Mostrando entradas con la etiqueta Moisés Naím. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Moisés Naím. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de marzo de 2010

Obama, el fracasado

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Marzo 21 de 2010


Todo le va mal. La reforma sanitaria, que fue una de las principales promesas de Obama, fracasó. Nadie la quiere. La economía también va mal. Salvó a los ricachones de Wall Street de la bancarrota mientras dejaba que los pobres perdiesen sus viviendas y creó así una fuente de feroz resentimiento entre sus propios partidarios. El desempleo sigue alto y el déficit público, la deuda exterior y la dependencia financiera de China se ciernen como graves amenazas. Esto impone limitaciones al presupuesto del Pentágono y, por lo tanto, a la hegemonía militar del país. La brecha entre republicanos y demócratas se profundiza cada vez más, lo que dificulta construir las coaliciones políticas necesarias para aprobar leyes indispensables.

Internacionalmente las cosas tampoco van bien. Obama transformó la insurrección de los talibanes en Afganistán en un amplio conflicto bélico, que además extendió a Pakistán, y corrió así el riesgo de desestabilizar los precarios equilibrios políticos de esta potencia nuclear. Una guerra que era de Bush es ahora la guerra de Obama. Su discurso en El Cairo, en junio del 2009, en el que proponía una nueva era de iniciativas que condujeran a la paz en Oriente Próximo y una nueva relación de su país con el islam y el mundo árabe creó enormes expectativas positivas que, en menos de un año, la realidad ha desbaratado.

Su intento de buscar un diálogo constructivo con Irán también fracasó y ahora de lo único que habla Estados Unidos con sus aliados es del alcance y la ferocidad de las sanciones que van a imponer a Irán si no desiste de su propósito de producir bombas atómicas. Los chinos también andan descontentos con un Obama que vende armas a Taiwán y recibe al Dalái Lama y con el que no pudieron llegar a ningún acuerdo en Copenhague sobre cómo luchar contra el calentamiento global. Y los líderes europeos también están desilusionados. Sienten que Obama es distante y no los toma, ni a ellos ni a su continente, en serio.

En fin, a Obama le va mal en casi todo y seguramente no será reelegido. Al igual que Jimmy Carter, será presidente por tan solo cuatro años y después se dedicará a la filantropía, a escribir libros y dar conferencias. Obama ha fracasado.

Este es, en cambio, el mundo que ven los aliados de Barack Obama.

Era absolutamente imposible mantener las estratosféricas expectativas que tenía la gente dentro y fuera de Estados Unidos acerca del nuevo presidente. Aun así, y a pesar de la caída de los índices de popularidad, cerca de la mitad de los estadounidenses siguen apoyando la gestión de Obama. Esto lo coloca entre los presidentes del mundo que más apoyo tienen de sus ciudadanos. La economía sigue débil, pero ya no está al borde del precipicio. El desempleo sigue alto, pero se ha estabilizado y los expertos calculan que seguirá declinando. Salvar a los bancos tuvo enormes costes políticos, pero evitó el colapso del sistema financiero, lo cual hubiese tenido pavorosas consecuencias para todos.

La reforma sanitaria implica tocar poderosos intereses, empresariales y sindicales, que suponen ingresos anuales equivalentes al 16 por ciento de la economía estadounidense. Esto explica por qué durante décadas nadie había logrado reformar el sistema. Pero, de una manera u otra, Obama logrará que se aprueben reformas que, si bien serán insuficientes, significarán un avance.

A nivel internacional, Obama cumplió con su promesa de buscar acuerdos, compromisos y distensión con países con los que había heredado fricciones sin precedentes. Lamentablemente ha habido pocos avances. Pero, ¿es solo de Obama la responsabilidad de que personajes como Ahmadineyad, Castro, Chávez, Kim Jong-il, los líderes de Hamás y Hezbolá, Bibi Netanyahu y otros, hayan rechazado o jugado con sus ofertas de acercamiento y negociación? Sus críticos aducen que fue una ingenua novatada de Obama el suponer que estos interlocutores son capaces de entender que un acercamiento no es una señal de debilidad. Pero está aprendiendo.

Mientras aprende, sus rivales políticos se consumen en conflictos irreconciliables. Para que Obama sea derrotado en las próximas elecciones, los republicanos deben encontrar un candidato aceptable tanto para los fundamentalistas religiosos, como para los halcones de la política internacional y los conservadores de la economía. Y que, además, sea atractivo para el resto de los ciudadanos. Es por eso por lo que, por ahora, lo más seguro es apostar a que Obama será reelegido. Por ahora.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 7 de marzo de 2010

Tramposos, hipócritas y mentirosos

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Marzo 7 de 2010



Estamos acostumbrados a que los políticos nos mientan. O que nos digan una cosa y hagan otra. En algunos países los gobernantes no parecen incurrir en mayores costos cuando mienten, o cuando prometen lo que todos saben que no se cumplirá o describen la realidad de maneras que nada tienen que ver con lo que de verdad sucede. Estas son tendencias universales y son excepcionales los países en los cuales esto no ocurre. Pero es peligroso acostumbrarse tanto. Esta tolerancia ha hecho que en algunos países la complacencia del público con las flagrantes mentiras de los gobernantes o con la hipocresía de los políticos alcanza niveles insólitos. Nos hemos acostumbrado tanto a que nos mientan que ya no nos importa; es parte de un juego en el que todos participamos. Los gobernantes mentirosos saben que sabemos que nos están mintiendo y que, o no nos importa, o no hay nada que podamos hacer al respecto. Cuentan también con el hecho de que la mayor parte de la población no presta mucha atención a lo que dicen, y que quienes sí prestan atención tiene la memoria corta.

En todo esto juegan un rol crítico los medios de comunicación, y la buena noticia es que las nuevas tecnologías como Google o YouTube facilitan el recuento de las promesas incumplidas, las mentiras y las contradictorias posiciones de gobernantes y políticos. Siempre y cuando esos líderes no tengan el control de los medios, incluyendo Internet. O que a la población le importe que le mientan.

Los ejemplos sobran y en cada país -y continente- se pueden hacer largas listas de las mentiras gubernamentales o de los políticos que engañan haciendo trampas con el idioma. América Latina, por ejemplo, es una fuente inagotable de hipocresía gubernamental.

Hace poco, en Cancún, los presidentes latinoamericanos crearon una nueva organización que quizás se llame Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Sus integrantes son todos los países del hemisferio menos Estados Unidos, Canadá y... Honduras. ¿Por qué no Honduras? Porque su nuevo gobierno, elegido en un proceso que nadie objeta, es el sucesor de un gobierno que derrocó a un presidente democráticamente electo. Pequeño detalle: Cuba, ese bastión de la democracia, es miembro de la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos. Cuba, sí; Honduras, no. ¿No les da vergüenza? Otro pequeño detalle: esa reunión, convocada con el nombre de la Cumbre de la Unidad (¿será por eso que no se invitó a E.U.?) incluyó violentos intercambios de insultos entre los presidentes de Colombia y Venezuela y mostró que hay más unidad entre muchos países de la región con E.U. que entre ellos mismos.

