y concertar una nueva fórmula. Los ganaderos estamos proporcionando a la industria las calidades que demanda -de ahí sus florecientes líneas de quesos y yogures-, pero requerimos que esos valores agregados sean reconocidos y pagados equitativamente. No hay derecho que frente a los esfuerzos que está haciendo el ganadero al proporcionar más y mejor producto, como tampoco lo es cuando intereses particulares recurren a la importación de leche en polvo, para mejorar sus finanzas en detrimento del sector.

sábado, 16 de enero de 2010

Cambio, carrusel y contrabando

José Félix Lafaurie Rivera*

El Nuevo Siglo, Bogotá

Enero 16 de 2010


NO se sabe qué es peor para Colombia: si el remedio o la enfermedad, referidas a las nuevas medidas cambiarias en Venezuela y a la situación de su economía. Ambas resultan indefectiblemente funestas, pues mientras persista en esa latitud el uso de instrumentos desuetos, como el control de cambios y de precios, amén de la regulación o selectividad que ejerce Cadivi para el acceso de dólares oficiales, nuestras posibilidades de exportación son limitadas.


Razones y fundamentos debió tener el gobierno venezolano para implantar múltiples tasas de cambio y ejercer mayor presión al control de precios internos. No obstante, en la extensa literatura económica no existe un solo caso exitoso.


Las medidas cambiarias incluyen dos precios oficiales para el dólar y un mercado libre que legaliza el acceso al dólar permuta. El primero lo estableció en 2,60 bolívares fuertes por dólar (antes a BsF 2,15), y se aplica a los sectores de alimentos, salud, importación de maquinaria y equipos, ciencia y tecnología, y todo aquello relacionado con el sector público; y el "dólar petrolero" cotizado a BsF 4,30 que aplicará para las demás importaciones, en especial las del sector industrial.


Esta determinación evidencia la necesidad del gobierno venezolano de recuperar su capacidad de gasto público, que se vio reducida de una parte, por los incrementos en la inflación (que se ubica en 25%), y de otra, por la insuficiencia de ingresos por exportación petrolera para cubrir la demanda de importaciones. No hay que hacer muchas conjeturas para advertir que estas medidas desencadenarán una mayor inflación, debido al incremento en el precio de los bienes importados y a la expansión del gasto público, que seguramente profundizará la desaceleración de su economía que, en 2009, cayó 2.9%.

El sector ganadero colombiano, proveedor de alimentos, tendría, con la nueva normatividad, una tasa de cambio de 2,6 bolívares fuertes por dólar. Eso significa que teóricamente habría un estímulo a la exportación (precio del kilo en pie en Venezuela, US$2.1 vs US$1.27 en Colombia), pero es evidente que mientras el comercio con Venezuela se mantenga cerrado por diferencias políticas, que en la práctica se traducen en restricciones paraancelarias, nuestras posibilidades de exportación son limitadas.


Pero, además, el dólar libre estimula el contrabando de ganado hacia Colombia. Hoy un ganadero o un comercializador en Venezuela tiene la opción de vender ganado y recibir 5.5 bolívares por kilo en pie (que es el precio máximo permitido por el gobierno), o traerlo a Colombia y venderlo a US$ 1.27 el kilo (resultante de un precio promedio $ 2.500 por kilo y un tipo de cambio vigente de $ 1.959). Con estos dólares, este individuo puede acudir al mercado paralelo en Venezuela (mercado libre), donde la tasa de cambio bolívar por dólar es de 6.25 y, en consecuencia, recibiría 7.93 bolívares, valor muy superior a los 5.5 bolívares que se le pagarían normalmente en Venezuela. Esto configura un negocio muy rentable –un carrusel-, que perdurará mientras Venezuela mantenga su política de control de cambios.


Pero no se trata sólo de los efectos que produce el contrabando en los precios internos, sino el mayor riesgo al importar la aftosa y con ello vulnerar nuestro estatus de país libre de aftosa con vacunación.
En consecuencia, no podemos guardar la esperanza de que Venezuela nos vuelva a comprar, ni permitir que nuestras autoridades de control y vigilancia bajen la guardia para combatir el contrabando de ganado. Por el contrario, debemos apreciar el mercado interno.


