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viernes, 19 de marzo de 2010

A diversificar

Hernán Avendaño Cruz*

La República, Bogotá

Marzo 19 de 2010

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En 2009 las exportaciones de Colombia a Venezuela cayeron en 2.041 millones de dólares, por la crisis mundial y las barreras impuestas a los productos colombianos en el vecino país. Aun cuando los obstáculos se acentuaron desde julio, el impacto fuerte ocurrió en el cuarto trimestre, al concentrar el 71 por ciento de la caída del año.

Las exportaciones del sector agropecuario en ese trimestre disminuyeron en 377 millones de dólares. El 92 por ciento de esa caída se concentró en cinco productos: carne de bovino, hortalizas, lácteos, huevos y preparaciones alimenticias.

La contracción de las exportaciones industriales fue aún mayor: 1.057 millones de dólares que representaron 58 por ciento de la caída del año. Entre los subsectores más afectados están textiles, cueros, confecciones, calzado, plásticos y automóviles.

Los clamores por la diversificación de los mercados de exportación no se hicieron esperar y hay observadores que esperan respuestas inmediatas. En el mundo real es muy difícil lograr ese cambio en corto tiempo.

En Colombia hay políticas estructurales para la diversificación, mediante las estrategias de transformación productiva y de internacionalización de la economía (negociación de TLC y promoción de exportaciones de valor agregado). Pero sus resultados son de mediano y largo plazo.

También hay políticas coyunturales, para afrontar situaciones de corto plazo, como la negociación de acceso de productos específicos (por ejemplo, carne a Rusia y patas de pollo a China), realización de ruedas de negocios, y financiación para exportadores que van a sustituir mercados, entre otras.

En la coyuntura actual, los resultados de esas medidas no son fáciles de percibir por varias razones:

1. La recuperación del comercio mundial apenas comenzó en los últimos meses de 2009 y no es igual en todos los productos.

2. Los productos que tienen que abrir mercados nuevos necesitan periodos largos; este es el caso de los productos agropecuarios que tenían alta concentración en el mercado venezolano.

3. Hay productos que entran al mercado venezolano por oportunidades específicas, como el desabastecimiento, pero salen cuando ellas desaparecen.

4. El 50 por ciento de los exportadores a Venezuela son de estabilidad baja (sólo exportaron a ese mercado entre uno y tres años en la última década). Se trata de empresarios que tradicionalmente entran en las fases de expansión, pero salen en las situaciones adversas.

No obstante, experiencias anteriores muestran que los empresarios colombianos reaccionan creciendo sus exportaciones a otros mercados. Aun cuando la coyuntura del mercado mundial no permite discriminar qué parte del crecimiento exportador es por recuperación de la demanda y qué parte es por reorientación de exportaciones, hay indicios positivos sobre esta última.

*Jefe Estudios Económicos Mincomercio

viernes, 12 de febrero de 2010

¿Exportar para crecer?

Hernán Avendaño Cruz

Revista MisiónPyme No. 32 de febrero de 2010

Febrero 12 de 2010


Las décadas de políticas proteccionistas del modelo sustitutivo de importaciones dejaron en el sector empresarial profundas huellas difíciles de borrar. Una de ellas es la escasa vocación exportadora.


Según el censo económico de 2005 en Colombia hay 1.5 millones de empresas. De ellas, escasamente 11.500 exportaron en 2008; aun cuando el número viene creciendo (en 2000 eran 7.648), sigue siendo bajo para una economía abierta.


Los datos del Dane muestran que sólo 671 empresas (6% del total) registraron exportaciones superiores a US$5 millones y contribuyeron con el 91% del total exportado en 2008. En el otro extremo, 8.842 (79% del total) exportaron menos de US$500 mil por empresa y aportaron escasamente el 2% del valor exportado.


Adicionalmente, la presencia de un buen número de empresas en los mercados internacionales no es estable. Siguiendo la metodología de clasificación de empresas exportadoras de Eaton, Eslava, Kugler y Tybout (“
Export Dynamics in Colombia: Firm-Level Evidence”), en promedio, el 44.6% son empresas continuas (exportaron en tres años consecutivos), mientras que el restante 55.4% son entrantes o salientes.


Cabe preguntarse por qué es importante aumentar el número de empresas exportadoras y lograr mayor estabilidad en los mercados internacionales. La respuesta tiene una dimensión macroeconómica y una microeconómica.

En la dimensión macroeconómica, hay un impacto notable en el proceso de producción y de logística para la exportación que contribuye a la generación de valor agregado y empleos. Si, por ejemplo, Colombia produjera café únicamente para consumo interno, habría empleo directo para 50 mil familias en el sector rural; pero con la producción de excedentes para exportación se emplean 500 mil familias.


Y el efecto no para ahí, pues el impacto más importante es servir como vehículo de acceso a las importaciones. Sin exportar, el país no podría comprar bienes, servicios, tecnología y conocimientos que no produce; y no acceder a ellos implicaría un creciente rezago frente al resto del mundo.


