Mostrando entradas con la etiqueta Yohir akerman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Yohir akerman. Mostrar todas las entradas

martes, 23 de febrero de 2010

Mínimo regional

Yohir Akerman

El Colombiano, Medellín

Febrero 23 de 2010

Los economistas más importantes del país salieron en tropa a criticar y desechar la propuesta del salario mínimo regional.


Asegurando que eso elevaría la migración de las zonas rurales a las urbes; generaría más pobreza en las zonas deprimidas; y sería inconstitucional por la desigualdad que causaría, rechazaron la interesante e innovadora propuesta del gobierno para reducir la pobreza.


Es innegable que el costo de vida no es el mismo en las ciudades que en el campo. Es más, varía entre las mismas ciudades. Eso hace que sea elemental pensar en salarios mínimos aplicables a ciertas regiones o áreas determinadas, que tienen un nivel de desarrollo económico y una situación del mercado de trabajo relativamente similares. No hacerlo sólo protege a una pequeña parte del mercado laboral, aumentando los ingresos de algunos, a costa de extender y proteger la informalidad.


Los países más desarrollados del mundo cuentan con sistemas de ese talante. Desde 1938, Estados Unidos tiene un salario mínimo federal, pero con la posibilidad de elevarlo dependiendo de las condiciones económicas de cada estado, con el fin de afrontar las enormes diferencias de renta entre regiones como California y Luisiana, por ejemplo.


Japón cuenta con salarios mínimos regionales, con una coordinación nacional que agrupa a 47 prefecturas en tres grupos relativamente homogéneos, a los cuales el gobierno proporciona pautas de ajuste generales. La Unión Europea, pese a compartir un mercado continental y una moneda, tiene salarios mínimos dependiendo de la situación económica de cada país y, en algunos casos, de cada región.


En América Latina, países como Chile, México, Panamá y Uruguay tienen implementado este esquema. México cuenta con tres niveles aplicables por áreas geográficas de igual desarrollo y en Chile la figura es uno de los ejes de su moderna política económica, con un apoyo estatal a las pequeñas y medianas empresas, para que puedan saber dónde hay oportunidades de mercado y demanda para sus productos o servicios.

Es indiscutible que una medida como ésta genera descentralización, al hacer que las empresas trasladen las plantas o fábricas de producción a regiones con menores costos laborales. Eso ayuda a reducir la pobreza de las zonas más deprimidas por medio de la generación de empleo directo e indirecto. Es un tema que favorecería a los empleadores y, sobre todo, a los empleados, lo cual se traduce en mejores condiciones para la economía en general.


La propuesta hecha por el director de Planeación Nacional, Esteban Piedrahíta, necesita un estudio más a profundidad del que ya hicieron los conservadores economistas que la atacaron. El salario mínimo unificado tiene sentido cuando hay homogenización productiva en las diferentes regiones del país, y las cifras convergen al mismo ritmo en las urbes que en las zonas rurales. Y, lastimosamente, ese no es el caso en nuestro país.

martes, 29 de diciembre de 2009

La brutalidad de las Farc

Yohir Akerman

El Colombiano, Medellin

Diciembre 29 de 2009

Repudio. Repulsión. Aborrecimiento. Desprecio. Asco. Abominación. Horror. Tristeza. Rechazo. Ninguna de esas palabras, ni siquiera la sumatoria de todas ellas, expresa la sensación que generó la noticia del asesinato del gobernador de Caquetá, Luis Francisco Cuéllar.


Es claro que no se trata de un hecho aislado y que, por el contrario, es un ataque calculado por parte de las Farc para lograr ser el tema de la campaña presidencial del próximo año. Hoy, las Farc no están siendo el eje del debate político electoral, como lo fueron en las elecciones de 1998, 2002 y 2006, ya que un posible enfrentamiento con Venezuela, la preocupante situación económica, el aumento del desempleo, la pobreza, y el atraso social, los desplazaron en la agenda.


Con esta acción, que es la más desafiante que se ha perpetrado durante el gobierno de Álvaro Uribe, después del atentado al club El Nogal, las Farc quieren recuperar su protagonismo, y cuando la guerrilla recobra el primer escalón en el listado de prioridades nacionales, los candidatos que apoyan decididamente la política de Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe recuperan favoritismos en las encuestas y en las urnas.