*Presidente Ejecutivo de Fedegan

jueves, 14 de enero de 2010

El Niño y la competitividad

José Félix Lafaurie*

El Nuevo Siglo, Bogotá

Enero 14 de 2010


SI no tenemos una oferta estable, no podremos competir. La consolidación de una oferta estable de ganado durante todo el año es una de las preocupaciones del gremio ganadero, porque su ausencia se constituye en talanquera para conquistar mercados internacionales y mantener cautivo el nacional. La solución pasa, entre otros aspectos, por aprender a manejar la estacionalidad climática anual y sus externalidades extremas, como el llamado fenómeno del Niño que, por nuestra ubicación geográfica, nos afecta periódicamente, y genera disminución en lluvias y, consecuentemente, menor disponibilidad de forrajes.


Pero una calamidad anunciada, lo será menos si cambiamos de una actitud reactiva a una preventiva para morigerar su impacto. Resulta oportuno, y por qué no decirlo, dejando modestia de lado, satisfactorio, el haber dedicado un Gira Técnica Ganadera, a explorar las “Estrategias de manejo y alimentación durante el verano”, que Fedegan-FNG realizó, con el apoyo del SENA, en Sincelejo y Magangué, hace dos años (abril de 2008).


Fue una gira con sentido visionario, en donde se pudo conocer de primera mano -y de los que saben-
diferentes esquemas de suplementación y de silos para almacenar alimentos, y contraponerlos a trashumancia de animales que tradicionalmente ha sido la solución para encontrar alimentos. Una práctica válida pero costosa y riesgosa para la vida de los bovinos. Los animales son trasladados desde el norte hasta el sur de los departamentos de Sucre y Bolívar, específicamente a zonas húmedas de La Mojana y San Jorge, bañadas por los ríos Magdalena y Cauca. Además, no todos pueden participar de estas prácticas. Luego, cuando comienza la época de lluvias, son regresados a sus fincas. Son dos regiones netamente ganaderas, que alojan cerca de 1,8 millones de bovinos, y que deben enfrentar continuamente déficit de alimentos, por intensos veranos en algunos casos, y en otros, por largos períodos de invierno.


Más allá de la coyuntura, como la que enfrentamos hoy con el fenómeno del Niño, y en la cual Fedegan ha logrado del Gobierno medidas para amortiguar su impacto, se requiere un cambio de cultura en el ganadero, con acciones preventivas. Dentro de esas medidas para afrontar mejor la actual coyuntura, Fedegan apoyará a los ganaderos con oferta inicial de 20.000 toneladas de alimentos como heno, sal mineralizada, melaza, silo, semilla de algodón y torta de palmiste etc., a precios menores a los del mercado, y las cuales están disponibles en 34 sitios ubicados en las principales zonas ganaderas del país. El transporte desde los sitios de producción hasta las bodegas regionales así como el de arrendamiento de estas y sus responsables serán cubiertos por Fedegan FNG.


Es fundamental que los ganaderos incorporen tecnologías en sus procesos de producción, relacionadas principalmente con la conservación y aprovechamiento del agua, recurso tan precioso como la tierra misma; adopción de sistemas silvopastoriles, productivos y amables con la naturaleza; conservación de forrajes y la suplementación alimenticia, como alternativas para garantizar adecuada nutrición y bienestar de nuestros ganados, además del sostenimiento de niveles óptimos de producción, reproducción y salud. Los invito a mirar las opciones técnicas disponibles para disminuir impactos negativos de una sequía prolongada, en la publicaciones que se encuentran en la web de Fedegan, Ministerio de Agricultura y Corpoica.


*Presidente Ejecutivo de Fedegan*

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Tiempos difíciles, tiempos buenos

José Félix Lafaurie R.*

El Heraldo, Barranquilla

Diciembre 30 de 2009

2009 definitivamente no fue un buen año. Si bien es cierto que en el sector bovino esperamos crecer 2% en carne y 3% en leche, es el resultado de los aumentos en productividad logrados en los últimos años. Si la ganadería colombiana no hubiese hecho la tarea juiciosamente, la crisis que hoy afronta habría alcanzado proporciones mayúsculas. Crisis que también nos deja una lección importante en el análisis económico: que no es sostenible mantener precios internos por encima de los externos, pues las distorsiones que genera esta diferencia son graves y perturbadoras cuando es desproporcionada, como se registró con el precio del ganado en pie, que alcanzó el doble del precio externo.