En la dimensión microeconómica, es crucial tener conciencia del impacto de la globalización en la fragmentación de los procesos de producción. Hoy en día muchos productos son la suma de partes producidas en diferentes regiones del mundo. Los empresarios deben entender que realizar todo el proceso de producción “bajo un mismo techo” es algo que va quedando obsoleto.


En este contexto las mipymes tienen grandes ventajas. Son más flexibles, pueden aprovechar economías de escala y adoptar más rápidamente las nuevas tecnologías.


Para aprovechar esas oportunidades, Bancoldex, Proexport y las cámaras de comercio realizan una labor de formación de exportadores y el gobierno está simplificando los trámites de exportación y asegurando mercados con los TLC. Queda entonces en manos de los empresarios la decisión de insertarse en las cadenas globales de valor, ampliar sus horizontes y crecer más.

martes, 2 de febrero de 2010

Demanda interna y crecimiento económico

Hernán Avendaño Cruz*

Ámbito Jurídico, Año XIII – No. 290, Bogotá

Febrero 1 de 2010

“No se puede menospreciar el papel del comercio internacional como palanca de crecimiento por el hecho de estar atravesando por una coyuntura adversa”.

En las recientes negociaciones del salario mínimo dos profesores universitarios que asesoraron a los sindicatos, argumentaron que la demanda interna es el principal componente del PIB y que el consumo de los hogares, que es el componente más importante de ella, viene perdiendo participación (El Tiempo, 14 de diciembre de 2009).

En su opinión, estos hechos justifican el incremento del salario mínimo del 8% solicitado por los representantes de los sindicatos, pues no sólo permitiría recuperar la participación del consumo de los hogares en el PIB sino que contribuiría a la reactivación de la economía por el mayor dinamismo de la demanda interna. También afirman que las exportaciones no pueden ser el motor que dinamice la economía por la crisis mundial y el cierre del mercado venezolano.

Este último punto refuerza las críticas de algunos sectores a la política de internacionalización que adelanta el gobierno. Aseveran que el énfasis de la política económica está en las exportaciones y no en el mercado interno, lo cual consideran erróneo por las diferencias que hay en su peso relativo dentro del PIB.

El argumento es aparentemente sólido. Sin embargo, un análisis cuidadoso muestra que no hay mayor novedad en él y que es errada la interpretación de los supuestos que orientan la política de internacionalización.

En primer lugar, la demanda interna, conformada por el consumo final de los hogares, el consumo del gobierno y la inversión, es el grueso del PIB en casi todas las economías del mundo. En Colombia representó el 102% del PIB en 2006, el 105% en Estados Unidos, 95% en Alemania, 99% en Japón, 97% en Brasil, 101% en México y 95% en Argentina.

En segundo lugar, el actual nivel de participación del consumo de los hogares en el PIB de Colombia (65.7% en 2008) no es atípico respecto a otras economías. Fue el 70.5% en Estados Unidos en 2006, 64.1% en Inglaterra, 58.4% en Alemania, 57.2% en Japón, 59.0% en Argentina, 55% en Chile y 60.4% en Brasil.

En tercer lugar, es cierto que el consumo de los hogares perdió participación, pero ello no significa que en términos reales haya caído, como lo insinúa el argumento de los asesores académicos de los sindicatos. Entre 1994 y 2007 este consumo pasó de $1.20 millones por habitante, en pesos constantes de 1994, a $1.45 millones, lo que equivale a un incremento del 20.3%.

El menor peso relativo responde a la mayor participación del gasto de consumo del gobierno a partir de la reforma constitucional de 1991 y más recientemente a la recuperación de la inversión; el primero pasó del 10% del PIB en 1993 al 23% en 1999, mientras que la segunda aumentó su participación hasta 27% en 2008, a partir del 13% que tenía en 1999.

En cuarto lugar, la política de internacionalización no busca sustituir la demanda interna por las exportaciones. El planteamiento de los críticos nace de una interpretación errada de la relación entre el comercio internacional y el crecimiento económico.

El papel del comercio en el crecimiento se percibe claramente a partir del concepto de los encadenamientos productivos, formulado por Albert Hirschman hace más de 50 años. Más importante que la magnitud de las exportaciones son los efectos que desencadena. No sólo hay unos efectos directos de generación de valor agregado y empleos en la producción y la logística de la exportación, sino unos indirectos que empiezan con la provisión de los medios de pago internacionales que brindan al país el acceso a bienes, servicios, tecnología y conocimientos que no produce. Esto abre a su vez una nueva cadena de creación de valor agregado y de empleos que no se darían en igual medida sin el comercio internacional.

