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miércoles, 24 de marzo de 2010

San Pedro y San Pablo

Jose Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Marzo 24 de 2010



Corría el año 2008. Uribe viajaría a El Salvador el viernes antes del puente de San Pedro y San Pablo para participar en una cumbre de Presidentes. El ambiente político interno estaba caldeado; algunos magistrados de la Corte Suprema, en plan de activistas del "Partido Judicial", habían convertido la aprobación del acto legislativo que levantó la prohibición de la reelección en una ordalía. "Judicializaron" el asunto y empapelaron a varios funcionarios del gobierno.


En la mañana de ese viernes, en reunión informal, Luis Carlos Restrepo y el ministro Diego Palacio le anunciaron al Presidente que presentarían denuncia contra magistrados de la Corte por la Comisión de varios delitos. El Ministro, por prevaricato, pues lo prejuzgaron en la sentencia contra Yidis Medina, sin siquiera haberlo oído; y el Alto Comisionado, porque tenía pruebas de actividades irregulares protagonizadas por magistrados con personajes del bajo mundo.


El Presidente quiso informar sobre el asunto, él mismo, a los periodistas que cubrían Casa de Nariño. Al mediodía nos encaminamos por los pasillos del segundo piso de Palacio hacia las escaleras de tapete rojo, esas que los colombianos solemos asociar con los grandes anuncios del gobierno. Yo recorría el camino al lado del Presidente, cuando, de sopetón, nos encontramos con dos personajes bajitos y rechonchos, gafas de marco dorado, vestidos con paño grueso, al estilo bogotano del siglo XIX. Los tipos, sonrientes, se dirigieron al Presidente en plan de saludo y..., cuál no sería mi sorpresa, cuando él, con el dedo índice extendido, mirando a uno de ellos a los ojos y meciendo la mano de arriba a abajo, le dijo en tono enérgico: ¡ustedes han insultado la dignidad de Colombia!, ¡ustedes no son negociadores sino amigos y cómplices de los secuestradores!, ¡cualquier cosa háblenla con el doctor Luis Carlos! ¡No desautorizo su presencia porque yo sí sé valorar lo qué le conviene a la democracia colombiana! Seguimos caminando y me comentó en voz baja, frotándose las manos: no puedo expulsarlos porque se nos daña una cosita que tengo entre manos.


No se habló una palabra más del asunto. En lunes de puente, a las cinco de la tarde, me preguntó un periodista que si era cierto que el francés Noel Saez y el suizo Gontard se habían reunido con 'Alfonso Cano', cabecilla de las Farc. Sé que están en Colombia, le dije; los vi el viernes en Casa de Nariño; pero no tengo idea de cuál sea su misión. En los noticieros de la tarde, César Mauricio Velásquez confirmó la presencia y la autorización de los representantes de los "países amigos" para buscar a 'Cano'.

Nunca lo encontraron, pero César, el secuestrador, sí lo oyó, lo que lo hizo entrar con más confianza en la trampa de la 'Operación Jaque'.


En el libro de Jacques Thomet, Pasos en falso, la liberación de Íngrid, se describen esos hechos desde la perspectiva de un periodista profesional, sin sesgos ideológicos anti-Uribe o pro Farc.

En el capítulo 'Francia sirve de último señuelo' (pág. 238) se muestra cómo el alto gobierno y la cúpula de las Fuerzas Armadas trabajaron con inteligencia y capacidad de maniobra. Utilizaron como "gancho ciego" a todo el que se fuera atravesando, desde Sarkozy hasta este modesto cronista. ¡Qué gran libro! Para dolor de la bigornia, empeñada durante 8 años en dañar la imagen de Uribe y, sobre todo, de nuestras Fuerzas Armadas, Thomet publica el primero de lo que será, estoy seguro, una seguidilla de libros laudatorios, que demostrarán ante el mundo la magnitud de la obra realizada por Colombia en estos dos cuatrienios, para contener el terrorismo mundial y a la droga. Saludo, por lo demás, que Thomet haya desenmascarado el contubernio de las Farc y sus aduladores internacionales (entre ellos, el presidente Sarkozy) para deslegitimar al Estado colombiano. Muchos escritores habrán de seguir ese rumbo.

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿Segunda vuelta?


Jose Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Marzo 17 de 2010


"Vi debajo del sol que no es de los ágiles el correr, ni de los valientes el vencer, ni de los entendidos la riqueza, ni de los cuerdos el favor, sino que el tiempo y la casualidad en todo están mezclados". Convencidos de esa idea escéptica del Eclesiastés, los 'analistas' de la televisión y la radio colombianas, comentando los resultados electorales, quisieron hacernos creer que en Colombia ni los ágiles habían corrido ni los valientes vencido. La cordura se las impusieron desde afuera las agencias internacionales que titularon con la verdad: ¡Triunfó el uribismo!

Las transmisiones nuestras fueron entre patéticas y risibles: En Canal Caracol, la inefable Claudia López mostró, férula de maestra en mano, un cuadro en el que 'la U' obtenía el 20 por ciento de la votación, mientras la Registraduría certificaba el 25 por ciento. Otros ponían en el Senado a la 'selección' de Fajardo sin tener en cuenta el umbral; o decretaban como ganadores a los Verdes (por ser penúltimos) y a los liberales (porque "no perdieron curules"). ¡Qué sainete el de la bigornia! Primero, vestidos de cachaco, analizaban la 'derrota de Uribe' y el 'triunfo' de sus partidos; luego aparecían con chalequito 'oenegero', y fungían como 'observadores' del MOE, un aparato ad hoc que les sirve para descalificar la legitimidad de nuestras elecciones.

Casi me voy de para atrás cuando vi, otra vez, a la López y a Jorge Rojas como voceros de los 'Moeros'. Para información de los lectores, Rojas fue el socio político de Braulio Herrera en la Juco, candidato derrotado al Senado por el Polo (1.565 votos) y desde Codhes predica que Colombia está en guerra civil, para poder pedir fondos con qué atender a 'millones de refugiados'. Por si fuera poco, publica panfletos contra Uribe ('terrateniente retardatario y asesino') y edita 'estudios' como el famoso y mendaz 'Embrujo autoritario'.

En una conversación -al aire- con Juan Gossaín, eché, como al desgaire, el pronóstico (serio) de que la corriente uribista obtendría más del 60 por ciento del Senado. Don Juan, medio ofuscado, me increpó. Es en serio, le dije. Él, estoy seguro, quedó convencido de que había hablado con un orate. ¿60 por ciento para una fuerza que es víctima de propaganda negra inmisericorde y generalizada? Pues les hago otro pronóstico: Santos será elegido Presidente en la primera vuelta. Y no por casualidad. La corriente mayoritaria en Colombia, que apoya a Uribe, es un pueblo convertido en fuerza política, que hubiese votado el referendo y le hubiese dado un tercer mandato a Uribe, de haber podido. Hoy, esa fuerza va a imponerse y elegirá como Presidente a Juan Manuel, quien en franca lid ganó la primogenitura de la familia uribista.

