Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Peñalosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Peñalosa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de octubre de 2009

Usaquén bloqueada

Enrique Peñalosa

El Tiempo, Bogotá

Octubre 14 de 2009

Con la decisión de no hacer TransMilenio en la 7a. sino un cuasi algo que apenas mantiene el nombre, que además solo operará hasta la calle 100, los habitantes de la calle 100 hacia el norte alrededor de la 7a. quedarán bloqueados durante al menos los próximos 30 años. Los embotellamientos serán cada vez más espesos y no tendrán transporte masivo. Quien viva en Cedritos habría podido ir en TransMilenio a la calle 72 en menos de 15 minutos; con las decisiones adoptadas, le tomará más de una hora. Quienes se movilizan en carro también se habrían beneficiado del menor tráfico, pues TransMilenio bien hecho habría atraído a muchos automovilistas: hoy, 17 por ciento de los usuarios de TransMilenio tienen carro.

La decisión de la Alcaldía implica meter a toda la población del nororiente en buses alimentadores hasta una estación de integración en la calle 100, donde tendrán que cambiar al bus de 'TransMilenio'. Al norte de la 100 irán a velocidad casi peatonal, mezclados con el resto del tráfico, en medio del trancón.

Como se cobrarán 800 pesos por el uso del bus alimentador, como se está haciendo hoy en la calle 142, en Cedritos, para llevar pasajeros a la troncal Autopista, los ciudadanos tendrán que pagar mucho más. Por ejemplo, quienes tomen el bus en San Cristóbal norte, tendrán que pagar los 800 pesos del bus alimentador, más los 1.500 del 'TransMilenio', para un total de 2.300 pesos, cuando hoy solo pagan 1.200 de un bus tradicional: 660.000 pesos más anualmente. Si esos buses alimentadores no se cobran, el costo para el sistema sería enorme: quienes van, por ejemplo, de la calle 170 a Usaquén viajarían gratis.

El nuevo 'TransMilenio' de la 7a. no incluye el mejoramiento urbano, como aceras y plazoletas, o los puentes sobre las calles 85 y 92, que estaban incluidos en los diseños originales. Tampoco tiene los sobrepasos en las estaciones, que son lo que le da al sistema velocidad, al permitir la operación de buses expresos, y capacidad, al multiplicar hasta por 5 la capacidad de un sistema sin sobrepasos. Las edificaciones de poco valor que se había contemplado demoler para abrir campo a los sobrepasos, seguramente serán reemplazadas por otras más costosas, que imposibilitarán su demolición y la construcción de una buena troncal aun en el futuro.

El 'TransMilenio' de la 7a. no tendrá carriles exclusivos, sino 'preferenciales' entre la calle 72 y la 100. Esto significa que allí habrá vehículos estacionados dejando pasajeros o carga y, como ocurre en las ciudades del mundo con carriles "preferenciales" sin separación física, los demás vehículos terminarán invadiendo los carriles de los buses.

Probablemente, la principal área de expansión de la ciudad en los próximos 25 años será el nororiente, para lo que se ha anunciado la aprobación del "plan zonal del norte", sin solución de transporte masivo.

Con TransMilenio, en lugar del metro que no habrá en la 7a., los ciudadanos obtienen ventajas. Muchos metros van tan llenos o más que TM. Por ejemplo, en la línea roja de Sao Paulo, los pasajeros deben tomar el tren 5 estaciones en la dirección contraria, para poder subirse al tren que necesitan. Y es más agradable viajar en superficie, con luz natural, que viajar enterrado. La sensación de inseguridad en las estaciones subterráneas lleva a que aun en ciudades avanzadas muchos eviten el metro tarde en la noche. Las largas escaleras que hay que usar no son agradables; aunque sean mecánicas, se dañan con frecuencia.

Cuando hay ascensores para personas en silla de ruedas o con coches de bebé, además de apestar frecuentemente, son difíciles de encontrar y se dañan. En Nueva York, 1 de cada 6 ascensores estuvo dañado más de un mes en el 2007.

Una tarea hermosa para los ediles de Usaquén es estudiar y comparar lo que había diseñado con lo que se va a hacer, y entender las implicaciones para las familias de su localidad. Y explicarlo a sus electores, cuya calidad de vida se va a deteriorar aceleradamente, a la vez que se desvalorizan sus inmuebles.

lunes, 21 de septiembre de 2009

¿Tren de cercanías?