La nueva organización incluye entre sus principios fundacionales "promover el respeto al derecho internacional". Este sagrado principio fue aclamado por los mismos presidentes que no dijeron absolutamente nada cuando uno de ellos, Hugo Chávez, un día decidió prohibir, arbitraria y unilateralmente y en contra de todas las normas del derecho internacional, el comercio entre su país y Colombia. El embargo aún se mantiene y las empresas brasileñas lo han aprovechado para quitarles el mercado venezolano a los exportadores colombianos. ¡Viva la unidad!

En las reuniones del Grupo de los 20, la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, truena contra las manipulaciones y la falta de transparencia del sistema financiero internacional. Tiene razón. Pero que esto venga de una presidenta cuyo país ha caído al foso de la lista de los países más corruptos del mundo, compilada por la organización Transparencia Internacional, es una deliciosa ironía que no parece importarle. Para ella esta contradicción no tiene consecuencias. "No se puede juzgar a un país o la actitud de un gobernante en función de la actitud de un ciudadano que decide empezar una huelga de hambre", dijo el presidente Lula da Silva minimizando la muerte del cubano Orlando Zapata, fallecido en la cárcel después de un prolongado ayuno en protesta contra las torturas y maltratos que allí sufrió. Lula aceptó que en su época de líder sindical había hecho huelgas de hambre, pero que "jamás" lo volvería a hacer. Sobre esto último, estoy seguro de que es sincero.

Sobre la sinceridad, vale la pena traer a colación a George Orwell: "La gran enemiga de la claridad en el lenguaje es la insinceridad... El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y que el asesinato parezca respetable...".

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 28 de febrero de 2010

El Plan B: 700 millones desean emigrar

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Febrero 28 de 2010


El 16% de la población mundial en edad adulta se quiere ir de su país. Esto quiere decir que 700 millones de personas, más que toda la población del continente americano, dejarían su país para siempre si tuviesen los medios para hacerlo. Estos son los resultados de una encuesta que llevó a cabo la empresa Gallup en 135 países entre 2007 y 2009. Los investigadores de Gallup aclaran que estas respuestas reflejan aspiraciones más que intenciones, y que sólo una fracción de quienes desean emigrar lo hacen. Pero, en todo caso, las fuerzas que empujan a cientos de millones de personas a desear abandonar su tierra son lo suficientemente potentes como para que, en muchos países, el cómo, cuándo y adónde emigrar se haya convertido en un tema recurrente de las conversaciones cotidianas.

Salvo en casos extremos, donde la guerra o la carestía material hacen que marcharse sea la única forma de sobrevivir, la emigración no es para todos. En general, quienes se aventuran a iniciar una nueva vida en otro país son los más jóvenes y educados. Sólo el 10% de quienes sueñan con emigrar tiene más de 35 años, mientras que el 22% tiene entre 15 y 34 años. El 40% tiene educación secundaria o superior y sólo un 11% no terminó la secundaria. Pero el principal factor que define a quienes desearían mudarse a otro país es que tienen familiares y amigos que ya emigraron y con quienes se mantienen en contacto. Gallup encontró que el 59% de quienes respondieron que les gustaría emigrar tienen o han tenido en los últimos cinco años un familiar viviendo en otro país, mientras que sólo el 13% no tiene a nadie en el exterior con quien pueda contar.

"¿Cuál es tu Plan B?" es una pregunta que en muchos países se hace con una trágica naturalidad. Todos saben que el Plan B significa irse del país. En Venezuela, Guatemala, Nicaragua o Ecuador, prepararse para la triste pero inevitable contingencia de tener que emigrar cuando la ya precaria situación se haga invivible forma parte de la experiencia de la clase media. Si bien la mala situación económica y la falta de oportunidades son fuertes motivaciones para emigrar, cada vez más la inseguridad personal -los frecuentísimos robos, secuestros y asesinatos- se convierte en el detonante de la decisión de abandonar la patria. "Estoy dispuesto a no tener todo lo que me gustaría tener", me dice Arturo, un joven profesional guatemalteco, "pero no quiero vivir con miedo de salir a la calle. Por eso me fui". Elena, que es venezolana, ingeniera industrial y la primera persona de su familia que obtuvo un título universitario, me cuenta que decidió emigrar después de que la violasen... por segunda vez. "La primera vez fue muy traumática, pero decidí que no les daría el poder de cambiarme la vida. Me mudé de Maracaibo a Caracas. Un año después, saliendo del cine con mi novio, nos hicieron un secuestro express; nos tuvieron en un carro toda la noche obligándonos a sacar dinero de los cajeros automáticos, me violaron varias veces y a mi novio le dieron una terrible paliza. Eran militares. Pocos días después me fui a Miami, donde sigo ilegal, trabajo como camarera y vivo en un cuarto alquilado. No volveré más nunca". Hace pocos días, Javier Aguirre, el entrenador de la selección mexicana de fútbol, anunció en una entrevista que se iría del país porque vivir en México se le hacía intolerable debido a la inseguridad.

Arturo, Elena y Javier Aguirre son el tipo de gente con la cual se construye una sociedad decente y próspera. ¿Decidieron ellos irse o su país los expulsó? No importa. El hecho es que sus respectivos países ya no cuentan con su talento. Y lo que más importa es que millones como ellos están pensado en irse, y que esos sueños de emigración atenúan su compromiso con su nación y acortan su horizonte temporal. Quienes piensan en emigrar no tienen muchas razones para tener proyectos de largo plazo en un lugar que quizás abandonen. Éste es el empobrecedor proceso que transforma a los ciudadanos de un país en meros habitantes de su territorio. Y cuando un país tiene más habitantes que ciudadanos, su futuro no puede ser bueno.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 21 de febrero de 2010

¿Por qué tantos terroristas son ingenieros?

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Febrero 21 de 2010

¿Cuál cree usted que es la principal causa del terrorismo islámico? a) la pobreza; b) la injusticia; c) la falta de democracia; d) desesperanza; e) el conflicto palestino-israelí; f) la religión; g) no se sabe.

La respuesta correcta a esta pregunta es tan importante como sorprendente. Es importante porque hasta que no entendamos las causas del terrorismo islámico será imposible buscarle soluciones. Y es sorprendente porque, en realidad, no es mucho lo que se sabe acerca de las razones por las cuales una persona decide suicidarse masacrando a inocentes. Así, la respuesta correcta a la pregunta es la g) no se sabe.

Si las causas del terrorismo fuesen la pobreza y la desigualdad, el mundo estaría lleno de terroristas brasileños. Y si la democracia fuese un antídoto eficaz, India, que es la mayor democracia del mundo, debería sufrir menos atentados que dictaduras como China o Libia. Pero no es así. Las democracias son más vulnerables a los ataques terroristas que los regímenes autoritarios. Y si la causa fuese el conflicto entre israelíes y palestinos, ¿por qué los terroristas suicidas en Afganistán destruyen escuelas de niñas, o algunos sunitas en Irak se transforman en bombas humanas que estallan en un mercado lleno de chiitas?

La religión tampoco ofrece una explicación satisfactoria. Jessica Stern, una investigadora de Harvard, reporta que el gobierno de Arabia Saudí ha interrogado acerca de sus motivaciones a miles de terroristas capturados. La abrumadora mayoría no había tenido una educación religiosa extensa y su comprensión del islam era muy limitada. El 25 por ciento de los participantes en programas de rehabilitación de terroristas en Arabia Saudí tiene antecedentes criminales y sólo el 5 por ciento había llevado una vida religiosa activa. En general, es poco lo que se sabe de manera irrefutable sobre los orígenes de los terroristas o sobre su perfil psicológico. Excepto que muchos de ellos son ingenieros.