Hay que leer 'Pasos en falso', un libro de Jacques Thomet sobre la liberación de Íngrid. Es prosa impecable y se disfruta como película de intriga. En él, el héroe es Uribe y los antihéroes los presidentes Chirac y Zarkozy.

Lo traigo a colación porque Thomet desnudó toda la intriga antiuribista de una macolla mamerta tan eficaz que hasta puso al gobierno francés a justificar las acciones 'malandras' de la banda de 'Tirofijo'. ¡Qué intrigas internacionales contra Colombia y contra Uribe las que denuncia Thomet! En todas -él lo demuestra- está la larga mano 'farosa' apoyada por funcionarios franceses y opositores colombianos, quienes actúan sistemáticamente como sus cómplices obsecuentes.

Un gran amigo, que es reinsertado de las Farc, me hace notar que el último escenario de guerra política contra Uribe y contra mí es un blog llamado Notimundo. Lo visité y, ¡asómbrense!, se alimenta, principalmente, con videos de Noticias Uno. Su última mentira: ¡que los correos de 'Reyes' no existen! ¡Qué barbaridad! El talante de los antiuribistas es el de calumniadores y agresores.


¡Gracias, pueblo colombiano, por darles su merecido!

miércoles, 10 de marzo de 2010

Ridículo

Jose Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Marzo 10 de 2010


'Ridículo', película de Patrice Leconte (1996), es una espléndida recreación del poder fatuo. Quien la ve no puede dejar de comparar esa corte de Luis XVI con el ambiente palaciego de algunos de nuestros anteriores gobernantes.


Mientras el mundo giraba y el pueblo trabajaba, el rey de Francia pasaba la vida entre comilonas y francachelas, adobadas con conversaciones insulsas y ridículas. Poncelidon, el protagonista, se enfrenta al chisme y la murmuración. Los cortesanos miran con curiosidad a ese 'espécimen' progresista y tratan, en vano, de que su ingenio les reviva las ya de por sí aburridas veladas. Poncelidon, ante la indiferencia del poder por los asuntos prácticos del pueblo, buscará otros caminos de redención.

Uribe es como un Poncelidon para Colombia. Él es químicamente negado para la vida regalada. Donde está hay reflexión y trabajo. Los chismes y descalificaciones le son ajenos. Antes de su presidencia, la inercia era la contraria. Los gobiernos se mantenían atentos al qué dirán, con lo que el verdadero poder terminaba en manos de los chismosos y los autores de 'confidenciales' y de carátulas escandalosas, que extorsionaban a los presidentes, a los ministros, a todo el mundo. Con sus amenazas conseguían emisoras, programación en televisión, contratos en los ministerios, etcétera.

Conocí a Daniel Coronell en marzo del 2005. Cuando enfermó gravemente Su Santidad Juan Pablo II fuimos invitados a grabar un programa en Caracol. Lo primero que me impresionó fue su parecido con los personajes de Ridículo. No tenía idea de lo que hablaba, pero lo hacía con tal propiedad, que parecía un pontífice. Y me escandalizó su maldad. Todo el mundo, según él, era el demonio. Acusó a Su Santidad, a Uribe y, por ahí derecho a mí, de ser partidarios o auxiliadores de Pinochet.

Cada tema le daba para hacer las peores insinuaciones sobre alianzas mafiosas o paramilitares. Sin ton ni son, aludía a parientes o conocidos míos -su pobre interlocutor ocasional sobre la historia del Papa-, y, por ahí derecho me ascendía a jefe de bandas criminales. Se enfureció conmigo porque nunca me le amilané y lo batí redondamente en el asunto al que nos citaron: la historia de los Papas.

Apenas ahora, al leer El Colombiano del pasado domingo, vine a entender el "método deductivo Coronell". Se basa en que el ladrón debe juzgar por su condición. Si yo, por circunstancias completamente accidentales, conozco a una persona, seré, necesariamente, su socio y cómplice. Porque él, según El Colombiano, sí actúa así: se conoció y se asoció con un bandido y con los presuntos testaferros de otro.

Ahora, su curioso método se le deberá aplicar a todos, menos a él o a los que él ama. "(...) Lo que pasa es que, obviamente si uno presenta maliciosamente una serie de cosas sin dar la oportunidad de explicarle al otro, pues claro, se forma una cosa sospechosísima". ¡Caramba!, ¡qué casualidad! ¿No es acaso lo que él ha hecho con sus víctimas? Esa frase se la dijo Coronell a Vicky Dávila en uno de los episodios más bochornosos de toda la historia periodística de Colombia.

Rafael Nieto aconsejó a la directora de La FM ser más profesional; que si quería hablar de una denuncia de Coronell contra Andrés Arias, hablara también de las andanzas de Coronell, el inquisidor general, según la publicación de El Colombiano. La señora se puso histérica y trató de acallar a Nieto. Lo lamentable, señores curiosos, es que no van a poder oír tal entrevista porque la directora prohibió que fuera colgada en la web.

Impresionante el poder de amedrentamiento que tenía Coronell. Pero le han salido gallos finos: Uribe, el primero; Ana Mercedes Gómez, Fernando Londoño... Síganle la pista a otro: José Manuel Acevedo. ¡Qué carácter y qué altura intelectual! Ahí van apareciendo los relevos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El primogénito

Jose Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Marzo 3 de 2010


El ciudadano del común acostumbra asociar la trama política con el juego de parqués: quién va primero; quién está en piedra; a quién le comieron fichas; qué alianza mecánica boicoteó el juego de un tercero...

El parqués es competencia simplona, en la que el resultado depende de tirar los dados. ¡No! Las competencias políticas son complejas. Se asocian al ajedrez. En ellas hay movimientos estratégicos que dependen de mil y una circunstancias profundas, y movimientos tácticos, para distraer y engañar. Un jugador puede tomar, feliz, una posición muy valiosa y, cuando se da cuenta, se entera de que cayó en una trampa fatal.

En el debate del referendo, el antiuribismo se metió en la trampa y ayudó a decantar el liderazgo uribista: algunos mostraron su inconsistencia o escasa lealtad, mientras que otros reafirmaron su solidez de principios y fortaleza de ánimo, particularmente para enfrentar al terrorismo.

La propuesta para permitir que en el 2010 pudiera inscribirse Uribe era completamente legítima. Él es fundador y jefe de la corriente política mayoritaria en Colombia; su liderazgo es actual, vigente y positivo. Las tareas políticas y administrativas a las que ha estado abocado requieren continuidad, dada la natural fragilidad de la obra de reconstrucción, luego de que el Gobierno Pastrana nos hiciera ingresar en la humillante condición de Estado fallido (Revista Foreign Policy, julio 2005 y anteriores).

Germán Vargas, el Polo y los liberales unieron su suerte y destino a la consigna de parar el referendo y excluir a Uribe, con lo que creían, ilusos, que les quedaría el campo libre. Sus alfiles, como los germanes (Varón y Navas Talero), boicotearon el proceso legislativo; convirtieron el debate en pleito de leguleyos. Navas presentó denuncias y exigió indagatoria para quien se atreviera a oponérseles.

