Mostrando entradas con la etiqueta Darío Valencia Restrepo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Darío Valencia Restrepo. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de diciembre de 2009

Los límites del planeta tierra

Darío Valencia Restrepo

El Mundo , Medellín

Diciembre 18 de 2009

Durante los últimos 10.000 años, la época del período cuaternario que los geólogos denominan holoceno, el ambiente de nuestro planeta ha permanecido bastante estable y propiciado el surgimiento y desarrollo de la civilización humana. Pero desde la Revolución Industrial han aparecido nuevas actividades humanas que se han convertido en un peligro para dicha estabilidad ya que están impulsando un cambio climático global que, si no se enfrenta pronta y decididamente, puede tener consecuencias catastróficas para buena parte del mundo. El intenso empleo de combustibles fósiles y ciertas formas de industrialización en la agricultura están afectando importantes sistemas y procesos del planeta, a tal punto que la tendencia actual puede llevar aquel a un estado irreversible con eventuales cambios ambientales tan abruptos que perjudicarían el carácter habitable de la Tierra.

¿Cuáles son los sistemas o procesos fundamentales para mantener la estabilidad natural del holoceno? En la edición de la importante revista Nature, correspondiente al volumen 461 del pasado septiembre, Johan Rockström y otros tratan de identificar nueve procesos planetarios para los cuales es necesario establecer límites o umbrales que de ser excedidos podrían generar inaceptables cambios ambientales. Estas fronteras, que vienen definidas por un valor crítico de una o más variables, delimitan un espacio que asegura el mantenimiento de los procesos y sistemas biofísicos indispensables para la vida humana.

Es verdaderamente encomiable que se cuantifiquen esos límites con el fin de proporcionar en forma concreta señales de alarma cuando se exceda o se esté cerca de exceder dichos límites, aunque los autores reconocen la necesidad de mayores estudios para mejorar el cálculo de algunos de ellos.

Los nueve procesos para los cuales es crucial definir límites planetarios son: cambio climático, tasa de pérdida de biodiversidad terrestre y marina, interferencia con los ciclos del nitrógeno y del fósforo, reducción del ozono estratosférico, acidificación de los océanos, uso del agua dulce, cambio en el uso del suelo, contaminación química y presencia de aerosol en la atmósfera. Se considera que varios de estos complejos procesos o sistemas reaccionan con gran sensibilidad cuando se encuentran en la vecindad de sus respectivos umbrales, de modo que si éstos son excedidos ciertos eventos, como por ejemplo el sistema de los monzones, pueden hacer la transición a un nuevo estado con consecuencias deletéreas o potencialmente desastrosas. Además, muchos de los límites están ligados entre sí a tal punto que el sobrepasar uno de ellos tiene implicaciones sobre otros de una manera que todavía no se entiende a cabalidad.

Según el mencionado artículo, se ha sobrepasado ya los siguientes tres de los nueve límites:
tasa de pérdida de biodiversidad, cambio climático e interferencia humana en el ciclo del nitrógeno. En el primer caso, la tasa natural histórica está entre 0,1 y 1 extinciones por millón de especies y por año, pero en la actualidad se estima que la tasa es entre 100 y 1.000 veces mayor; en el segundo caso, una variable crítica es la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, hoy igual a 387 partes por millón en volumen cuando el umbral estimado es 350; y en el último caso, como diferentes actividades humanas capturan nitrógeno de la atmósfera y lo convierten en nitrógeno reactivo que termina contaminando aguas, suelos y aire, los cálculos aproximados señalan que el flujo de nitrógeno reactivo se debería reducir a un 25% del valor actual. Pero los autores también anuncian que nos estamos acercando a los umbrales de otros procesos.

Con respecto a Colombia, en reciente publicación de Advances in Geosciences (www.adv-geosci.net/22/107/2009) G. Poveda y K. Pineda, investigadores de la Escuela de Geociencias y Medio Ambiente de la Facultad de Minas, informan que ocho glaciares tropicales del país desaparecieron durante el siglo XX, en tanto que los remanentes seis muestran alarmantes tasas de deshielo en la última década. Mediante la aplicación de modernas técnicas al análisis de imágenes satelitales, los autores del artículo han encontrado que la cobertura de hielo de estos últimos ha pasado de 60 kilómetros cuadrados en 2002 a 45 en 2007, lo cual arroja una tasa promedia de 3 kilómetros cuadrados perdidos cada año. De continuar esta tasa hacia el futuro, los seis glaciares habrán desaparecido en 2022, aunque en el artículo se señala que diversos procesos físicos allí discutidos pueden acelerar el retroceso del hielo. Unos importantes hallazgos que reducen en forma drástica los plazos previstos en 2007 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

Como consecuencia de la anterior situación se está poniendo en peligro la provisión de agua para grandes ciudades y centenares de poblaciones rurales a lo largo de los Andes colombianos, al igual que se puede afectar la generación hidroeléctrica, tan importante para el país. Pero también es preocupante el futuro de los páramos, unos ecosistemas reconocidos por su fragilidad, y de los bosques de niebla, lo cual contribuye a incrementar los actuales problemas ambientales y sociales de los Andes tropicales con los consiguientes efectos negativos sobre una región bien apreciada por su biodiversidad. Terminan Poveda y Pineda su trabajo con un llamado para el diseño de políticas y estrategias para enfrentar estas amenazas, al mismo tiempo que recaban el aprovechamiento del llamado “Fondo de Adaptación”, establecido en Kioto en 1997 con el fin de ayudar a proteger las poblaciones más vulnerables a los efectos adversos del cambio climático, tales como sequías, inundaciones y fuertes tormentas.

martes, 8 de diciembre de 2009

Madame de Stäel

Darío Valencia Restrepo

El Mundo, Medellín

Diciembre 8 de 2009

Una de las grandes biografías de nuestro tiemp o fue escrita por J. Christopher Herold en 1958 con el título Mistress to an Age – A Life of Madame de Staël. Con una minuciosa documentación, un penetrante análisis de personajes y hechos, y una cautivante prosa no exenta de fino humor, el autor nos recrea detalladamente la vida y obra de esta extraordinaria mujer (1766-1817) en el contexto de una época que incluyó la Revolución Francesa, el Régimen del Terror, el ascenso de Napoleón, las guerras que ensangrentaron a Europa y la restauración borbónica.