Esta es la sorprendente conclusión de un artículo publicado recientemente en European Journal of Sociology, titulado 'Por qué hay tantos ingenieros entre los islamistas radicales'. Diego Gambetta y Steffen Hertog destacan que "entre los islamistas radicales violentos, los ingenieros están sobrerrepresentados entre tres y cuatro veces más que otros profesionales". Los autores estudiaron los antecedentes de más de 400 miembros de grupos violentos de radicales islámicos en más de 30 países de Oriente Próximo y África. No sólo confirmaron los resultados de investigaciones previas, que habían encontrado que los terroristas suelen tener mayores ingresos y más educación que el promedio de su país, sino que descubrieron que el 44 por ciento de los violentos eran ingenieros o estudiantes de ingeniería. En los países de procedencia de los individuos estudiados, los ingenieros son muy escasos: representan el 3,5 por ciento de la población. Pero en los grupos terroristas islámicos constituyen casi la mitad del total. La segunda área académica más frecuente en la muestra analizada es la de estudios islámicos, seguida por medicina, ciencias y educación -cada una de estas alcanza tasas muy inferiores al 44 por ciento de ingenieros-. Más, entre los terroristas islámicos nacidos y criados en países occidentales, el 60 por ciento tiene estudios de ingeniería.

¿Cómo se explica este fenómeno? Gambetta y Hertog examinan y rechazan varias hipótesis, incluyendo la posibilidad de que las destrezas de los ingenieros los convierta en un blanco más atractivo para quienes reclutan terroristas, o que incluso esto sea simplemente un accidente histórico. Los investigadores concluyen que las causas de la desproporcionada presencia de estos profesionales se debe a la interacción de lo que llaman la "mentalidad" de los ingenieros con ciertas condiciones socioeconómicas prevalentes en países islámicos. Según ellos, la ingeniería atrae a individuos que prefieren respuestas claras y modelos mentales que minimizan la ambigüedad. En las universidades estadounidenses, por ejemplo, la probabilidad de ser al mismo tiempo religioso y conservador es siete veces mayor en las escuelas de ingeniería que en las de ciencias sociales. Gambetta y Hertog argumentan que hay mucha afinidad entre la estructura mental de los ingenieros y las ideas que nutren a los terroristas radicales islámicos. Esta tendencia interactúa y es potenciada por el hecho de que los ingenieros, inteligentes y profesionalmente ambiciosos, chocan y se radicalizan al enfrentarse con el estancamiento económico, falta de oportunidades para los jóvenes y la represión política comunes en países islámicos.

La explicaciones son controvertidas. Lo que no es controvertido es que entre los terroristas islámicos hay muchos ingenieros. Como tampoco lo es que sobre los terroristas islámicos hay muchas anécdotas, prejuicios y generalizaciones estereotipadas, pero pocos datos científicamente defendibles.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 14 de febrero de 2010

Hablemos de guerra

Moisés Naím

El Tiempo, Bogotá

Febrero 14 de 2010

Cada febrero, mientras en Davos se habla de dinero, en Múnich se habla de guerra. Desde hace más de 40 años, los principales magnates de los negocios van a Davos (Suiza) a encontrarse con sus pares de todo el mundo. También desde hace casi medio siglo, los magnates de la guerra suelen reunirse en la ciudad alemana de Múnich. Ministros de Defensa y cancilleres, generales y almirantes, jefes de los servicios secretos y expertos en inteligencia militar, científicos y -no podían faltar- los directivos de las más importantes industrias bélicas asisten cada año a la Conferencia de Seguridad de Múnich, el foro más importante del mundo en estos temas.

La reunión es una buena oportunidad para husmear por dónde andan las preocupaciones de quienes toman las decisiones de paz y guerra en el mundo -sin que nos las tomemos demasiado en serio, por supuesto-. Al igual que los empresarios y economistas que van a Davos no vieron venir la crisis económica, los expertos en seguridad reunidos en Múnich en el 2001 fueron tan sorprendidos por los ataques terroristas del 11-S como cualquier otro mortal. En todo caso, los temas dominantes en la reunión y las conversaciones de los pasillos al menos reflejan en qué están pensando estos influyentes personajes. "China, China y más China", me dijo un alto funcionario, a quien le pregunté cuál había sido la cuestión más relevante de la reunión. "Y, claro, Afganistán, Irán y terrorismo también son preocupaciones importantes, pero en todos estos temas ahora China es un actor que no puede ser marginado de las conversaciones y los cálculos. Y ellos lo saben y se les nota que lo saben. Hasta su lenguaje corporal es distinto."

La figura central de la reunión este año en Múnich fue Yang Jiechi, el canciller chino, quien aseguró a los participantes que su país será una fuerza positiva en el mundo y contribuirá a la paz, siempre que exista lo que describió como "un espíritu de cooperación". Esto le sirvió de telón de fondo para lamentar, como no podía dejar de hacerlo, la masiva venta de armas estadounidenses a Taiwán. El ministro también reiteró que la prioridad de su país no puede ser otra que la de sacar a la gran mayoría de sus compatriotas de la profunda pobreza en la que aún están sumidos.

Si bien es obvio que el desarrollo económico es la prioridad de China, esto no quiere decir que el gigante asiático esté descuidando su poderío militar. Tiene las fuerzas armadas más numerosas del planeta (2,25 millones de efectivos, o el equivalente al 0,17 por ciento de su población). Le siguen Estados Unidos (1,5 millones de efectivos o el 0,5 por ciento de sus habitantes), India, Corea del Norte y Rusia. Claro que el poderío militar depende tanto o más del dinero y la tecnología como del número de efectivos militares. El gasto militar de E.U. equivale al 50 por ciento del total de lo que gasta el resto del mundo. China y Rusia representan el 8 y el 5 por ciento, respectivamente, del total mundial. Solo 25 países, casi todos los de Oriente Próximo, tienen un gasto militar que, en proporción al tamaño de su economía, es mayor que el de Estados Unidos. La superpotencia es también el principal vendedor de armas: controla el 68 por ciento del total mundial.

Sin embargo, como sabemos, estas enormes cifras no han sido suficientes para derrotar a los enemigos más amenazantes de Estados Unidos. Al Qaeda, talibanes y piratas somalíes están en la mente de todos los que se ocupan de la seguridad. Al Qaeda, debilitada y con muchos de sus líderes muertos, inhabilitados o capturados, no ha dejado de ser una amenaza. Y es una amenaza más por su capacidad para inspirar a individuos o pequeños grupos a actuar por su cuenta, emulando a otros terroristas islámicos, que por su capacidad para actuar de manera coordinada y centralizada.

Por su parte, los talibanes han obligado al ejército más grande y tecnológicamente avanzado del mundo a buscar alternativas de diálogo y concertación, ya que resulta obvio que su derrota militar es imposible o demasiado onerosa en vidas y costes. Los piratas que operan en el Golfo de Adén siguen haciendo de las suyas, a pesar de tener que enfrentar la flota multinacional más sofisticada de nuestro tiempo.