No entendieron la situación: jugaron parqués, mientras que el uribismo jugaba ajedrez: hizo del debate sobre el referendo una campaña presidencial anticipada. Sin sospecharlo, el antiuribismo alertó a los ciudadanos porque demostró que era factible una maniobra para desmontar la obra de Uribe. El peligro fortaleció y unió al uribismo. Mientras Vargas Lleras, el Polo, las directivas liberales, apoyados por algunos medios de comunicación, orquestaban la campaña contra el referendo, los ciudadanos 'chuliaban' quién sí y quién no se mantenía firme. Por eso, el frustrado referendo dio respuesta a problemas como los siguientes:

1) Si la alternativa era seguir el rumbo o regresar al gobierno de los caguaneros.

2) Si podría haber uribismo sin estar Uribe en la Presidencia.

3) En caso afirmativo, quién era el primogénito o sucesor del fundador del uribismo.

El debate sobre el referendo mostró qué hacer y quién es quién.

1) Los colombianos no aceptarán un nuevo gobierno de los caguaneros. Todos los candidatos que pudieran tener esas veleidades están en el fondo del barril de las encuestas. De hecho, los ciudadanos simplificaron la situación: la mayoría es uribista y la minoría, muy minoría, es antiuribista.

2) Los ciudadanos decidieron que sería muy bueno seguir con Uribe, pero que si las artimañas y componendas de Vargas Lleras, el Polo y la dirección liberal lo impedían, no habría remedio, y elegiríamos a ese primogénito.

3) Las encuestas muestran que el comportamiento de Santos en el debate sobre el referendo le hizo ganar la primogenitura. Ahora, ese mismo debate perfiló a los que serán los seguros personeros del antiuribismo (Petro o Vargas Lleras).

4) Las encuestas advierten y aconsejan al conservatismo mantenerse en la alianza uribista. En ella son puntal y socio principal.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Los antihéroes

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogota

Febrero 24 de 2010


A Churchill, grande del siglo XX, quien con voluntad e inteligencia contuvo a los dos genocidas por antonomasia, Hitler y Stalin, ¿quién lo creyera?, a Churchill, lo despidieron del poder el mismo día de la victoria. Pero, ¡atentos!, eso fue ocasión para que escribiera sus cuatro tomos de 'La segunda guerra mundial'.

Los electores británicos fueron instrumento del destino para que las doradas medallas del heroísmo le abrieran un campito a los diamantes de la gloria literaria (Nobel de Literatura 1953). Uno de los libros de Churchill, 'Grandes contemporáneos', es texto insustituible para el estudio de la historia del siglo XX. Si ese coloso escribió sobre los líderes, yo, que ni líder ni coloso soy, me propongo escribir las vidas paralelas de tres antihéroes de la segunda parte del siglo: el emperador de pacotilla Eddine Bokassa; el caballero de industria brasileño Fernando Collor de Mello y el tiranuelo haitiano Nene Doc Duvalier.

Los tres, quién lo creyera, gobernaron a sus países; todos corrigieron el Acta de Independencia de los Estados Unidos, y en lugar de ofrecer a sus pueblos la mayor felicidad posible, los sumieron en la mayor infelicidad imaginable; y todos practicaron (íntegros) los siete pecados capitales, a saber: la lujuria, la pereza, la avaricia (en su versión codicia), la pereza, la ira, la envidia y, en grado antiheroico, la soberbia.

Los tres fueron hijos y nietos de líderes de verdad. Eso, o la mala crianza, les hizo creer que todo lo merecían: Bokassa, hijo -como el Gitano Señorón- del rey de la tribu, terminó autocoronándose emperador en ceremonia que costó 20 millones de dólares (30 por ciento del presupuesto anual de su 'reino'). Bokassa cambiaba de religión como si cambiara de ropa: una reunión (y el petróleo) con Gadaffy lo convirtió en musulmán y la expectativa de ser coronado emperador por el Papa le infundió la fe católica. Como arribista frívolo, pagaba las visitas ilustres con diamantes. Cada que veía a Giscard d'Estaing o al asesino Videla, les metía cinco o seis piedras en el bolsillo derecho del saco.

Collor hizo méritos como presentador de televisión. Cuentan que dedicaba sesiones larguísimas al maquillaje y a la repetición infinita del texto del teleprompter, porque, dicen las malas lenguas, "no sabía improvisar". Collor se creyó el cuento de que si su papá había sido gobernador, él, más pispo, tenía que ser, mínimo, presidente. Y lo fue. Pero al año de haberse posesionado, Pedro, su hermano menor, tipo razonable y honrado, contó públicamente a sus compatriotas la clase de bicho que les habían metido unos publicistas inescrupulosos, los que diseñaron el marketing electoral para engañar a todo un pueblo y capturar mafiosamente el Estado. El pueblo reaccionó y defenestró a Collor. No obstante las condenas judiciales y el repudio que genera, el tipo sigue zumbando como una molesta avispa en la vida pública brasileña.

Nene Doc y su esposa representan la ínfima dimensión de muchos de quienes han usurpado el liderazgo de los pueblos latinoamericanos. Robaron más de 600 millones de dólares de las arcas públicas. Y, ante la tragedia reciente de su pueblo, lo único que se les ocurrió fue intentar recuperar parte de los fondos congelados por las autoridades francesas y norteamericanas.

¿Encaja el vecino Chávez en esa clasificación de los antihéroes? Me cuentan que alguna cadena de la radio colombiana hizo alto elogio de sus intervenciones en Cancún mientras que tildó a Uribe como Presidente de una 'Banana República Tropical'. Los colombianos del montón vimos, en cambio, a un Presidente digno que nos hizo respetar frente a un antihéroe en trance de desaparecer en el olvido, como Collor, como Nene Doc, como Bokassa. La incógnita no es el destino histórico de Chávez sino el cuándo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Santa alianza

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogota

Febrero 17 de 2010

Remedio para el desvelo es la paciencia; pero algunos lo calman con lecturas, radio o televisión. En la madrugada del sábado combiné esas formas de lucha: con paciencia oí radio y releí apartes del libro de Patricia Enciso sobre Joseph Ximénez, nacido malevo en Málaga (España) y quemado vivo en Cartagena por la Inquisición (1688) -pero en olor de santidad-. Suelo releer ese texto y un cuento estremecedor de Borges, 'Los teólogos', como vacuna infalible contra el fundamentalismo sectario. Borges, por ejemplo, trae esta hipótesis concluyente: el inquisidor que quema y el criminal quemado, el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima, forman una sola persona. Certero 'recorderis' de la fatuidad de casi todos los conflictos.

La radio desvelada trajo 'Colombia universal-reportajes', programa dirigido por Herbin Hoyos. Cuatro horas hablaron sobre el Caguanazo. Los alcaldes de la zona recordaron el sufrimiento que infligieron a sus comunidades los matones del terrorismo y la pusilanimidad gubernamental. Qué conmemoración dolorosa y qué sentimiento de furia e indignación el que transmitieron.