El caso de China es un ejemplo contundente. En 1970 la suma de exportaciones más importaciones de bienes y servicios (indicador de apertura comercial) representaba el 5.3% del PIB. Las reformas realizadas a partir de 1978 impulsaron el crecimiento de las exportaciones y, de forma paralela, de las importaciones; entre ese año y 2006 las primeras se multiplicaron por 30, y las segundas por 33. Como consecuencia, hoy en día el comercio equivale a más del 72% del PIB. Pero no por ello se sacrificó la demanda interna; ella es el 92% del PIB, y el saldo neto de exportaciones menos importaciones aporta un 8% del PIB. ¿Podría la economía china crecer al 10% anual con un nivel de apertura del 5%? Pocos economistas en el mundo responderían afirmativamente.

De igual forma, la negociación de tratados de libre comercio que viene realizando el gobierno colombiano busca fortalecer los efectos dinamizadores del comercio internacional a partir del acceso preferencial permanente de nuestras exportaciones en los mercados de los principales socios comerciales.

En síntesis, la alta participación de la demanda interna en el PIB no es una característica exclusiva de Colombia, no es atípico el peso relativo del consumo final de los hogares y no hay evidencia de reducción del valor del consumo expresado en términos reales per cápita. Es razonable concluir que la política económica debe actuar sobre la demanda interna para reactivar la economía, y así viene ocurriendo con el plan contracíclico. Pero no se puede menospreciar el papel del comercio internacional como palanca de crecimiento por el hecho de estar atravesando por una coyuntura adversa.

* Jefe Estudios Económicos Mincomercio

viernes, 11 de diciembre de 2009

Emprendimiento de calidad

Hernán Avendaño Cruz*

Revista Misión Pyme, Bogotá, Edición No. 31

Diciembre 2009 – Enero 2010

Entre mayor sea la creación de empresas y menor su mortalidad, más importante será su impacto en el crecimiento económico y en la generación de empleos.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Colombia es un país de emprendedores. Así lo ratifican los estudios Global Entrepreneurship Monitor (GEM); en su última edición (2008) el país aparece clasificado en el puesto tres entre 43 naciones por su tasa de actividad emprendedora.

Además, Colombia ocupó el segundo lugar en el indicador de nuevas empresas que esperan crear más de cinco puestos de trabajo en los próximos cinco años y el primero en las que esperan crear 19 o más puestos de trabajo.

Otro resultado interesante es la tendencia descendente que registra la tasa de cierre de empresas del país. Mientras que en 2006 tenía la segunda más alta, en 2008 registró la décima.

Estos resultados son positivos, pues entre mayor sea la creación de empresas y menor su mortalidad, más importante será su impacto en el crecimiento económico y en la generación de empleos. Por eso el país debe seguir fortaleciendo todos los instrumentos que incentiven el emprendimiento y lo orienten hacia la formalidad.

Este último aspecto es un lunar en el buen balance de emprendimiento. Según el informe GEM Colombia 2008, sólo el 17% de las nuevas empresas con edad inferior a 42 meses es formal. Aun cuando ese indicador refleja un avance respecto al del año anterior (13.9%), predomina la informalidad con sus consecuentes impactos negativos en la productividad del país y en la calidad del empleo.

Entre los diversos aspectos de la política de formalización que adelanta el gobierno, cabe destacar tres medidas del último año: la figura de la sociedad por acciones simplificada (SAS), la gradualidad de los parafiscales y el acceso prioritario de las mipymes a las compras públicas.

Mediante la SAS el país evoluciona en materia de organización societaria hacia un modelo más sencillo y más flexible para todos los tamaños de empresas. Según el Mincomercio, “las empresas familiares y pequeñas cuentan ahora con una estructura societaria que pueden adaptar perfectamente a sus necesidades particulares”. La respuesta de las empresas ha sido entusiasta; entre diciembre de 2008, cuando entró a regir la Ley 1258, y octubre del presente año, se han matriculado 10.288 SAS en las cámaras de comercio.

El Decreto 525 de 2009 estableció un mecanismo gradual en los parafiscales con el fin de aliviar este costo, que las nuevas empresas han identificado como uno de los obstáculos a la formalidad. Con esta norma, se paga el 25% de los parafiscales en el primer año, el 50% en el segundo, el 75% en el tercero y sólo a partir del cuarto el 100%. Hasta septiembre de 2009 se han acogido a este beneficio 432 empresas.

El Decreto 3806 de 2009 reserva para las mipymes creadas hace más de un año el acceso a licitaciones de las compras públicas de cuantía inferior a $372 millones. Es un mercado de $6 billones al cual pueden acceder las empresas formales de este segmento empresarial.

El mensaje para los emprendedores es claro: Aprovechar los incentivos para crear más empresas formales.

* Jefe Estudios Económicos Mincomercio

jueves, 19 de noviembre de 2009

Más diversificación

Hernán Avendaño Cruz*

Ámbito Jurídico, Año XII – No. 286, Bogotá

Noviembre 16 a 29 de 2009


“La evaluación del largo plazo muestra que Colombia ha avanzado tanto en la diversificación por mercados como en la de productos, pero que en lugar de depender de un solo producto básico dependemos de ocho”.