Aun así, cerramos el año con unas medidas que nos fortalecen, y abrimos el 2010 con perspectivas muy positivas. El precio de la leche en polvo, que se situó en los mercados internacionales, después de la crisis financiera, en 1.800 dólares tonelada, pasó a 3.700 la tonelada promedio para el primer trimestre de 2010. En carne, la promoción de las exportaciones con base en acuerdos comerciales sigue su ritmo, y al finalizar 2010 esperamos haber puesto nuestra bandera en los mercados de Rusia y Centroamérica, iniciando así un proceso estable de diversificación de mercados. El consumo interno es, y seguirá siendo, nuestra principal preocupación. Tendrá que haberse fortalecido no solo por el mejor desempeño esperado de la economía en su conjunto, sino por el fomento al consumo interno para recuperar los kilos perdidos por el alto precio al consumidor, tarea en la que Fedegán no desfallece.

Fue un año de lecciones que no se nos pueden olvidar. Paralelamente a la gira técnica internacional a Estados Unidos (que nos dejó una buena transferencia de conocimientos), asumimos la cuenta de cobro del mercado. A la caída de los precios se sumó el debilitamiento de la demanda interna, cuyo peligro veníamos advirtiendo con mucha antelación. En ese entonces, la Junta del Banco de la República se empeñó, a toda costa y sistemáticamente, en elevar las tasas de interés de intermediación, y después a prolongar su descenso. En esa desigual contienda salió un sector financiero colombiano fuerte si se quiere y, paradójicamente a manos llenas, con jugosas utilidades en medio de una de las peores crisis financieras mundiales. Mientras tanto, y pese a una inflación baja, el resto de la economía registró un debilitamiento general, evidenciado en el mayor desempleo y en el adelgazamiento de la demanda. Eso redujo las posibilidades de crecimiento del sector agropecuario, que sólo pudo sobreaguar.

A diferencia de los entornos internacionales, en donde las medidas de salvamento se enfocaron principalmente en el sistema financiero, aquí el Gobierno tuvo que hacerlo con el sector agropecuario (antes lo había hecho con el industrial) para aliviar un poco la situación del acoso de las deudas con el sector financiero, sostener los debilitados flujos de caja de los productores, reducir el impacto de los precios de los insumos, y morigerar los efectos de un temprano fenómeno de El Niño —que indudablemente dejará otra estocada grave en el sector—. Todo ello sin descontar el riesgo grave del desestímulo, que lo haría cada día más pequeño, pese a sus grandes ventajas y potencialidades. Ese salvavidas fue, definitivamente, un gran logro de Fedegán.

De ahí que las directrices que se envían desde la cúpula gremial están directamente relacionadas con el futuro del sector ganadero. Las señales de mercado indican que la producción de alimentos ocupará nuevamente, a nivel mundial, la atención de los gobiernos, entidades multilaterales e inversionistas. Así lo advierte la FAO, que ha recalcado además que la crisis financiera mundial afectó las inversiones en los sectores agropecuarios, dejando una deuda social de proporciones descomunales: “el hambre en el mundo alcanzará un récord histórico en 2009, con 1.020 millones de personas que pasan hambre a diario”.

En fin, acostumbrados como estamos en el sector ganadero a vadear las crisis, de la presente saldremos más fortalecidos. Por lo menos a no repetir las experiencias y a no dejarnos llevar por el canto de las sirenas.

*Presidente ejecutivo de Fedegán

lunes, 21 de diciembre de 2009

Las cartas sobre la mesa

José Félix Lafaurie Rivera

El Universal, Cartagena

Diciembre 20 de 2009

En el pasado reciente, la ganadería colombiana envió más de la décima parte de la oferta de bovinos para sacrificio al mercado venezolano.

Dicho negocio no obedeció nunca a la capacidad colombiana para abastecerlo en forma competitiva, sino a una tasa de cambio oficial equivalente a la tercera parte del valor del dólar permuta, que creó un mercado artificial con precios más elevados que los domésticos, y muy superiores a los de cualquier estándar internacional. Esto nos impidió incursionar en cualquier otro mercado y deterioró el consumo interno, que perdió 3 kilos per cápita.