Durante las últimas tres décadas, los conflictos armados entre países han venido disminuyendo. En cambio, las guerras civiles, insurgencias, rebeliones y todo tipo de enfrentamientos entre actores que no van a reuniones como las de Múnich han aumentado. Estos conflictos, y no una China en ascenso, continuarán siendo la principal amenaza a la paz mundial.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 7 de febrero de 2010

Davos en píldoras

Moisés Naím

El Tiempo, Bogotá

Febrero 7 de 2010

La reunión del Foro Económico Mundial que se lleva a cabo anualmente en Davos (Suiza) suele generar un torrente de comentarios. Para algunos, los temas y el ambiente en Davos son un barómetro de hacia dónde va el mundo. Para otros, Davos es una frívola convención de grandes egos que suelen equivocarse. La realidad, como siempre, se sitúa entre estos extremos. En todo caso, estas son algunas de las impresiones que me he llevado de Davos este año.

Los no-global están de moda. Cada año los manifestantes antiglobalización protestan contra el Foro de Davos. Este año estaban dentro del centro de convenciones y los lideró Nicolás Sarkozy. El discurso del presidente francés incluyó frases sacadas directamente de las pancartas de los manifestantes. Y no fue sólo Sarkozy. Los mea culpa, las denuncias contra situaciones inaceptables -de la pobreza a la depredación ambiental-, la necesidad de un capitalismo sostenible y más justo fueron frecuentes. Creo que veremos ciertos progresos en este sentido. Lástima que serán menos de lo prometido y menos de lo necesario.

¡Banqueros a la cárcel! El pueblo enfurecido, banqueros torpes y la derrota de su partido en las recientes elecciones en Massachusetts llevaron al presidente Barack Obama a adoptar una actitud mucho más agresiva hacia los bancos. Estos reaccionaron movilizando su enorme influencia política y tratando de persuadirnos de que las reformas de Obama pueden desencadenar otra recesión. La necesidad de reformar el sistema financiero es obvia. Pero ahora las reformas serán adoptadas dentro de un ambiente donde los políticos son acusados de populistas y los banqueros, de agiotistas. Hace tan sólo unas semanas era inimaginable que una elección local en Massachusetts pudiese tener tanto impacto en Davos y en el mundo.

No hay nadie a cargo: una de las angustias más comunes que detecté es que mientras los problemas crecen y se multiplican, la capacidad de enfrentarlos parece declinar. La maquinaria para la toma de decisiones está trabada en todas partes. Pocos creen que Naciones Unidas u otros organismos multilaterales saben lo que hacen o tienen los recursos necesarios para actuar eficazmente. Las grandes potencias también parecen paralizadas. El G-8 es una reliquia y su sustituto, el G-20, está plagado de divisiones. El fracaso de Copenhague es solo un síntoma de un mundo condenado a tener que actuar colectivamente en muchos ámbitos y que no sabe cómo hacerlo. La tragedia de Haití, presente en Davos, simboliza emergencias donde por no haber nadie a cargo, la solidaridad mundial conduce a un caos de descoordinación y de muertos que se hubiesen podido salvar.

El problema del 10 y 10. Tasa de crecimiento promedio de la economía china: 10 por ciento. Tasa de desocupación en Estados Unidos: 10 por ciento. El que China crezca a una tasa de dos dígitos es bueno para los chinos y para el mundo. Que ese crecimiento sea a costa de una alta tasa de desocupación en otros países es una posibilidad cuyas repercusiones para la estabilidad económica y política de la humanidad son espeluznantes. Es importante desvincular en la realidad -y en nuestro imaginario colectivo- que el éxito económico de China empobrece a los trabajadores del resto del mundo.

Mucha China, poca América. La presencia estadounidense en Davos es siempre abrumadora: gobernantes, congresistas, políticos y de vez en cuando hasta Angelina. La visibilidad del resto de las Américas en la reunión es siempre limitada. Este año el Gobierno y los políticos estadounidenses brillaron por su ausencia -salvo contadas excepciones como Lawrence Summers, el principal asesor económico de Obama- y en vez de Angelina estuvo Bill Clinton.

China, en cambio, mandó un enorme contingente de funcionarios de muy alto nivel. Muchos son tecnócratas que combinan buena formación académica con experiencia burocrática en su país. Es evidente que son muy duchos en navegar por las trampas y oportunidades que China enfrenta en todo foro internacional. Pero ser una potencia no es gratuito y las reacciones a la influencia china ya se notan.

La vasta admiración por China se combina con una creciente ansiedad acerca de su poder y de incertidumbre acerca de su capacidad para mantener su rápida expansión. Ojalá que la gran visibilidad de China en Davos no sea un presagio de algún accidente que la desestabilice. No sería la primera vez que un país que es demasiado festejado en Davos se desbarranca poco tiempo después.

domingo, 31 de enero de 2010

Chile, Ucrania y Massachusetts

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Enero 31 de 2010

Es difícil imaginar tres lugares más diferentes. O tres personas más distintas que Sebastián Piñera, Víctor Yanukóvich y Scott Brown. Los tres acaban de tener victorias electorales que no sólo tendrán importantes consecuencias para su país, sino que repercutirán en el resto del mundo.

Piñera ganó la presidencia de Chile el mismo día que Yanukóvich sacó una enorme ventaja en las presidenciales de Ucrania, pasando así a competir, el 7 de febrero, en una reñida segunda vuelta contra Yulia Timoshenko, la actual primera ministra. En Massachusetts, un Estado donde los miembros del partido demócrata son tres veces más numerosos que los republicanos, Scott Brown, un desconocido político republicano, fue elegido senador para ocupar el escaño que desde 1962 fuera del recién fallecido Ted Kennedy.

La política es siempre local y las preferencias de los votantes reflejan circunstancias muy específicas. En Chile, la popularidad de la presidenta Michelle Bachelet no bastó para compensar la fatiga de los votantes después de 20 años de gobierno de una misma coalición. Con Sebastián Piñera, la derecha chilena gana las elecciones presidenciales por primera vez en medio siglo.

En Ucrania, la sorpresa es que el actual presidente, Víctor Yúshenko, famoso por su protagónico rol en la revolución naranja, por su frontal confrontación contra Vladímir Putin y por su cara desfigurada por un misterioso envenenamiento con dioxina, sólo sacó 5,45 por ciento de los votos. El colapso económico del país, y el hecho de que el 81 por ciento de los ucranianos opinan que su país va mal encaminado, explican el repudio a Yúshenko, hasta hace pocos años el político más popular del país. "¡Hoy marcamos el fin del poder naranja!", declaró Yanukóvich al conocer su victoria.

Dos días después, en el otro lado del mundo, Scott Brown también celebraba una victoria histórica: por primera vez desde 1972 un republicano era electo senador por Massachusetts. De acuerdo con una encuesta de The Washington Post, los votantes de Massachusetts también están insatisfechos con la dirección en la que marcha su país, rechazan el activismo del Gobierno central y no apoyan las reformas del sistema sanitario que propone el partido demócrata. Un 65 por ciento de quienes votaron por Brown dicen haberlo hecho para expresar su oposición a la agenda de los demócratas que ahora mandan en Washington. Tanto Barack Obama como los líderes de su partido oyeron esta protesta y están reaccionando. Y aquí comienzan las repercusiones internacionales de estas elecciones locales.