Refiriéndose a los debates económicos de finales de los años treinta del siglo pasado, José Antonio Ocampo y Armando Montenegro señalan que: “De acuerdo con el concepto de “economía nacional”… un país como Colombia no podía basar su desarrollo en la producción primaria para el mercado mundial… y tenía así que promover el desarrollo a través de la sustitución de importaciones manufactureras y de la producción para el mercado interno” (Crisis mundial, protección e industrialización).

Esta afirmación evidencia que había una gran preocupación por la dependencia de las exportaciones de productos primarios y la necesidad de diversificar la estructura productiva.

También muestra que ese debate en Colombia es de vieja data. Como lo es en la ciencia de la economía; por décadas los economistas han formulado argumentos a favor de la diversificación, especialmente para las economías subdesarrolladas.

Uno de los argumentos es la necesidad de reducir la volatilidad en los ingresos y el crecimiento económico del mundo subdesarrollado por su especialización en la exportación de unos pocos productos básicos.

Como complemento del anterior, se postula que la diversificación hacia bienes manufacturados de mayor valor agregado es la senda que deben seguir los países en su proceso de desarrollo.

Otros argumentos señalan la importancia de la diversificación de exportaciones como palanca del crecimiento económico, dado el reducido tamaño del mercado interno de muchas economías. El comercio internacional permite el aprovechamiento de las economías de escala en una variedad de productos y, por esa vía, el incremento de la producción y el empleo en la economía exportadora.

Por último, mediante la diversificación del comercio los países reciben conocimientos, aprenden nuevas técnicas de producción y mejoran la calidad gerencial, lo que permite ampliar los beneficios a todos los sectores productivos.

¿Qué tan alta era la concentración del comercio en Colombia en los años treinta y cómo ha evolucionado?

Albert Hirschman, en La potencia nacional y la estructura del comercio exterior –el libro en el que propuso el indicador de concentración que ahora conocemos como el índice de Herfindahl-Hirschman (IHH)–, mostró que en 1925 Colombia era el país de mayor concentración por mercados en el grupo de economías latinoamericanas para las que calculó el indicador (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, México, Perú y Uruguay).

El café representaba más del 80% de las exportaciones y fue el producto dominante hasta finales de los años ochenta. Aun cuando su peso relativo descendió desde la década de los cincuenta, sólo a partir de 1987 su participación se ubicó por debajo del 50% del total exportado; en 2008 apenas fue el 5% de las ventas de Colombia al exterior.

Sin embargo, el balance de 2008 muestra que los principales ocho productos de exportación –petróleo y derivados, carbón, café, oro, banano, carne, flores y aceite de palma– todos primarios, representaron el 60% de las exportaciones, y el primero de ellos el 32%.

Aun con esos resultados, hay avances de largo plazo, como consecuencia de las políticas implementadas por décadas. El IHH por mercados es actualmente muy inferior al de la década del 30, se ubica en un lugar intermedio en América Latina y está ligeramente por debajo del límite a partir del cual se considera alta la concentración (1.800 en una escala de 10.000). En el caso de concentración por productos el indicador es mucho mejor (879 en 2008 a pesar del impacto ocasionado por los altos precios internacionales de los productos básicos).

Por lo tanto, la evaluación del largo plazo muestra que Colombia ha avanzado tanto en la diversificación por mercados como en la de productos, pero que en lugar de depender de un solo producto básico dependemos de ocho.

De ahí que el gobierno mantenga su empeño en fortalecer el descenso de la concentración mediante políticas estructurales que deben rendir sus frutos en los próximos años. La primera fase de la política de internacionalización contribuye a diversificar productos, en tanto que la segunda contribuirá a hacerlo en mercados.

Los TLCs que se han negociado hasta el presente año, constituyen la primera fase y se enfocaron en los socios tradicionales que adquieren alrededor del 80% de nuestras exportaciones.

Con excepción de los países andinos (incluyendo Venezuela), en los demás países con los que hemos negociado TLCs, la participación de Colombia en el total de sus importaciones es inferior al 1.5%. Por esto, el acceso preferencial permanente debe aprovecharse en primera instancia en ganar mercados en la mayor cantidad de productos que sea posible.

La segunda fase de la agenda, actualmente en discusión, apunta a mercados de Asia, en los cuales nuestra presencia exportadora es marginal. El logro de esas negociaciones contribuirá a la diversificación de mercados.

Por último, hay dos políticas que repercutirán en la reducción del peso relativo de las exportaciones de bienes primarios. De una parte el objetivo de incrementar las exportaciones de valor agregado al 45% en 2010 y, de otra, la estrategia de transformación productiva, que tiene una meta de US$18 mil millones en exportaciones en 2012. En este último caso se incluyen no solamente bienes sino servicios.

En síntesis, la senda de largo plazo muestra logros, pero hay que acelerar la velocidad del cambio. El acelerador está en las políticas estructurales que se están implementando.