Las cifras son elocuentes. En enero de 2003, un kilo de novillo gordo de primera calidad se cotizaba en Colombia en 73 centavos de dólar, 21% por encima de los países del Cono Sur, líderes mundiales en la producción de carne. Un mes después, Venezuela impuso una tasa fija de cambio de 1.600 bs/dólar. Desde entonces se distorsionaron los precios relativos que se transaban con la tasa de cambio fijo, y más el de la carne de res, al ser sometida a la regulación interna de precios para controlar la inflación.
Los desequilibrios en los precios relativos crecieron en 2004 y 2005 con los trámites de divisas ante la CADIVI, la especulación financiera apalancada por el diferencial de tasas y los sucesivos ajustes a la tasa de cambio oficial, dejándola en el artificial nivel de 2.150 bs/dólar.

Tales desequilibrios llevaron el diferencial del precio del novillo gordo colombiano -frente a los del Cono Sur- hasta el doble, nivel que se mantuvo hasta mediados de 2009, cuando se desplomó el precio del ganado gordo en Colombia. Pese a la dramática caída en el precio interno, más del 30%, nuestros referentes aún son superiores en 30% a los del Cono Sur, con el agravante de la aparición del contrabando de ganado de Venezuela hacia Colombia.

Es cierto que el año pasado exportamos un volumen de carne similar al reportado por la Unión Europea, acercándonos al décimo puesto en el escalafón mundial. Casi la totalidad fue para Venezuela, y quizás lo peor, perjudicó el consumo interno de Colombia. Detrás de la tasa de crecimiento de la oferta de animales para sacrificio de los últimos cinco años, 4%, el consumo por habitante en Colombia retrocedió 3 kilos y nos llevó a un consumo mínimo histórico de 17 kg. por habitante, mucho menos de la mitad del de los países citados. Y como si fuera poco, elevó los costos de producción.

El cierre del mercado venezolano llevó a la ganadería colombiana a una crisis –altos precios, bajo consumo de carne y elevados costos–, de la cual sólo saldrá si se reactiva rápidamente la demanda interna. El problema es que esto depende de la capacidad de la cadena cárnica para transmitir en forma eficiente señales de precios y calidades al consumidor, tradicionalmente interrumpidas por la visión cortoplacista de muchos de sus actores, por la informalidad y el bajo nivel de empresarización y por los intereses tras la conservación de su estatus quo.

No es fácil, pero avanzamos. Las constantes denuncias de FEDEGAN e iniciativas para reconquistar y formalizar el mercado doméstico encuentran eco en algunos actores de las cadenas. Y vienen más medidas, unas de choque ya anunciadas, y otras que recogeremos en un Conpes sectorial.

*Presidente ejecutivo de Fedegán

domingo, 13 de diciembre de 2009

Alivio y fortalecimiento

José Féliz Lafaurie*

Vanguardia Liberal, Bucaramanga

Diciembre 13 de 2009

Justas y necesarias, pero sobretodo trascendentes por su conexión con el desarrollo futuro de la ganadería y su connotación social, resultan ser las medidas que el Gobierno, a instancias de Fedegán, impartió para aliviar la crisis del sector –una de las peores de los últimos décadas que amenaza, infortunadamente, con adquirir mayores proporciones para la producción de ganados por la presencia del Fenómeno del Niño–. Los ganaderos no solamente reclamaban medidas para sobreaguar, sino para reconstruir las bases de un futuro que se tornaba incierto pese a los programas en ejecución y a las metas que lo ubican como uno de los más promisorios de la economía colombiana. Y no era para menos. En economía no hay almuerzo gratis y el comercio con Venezuela fue un mal negocio en el que resultó favorecida gente que poco o nada agrega a la actividad productiva de la ganadería y que ahora ha puesto sus garras en el mercado interno, dispuesta a acabar con su futuro por unas pírricas ganancias, pero con impacto devastador, como es el contrabando.

A corto plazo una de las medidas expedidas está encaminada a aliviar la situación financiera de pequeños y medianos productores –mediante la condonación del 100% de los intereses corrientes para los primeros y 40% para los medianos–. Esto le va a permitir a aquellos cebadores que compraron animales muy seguramente a $3.400 flaco y que hoy en día se ven enfrentados a venderlos a $2.500, adquirir animales más baratos, para ajustar su flujo de caja y atender, después de un año, sus obligaciones financieras sin ningún tipo de dificultad.

Destacan también las medidas encaminadas a aminorar el impacto del fenómeno de El Niño. El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural destinará $ 84.000 mil millones para otorgar créditos a pequeños y medianos ganaderos a bajas tasas, con el fin de financiar capital de trabajo y estrategias de suministro de alimentos para ganado. FEDEGÁN, a través de ALMAGAN, establecerá alianzas con productores de suplementos tales como heno, torta de palmiste, semilla de algodón y melaza para garantizar su provisión en todo el país.