La crisis económica hizo indispensable la adopción de nuevas reglamentaciones para el sistema financiero. Pero la torpe conducta de Wall Street, en particular la avidez por enormes e injustificables remuneraciones para los ejecutivos, ha creado un ambiente muy favorable a reformas financieras que tienen más que ver con la necesidad de aplacar la justificada furia de una población castigada por la crisis que con la racionalidad económica.

Antes de la derrota, la reelección de Ben Bernanke para un segundo periodo como jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos era segura. Ahora, los senadores demócratas ya no están tan convencidos; sacar a Bernanke es una oportunidad para decirles a los votantes que sus protestas han sido oídas. Nada de esto ha sido tomado con beneplácito por los mercados financieros.

La bolsa de valores de Nueva York tuvo su peor semana desde octubre, en Europa las acciones de los bancos cayeron precipitadamente al anticipar los inversores políticas más hostiles hacia ese sector, mientras que en Asia la incertidumbre sobre el impacto de las reformas también ha desestabilizado los mercados.

Scott Brown nunca imaginó que su improbable elección tendría tantas consecuencias en la política de su país y sobre los mercados financieros mundiales.

Los resultados de la elección en Ucrania también repercuten mas allá de sus fronteras, en particular sobre su relación con Rusia. Cuando en el 2008 se planteó la posibilidad de que Ucrania se uniese a la OTAN, Vladímir Putin reaccionó amenazando con anexarla de nuevo a Rusia.

En dos oportunidades Rusia bloqueó el suministro de gas a Ucrania y, por lo tanto, a Europa. Ucrania apoyó con tropas y armas a Georgia durante la guerra del 2008. Y las fricciones por Crimea son enormes. Es evidente, por tanto, que para el Kremlin la desaparición política de Yúshenko es una buena noticia. Su candidato es Yanukóvich, pero, en vista de que Yulia Timoshenko también puede ganar, Putin ya ha explicado que "con ella se puede trabajar".

Finalmente, las implicaciones internacionales de la elección de Sebastián Piñera en Chile son tan importantes como obvias. Hugo Chávez, Evo Morales y la familia Kirchner las entienden bien. Ellos saben mejor que nadie que en estos tiempos todo se conecta de maneras sorprendentes. Por todos lados.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 24 de enero de 2010

Haití: cinco consideraciones

Moisés Naím

El Tiempo, Bogotá

Enero 24 de 2010

El 2010 quedará en la memoria como el año más trágico en la historia de Haití. También será el año en que más dinero llegará a ese país. Es imposible ver las imágenes que nos llegan y no sentir una inmensa necesidad de ayudar. Millones de personas en todo el mundo así lo están haciendo, al igual que sus gobiernos. Si bien estas reacciones son normales -recordemos la masiva respuesta al tsunami en el océano Índico- en este caso la ayuda se ha visto aún más potenciada por las nuevas tecnologías.

Las imágenes nos estimulan a reaccionar y las nuevas tecnologías hacen muy fácil ayudar. Por Twitter circula el mensaje "Escribe HAITI y marca 90999 en tu móvil para donar 10 dólares a la Cruz Roja". En pocas horas, un millón de personas en E.U. enviaron este texto, aportando así 10 millones de dólares que fueron cargados a sus cuentas telefónicas y transferidos a la Cruz Roja. Esta organización informa que los fondos que está recibiendo para Haití superan a los de otras catástrofes. Los aportes de gobiernos, instituciones internacionales y empresas también han sido instantáneos y masivos. Dinero, medicinas, comida, maquinaria y personal especializado no van a faltar. Lo que va a faltar es la capacidad para usarlos eficazmente. Desgraciadamente, la experiencia demuestra que también decaerá la voluntad de la comunidad internacional para mantener el apoyo a Haití una vez que los muertos estén enterrados, los huérfanos desaparezcan de las pantallas de televisión y los periodistas se hayan ido a cubrir nuevas tragedias.

Y esta es la segunda consideración: el dinero y la ayuda internacional son indispensables, pero no suficientes. Las toneladas de medicinas que se acumulan en el aeropuerto de Puerto Príncipe no sirven de mucho si no están conectadas a una red de distribución que las haga llegar a tiempo adonde hacen falta. Y esas redes de distribución no existen. El terremoto ha sido la estocada final a un sistema que ya había sido devastado por décadas de miseria, corrupción y desgobierno. Por eso, ayudar a Haití a tener la capacidad de ofrecerle los servicios básicos a su población -agua, electricidad, salud, policía, escuelas- es el verdadero reto post-terremoto. La reconstrucción de viviendas, escuelas, hospitales y oficinas de gobierno que se derrumbaron será difícil y costosa. Pero no tanto como la construcción de las instituciones que le den al país una mínima capacidad de funcionamiento.

La tercera consideración es que las organizaciones extranjeras que trabajan en Haití son a la vez beneficiosas y nocivas. Antes de esta última tragedia, la espantosa situación del país más pobre y disfuncional de las Américas ya lo había transformado en el destino prioritario para todo tipo de organizaciones no gubernamentales. David Brooks escribe en The New York Times que Haití es el país con más ONG per cápita en el mundo. Esto, por supuesto, es muy bueno. Lo malo es que no hay gobierno que las coordine y que la presencia de tantas entidades foráneas con más fondos, personal y capacidades que la propia administración local hacen aún más difícil la labor de gobernar. Un problema aún mayor es que no todas las organizaciones atraídas por el caos de Haití son instituciones benéficas. También han llegado los narcotraficantes. Haití se ha convertido en el lugar preferido para el transbordo de las drogas que van de los Andes a Estados Unidos. Algunos de los personajes que más influyen en la política y la economía haitianas residen en México y Colombia: son los capos de la droga. A ellos el terremoto no los ha afectado.

Cuarta consideración: Hay que ayudar a la República Dominicana. A veces los terremotos también producen tsunamis. Y el de Haití va a producir un tsunami de gente sobre la República Dominicana. Este país, más próspero y mejor gobernado que su vecino, es también muy pobre, y sus frágiles instituciones no son capaces de atender adecuadamente a la población. Inevitablemente, la catástrofe de Haití va a estimular aún más la emigración de haitianos a la República Dominicana, aumentando la presión social y las demandas sobre los ya desbordados servicios públicos. Descuidar a este país ahora puede empujarlo a una costosa crisis social y política.

La ultima consideración es que, a pesar de todo lo anterior, la comunidad internacional y los haitianos nos pueden dar una sorpresa. La comunidad internacional puede aprender de sus errores y aplicar las lecciones a lo que va a hacer en Haití. Los recursos, nunca suficientes, no serán tan escasos como lo han sido hasta ahora. Los haitianos y su dinámica diáspora pueden reconocer que esta tragedia ofrece una oportunidad única para cambiar la trayectoria de su país. Este escenario optimista es poco probable. Pero no es imposible.

* Editor de 'Foreign Policy'

lunes, 21 de diciembre de 2009

Debates indecentes

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Diciembre 20 de 2009

Los escépticos del cambio climático tienen generosos mecenas como la industria petrolera, gas y automotriz.

En 1953, las empresas tabacaleras publicaron en todos los periódicos estadounidenses una página titulada 'Nuestra franca declaración a los fumadores de cigarrillos'. Los mensajes del persuasivo texto eran que fumar no daña la salud y que esta afirmación tenía bases científicas. El director científico del Comité de Investigaciones de la Industria del Tabaco (CIIT) escribió en 1957 que "el problema de la causalidad de cualquier tipo de cáncer es complejo y difícil de analizar... A pesar de toda la atención puesta en la acusación de que fumar produce cáncer de pulmón, nadie ha establecido que el humo del cigarrillo o alguna de sus componentes cause cáncer en el hombre".