*Jefe Estudios Económicos Mincomercio

viernes, 13 de noviembre de 2009

Síntomas de recuperación industrial

Hernán Avendaño Cruz*

Misionpyme.com, Bogotá

Edición No. 30, Noviembre 2009

Fuimos la economía latinoamericana con la menor caída de la producción real de la industria.

El sector industrial fue el más afectado en Colombia por la crisis mundial. Según la muestra mensual manufacturera, el valor real de la producción de este sector registró una caída del 6.5% anual en julio.

Sin embargo, los datos publicados en The Economist revelan que fuimos la economía latinoamericana con menor caída de la producción real de la industria: en Venezuela se redujo el 12.4% anual en junio, y en Perú y en Brasil, 12.2% y 9.9% en julio, respectivamente.

Si la comparación la hacemos con las economías desarrolladas, la diferencia es aún mayor. En julio, la caída anual de la industria de Japón fue de 22.7%, la de la Zona Euro 15.9% y la de Estados Unidos 10.7%.

Por fortuna, varios indicadores apuntan a la terminación de esta situación. La última edición de “Perspectivas de la economía mundial” del FMI muestra que la producción industrial se está empezando a recuperar tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes.

Según el resultado de agosto del JPMorgan Global Manufacturing Index, que recoge las opiniones de 7.000 empresarios de 27 países, los industriales perciben buenas expectativas para el fin de año.

Estos indicadores se refuerzan con las cifras más recientes del comercio mundial, que reflejan la recuperación de la demanda global. Según la OMC, las importaciones del mundo tocaron fondo en abril y han crecido en los meses siguientes.

En el caso colombiano también parecen dadas las condiciones para la recuperación. Las tasas de interés del Banco de la República han disminuido rápidamente desde el 10% en diciembre pasado hasta el 4%, actualmente. Como consecuencia, los costos de financiación están disminuyendo y hay amplia liquidez en los mercados financieros.

Las obras públicas, que impulsaron el crecimiento del sector de construcción en el primer semestre, y la reacción de la demanda de vivienda nueva por la decisión del gobierno de subsidiar las tasas de interés, impactan positivamente la producción industrial. Esta expectativa se fortalece con la tendencia ascendente que registran en los últimos meses las encuestas de opinión de los industriales, del comercio y de los consumidores.

Adicionalmente, hay varias acciones del gobierno que contribuyen a consolidar la mejora del entorno: el plan de choque exportador –que comprende la oferta de créditos de Bancoldex por $1.5 billones, con especial énfasis en las mipymes, y más cobertura de costos y aumento de los eventos de promoción de Proexport–; la reducción temporal del arancel a cero para 1.750 subpartidas de materias primas industriales no producidas en el país; y el establecimiento de prioridad a las mipymes en las compras públicas por montos inferiores a $372 millones, lo que les abre un mercado exclusivo de cerca de $6 billones.

Con esos síntomas y esas decisiones de política económica, se espera una rápida recuperación de la industria que contribuya a impulsar el crecimiento del PIB y del empleo.

* Jefe Estudios Económicos Mincomercio

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Competitividad engañosa?

Hernán Avendaño Cruz*

La República, Bogotá

Octubre 15 de 2009


En un artículo reciente, un analista hace un llamado a no engañarnos con el tema de la competitividad. Afirma que no podemos quedarnos con el cuento de que somos el país más competitivo de la región y plantea la necesidad de afrontar los desafíos que el gobierno no ha querido asumir.

La competitividad no es un tema nuevo de debate en Colombia, como no lo son las políticas que buscan superar los cuellos de botella que la afectan. Lauchlin Currie, en su “Desarrollo económico acelerado”, afirmaba en los años sesenta que el problema del subdesarrollo de Colombia estaba relacionado con la baja productividad.

Como lo muestra la CAF (“Camino a la transformación productiva en América Latina”), el atraso relativo de la productividad laboral de Colombia se amplió durante las décadas siguientes al diagnóstico de Currie.

¿Por qué no celebrar que Colombia haya quedado como el mejor país en América Latina en el Doing Business 2010 del Banco Mundial? Es cierto que se trata de un escalafón limitado al impacto de la regulación gubernamental en los costos de hacer negocios. Pero precisamente venimos de décadas de regulaciones que no hicieron otra cosa que erigir barreras artificiales, fomentar un sesgo antiexportador y crear mercados cautivos que bloquearon la competitividad de las empresas.

Por eso la tarea de modernizar la regulación no termina con el éxito reciente. El Ministro de Comercio, Industria y Turismo afirmó en un artículo: “Tenemos mucho por hacer... En el pago de impuestos hicimos el mayor avance en el Informe de 2010, y eso es importante; pero quedamos en el puesto 115, que dista de ser satisfactorio. Más complicada aún es la situación en cumplimiento de contratos con el puesto 152, pues refleja un problema estructural que hay con la acumulación de procesos que hace lento el actuar de la justicia”.