Por Enrique Peñalosa

El tiempo, Bogotá

Septiembre 20 de 2009

Como a muchos, me llamó la atención inicialmente construir una línea de tren de cercanías por los corredores del ferrocarril. Hoy, creo que sería un error y respaldo la decisión del alcalde Moreno de no asumir ningún costo de inversión para la realización de ese proyecto y menos aún la operación de este, que requeriría cuantiosos subsidios.

Las líneas de tren de alta frecuencia de pasada, en superficie, por áreas urbanas, deterioran sus alrededores. Esto es evidente en la mayoría de ciudades del mundo en donde tienen estas líneas.

Requieren cerramientos de muchos kilómetros a lo largo de la línea, que impiden el paso de peatones. Los alrededores se deterioran y se desvalorizan. La impermeabilidad generada por la cerca, que hace que nadie pase y pocos se acerquen, propicia incluso que los bordes de estas líneas sean ocupados por indigentes, drogadictos y delincuentes. El tren de cercanías de Bogotá dividiría a la ciudad en dos con un cerramiento de decenas de kilómetros.

Si el Gobierno Nacional realmente quiere hacerle un aporte a la gran Bogotá, debe adquirir un corredor de terreno que conecte a Cajicá con Facatativá pasando por el cañón del cerro entre Cajicá y Tabio, para canalizar por allí los trenes de carga actuales y futuros. Así se podrían entregar a la gran Bogotá los corredores del ferrocarril actuales exclusivamente para transporte de pasajeros. Pero, por lo menos en una etapa inicial, operaría mucho mejor y a menor costo TransMilenio en los corredores del ferrocarril.

Aunque los costos de inversión de los trenes de cercanías son bajos, excepto por los pasos a desnivel que se requieren en las intersecciones con las vías, los costos de operación son todavía más altos que los de los metros, que a su vez son mucho más altos que los de un sistema con base en buses: porque los trenes están diseñados para llevar mucho menos pasajeros por vagón y más pasajeros sentados. TransMilenio operaría a un costo mucho menor. Pero los costos de inversión también serían más bajos: es mucho más económico, por ejemplo, hacer un puente de dos carriles para TransMilenio sobre la avenida Eldorado, que solucionar el paso de un ferrocarril, que exigiría elevar todos los carriles de la avenida, o hacer un deprimido muy extenso para el tren; y en algunas intersecciones se podría tener simplemente un semáforo.

En la autopista A-6, entrando a Madrid desde La Coruña, se reservaron carriles exclusivos para carros con más de dos pasajeros y para buses. Y en los últimos cuatro kilómetros, ya entrando a Madrid, se hizo un carril exclusivamente para buses, que incluso va en túnel en el último tramo hasta la terminal Moncloa, donde se integra al resto del transporte público de Madrid. Lo interesante del BusVao es que aunque hay dos líneas de tren de cercanías cercanas y relativamente paralelas al BusVao, este moviliza más pasajeros que las dos líneas de tren sumadas. Y mientras que los trenes requieren costosos subsidios, los buses no.

La ventaja del BusVao es que recoge y deja a los pasajeros más cerca del origen y destino de sus viajes, y una vez en la autopista va básicamente a la misma velocidad del tren. TransMilenio, en el corredor del ferrocarril, también tendría esta ventaja. Los pasajeros podrían llegar en los mismos buses desde troncales en los municipios a la troncal del ferrocarril; y en Bogotá, pasar de esta a otras troncales, sin que los ciudadanos tuvieran que bajarse a caminar para cambiar de troncal. Un pasajero que viniera en tren del norte y quisiera ir a algún punto en la carrera séptima, tendría que bajarse en la calle 114 y caminar dos cuadras a una estación de TransMilenio en la Séptima. Mientras que con TransMilenio, el mismo bus pasaría de la "troncal del ferrocarril" a la troncal de la Séptima.

Los buses tienen estaciones mucho más cercanas entre sí que los trenes, lo que minimiza las caminadas; mayores frecuencias, lo que reduce los tiempos de espera; y no exigen un encerramiento de decenas de kilómetros.

Es bueno recordar que la línea de metro planteada tiene nueve kilómetros en superficie.

* Ex alcalde de Bogotá