Y hablando de Andrés I -nuestro Felipe IV-, ¿cuándo tomará conciencia del daño que hizo a Colombia? Oírlo pontificar, agredir y mentir es cosa que detestan los colombianos. Bien ganado tiene su puntaje como la figura más odiada de la Nación después de las Farc y las disueltas Auc. Ahora, si él quiere seguir interviniendo en el debate público, que por lo menos pula el idioma; que no repita más esa muletilla "Yo me recuerdo". Yo es pronombre y Me también. Cualquier estudiante sabe que, por su etimología, la palabra pronombre significa "en vez del nombre", que es palabra sustitutiva del sintagma nominal. Es como si dijera "Me me recuerdo".

Pero lo más grave de Andrés es su reiterada alianza para el cambio con la banda terrorista Farc. La semana pasada, siguiendo el mismo guión, la banda y el ex se la montaron, con furia, a este pobre columnista. ¡Qué no dijeron! Desde muy joven practico las enseñanzas de los estoicos, la ataraxia, comportamiento que permite alejar las pasiones para mantener la tranquilidad de ánimo o imperturbabilidad del espíritu. Pero muchos amigos, que me quieren bien, no están tranquilos. Aseguran, con aprehensión, que de las palabras a los hechos, cuando hay banda terrorista de por medio, la distancia es ninguna. Yo dejo esa evaluación en manos de las autoridades.

Pero citemos el rebuzne de las Farc. Titulan el artículo: 'Top cinco villanos de Colombia'. Me asignan honroso segundo lugar (después de Uribe), intentando disminuir a Santos, que los puso en jaque; dicen que poso de seudointelectual (el que posa, digo yo, es necesariamente seudo), soy el rasputin (sic), mano negra que desde la sombra diseña las maniobras, estrategias políticas, propaganda uribista y campañas de desinformación que tienen a la godorria (sic) y la caverna colombiana sumida en un estado de estupidez y negación de la realidad... Alaban las conceptuosas afirmaciones que esputó Alfredo Molano (presumen que contra mí): "... Hoy a esas fuerzas negras se les llama eminencias grises y andan tirando línea en cocteles, en oficinas de redacción, clubes y toda reunión donde se topan los poderosos. Escriben editoriales, soplan columnas, titulan primeras páginas, andan de corrillo en corrillo cuidando la doctrina oficial. Son especie de cancerberos editoriales y con eso se llenan los bolsillos. No son eminencias, pero son hábiles, astutos, carecen de principios y van al grano...". Este criminal (yo), dicen las Farc, es en últimas el que escribe o da la aprobación final a "todo cuanto Uribe expresa públicamente a través de los medios". ¡Están juzgando por su condición! A ellos les escriben todo desde ciertos blogs. Les hacen la tarea.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Elevar el nivel del debate político

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Febrero 10 de 2010

Insólito: el Presidente fue a la Tadeo. Inédito: no se encerró en rectoría con funcionarios obsecuentes y guardaespaldas alertas; llegó a un auditorio atiborrado. Temerario: aceptó un panel, que parecía celada, con dos enemigas insolentes vestidas de profesoras y un opositor rabioso vestido de rector. Memorable: el Presidente más popular de nuestra historia y quien ha gobernado ininterrumpidamente por más tiempo, oyó durante cuatro horas, paciente, a todo el mundo; no se alteró ante el irrespeto; respondió, ecuánime, a insultos y atropellos de las dos 'profesoras', y le dio cátedra de historia y de pensamiento político al Rector.
¡Cuánto hubieran dado las pasadas generaciones de colombianos por haber tenido tal ejemplo de grandeza, civilización y temperancia! ¡Cómo hubiese sido de distinta nuestra historia!


En el librito Colombia, asesinato y política (2000) recordé a don Miguel Cané, embajador argentino (1881) -el de la hipérbole aduladora "Bogotá, Atenas suramericana"-. Cuenta él, en Notas de viaje, que en las escuelas colombianas se enseñaba a los niños que el asesinato, cuando se cometía en desarrollo de una táctica política, no era un crimen. Que, al contrario, podía ser una virtud heroica. "En un colegio, dice, una adorable criatura hizo la apología del tiranicidio. Para ella, un tirano no era un hombre, ni tal asesinato constituía un crimen". Escandalizado, Cané exclama: "(...) ¡que fría y dogmáticamente se enseñe en las escuelas que el asesinato puede alguna vez merecer encomio sobre la tierra... no! ¡¿Ir a la escuela a enseñar a la virgen que bebe las ideas que más tarde trasmitirá a sus hijos, que el asesinato político es, en ciertos casos, una acción legítima?! (...) ¡No, una vez más, no!".


Las cosas han cambiado. Con excepción de los terroristas, o de un alumno de
la Tadeo (¿?) que invitó a matar a Jerónimo, nadie defiende hoy entre nosotros la tesis asesina. Y, al contrario, avanzamos a pasos agigantados en las formas civilizadas. Desde hace varios años ensayé esta hipótesis: al finalizar su gobierno, la mayor contribución de Uribe habrá sido la elevación del nivel del debate político en Colombia.


Y no será precisamente por la altura intelectual de la contraparte (oír debate de
la Tadeo en
www.presidencia.gov.co). En algún libro que publiqué en el 2006, comenté que los opositores tenían un bien elaborado guión de lugares comunes, adobado con un largo repertorio de prejuicios, cierta dosis de maledicencia y una infinita desmemoria para los hechos positivos y negativos. Y eso es lo que volvimos a ver en la Tadeo.


Uribe estuvo brillante. A un público hostil le arrebató, incluso, aplauso cerrado, cuando le dijo a la señora López, mirándola a los ojos: "Por convicciones (...) jamás me dejé someter de la guerrilla ni me dejé halagar del paramilitarismo".


En ese librito del 2006 comenté que Schopenhauer había ganado plaza como inspirador intelectual de la oposición colombiana, que parecía dominar (sin haberlo leído) su manual de Dialéctica erística o las 38 estratagemas para (aparentar) tener razón.


Las señoras López y la decana, doña Natalia, por ejemplo, ante la falta de argumentos, intentaron aplicarle al Presidente la estratagema 8: "Provocar la irritación del adversario y hacerle montar en cólera, pues, obcecado por ella, no estará en condiciones apropiadas de juzgar rectamente ni de aprovechar las propias ventajas. Se le encoleriza tratándole injustamente sin miramiento alguno, incomodándole y, en general, comportándose con insolencia". ¡Nada! No encontraron quién entrara en su juego.


Natalia y López, enfurecidas, intentaron aplicar la estratagema 38: "Cuando el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente; se pasa del objeto de la discusión (puesto que ahí se ha perdido la partida) a la persona del adversario".
Tampoco encontraron sujeto.

miércoles, 3 de febrero de 2010

La bigornia ataca de nuevo

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Febrero 3 de 2010

Pregunta una columnista que qué es bigornia. En el Diccionario General de la Lengua Española (Rodríguez, 1898) aparece con la acepción ferretera de yunque y, a renglón seguido va bigornio, palabreja germánica, "valentón de los que andan en cuadrilla". El diccionario RAE, edición 1925, llama bigornia a la cuadrilla misma. A mí, bigornia me suena a barra brava de cualquier cosa.