La celebración tampoco implica dormirse en los laureles del escalafón del Doing Business, o el desconocimiento de los demás factores que han rezagado al país. La política de competitividad se fortaleció con una nueva institucionalidad nacional y regional, con amplia participación del sector privado y la academia. En ese escenario se mejoran los diagnósticos y se diseñan las acciones necesarias para superar los problemas; obviamente el listado de tareas es amplio, y su desarrollo es gradual.

Adicionalmente el gobierno adelanta otras metas ambiciosas en materia de competitividad, como las de la política de transformación productiva, que pretende el desarrollo de sectores de clase mundial. Se trata de sectores que alcanzan los estándares de competitividad más altos del mundo, cuyos productos registran un elevado dinamismo en los mercados internacionales y en los cuales se genera un valor agregado por trabajador/año superior a US$90.000. Actualmente no hay en Colombia ni una sola actividad sectorial que cumpla tales requisitos.

Esa estrategia presupone que los sectores de clase mundial impulsan la competitividad de otros sectores de la economía. Esto ocurrirá, en parte, por los encadenamientos productivos y, en parte, porque la mejora del entorno para los sectores de clase mundial implica la adopción de políticas transversales que benefician todas las actividades productivas. Es el caso del bilinguismo, el fortalecimiento de las relaciones entre universidades y empresas, la formación de profesionales, técnicos y tecnólogos de alto nivel, la mejora en la infraestructura, la creación de nuevas fuentes de financiación, etc.

Es evidente que el gobierno afrontó el desafío de la competitividad; por eso se está avanzando, se están viendo resultados concretos y hay razones para celebrar. Cierto que falta mucho camino por recorrer, pero las décadas del letargo proteccionista no se pueden sacudir de la noche a la mañana.

*Jefe Estudios Económicos Mincomercio

miércoles, 30 de septiembre de 2009

¿Pro ricos?

Hernán Avendaño Cruz*

La República, Bogotá

Septiembre 30 de 2009

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Las cifras de pobreza del país, recientemente divulgadas, generaron diversas críticas. Según una de ellas, hay políticas que incentivan el uso del capital en desmedro de la mano de obra; esto presuntamente impide reducir más el número de pobres.

¿Ha crecido demasiado el capital en Colombia y está desplazando mano de obra? Quienes eso argumentan no aportan cifras concretas.

Para el gobierno, sin recuperar la inversión es difícil crecer sostenidamente. La evolución del coeficiente entre la inversión y la población mayor de 14 y menor de 64 años (aproximación a la relación de capital por unidad de trabajo) descendió continuamente entre 1995 y 1999. En los años siguientes creció lentamente y se aceleró desde 2003. Según este cálculo, apenas hacia el año 2007 se superó el nivel que había a mediados de la década anterior.

Lo anterior quiere decir que la actual relación de capital por unidad de trabajo apenas supera el nivel de hace 12 años. ¿Los críticos preferirían que el país se quedara con un coeficiente como el de 1995 o más bajo? ¿Qué pasaría entonces con el crecimiento?

El indicador de bancarización de Colombia (cartera/PIB), aún está por debajo de los niveles previos a la crisis de los noventa. ¿Se pueden interpretar las políticas orientadas a aumentarla como pro banqueros y contra ahorradores?

Veamos algunas de las medidas “a favor” del capital que han generado polémica: las exenciones tributarias a los cultivos de tardío rendimiento y a las construcciones de hoteles, y los incentivos a las zonas francas.

Con relación a los cultivos de tardío rendimiento, es evidente su impacto en el surgimiento de la industria de biocombustibles en Colombia, en la generación de nuevos empleos y en beneficios ambientales. ¿Este incentivo aumenta los pobres en el campo? La pobreza rural no se puede entender aislada de los problemas de violencia de paramilitares, guerrilla y narcotráfico, ni del desplazamiento resultante; pero estos temas no existen en los análisis de los críticos.

En turismo, es evidente que el conflicto bloqueó el desarrollo de esta actividad y generó un atraso en la infraestructura. La exención ha sido efectiva, como lo muestra el aumento de la oferta de más de 15 mil habitaciones nuevas. Puesto que el turismo es una actividad intensiva en mano de obra y el país tiene un enorme potencial, carece de sentido afirmar que esta es una política a favor del capital.

En el tema de zonas francas es muy difícil la comprobación de la relación entre sus incentivos y los niveles de pobreza; sin embargo, cabe esperar lo contrario de lo enunciado por los críticos.

En primer lugar, la nueva regulación es muy reciente y los proyectos aprobados apenas están en proceso de construcción; esto significa que por ahora su generación de empleos se concentra en esa actividad que es intensiva en mano de obra.

En segundo lugar, para obtener los beneficios, las inversiones deben ser nuevas. Por lo tanto, independientemente de su intensidad tecnológica, crearán empleos directos nuevos en la economía y generarán demandas indirectas en sectores intensivos en mano de obra (vestuario, papelería, muebles, vigilancia, transporte, aseo, jardinería, etc.).