Y vienen otras medidas complementarias que tienen como fin no solo dar salida al stock de ganado macho que en principio se tenía destinado para Venezuela, sino para preservar el hato. Para tal fin, el gobierno destinará 20.000 millones de pesos y Fedegán-FEP otros 5.000 millones, para compensar durante el verano el sacrificio de machos aportando $100 por kilogramo, con lo cual se desestimulará el sacrificio de hembras.

He comentado algunas de las medidas pero hay otras destinadas a darle mayor transparencia al mercado. Ya en enero de 2010 estaremos consolidando un Conpes sectorial, en el cual se incluirá otro paquete de medidas tendientes a fortalecer la capacidad competitiva del sector. Por lo pronto hay que sacarle el máximo provecho a estas medidas impuestas por el gobierno.

* Presidente ejecutivo de Fedegán

sábado, 5 de diciembre de 2009

El grave riesgo del contrabando

José Félix Lafaurie*

El Heraldo, Barranquilla

Diciembre 5 de 2009

Que Chávez haya cerrado el comercio con Colombia, lo aceptamos, aunque no acabamos de entenderlo. Es un hecho con tinte político y un gran trasfondo económico, que entraña graves consecuencias y riesgos por los efectos perversos colaterales que está generando para la economía ganadera colombiana, especialmente la de frontera y, desde luego, para la población de ese país. Pero ahora es el contrabando lo que de verdad tiene en jaque a la ganadería colombiana.

A grandes rasgos, este fenómeno impacta la economía ganadera en el orden legal; en el tema sanitario, y en los precios del ganado. Todos ellos, en contra del ganadero y de nuestro consumidor.

El contrabando ha sido, históricamente, uno de los delitos que más ha flagelado nuestra economía. Sus consecuencias son devastadoras. Infortunadamente, al suspenderse los giros de Cadivi para comprar carne con dólares oficiales (el dólar oficial es la tercera parte del dólar paralelo), se ha generado una avalancha incontenible de contrabando de ganado en pie, ya sea flaco o con destino a sacrificio, que encuentra nicho de enriquecimiento fácil en comerciantes, en algunos ganaderos inescrupulosos, y, por supuesto, en la informalidad de las plantas de sacrificio existentes en la región. Sólo un dato: se pudo establecer que más de 3.000 reses fueron sacrificadas sin el requisito de Guía de Movilización expedida por el ICA, entre los meses de julio y septiembre, ganado presuntamente traído desde Venezuela, que se sacrificó en Colombia.

Al margen del impacto económico y legal, que genera graves espacios de corrupción, lo que más preocupa es que la fiebre aftosa entre por esa frontera, destrozando el estatus sanitario que hemos construido entre todos los ganaderos y al que le hemos invertido más de 500 mil millones de pesos desde hace 14 años, cuando se inició la campaña contra esta enfermedad. Para no ir más lejos, el reciente brote de fiebre aftosa en cerdos en una planta de sacrificio en el departamento de Nariño –y que nos hiciera frustrar una importante exportación hacia el mercado ruso– está a punto de truncar un acuerdo para exportar carne hacia México, y Perú está ajustando su normativa.

Y como si fuera poco, en el contrabando encontramos explicación al envilecimiento adicional de los precios del ganado. Si bien el cierre de la frontera significó un represamiento de más de 40.000 novillos mensuales que salían con destino a Venezuela, ahora el contrabando puede sumar 10.000 animales adicionales por mes que entran de ese país con destino al mercado informal interno, desplazando la oferta propia.

El Gobierno tiene la obligación de actuar con mayor decisión. Este tema ya rebasó la respuesta de los organismos de inspección y control (ICA e Invima). Es un tema de fuerza pública y de lucha contra la informalidad. El antecedente del asesinato de un funcionario del ICA -en presencia de su hijo-, es una señal inequívoca que detrás del contrabando hay grandes y poderosas mafias criminales. ¿Será que somos capaces de afrontarlo? Mientras el Gobierno sigue aplazando la vigencia del Decreto 1.500 y no acuda al Ejército y a la Policía para combatirlo, tengo mis dudas.

*Presidente ejecutivo de Fedegán