Es una clara ecuación: las Farc atacan y envían el mensaje a la sociedad de que son una amenaza y que su capacidad de generar terror aún está latente. La respuesta: una conciencia ciudadana de que no se puede desfallecer en el ataque frontal a los grupos subversivos. Y quién es el mejor para dar esa pelea: los últimos ocho años demuestran que es, indudablemente, el gobierno de Uribe.


Las Farc no están aniquiladas. Eso es un hecho. Y ahora apuestan por retar al Gobierno, lo que fortalece las intenciones electorales del presidente Uribe, porque genera la sensación de que es todavía necesaria su mano fuerte.


Es un circulo vicioso en donde la opinión pública desconoce que si estos actos ocurren, y la guerrilla logra secuestrar y asesinar a un funcionario tan importante como un gobernador, es porque la política de Seguridad Democrática está fallando en lo estructural.


Este hecho no demuestra tanto la fortaleza de las Farc, como las grietas del plan para acabarlas. Es claro que la guerrilla no tiene el poderío que tenía en el gobierno de Pastrana. La alianza con el ELN es prueba de su debilidad. Eso ha cambiado su modelo de guerra y su manera de lucha, lo cual ha sido un acierto del gobierno de Uribe. Pero este asesinato demuestra no sólo que hay que repensar la estrategia militar, sino empezar a pensar en una alternativa paralela para salir de manera negociada del conflicto.


Suena difícil e insensato negociar con estos bárbaros, pero es necesario. La recuperación de regiones del país con presencia militar es un éxito importantísimo de este gobierno, pero es claro que ni eso, ni el debilitamiento de la guerrilla, ni la detención y muerte de algunos de sus cabecillas significan el fin de la guerra, o que ésta sea la mejor manera de lograrlo. Es una táctica, pero no toda la estrategia.

martes, 28 de julio de 2009

Silva :gerente de defensa

Por Yohir Akerman

El Colombiano, Medellín

Julio 28 de 2009

Sorpresa. Esa fue la sensación que dejó el nombramiento del nuevo ministro de Defensa.

No solo porque todas las previsiones apuntaban a que Bernardo Moreno fuera el titular de la cartera, sino porque Gabriel Silva suena en ese cargo como un buen concierto con un instrumento mal afinado.

No hay duda que Silva es preparado, hábil e inteligente.

Formado en el "kinder" del ex presidente Gaviria, trabajó con Noemí cuando fue embajador, fue figura importante en el gobierno de Pastrana, es amigo de Juan Manuel Santos y ahora ficha clave de Uribe.

Silva parece saltar de un bando político a otro sin generar ninguna suspicacia.

Eso habla bien de su carácter autónomo e independiente, que puede capitalizar en este cargo en imparcialidad para no ser un yes man de Uribe como otros ministros de esta administración.

Pero el conocimiento de este barranquillero cachaco no está en la estrategia y la defensa. La especialidad de Silva es gerenciar y, sobre todo, conciliar.

Difícil tarea la suya ahora que las finanzas dificultan el proceso de modernización de las Fuerzas Armadas, lo cual ha generado retrocesos en materia de seguridad por primera vez en este gobierno. Pero para esos retos, Silva es bueno.

También servirá para bajarle el volumen a la polémica por la extensión del acuerdo de cooperación militar con Estados Unidos. En ese sentido su nombramiento también es un acierto.

El acuerdo ha generado anuncios de militarización de la frontera venezolana y posiciones desafiantes por parte de Ecuador, por lo que sus dotes de analista, conciliador y administrador serán positivos en una situación en la que las relaciones con los países vecinos se tienen que manejar con extremo cuidado.

Ahora bien, con esta designación el Presidente envía un mensaje de que la estrategia militar y el planeamiento de guerra estarán bajo su mando, en coordinación directa con los generales Naranjo y Padilla.

Silva se dedicará a manejar la parte administrativa y política de la cartera de Defensa, y Uribe y sus generales al manejo del conflicto armado.

Es un acierto de Uribe mantener un civil al frente de la Defensa. No cabe duda. Aunque Padilla lo hizo bien durante estos meses, Uribe se demoró en el nombramiento definitivo del sucesor de Santos.

Dejar a Padilla como ministro de Defensa hubiera parecido justo; pero no sensato.

Nombrar a Silva en ese ministerio es sensato; pero no estratégico.

Sorpresa. Esa fue la sensación que dejó el nombramiento del nuevo ministro de Defensa.

Seguramente será una positiva para el año de gobierno que le queda a Uribe, en el que si Silva sabe jugar sus fichas, podrá mantener su cargo en un posible gobierno de su amigo Juan Manuel Santos.