En tercer lugar, los beneficios no son exclusivos para las empresas grandes, como concluyen algunos analistas. Los requisitos mínimos de inversión y empleos aplican a las zonas francas uniempresariales. En las permanentes se puede instalar cualquier empresa nueva, sin importar su tamaño ni el monto de su inversión; pero, de nuevo, por tratarse de inversiones nuevas, darán lugar a nuevos empleos tanto directos como indirectos.

En síntesis, las críticas suenan bien para la audiencia… pero carecen de contundencia argumental.

*Jefe Estudios Económicos Mincomercio

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Transformación productiva

Hernán Avendaño Cruz*

Revista Ámbito Jurídico, Año XII, No. 282, Bogotá

Septiembre 21 de 2009

“Mediante una alianza público-privada, y con base en todos los estudios de competitividad sectorial…, se inició la primera oleada del programa de transformación productiva con ocho sectores que tienen potencial y cuyos empresarios quieren asumir el reto”.

Recientemente el gobierno presentó en sociedad el programa de transformación productiva, cuyo objetivo es el desarrollo de sectores de clase mundial en Colombia. Este es un complemento importante de la política de internacionalización, pues contribuye a mejorar la competitividad del país y a la diversificación de las exportaciones con productos de mayor valor agregado.

La evidencia empírica muestra que las economías no alcanzan niveles de productividad laboral iguales en todos los sectores. Incluso las naciones más avanzadas apenas tienen cuatro o cinco ramas de producción en las que son líderes globales en productividad. Esos son los sectores de clase mundial. Las demás actividades productivas son impulsadas por ellos, por sus encadenamientos productivos, pero no necesariamente logran los estándares internacionales.

En Japón, por ejemplo, los sectores de acero, metalmecánica, electrónica, autopartes y automóviles tienen una productividad laboral superior a la que registran en los Estados Unidos. En las demás actividades su productividad es inferior.

Lo cierto es que en cada nación hay algunas pocas actividades sobresalientes y ningún país del mundo se destaca haciendo de todo. Esta es una justificación más para la especialización productiva y la profundización del comercio internacional.

A partir de esas observaciones, ampliamente documentadas por el McKinsey Global Institute, se formula la posibilidad de que los gobiernos puedan coadyuvar al desarrollo de algunos sectores, con el fin de incrementar la competitividad de los países. Esas políticas se han implementado exitosamente en España, Irlanda, India, China, Emiratos Árabes, Filipinas, y Marruecos, entre otros.

Colombia no tiene sectores de clase mundial. De hecho, la productividad laboral media del país equivale al 20% de la de Estados Unidos, según los cálculos de la firma McKinsey, y las actividades con la productividad más alta apenas alcanzan el 50% de la estadounidense. La política de transformación productiva busca aumentarla.

Mediante una alianza público-privada, y con base en todos los estudios de competitividad sectorial que se han elaborado en el país, se inició la primera oleada del programa de transformación productiva con ocho sectores que tienen potencial y cuyos empresarios quieren asumir el reto. Ellos se subdividen en dos grupos: más y mejor de lo bueno y nuevos y emergentes.

Más y mejor de lo bueno incluye sectores ya establecidos y con amplia trayectoria en los mercados internacionales, pero que necesitan reingeniería para fortalecer su posición frente a los competidores del resto del mundo o para adaptarse a los cambios en las tendencias del consumo. Lo integran la industria de la comunicación gráfica; autopartes; energía eléctrica, bienes y servicios conexos; y la cadena textil, confección diseño y moda.

Nuevos y emergentes son sectores incipientes en Colombia, pero con un gran potencial de crecimiento mundial en las próximas décadas. Incluye el turismo de salud; cosméticos y artículos de aseo; software y tecnologías de la información; y los servicios tercerizados a distancia (BPO&O).

Como existe el oficio de criticar, hay quienes opinan que los del grupo más y mejor de lo bueno no pueden ser de clase mundial y que sólo están ahí porque aportaron dinero. Esto amerita algunas precisiones.

El desarrollo de sectores de clase mundial exige un compromiso total del sector privado y de sus agremiaciones. El proyecto demanda dinero y este es aportado en parte por los empresarios y en parte por el gobierno; por lo tanto, la crítica mencionada carece de fundamento, pues es un requisito para todos los participantes en el programa.

Pero el aporte de recursos no es para comprar ningún tipo de protección. El programa de transformación productiva se basa en un trabajo conjunto de gobierno, empresarios y academia para lograr unas condiciones favorables al desarrollo de los sectores. Por lo tanto, no hay subsidios, ni protección arancelaria, ni restricción a los competidores del resto del mundo.

Adicionalmente, se reconoce un elemento importante de la dinámica de las estructuras productivas de los países; esto es, que las actividades que hoy son destacadas, mañana no lo serán y darán paso a otras más modernas o en las que se descubran ventajas que ya no tienen los sectores “viejos”.