Por información de EL TIEMPO supimos que las Farc preparan cumbre en Europa. ¿Es posible? No. Los meterían a la guandoca por pertenecer a la banda terrorista. ¿Se quedarán quietos? Tampoco. Seguirán actuando por interpuesta persona, con organizaciones de fachada y, sobre todo, a través de idiotas útiles o "personalidades democráticas", como suele llamar la bigornia Farc a sus idiotas útiles.

En el 2002, ciertas "organizaciones sociales" prepararon en Bruselas un recibimiento hostil para el Presidente. La consigna: 'Stop, Uribe'. Cuando nuestros medios informaron que "organizaciones europeas de derechos humanos" protestarían contra el 'genocida', algunos, que algo conocemos de cómo funciona el asunto, les aclaramos: organizaciones europeas, no; las Farc son las de la pelotera. La demostración se hizo con este expediente simple: comparar las proclamas de los activistas europeos con los panfletos publicados por las Farc en Internet. Eran textos idénticos.

La cosa se aclaró más cuando, en el 2008, la policía española detuvo a alias 'Remedios', responsable de las Farc en Europa. ¡Oh sorpresa! Era María García Albert, la misma 'activista de derechos humanos' a la que, tiro por lapo, se le vio encabezar 'protestas' contra nuestros presidentes (Belisario, Barco, Gaviria, Samper o Pastrana, porque, hay que decirlo, sin mala intención, la señora es algo viejona y experimentada en zaherir a Colombia).

¿Cuál era la fachada de doña 'Remedios'? Una oenegé dizque de solidaridad con América Latina. La cobertura política se la brindaba Izquierda Unida, partido minúsculo que está vuelto añicos y sin representación en el Parlamento comunitario. 'Remedios' y su gente son combativos, ¡para qué! Pagó la fianza y salió directico hacia un acto de desagravio que le brindaron sus camaradas (con asistencia escuálida y 'desanimaona', porque siempre asusta esa draconiana legislación antiterrorista española). En el salón, al fondo, se leían las pancartas 'farosas': "Por la paz en Colombia: salida negociada al conflicto armado", "Contra el Gobierno paramilitar de Uribe", "Contra la criminalización de los movimientos sociales".

Esos mismos que le copian a 'Remedios', camuflados en plataformas y oenegés justicieras (comparar en Internet, por ejemplo, los textos de las Farc con los de Justicia por Colombia), nos visitaron la semana pasada en plan de boicotear la aprobación del TLC con Europa y el referendo reeleccionista. Y, ¡zas!, otra vez cayeron los medios en la celada. Los presentaron como Delegación del Estado Español. ¡Qué Estado español ni qué ocho cuartos! Vinieron los amigos de 'Remedios', que en Europa tienen tanto peso como decir en Colombia, por ejemplo, el diputado de Apertura Liberal de Vichada. Y, ¡qué coincidencia! El mismo día en que la bigornia española presentó su informe, el representante norteamericano McGovern salió a cantar en el mismo coro, pero desde Washington. Para información de los lectores, ese tipo nunca ha respondido a esta afirmación hecha por The Wall Street Journal (25/03/08): que él comanda el grupo de "demócratas (que) se oponen al TLC con Colombia porque simpatizan más con los terroristas de las Farc que con un aliado antiterrorista de EE.UU., (Colombia)". Jones, asesor de McGovern, apareció en los computadores como valido, calanchín y mercenario de 'Reyes'.

El Centro de Pensamiento Primero Colombia no se queda en lamentaciones sino que riposta, y duro. En febrero estará en Washington una delegación de 60 estudiantes. Y acaban de desembarcar nuestros sindicalistas, Franco y Cadavid, que enfrentaron en Bruselas, con éxito clamoroso, las mentiras e insidias de la CUT.

miércoles, 27 de enero de 2010

¿Violencia contra el sindicalismo?

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Enero 27 de 2010

Decir 'mamerto cascarrabias' es pleonasmo. Lo que 'mamó' e hizo ir a los M-19 del PC (y las Farc) fue, entre otras cosas, la cantaleta. En Jaime Bateman, biografía de un revolucionario se lee este comentario de Otty Patiño: "(...) lo estaban recriminando a uno por X o Y cosa que no había funcionado; todos eran de muy mal genio". Según Darío Villamizar (pág. 95), las discusiones internas tenían términos desobligantes, confrontaciones físicas y acusaciones recíprocas de 'traidor' y 'agente de la CIA'. Álvaro Delgado, en Todo tiempo pasado fue peor, refiere que miembros de la cúpula de la UP fueron secuestrados o asesinados por las Farc, con el visto bueno -o silencio cómplice- del PC. Del mal genio se pasa fácilmente al odio 'altruista' y a la violencia de 'clase'. En la cartilla de 'formación' para jóvenes comunistas hay esta frase del Che: "Es imprescindible por encima de todo mantener vivo nuestro odio y aumentarlo hasta el paroxismo. Odio como factor de lucha, odio intransigente al enemigo". ¡Eso es el pasado!, dirán. ¡No! Si quieren probar veneno terrorista actualizado, lean el proemio de las Farc -en su periódico digital Anncol- al escrito de Jorge Enrique Botero contra el suscrito, publicado el sábado 23 en este periódico. Si yo no mantuviera en mi cerebro altas dosis de suero antiofídico, habría caído sincopado.


EL TIEMPO (domingo 24) permite contrastar la realidad colombiana con la pintura que hacen los malgeniados. Dice un médico israelí (pág. 11): "(...) es magnífico trabajar codo a codo con su gente (colombiana). Son muy profesionales, muy juiciosos, hemos aprendido muchas cosas de ellos, deberían estar ustedes orgullosos". Se refería a la misión médica que está salvando vidas y paliando el dolor en Haití. ¿Cuál hubiera sido la versión mamerta? Gobierno derechista de Colombia, aliado incondicional en la invasión norteamericana a Haití, envió misión de espías disfrazados de médicos y bomberos.


Otro titular: "Los colombianos son los inmigrantes hispanos menos pobres en E.U. Tienen los mejores ingresos por familia, el menor nivel de pobreza y sobresalen por su educación". La versión mamerta sería: colombianos huyen al exilio por amenazas del Gobierno, trabajan tres turnos para mandar mendrugos a sus familias. Esos 'pobres vergonzantes' sólo tienen una esperanza de regreso, que las Farc y las fuerzas progresistas liberen a Colombia.


En la referida edición dominical apareció anuncio pagado escrito por plumas de la bigornia, un comunicado de Fecode (pág. 15), cuya virtud es dejarnos saber lo que piensan sin tener que imaginárnoslo o colegirlo. Lo primero que sorprende es el cúmulo de errores de ortografía y la arbitraria utilización de la puntuación en un documento de los profesores. La explicación es obvia: el libelo fue escrito por la cúpula sindical, ignorante y sectaria, que usurpa la representación de la base magisterial. Esa base es democrática, culta, uribista y 'ministerista' (o amiga de la ministra Vélez White); son maestros serios, que han formado a esa juventud que recibe elogios en E.U. y Haití, y que, seguro, son enamorados de la ortografía y de la sintaxis.