La estrategia central del CIIT era financiar a científicos que pusieran el énfasis en la diversidad de factores que pueden causar el cáncer y evitar que se le asignara al tabaco la importancia que en realidad tenía. La idea era crear confusión, escepticismo, controversia y "un sano debate científico". Y lo lograron. Los periodistas, siempre ávidos de controversias y obligados a recoger equilibradamente puntos de vista divergentes, les daban a ambas partes igual espacio y respeto.

El problema con esto es que, ya en 1950, existía evidencia incontrovertible que vinculaba el fumar con el cáncer de pulmón. Tuvieron que pasar varias décadas para que la deshonestidad de las empresas tabacaleras y sus científicos a sueldo fuera desenmascarada, y el vínculo entre tabaco y cáncer dejase de ser controvertido.

Medio siglo después estamos en lo mismo. Pero la controversia ya no es entre los científicos que creen que fumar produce cáncer y los escépticos, sino entre los que creen que el clima está cambiando como producto de actividades humanas, como la industrialización o la deforestación, y quienes creen que no hay tales cambios medioambientales. Los paralelismos con el debate sobre cáncer y cigarrillo son fascinantes, y las estrategias y hasta las frases que ahora usan los escépticos sobre el cambio climático son increíblemente parecidas. Cualquiera de los escépticos actuales puede tomar como suya la frase de 1953 del director científico del CIIT y sólo cambiar la palabra 'cáncer' por 'cambio climático': "El problema de la causalidad de cualquier tipo de cambio climático es complejo y difícil de analizar", dirían. Y esa es la estrategia: la primera línea de defensa es que el cambio climático no existe. Una vez que los datos derrumbaron esa defensa, la segunda línea es la de decir que no hay pruebas de que la actividad humana sea la causa (y, por lo tanto, no hay nada que cambiar). Y cuando esta defensa es arrasada por la avalancha de datos, el refugio de los escépticos es argumentar que las variaciones climáticas son producto de muchos factores y que la actividad humana es tan solo uno de ellos, y ni siquiera el más importante. La única diferencia con la controversia sobre cáncer y tabaco son los intereses que financian a los escépticos. Mientras que la confusión sobre los efectos del tabaco la sembraban solo las empresas de cigarrillos, los escépticos sobre el cambio climático tienen muchos y muy generosos mecenas: las empresas petroleras, las del gas, el carbón, la electricidad o las automotrices, entre otras.

El más reciente éxito que se anotaron los escépticos fue el de obtener la correspondencia electrónica entre los investigadores de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido. Según aquellos, el contenido de estos mensajes comprueba que esos científicos manipularon sus datos y que las conclusiones de sus estudios son, por lo tanto, incorrectas. El problema con esta afirmación es que las conclusiones fundamentales sobre el calentamiento global no cambian. De acuerdo con la prestigiosa revista Climate, "nada en los correos electrónicos socava las bases científicas del argumento que mantiene que el calentamiento global es una realidad (...). Este argumento se apoya en múltiples y sólidas pruebas, incluyendo muchas que son completamente independientes de los datos debatidos en esos correos".

Esto, sin embargo, es irrelevante para los escépticos, que ven en los correos del 'Climagate' la confirmación de que el cambio climático es un gran fraude. "Este escándalo, obviamente, permite cuestionar las propuestas que serán promovidas en Copenhague. Yo siempre he creído que las decisiones deben basarse en la ciencia más sólida, no en la política (...). Sin contar con resultados científicos confiables y con tanto en juego, debemos ser muy cautelosos con los resultados de esta politizada conferencia." Esto escribe una escéptica que cuestiona a los miles de científicos que han dedicado su vida a estudiar el tema. ¿Quién es ella? Sarah Palin, la conocida ambientalista de Alaska.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 13 de diciembre de 2009

Obama va a la guerra

Moisés Naím

El Tiempo, Bogotá

Diciembre 13 de 2009

¿Qué ocupará más espacio en la biografía de Barack Obama: la guerra en Afganistán o la reforma sanitaria de Estados Unidos? Ambas son audaces apuestas históricas que Obama se jugó durante su primer año como presidente. Una ya la ganó: el sistema de salud de su país será reformado, menos de lo necesario pero más de lo que ninguno de sus predecesores había logrado. El resultado será un sistema mejor que el actual.

En cambio, la apuesta de Obama en Afganistán es mucho más arriesgada y, lamentablemente, tiene menos probabilidades de ganarla. Para comenzar, la escalada militar en Afganistán ni siquiera se puede considerar como apuesta.

Un alto funcionario de la Administración de Obama íntimamente involucrado en el proceso de decisión me dijo: "Una apuesta es algo opcional. La puedes hacer o no. Pero en este caso, el presidente nunca tuvo la opción de no aumentar nuestra presencia militar en Afganistán. Los generales (David Petraeus y Stanley McCrystal) nunca le ofrecieron una alternativa creíble a la de enviar más tropas. Desde el comienzo del debate, la escalada militar fue su preferencia y el presidente terminó complaciéndolos".

Aunque Obama complació al Pentágono, lo hizo de manera reticente e imponiendo condiciones. La primera fue la de ponerle fecha a la retirada. En su discurso, Obama anunció que la escalada militar duraría hasta julio del 2011, es decir, tan sólo 14 meses después de la llegada de 30.000 soldados adicionales.

Pero al día siguiente del discurso, tanto Robert Gates, el secretario de Defensa, como otros altos funcionarios flexibilizaron este compromiso. "Es la fecha en la que comenzamos a reducir gradualmente nuestras tropas", dijo Gates, y destacó que la velocidad de la reducción dependerá de las condiciones en ese momento. "Odio el concepto de exit strategy y no vamos a tirar al agua a los afganos e irnos sin cumplir la misión", añadió Gates.

Él sabe que se está enfrentando a un enemigo paciente que piensa en décadas y que no puede ser combatido con eficacia por un país que piensa en meses y anuncia su retirada antes de comenzar el ataque. Esta va a ser una contradicción difícil de resolver: o los estadounidenses alargan su estancia militar o disminuyen la ambición de su misión.

Debilitar sustancialmente a los insurgentes, impedir que Al Qaeda utilice Afganistán como base de operaciones y dotar a las Fuerzas Armadas afganas de la capacidad suficiente para mantener la seguridad nacional son tareas que seguramente requerirán más de 14 meses. J. Alexander Thier, un experto que ha vivido en Afganistán durante siete años, señala que a pesar del sustancial aumento de tropas extranjeras y de fondos destinados a impulsar la economía, la situación es cada vez peor.

En el 2002 murieron en acción 69 soldados de la coalición internacional liderada por Estados Unidos. Este año las bajas alcanzan los 485 soldados (sólo en agosto fueron 77). Según cálculos de Thier, el número de civiles afganos muertos en el conflicto se ha duplicado cada año desde el 2002.