En el caso de las confecciones, por ejemplo, aún cuando una opción es ceder el paso a la producción de China e India que hoy nos compiten con sus bajos costos salariales en los mercados internacionales y en el mercado local, también existe la opción de avanzar hacia una producción diferenciada y con mayor valor agregado.

Así lo demuestran casos como el de la empresa española Zara que, no sólo se ha logrado mantener en el mercado, pese a que Europa tiene salarios mucho más elevados, sino que se ha convertido en un líder mundial de innovación en ese sector. Variedad de diseños, flexibilidad, reducidos tiempos de entrega de productos, rápida adaptación a los cambios del consumidor y bajos inventarios, son algunos de los elementos de su exitoso modelo de negocios.

¿Puede el sector de confecciones de Colombia evolucionar de forma que pueda reposicionarse en el mercado doméstico y en el internacional? Todo depende del grado de compromiso de los empresarios para mantener firme el rumbo que establezcan en su plan de negocios, para fortalecerse gremialmente y para liderar el cambio.

No necesariamente todos los sectores que iniciaron el programa tienen garantizado el éxito. Y por eso son necesarias nuevas oleadas, hasta que tengamos los sectores que nos conviertan en jugadores de clase mundial.

*Jefe Estudios Económicos Mincomercio

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Relocalización

Por Hernán Avendaño Cruz*

La República, Bogotá

Septiembre 16 de 2009


Con frecuencia se plantea que el rezago en la infraestructura vial es un factor que limita las posibilidades de mejorar la competitividad de Colombia. Se afirma, por ejemplo, que a las empresas ubicadas en Bogotá les resulta difícil competir teniendo que transportar sus productos de exportación más de mil kilómetros por vías que no son las mejores.


Cierto es que la infraestructura colombiana no es la mejor, como también lo es que la enorme distancia de los puertos aumenta los costos de producción. Por eso hay que preguntarse si las empresas exportadoras deben estar ubicadas a miles de kilómetros de las costas o si deben relocalizarse, para ser competitivas en el mundo globalizado. Primero es necesario entender por qué muchas empresas están localizadas al interior del país.


El modelo de sustitución de importaciones postulaba el desarrollo hacia adentro, apoyando el crecimiento de las

empresas con base en el mercado interno. Esto repercutió, lógicamente, en su ubicación en las ciudades más pobladas de Colombia, por los menores costos de distribución a la gran masa de consumidores; y, además, generó un sesgo antiexportador. La evidencia es clara: 65 por ciento del valor agregado del sector industrial es generado en Bogotá-Cundinamarca, Valle y Antioquia.


En este aspecto Colombia siguió de cerca el patrón de otras economías subdesarrolladas que implementaron el mismo modelo. Según Livas y Krugman (“Trade Policy and the Third World Metropolis”) las grandes ciudades del Tercer Mundo son un subproducto del modelo de sustitución de importaciones.


Ellos explican la ubicación de las industrias en los grandes centros urbanos no sólo por la cercanía de los consumidores, sino por el aprovechamiento de economías de escala y la facilidad de acceso a los productos de otras empresas, utilizados como insumos en la producción o como bienes de la canasta de consumo final.


Livas y Krugman también postulan que la liberalización económica debe ocasionar la moderación del crecimiento poblacional de las grandes ciudades y que la producción exportable tenderá a localizarse cerca de los puertos, como consecuencia de los menores aranceles y los más bajos costos de transporte.


Esa hipótesis se comprueba empíricamente en casos como el de México. Los mencionados autores destacan la alta concentración de población y de producción en la capital; a comienzos de los ochenta se producía allí 50 por ciento del valor agregado industrial, pero esa participación empezó a descender con las políticas de apertura y el montaje de las maquiladoras en la frontera.


Gerardo Esquivel (“Regional Convergence in Mexico Before and After NAFTA”), muestra que los estados con mayor crecimiento del PIB per cápita en el periodo 1940-1993 eran los del centro del país; pero en el periodo1993-2000 los más dinámicos fueron los de la frontera con Estados Unidos.


Curiosamente el caso de Colombia parece ir en contravía del enunciado teórico. La política de apertura de comienzos de los noventa no repercutió en un cambio estructural en la localización de las actividades productivas y la participación de Bogotá-Cundinamarca, Valle y Antioquia en el valor agregado industrial apenas se ha reducido en cinco puntos porcentuales.


Una posible explicación puede ser que el arancel nominal promedio del país es elevado con relación a los del resto de América; es decir, que a pesar de la apertura y el desmonte de diversos instrumentos proteccionistas, Colombia se mantiene como una economía con alta protección relativa.


Pero las cosas deben cambiar con la puesta en vigor de los TLCs negociados en los años recientes, pues hay compromisos de desgravación con nuestros principales socios. Entonces, las empresas orientadas a la exportación y a quellas que usan insumos importados tenderán a relocalizarse en las costas.

*Jefe Estudios Económicos Mincomercio