En el contenido, el panfleto 'fecodiano' es un bodrio politiquero y ultraizquierdista; publicidad electoral para los candidatos de Fecode (Vía Polo Democrático) a repetir período senatorial.


Y, claro, ¡déle con la cantaleta sobre la Colombia invivible! En el punto 4 condenan el asesinato del biólogo, profesor Jaime Bazante (Cauca), e insinúan que fue violencia estatal contra el sindicalismo. ¡Mentira! Fue un asesinato de las Farc contra un demócrata y uribista, que eso era el profesor Bazante. ¡Ah!, en Amazonas fue asesinado un profesor. ¡Sí! Pero no mientan, no dañen más a Colombia. Murió en una riña en Tabatinga. Con cuentos como esos fue como lograron una declaración contraevidente: que Colombia es el 'país más peligroso del mundo para los sindicalistas'.

miércoles, 20 de enero de 2010

Expropiar Éxitos y cosechar sequías

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogota

20 de enero de 2010

Marx, tipo ingenioso, escribió que la historia se repite, primero como tragedia y después como comedia. ¡Muy cierto! Lo que no imaginó fue que una historia podría ser tragedia y comedia al mismo tiempo. Casualmente, Marx, tan 'adoctorado' y dogmático, es protagonista del más hilarante sainete del siglo XXI, la Revolución 'bolivariana', que devino en tragedia con la imposición de un régimen marxista a un pueblo consumista, alérgico a las penurias económicas. ¡Sí! En Venezuela, la historia que comenzó como comedia, se volvió tragedia.

El bolivarianismo no es nada. Bolívar fue grande; el más grande de los latinoamericanos: escritor exquisito, pensador liberal, líder militar de epopeya. ¿Pero, revivir hoy a Bolívar como guía y faro? ¡Qué patanada! ¡Qué deschavete! Cuando el marxismo entró en barrena (1989), Chávez, 'Alfonso Cano' y la extrema izquierda latinoamericana desplazaron de su iconografía a Marx y Lenin para sustituirlos por Bolívar. 'Bolivarianismo' es el nuevo nombre del marxismo, dijeron. Disfrazar a Marx con la ropa de Bolívar era una idea absurda. Si ellos se hubieran encontrado en la vida, se habrían agarrado de las mechas. En 1858, Marx le escribió a Engels esta galanura: "Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón a Bolívar, el canalla más cobarde, brutal y miserable". Por su parte, Bolívar, de haber leído a Marx, habría escrito: "Su prédica tiránica, su persecución de las libertades y derechos -la propiedad privada, entre ellos- demuestran que el marxismo es la canalla más cobarde, brutal y miserable".

Chávez ordenó hace algunos años la unificación de todos sus secuaces en un solo partido, el PSUV. El Partido Comunista sacó pecho y pensó que todos se integrarían en torno suyo, dada la comunión de Chávez con sus principios. Pero el caudillo no quería árboles que le hicieran sombra. Primero intentó persuadirlos para que disolvieran al PC en el PSUV, con el argumento de que, aunque eran los mismos, el pueblo no le jalaba al marxismo pero sí al bolivarianismo; que más tarde, cuando hubiese condiciones, se quitarían todos el camuflaje y declararían su militancia marxista. Nada valió, y los comunistas se pararon en las cuatro. Chávez, furioso, hizo una declaración destemplada (2003), aunque nada sincera: ¡el marxismo es cosa del pasado! Hoy, cuando está casi solo, regresó humilde al redil, al Partido Comunista, y se declaró nuevamente marxista.

¡Claro que es marxista! La mejor demostración es la debacle venezolana. Sólo una administración marxista es capaz de apagar a una potencia energética. Chávez aduce que es la sequía. El científico Nassim Nicholas Taleb lo desmiente. Aun si cayera agua a cántaros, la principal hidroeléctrica, El Guri, funcionaría mal. Hay siete turbinas paradas por falta de mantenimiento; y lo mismo ocurre en las centrales térmicas. "Vamos para un apagón de varios años", es la apocalíptica predicción del científico.

Los marxistas -Chávez, Evo, Correa- no creen en el mercado y atiborran las gacetas con decretos intervencionistas, que terminan despelotando las economías. Y como la macroeconomía sólo se rige por una verdad, la ley de la oferta y la demanda, cada paso que dan contra los agentes económicos hunde más a sus países. Y, ellos, marxistas al fin y al cabo, se la montan y persiguen a los agentes, en lugar de rectificar sus principios absurdos contra el sistema de propiedad privada e iniciativa particular. Mientras tanto, bolivarianos de verdad, es decir, liberales como Clinton, Uribe o Piñera, dan garantías a la inversión, ven crecer sus economías y generan bienestar colectivo. Pero tranquilos, inversionistas del Éxito, Argos y demás damnificados en Venezuela. Tarde o temprano las aguas políticas y económicas volverán a su cauce. Allende quebró a Chile con la aplicación de su programa marxista, pero la posterior vigencia del derecho de propiedad y las leyes del mercado remediaron el caos. Eso es remedio infalible.

miércoles, 13 de enero de 2010

Trono moral (III)

Jose Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Enero 13 de 2010

Pongo sobre el tapete en esta tercera y última columna relativa al dominio del Trono moral, el trato laxo, casi amistoso, de nuestra justicia y de algunos medios de comunicación con los terroristas, versus la enérgica intransigencia de españoles y alemanes con la plaga, y, ¡ojo!, con cualquier señal, por mínima que sea, de contubernio con ella.

Mencioné al respecto el caso Alfonso Sastre, dramaturgo vasco procesado por ser apologista de Eta. Colombia debería dar el salto jurídico y perseguir, sin complejos, cualquier expresión 'comprensiva' con la guerrilla, y, ¿por qué no?, neutralizar esa campaña sistemática de desmoralización de la Fuerza Pública. ¿Puede permanecer impávido un Estado en la disputa por el territorio moral? ¿Puede renunciar a combatir al crimen?

Nadie -excepción hecha de los publicistas del terror- dirá que España no es una democracia porque persigue judicialmente las declaraciones pro terroristas de Alfonso Sastre. ¿Por qué, entonces, Colombia no puede castigar a los apologistas de las Farc? ¿Por qué no puede perseguir a quienes legitiman la 'lucha armada' (según ellos, 'conflicto social y político armado'), o la propaganda a favor del secuestro (o 'retención de prisioneros de guerra')? ¿Por qué dejar impune el discurso sobre la invencibilidad de la banda terrorista y la consecuente exigencia de rendición del Estado (o 'salida política negociada')? Jorge Enrique Botero, periodista, recorre el mundo haciendo apología de las Farc. Pero nuestra justicia y varios medios de comunicación le reconocen una extraña inmunidad que le garantiza impunidad. ¡Bueno...! No 'extraña'. Digamos, mejor, poderosa.