Las bombas y los ataques suicidas que antes eran casi inexistentes son ahora cotidianos. La producción de opio saltó de las 3.400 toneladas en el 2002 a las 7.700 en el 2008, lo que significa que el dinero disponible para financiar a los insurgentes también ha aumentado dramáticamente. Todo esto sucede después de ocho años de presencia de una coalición militar formada por 40 naciones y a pesar de que solamente Estados Unidos ha gastado en ese periodo 227.000 millones de dólares tratando de estabilizar a Afganistán.

Todo el mundo entiende que la escalada militar contra los talibanes y demás insurgentes en Afganistán no tendrá éxito a menos que vaya acompañada de una eficaz estrategia destinada a lograr el apoyo de la sociedad. Esto requiere, entre otras cosas, proteger mejor a la población civil, aumentar el empleo y disminuir la corrupción. Nada de esto es fácil.

Una de las condiciones más importantes que los estadounidenses han exigido al presidente afgano, Hamid Karzai, es la de mostrar un claro progreso en la disminución de la corrupción. No hay duda de que Karzai puede hacer más. Pero, ¿cuánto más? No mucho. Por un lado, los líderes corruptos que lo rodean tienen más fuerza política y financiera que él; por otro, ¿recuerda usted el nombre de algún país que en las últimas décadas haya logrado disminuir la corrupción? No creo.

En resumen: los generales pidieron más tropas y Obama se las dio con condiciones. Las tropas llegarán, pero las condiciones no se cumplirán. Lo leeremos en las memorias de Obama.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 6 de diciembre de 2009

Los textos secretos de Lula

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Diciembre 6 de 2009


Este es un memorando que los asesores del presidente de Brasil enviaron a su jefe: "Le recomendamos que reciba en visita de Estado a su colega iraní, Mahmoud Ahmadinejad. Seguramente, esta decisión será criticada, pero esa visita tendrá para usted y Brasil más beneficios que costos: 1) Su foto, en la que aparece recibiendo al presidente iraní, reafirmará ante el mundo que tenemos una política internacional independiente de E.U., al que no tememos ofender o irritar. 2) Como nuevo actor global, Brasil puede y debe desempeñar un papel protagónico en las principales negociaciones de estos tiempos. La que desarrollan E.U., Europa, China y Rusia con Irán sobre su programa nuclear es muy importante, y Brasil no debe quedarse al margen. Podemos convertirnos en actores indispensables para disminuir las fricciones con Irán. Es más, nuestro país también puede mediar en Oriente Próximo. Brasil es grande, exitoso, no alineado y no tiene conflictos de interés en esa región, donde los actores tradicionales carecen de ideas y credibilidad. Y usted, señor presidente, tiene prestigio. Podemos aportar una nueva perspectiva y ser vistos como paladines de la paz en el mundo. Esto nos daría más influencia en negociaciones relacionadas con nuestros intereses inmediatos. 3) Los esfuerzos para que Brasil llegue a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU se verían fortalecidos con el voto de Irán".

El presidente de Brasil estuvo de acuerdo e invitó a Mahmoud Ahmadinejad, a quien ofreció una calurosa bienvenida. Días después de la visita, recibió esta carta de un buen amigo: "Querido Lula. Como sabes, no me gusta molestarte. Como también sabes, me siento muy orgulloso de ti. Pero hoy te escribo con el derecho que me dan los años que pasamos juntos luchando como líderes sindicales cuando, en este país, organizar a los trabajadores y oponerse al régimen militar era un delito. Sentí una gran tristeza cuando te vi abrazando al presidente de Irán. ¿Pensaste en ese momento, viejo compañero, que si tú y yo hubiésemos estado hoy en Irán haciendo lo que hicimos en Brasil cuando éramos jóvenes -protestar contra la dictadura- ese presidente que tú abrazaste nos estaría condenando a muerte? La televisión oficial iraní anunció las sentencias a muerte de ocho personas. ¿Su delito? Protestar contra el Gobierno y contra la que ellos consideran que fue una elección fraudulenta del presidente a quien recibiste con todos los honores. En otras palabras, Lula, van a morir a manos de tu huésped por ser hoy como fuiste tú cuando tenías su edad y, al igual que ellos, no podías soportar callado los abusos de la dictadura. Además, en Irán, centenares de estudiantes y líderes políticos están en la cárcel y algunos seguramente estaban siendo torturados mientras tú ofrecías un banquete al responsable de estos hechos. No objeto que hayas invitado a este tirano: comprendo esos cálculos de Estado. Y espero que, en privado, le hayas hecho saber que a los brasileños no nos gustan los gobiernos que matan a sus opositores. Pero me entristeció verte de la mano con él. Sus manos están manchadas de sangre, las tuyas no.

"Estuve de acuerdo contigo cuando le dijiste al mundo que si un país como Irán desea tener un programa nuclear con fines pacíficos, debe poder hacerlo. Pero Irán no merece tu defensa. El primer ministro de India, Manmohan Singh, se opuso sin ambigüedades al programa iraní. Sin ambigüedades, Lula. Días después de tu espaldarazo, 25 países emitieron un voto de censura contra Irán. La comunidad internacional no cree a tu huésped de honor cuando dice que no está intentando producir bombas atómicas. Hasta China y Rusia, que tienen muchos más intereses que Brasil en Irán, respaldaron la resolución. ¿Tus asesores no te alertaron del riesgo que corrías apoyando a un líder sangriento? Sé que la política internacional requiere maniobras y compromisos. Lo que no entiendo es que hayas estado dispuesto a ignorar tan públicamente los principios que te hicieron ser lo que eres. Sé que aún estás aprendiendo a ser un líder mundial. Pero recuerda que no vale la pena serlo si para eso debes dejar de ser quien eres".

Estos textos ni son secretos, ni son verdaderos. Los he inventado yo. Pero si bien son solo producto de mi imaginación, su mensaje central refleja una realidad que hoy le es obvia hasta al propio Lula: se equivocó.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 29 de noviembre de 2009

Una reunión y tres problemas

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Noviembre 29 de 2009

Esta semana convoqué en Washington a un interesante grupo para intercambiar ideas acerca de las más importantes tendencias mundiales. Participaron reconocidos analistas de la economía y la política internacional, altos funcionarios del gobierno estadounidense, políticos, presidentes de organismos multilaterales, jefes de think tanks, editores de diarios y revistas de Europa y las Américas, profesores y directivos de grandes empresas.

El propósito de la reunión no fue ofrecer recomendaciones, emitir un comunicado o llegar a acuerdos sino, simplemente, pensar en voz alta. Inevitablemente, la diversidad del grupo y el formato abierto de la conversación, sin discursos, agenda previa o ponencias escritas, llevó a discutir innumerables temas. Fue una reunión fascinante e imposible de resumir y de la cual cada quien sacó sus propias conclusiones. Esta es mi muy personal, arbitraria e incompleta selección de tres problemas que me quedaron en mente.

1) La pérdida de eficacia de la democracia estadounidense. La influencia de múltiples grupos de presión, el aumento del número y la complejidad de los problemas y la extrema politización del debate acerca de las soluciones corroen la eficacia de las acciones de la superpotencia. El sistema de salud, el medio ambiente o Afganistán son ejemplos de los mil retos a los que el sistema político estadounidense está respondiendo de manera tardía y mediocre. Este, por supuesto, no es solo un problema suyo, sino de todas las democracias. Aquí cabe, por supuesto, la inevitable aclaración de que la solución no es refugiarse en el autoritarismo, cuyos costes y peligros son siempre superiores a los de la democracia. Pero la pérdida de eficacia de las democracias es un problema enorme, cuyas manifestaciones se agudizarán en los próximos años.