Hija de un próspero banquero suizo que con posterioridad sería encargado de las finanzas de Francia por Luis XVI y que tendría una significativa participación en los acontecimientos de 1789, Germaine de Staël causó asombró entre grandes personajes europeos por su cultura y capacidad intelectual, intransigente defensa de la libertad, inagotable energía para la conversación exquisita y la discusión sin tregua, y por libros como: los de exilio y viajes por Italia, Rusia, Inglaterra y Alemania (este último vaticinó la futura influencia del país en el continente y mereció un elogio de Goethe); la novela autobiográfica Delphine, cuyo tema central es la acusación a una sociedad que no permite a las mujeres ser ellas mismas; De la literatura, en el cual se ocupa de ideas del siglo XVIII y vislumbra casi todas las del siglo siguiente; y Consideraciones sobre los principales eventos de la Revolución Francesa, un trabajo monumental que la presenta como defensora de la moderación política, el imperio de la ley y el gobierno representativo, y donde señala que “Existe un pueblo que un día será muy grande: Estados Unidos”. Ha sido vista como la primera mujer en ejercer la crítica literaria y fundadora de los estudios de literatura comparada. En todas partes era acogida como una celebridad, no pocas veces como una heroína.

Calificada antaño como la primera mujer de Europa, hoy es llamada por la biógrafa Francine du Plessix como la primera mujer moderna.

Al igual que otras escritoras de aquellos agitados años que se opusieron a la subordinación de la mujer como expresión de una ideología represiva, Germaine fue una luchadora por su independencia y por el derecho a escribir y a participar intensamente en la vida intelectual, social y política de su tiempo.

Nada fácil en un entorno que reducía el papel de la mujer a la maternidad y la vida doméstica.

Baste recordar cómo Rousseau sostenía en su Discurso sobre el origen de la desigualdad (1755) que la mujer debía ejercer su poder exclusivamente dentro del matrimonio, en tanto que el hombre, como resultado de su superior fuerza, se expresaría en el ambiente de lo público y el gobierno.

Por aquellos días los salones para invitados en las grandes mansiones estaban a la orden del día. Germaine creció en tertulias de su madre que incluían luminarias como Diderot, D’Alembert, Gibbon, Buffon y Voltaire. Más tarde la hija emularía con éxito esta tradición gracias a sus famosos salones en París, Ginebra, su residencia de Coppet y prácticamente toda ciudad que visitaba. La lista de huéspedes, la mayoría de ellos grandes amigos o amantes, era casi un “Quién es quién” de la época: el zar Alejandro I, Wellington, Talleyrand, Fouché, La Fayette, Benjamin Constant, Schlegel, Byron… No pocas veces sus salones fueron escenario de conspiraciones, intrigas y oposición al gobierno (en De la littérature sentenció: “El intelecto no alcanza su plena fuerza a menos que ataque el poder”). En su visita a Weimar se trenzó en discusiones con Goethe y Schiller sobre metafísica e idealismo, en las cuales el primero estuvo comprensivo y hasta amable, el segundo reticente: “Ella desea explicar todo, aprehender todo, medir todo. Aquello que su antorcha no puede penetrar, no le constituye una preocupación”. Pero Gibbon por su parte le haría un bello encomio: “Con frecuencia me ayudó a encontrar mis propias convicciones”.

La pasión y el entusiasmo por mil cosas que le atraían llegaron a ser legendarios, las contradicciones patentes en escritos y actitudes. Sin par fue su exaltación del amor pero tiranizaba a sus amantes, con frecuencia a más de uno al mismo tiempo. El sufrido Constant diría: “Nunca he conocido una mujer más exigente sin darse cuenta de ello… La completa existencia de cada uno, cada hora, cada minuto, por años y años, debe estar a su disposición, pues en caso contrario ocurrirá una explosión como si se juntaran todos los terremotos y tormentas”.

Staël simpatizó con Napoleón al principio pero después rechazó enconadamente su autoritarismo e inescrupulosa sed de poder, algo singular cuando el corso se paseaba triunfalmente por buena parte de Europa. El emperador la detestaba pues en su machismo no concebía que una mujer se metiera en política y menos que se le opusiera, de modo que la obligó varias veces a alejarse de su amado París (ella podría haber parafraseado a Montaigne: “Soy francesa gracias a París”), y en algunas ocasiones se ocupó de sus libros incluso con el fin de ordenar la censura de pasajes.

Todavía en Santa Helena volvería sobre ellos y profetizaría con amargura: “Ella perdurará”.

En su lecho de muerte, Germaine insistía en presidir conversaciones y estimular las ideas de sus últimos huéspedes. A uno de ellos, Chateaubriand, le diría: “Siempre he sido la misma, vital y triste; he amado a Dios, a mi padre y la libertad”.