¡Ay de quien se atreva a preguntar por qué en España, a Sastre, sí; y en Colombia, a Botero, no! De inmediato le saltará a la yugular la bigornia, las 'ceciliasorozco' de El Espectador, o el director de noticias de una cadena radial de amplia audiencia, que es, a su vez, miembro de Colombianos y Colombianas por la Paz; o arremeterá en su contra un telenoticiero hebdomadario que es Uno y Trino cuando se trata de estigmatizar como fascista a quien denuncie a las bandas terroristas; o lo acriminarán desde un semanario, muy principal, que jura y perjura que los gobernadores colombianos se autodegüellan para hacer quedar mal a los 'beligerantes altruistas'.

En Caracas, Jorge Enrique Botero fue la vedette del Congreso del Movimiento Continental Bolivariano. Juzguen si las perlas que dijo (www.abpnoticias.com) son, o no, apología del delito de terrorismo: 1) Las Farc son invencibles. 2) (él) se mete en los lugares más recónditos para (...) dar a conocer objetiva y verazmente lo que sucede en los escenarios en los cuales se lleva adelante la lucha por conquistar la Nueva Colombia. 3) (expone) con claridad las mentiras que se vierten contra las Farc-ep a través de una muy efectiva campaña propagandística del imperialismo. 4) (asegura que) las Farc son una organización político-militar alzada en armas contra el Estado colombiano (...) ejército rebelde (...) inspirado por ideales y convicciones políticas e ideológicas, extendido por todo el territorio y que tiene una decidida vocación de poder (...) es un factor de poder en el país. 5) No es de ninguna manera una organización terrorista. 6) Yo puedo dar fe (declara con cinismo cómplice), porque he estado allí, de la condición de prisioneros de guerra que tienen los miembros de la Fuerza Pública actualmente en poder de la insurgencia. Personas que cayeron en poder de su adversario (...) mal se pueden llamar secuestrados. Son prisioneros de guerra.

Créanme, todo eso dice, y más: que las bondadosas Farc aceptan niños para que no estén por ahí solitos; que qué felicidad la de las mujeres por estar en filas y que qué espíritu monacal el de los respetuosos cabecillas, que ni las tocan con el pétalo de una rosa... ¿Hasta cuándo?

martes, 5 de enero de 2010

El trono moral (II)

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Enero 5 de 2010

Dije (29 de diciembre) que es necesario saber ocupar y defender el Trono moral; que el terreno moral de Colombia fue usurpado por la banda Farc hasta el 2002; que Uribe, con el concurso de muchos colombianos, particularmente las Fuerzas Militares y de Policía -con el Sena, son nuestras instituciones mejor calificadas-, recuperó ese terreno estratégico.

¿Por qué ideas tan atrabiliarias como las de las bandas supérstites, Farc y Eln, lograron arraigar hondo en los círculos intelectuales? ¿Qué pasó?

La respuesta supone escarbar raíces profundas y largas. Y, escarbando llega uno, ¿quién lo creyera?, al fundador de una doctrina esencialmente terrorista: Lenin. ¿Qué tiene que ver, me preguntarán, ese intelectual, ese ideólogo, con 'Jojoyes' y con degüellos de obispos y gobernadores?

Lenin, inexplicablemente (o, más bien, eso demuestra que fue el genio de los genios del mal), volvió de buena familia la idea de que el terror ejercido colectivamente por un partido es instrumento legítimo de acción política. No el terrorismo individual ejercido por los anarquistas (a su hermano, precursor de nuestros terroristas de Internet, porque él también "se comprometió a matar al Zar", le espetó los peores epítetos camino al cadalso). Lenin predicaba y defendía el ejercicio de la dictadura y del terror revolucionario contra la oposición, a la que consideraba (y sus discípulos consideran) siempre criminal. Para muestra, su ucase de noviembre de 1917: "La propaganda, o la agitación, o la participación en una organización, o la cooperación con organizaciones que tiendan a ayudar en lo más mínimo a la burguesía (...) pueden ser castigadas mediante la muerte o la cárcel".

Pues el fundador del Partido Comunista Soviético, que escribió tales cosas, aparece aún en los pénsumes como un intelectual cuyos puntos de vista "deben ser respetados aunque no sean compartidos". ¡Qué van a ser respetables unas ideas que son la base teórica y justificación de los genocidios nazi y comunista del siglo XX! ¡Qué respetable va a ser la idea de crear culpas colectivas (pertenencia a una clase social) y asignar responsabilidades penales por eso!

Pero lo curioso es que su esperpento conceptual, base del derecho penal soviético, fue también la premisa del derecho penal hitleriano: el delito no como conducta típica y antijurídica, sino la culpa colectiva de pertenecer al credo judío, o ser negro, o liberal. Lenin practicó la justicia de clase y Hitler la justicia de religión y raza. Es de puño y letra de Lenin esta instrucción: "Es necesario que apliquen instantáneamente el terror masivo, que fusilen (...) no debe perderse un minuto. Sin compasión, sin perdonar a nadie, mataremos a nuestros enemigos por decenas y centenares, incluso por millares y que se ahoguen en su propia sangre los burgueses". A Hitler lo defienden hoy unos pocos criminales lunáticos; a Lenin, y a sus epígonos (Stalin, Mao, Che, 'Marulanda', Camilo Torres), en cambio, les prenden veladoras en mil altares.

Un genio de la política, Churchill, fue el único que no les comió cuento. En Tiempos modernos (capítulo 2), Paul Johnson nos recuerda que dijo en el gabinete (1918) que era necesario capturar y ahorcar a Lenin y a Trotsky, expresiones de una nueva forma de barbarie política, ajena al derecho, a la costumbre, la diplomacia y el honor. En 1937 hizo igual prevención sobre Hitler.

¿De dónde viene la idea de que es bueno matar (burgueses) para que otros vivan mejor (proletarios)? ¿Por qué tan generosa nuestra justicia dictando órdenes de libertad para los que degüellan por motivos altruistas? Porque el leninismo conserva el dominio de parte de ese aparato (Justicia). ¡Ah!, también copó un sector del clero católico. La Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, por ejemplo, es leninista. Uribe, en cambio, abreva en las enseñanzas del Sermón de la Montaña. Por eso, entre otras razones, les supo arrebatar el Trono moral.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El trono moral

José Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Diciembre 30 de 2009

En Las 33 estrategias de la guerra, Robert Greene recomienda (ley 25) ocupar y defender el Trono moral. ¿A qué se refiere? En un mundo político, dice, la causa que se defiende debe parecer más justa que la del enemigo. ¿Lo hemos logrado los demócratas colombianos? La guerra del Estado y de la sociedad contra el terrorismo era permanentemente desacreditada. Si alguien reviraba, le llovían rayos y centellas. Atacar políticamente a las Farc y a sus apoyos políticos, el PC3 y el Movimiento Continental Bolivariano (a propósito, qué extraordinaria disección de ese engendro hizo ayer en este diario Rafael Guarín), era fascismo. Un alienígena que hubiera aterrizado en la Colombia del 2002, si hubiese leído la principal revista y a múltiples columnistas de la época, hubiera creído que nuestro trono moral lo ocupaban las Farc y que Uribe era el señor del averno.