2) El crimen, la inseguridad ciudadana y la corrupción ya no son problemas locales. En un número grande y creciente de países, los ciudadanos han perdido el derecho a salir de su casa sin miedo a ser robados o secuestrados. En otros países ni siquiera tienen el derecho de estar dentro de sus casas sin miedo a ser víctimas de los criminales. Esta no es solo una tragedia de los países más pobres, sino que también comienza a afectar a los países más desarrollados. Peor aún, el problema no es sólo el aumento del crimen en las calles, sino su aumento dentro de las sedes de gobierno. No estamos hablando de crimen al por menor, sino de crimen a gran escala. No de burócratas que cobran comisiones, sino de ministros, legisladores y hasta de jefes de Estado que forman parte de organizaciones criminales que operan internacionalmente. Por ejemplo, la corrupción y la influencia del crimen organizado en los gobiernos de Afganistán, México, Venezuela, la zona de los Balcanes o Rusia no solo victimiza a los ciudadanos, sino al mundo entero. Esto es algo en lo que vengo insistiendo hace tiempo. Hasta escribí un libro sobre ello. Pero me llamó la atención que salió repetidamente a relucir como una principalísima preocupación de gente que trabaja en muy diversos sectores y países.

3) ¿Será Europa la Atlántida del siglo XXI? Según Platón, la Atlántida era una gran potencia que "en un solo día y noche de desgracia" desapareció del mapa. ¿Desaparecerá Europa de los mapas de la política y la economía mundiales en este siglo? Europa tiene por delante retos enormes y muy difíciles de vencer. Su integración y la adopción de instituciones de gobierno comunitario más eficaces, el desempleo estructural y la inmigración, la competitividad y su debilidad para actuar mancomunadamente en el mundo son solo parte de la larga lista de problemas que los europeos deben solucionar. La dificultad adicional es que el mundo no se va a detener a esperar a que Europa resuelva sus problemas. Mientras los europeos se reúnen y debaten, el resto del mundo crece y va dejando atrás al Viejo Continente. Según un estudio reciente de Uri Dadush, del Carnegie Endowment, en el año 2050 China, India y Estados Unidos serán las tres economías más grandes del mundo, mientras que el peso económico y político de Europa declinará dramáticamente. Este no es un destino inevitable. Pero, a menos que algo cambie profundamente en Europa o en el resto del mundo, este es, por ahora, un destino muy probable.

En la reunión de Washington discutimos muchos otros temas y no todo fue tan negativo como estos tres que aquí destaco. Pero, lamentablemente, los problemas ocuparon más de nuestro tiempo que las buenas noticias.

* Editor de 'Foreign Policy'

domingo, 22 de noviembre de 2009

Déspotas virtuales

Moisés Naím*

El Tiempo, Bogotá

Noviembre 22 de 2009

El Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio ya tiene 500 miembros y está creciendo rápidamente. Lo puede encontrar en Facebook. Ahora les cuento más sobre el Comité Antivicio. Sitios como Facebook ayudan a reencontrar viejos amores y a hacer nuevas amistades, a organizar fiestas y buscar trabajo. También sirven para luchar contra las dictaduras, denunciar a políticos corruptos o recaudar fondos para salvar la vida de un niño enfermo. Con sus 300 millones de usuarios que se comunican en 68 idiomas, Facebook es el más popular de los nuevos vehículos creados gracias a Internet. Los micromensajes enviados por Twitter, los blogs, YouTube, Flickr y otras tecnologías similares también están cambiando el mundo. Es tentador pensar que todo esto no puede sino tener efectos liberadores y positivos. Los monjes budistas de Myanmar (antigua Birmania), los estudiantes antichavistas de Venezuela o los opositores de Ahmadineyad en Irán han potenciado su impacto político con estas tecnologías. Las utilizan para reclutar nuevos miembros, coordinar sus actuaciones, mostrar los abusos de los déspotas, llevar a miles de personas a la calle o recaudar fondos. La Red es buena para la democracia y mala para los dictadores.

¿Estamos seguros de esto? No. Evgeny Morozov, uno de los más lúcidos analistas del impacto político de Internet, nos recuerda que "la historia demuestra que las nuevas tecnologías suelen ayudar a todas las fuerzas políticas por igual, no sólo a las que tienen las intenciones más nobles o democráticas". A pesar de esto, la suposición dominante es que los gobiernos, sobre todo especialmente los más autoritarios, están perdiendo terreno frente a redes de activistas cibernautas hambrientos de democracia. La realidad es que gobiernos como los de Rusia, Irán, China o Cuba ya no se limitan a leer subrepticiamente los correos electrónicos de sus ciudadanos, a bloquear el acceso a ciertos sitios de Internet, censurar la búsqueda en la Red de palabras o nombres de personas u organizaciones disidentes o simplemente suspender temporalmente el servicio de telefonía celular.

Todo esto sigue pasando, pero las tiranías también aprenden y los gobiernos autoritarios ya no son los cibertontos que eran hace un par de años. La nueva sofisticación en el uso de Internet con fines represivos es espeluznante. El gobierno chino cuenta con 280.000 personas dedicadas a identificar chats donde se discuten temas que el régimen cree inconvenientes. Estos intervienen en los chats presentándose como simples participantes. Pero su misión es la de sabotear la conversación, introduciendo otros temas, confundiéndola o abrumándola con una avalancha de mensajes. El gobierno les paga 50 centavos chinos por cada palabra que escriben.

En Rusia, el Kremlin financia nuevas empresas de Internet que diseminan mensajes de apoyo al régimen o que sabotean los sitios en la Red que lo critican. Recientemente, un jefe policial en Moscú reconoció que él y sus colegas son ávidos lectores de los mensajes en Twitter. "Eso nos permite enterarnos de lo que está pasando, quién está diciendo qué, conocer sus planes y reaccionar inmediatamente", dijo.

Internet ha dado más posibilidades y aumentado la agilidad de los activistas democráticos, pero también les ha dado nuevos y poderosos instrumentos represivos a los regímenes autoritarios. Según Morozov, "el activismo en Internet es más fácil de estudiar y controlar que el activismo físico y en la calle. ¿Cuál es la ventaja de lograr, gracias a una convocatoria vía Twitter, que 100 jóvenes activistas iraníes se concentren en una plaza a protestar si el Gobierno lee esos mismos mensajes y así se entera de quiénes son estos jóvenes?". Además, los gobiernos hoy pueden comprar las más avanzadas tecnologías para intervenir comunicaciones telefónicas o mensajes electrónicos, detectar patrones de conducta y estructuras sociales en la Red, o penetrar los ordenadores de sus enemigos políticos.

Crecientemente, los activistas internautas terminan apaleados o encarcelados y, sin quererlo, sirviendo de valiosos colaboradores del régimen al suministrarle a través de los mensajes electrónicos interceptados los nombres e intenciones de sus aliados. La pasión por la libertad y desesperación ante los abusos de los tiranos los lleva a fiarse de la privacidad de sus comunicaciones vía Internet.

¿Y el Comité para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio? Es la iniciativa en Facebook de la policía religiosa de Arabia Saudí.

* Editor de 'Foreign Policy'