Hemos librado ardua pelea por el trono moral. Lo ha hecho el Presidente, principalmente, aunque algo hemos ayudado otros. Como recomendó Green, tuvimos muy presente que había un terreno moral en disputa entre las Farc y el Estado. Hasta el ascenso de Uribe, poco se cuestionaban los "motivos" de las Farc. Incluso, era común el discurso que catalogaba como justos esos "motivos". Gobiernos anteriores se rindieron, abandonaron ese terreno, el trono. Por eso, las Farc llegaron a tener una base de apoyo político que les permitió disfrutar por más de tres años del Caguán; por eso tuvieron margen de maniobra para construir un aparato político como el Movimiento Continental Bolivariano; y multitud de oenegés farosas dominaron el espectro mediático, condenando a Colombia en foros internacionales y alabando la justicia de la causa de los terroristas. Las Farc controlaron el trono moral por décadas, no cabe duda.


Este gobierno, y esa es una de las principales diferencias con los anteriores, siguió fielmente la regla de Green: "Cuando caigas bajo el ataque moral de un enemigo astuto, no te quejes ni te enojes: pelea fuego contra fuego". Una batalla reciente, todavía presente en nuestra retina, fue el combate mediático por el asesinato aleve del Gobernador de Caquetá. ¡Qué muenda la que recibieron los terroristas! Intentaron revirar, pero qué aislamiento y qué soledad en la que están.


Cuando el trono moral lo ocupan los asesinos, suelen ellos regalarse en navidad, impunemente, cantidades ingentes de sangre. El dios Minotauro pide cada año siete doncellas núbiles y siete mozos esbeltos. Este diciembre, nuestro monstruo, carnívoro insaciable, hizo entrar al laberinto del sacrificio a tres dirigentes sociales de Curvaradó, a un gobernador de departamento, a varios concejales, soldados y policías. Detrás de los carniceros y cuchilleros van los amoladores. Plumas pervertidas, intentaron el imposible milagro de convertir la sangre en vino y cantaron loas a los decapitadores y torturadores. La respuesta fue un cerco del Estado, férreo, y sus actos no quedarán impunes. Pero campean libres los que lanzan los petardos verbales, las frases almibaradas que producen para el Secretariado de la banda terrorista. Son intelectuales depravados, que siguen reclamando con desesperación el perdido trono moral.


Antes, cuando las fieras atacaban, miles de voces los absolvían y justificaban. Basta recordar El Nogal. Hoy ,la cosa ha cambiado: hubo un tímido artículo de Semana (que pretende que el Gobernador de Caquetá se suicidó y fue responsable de su propia muerte) y algunos gorjeos de articulistas. Francisco Gutiérrez, en El Espectador, pretendió que denunciar a los cómplices de la banda terrorista es persecución fascista; Pedro Medellín, en EL TIEMPO, alabó la capacidad "militar" de las Farc, quienes con un degüello sádico "recuperaron diez años de historia de los treinta que les había arrebatado la Seguridad Democrática".
¡Ahí amanece y no lo prueba!

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Manuel Moya y Graciano Blandón

Jose Obdulio Gaviria

El Tiempo, Bogotá

Diciembre 23 de 2009

Si hubo suspenso en el cumplimiento del designio asesino, fue referente al cómo, al cuándo y al dónde. Quiénes iban a morir, estaba cantado.

Un grupo armado, del que la Corte Suprema de Justicia dice que obra con propósitos altruistas y un ex candidato presidencial predica que "mata para que otros vivan mejor" -las Farc-, tiró una granada sobre las pobres humanidades de Moya y Blandón. Destruyeron sus cuerpos y llenaron de dolor las almas de quienes bien los queríamos.

¿Por qué los mataron? Porque ganaron las elecciones en el Consejo Mayor de Curvaradó. Con los aires libertarios que les llegaron en el 2002, Curvaradó se rebeló contra unas oenegés esclavistas que les imponían todo, principalmente la simpatía con la antipática guerrilla. Moya aseguró en una intervención en el Congreso de la República que ciertas oenegés pretendían hacerlos vivir en guetos con el nombre de 'Comunidades de Paz', vedados a la Policía y al Ejército, pero activos centros de reclutamiento de las Farc.
Cuando dijo guetos, ¡dijo guetos!: alambradas que impedían salir libremente y neutralizaban la llegada de gentes que no fueran Farc o amigos de las Farc. Moya, Blandón y la mayoría de su comunidad no querían neutralidad, sino presencia militar del Estado; y votar en las elecciones y denunciar en la Fiscalía a las bandas terroristas. Hace poco (octubre), Moya y Blandón ganaron las elecciones para el Consejo de Curvaradó. Fue un triunfo amargo. Quizá hubiese sido mejor que los hubiesen derrotado los violentos.
Moya y Blandón me visitaron en la Casa de Nariño. Recuerdo sus miradas de asombro ante la belleza de los salones de protocolo y la reverencia con la que pasaron por la oficina del Presidente y el salón del Consejo de Ministros. Eran alegres, dicharacheros, pedigüeños para sus comunidades, enemigos declarados de los violentos -paramilitares, guerrilleros y mafiosos-. Estaban contentos, porque, con el nuevo Gobierno (2003), veían llegar nuevas cosas: el Sena, disfrutaban de los desayunos del ICBF, fluía la plata del programa Familias en Acción, se ampliaba la cobertura del Sisbén, había nuevos cupos escolares y entidades de cuya existencia ni sabían andaban tendiendo redes eléctricas y hasta dragando los caños.

Moya y Blandón se convirtieron en una piedra en el zapato para los predicadores de la lucha de clases y la violencia como medio de imponer sus ideas en Curvaradó. Sus últimos días fueron un infierno de calumnias y amenazas. Una oenegé que alega ser canadiense -PASC - Proyecto de Acompañamiento y Solidaridad con Colombia-, cuyo lenguaje tiene un sospechoso parecido con el de la Coordinadora Continental Bolivariana o el de la Comisión Inter Eclesial Justicia y Paz, se la montó. Viaja por la web el documento que expidió PASC en septiembre. Hoy suena como la lectura de una pena de muerte. Afirman, haciendo eco a las Farc, que en Colombia hay un masivo desplazamiento forzado, por obra de la presencia entre las comunidades del Ejército Nacional y de las tropas paramilitares. Moya y Blandón, en cambio, aducían como causa de todos sus males la presencia de las Farc y la actitud cómplice o alcahueta que las oenegés negreras querían imponerles.

En documentos varios, de manera sibilina, ciertas oenegés dieron a entender que si en octubre Moya y Blandón conquistaban las mayorías de su comunidad, desconocerían el resultado, les negarían su representación y los tratarían como al enemigo paramilitar.

Efectivamente, así los trataron este 17 de diciembre, el mismo día en que llegó la negativa oficial de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a prestarles medidas de protección. Las autoridades colombianas, como Moya y Blandón eran buenas personas, tampoco les dieron esquema de protección, el que sí les han dado a las oenegés que se propusieron acabarlos. Paz en su tumba.