sábado, 4 de abril de 2009

El prudente debe callar

Por Raúl E. Tamayo Gaviria

El colombiano, Medellín

Abril 4 de 2009

Don Antonio de Lara Gavilán, periodista de humor y publicista español, contaba en una caricatura en "La Codorniz", que una señora se encuentra con un caballero en una calle cualquiera y le dice:

- Caramba, don Jerónimo, ¡qué cambiado está usted!

- Bueno, señora, es que yo no soy don Jerónimo. Dice el hombre.

- ¡Pues más a mi favor! Insiste la vieja.

En otro apunte del mismo Lara Gavilán, un pescador le cuenta a un amigo que se sorprende de verlo llegar acompañado de su esposa al lago:

- Es que mi mujer se empeña en acompañarme a pescar porque dice que yo no entiendo bien si el pescado está fresco o no.

Yo no he oído al presidente Álvaro Uribe, ni al ministro Juan Manuel Santos decirle públicamente a la Conferencia Episcopal Colombiana cómo deben manejar sus asuntos eclesiásticos, sin embargo la semana pasada escuchamos al presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rubén Salazar, recomendándole al gobierno reanudar los diálogos de paz con la guerrilla o lo que es casi lo mismo, buscar un acuerdo humanitario, ya que la guerrilla ha desistido de exigir una zona desmilitarizada.

Ahora que estamos en víspera de la Semana Mayor, nos dice la Iglesia que debemos convertirnos y una manera de hacerlo es pensar en nuestra vida anterior y cambiar. Pensar más y hablar menos.

Dice el profeta Amós: "Por eso el hombre prudente ahora tiene que callarse, porque son malos tiempos". Amós 5, 13.

Durante el gobierno del presidente Andrés Pastrana se dialogó con los terroristas de las Farc durante tres años y medio y nada se logró por las buenas. Hasta paseo por Europa se les encimó a los gorilas farianos y se burlaron del Presidente y del país. Afortunadamente el presidente Pastrana aprovechó el tiempo para fortalecer las Fuerzas Armadas y en su último semestre declaró la guerra a los narcoguerrilleros que pedían la disminución del 60% del Ejército y demás estamentos militares.

Esta guerra la está ganando el país, gracias a la decisión de nuestro presidente Uribe y al valor de nuestras Fuerzas Armadas y de Policía. No es hora de echar para atrás y tirar la toalla, cuando llevamos la mayoría de los capítulos ganados. Es verdad que casi todas las guerras terminan en una mesa de negociaciones y la firma de un armisticio, pero primero tiene que haber un ganador justo que imponga el orden. Porque si nos ganan los bandidos, no habrá ningún diálogo.

Con todo respeto, monseñor, sigamos el consejo de Amós y también del Eclesiastés: "Hay tiempo de callar y tiempo de hablar? tiempo de guerra y tiempo de paz". Ec. 3, 7 y 8. Ya llegará el tiempo de hablar, por ahora es tiempo de pelear y ganar la paz, si no queremos meter la pata como la viejita de don Antonio de Lara, saludando la persona equivocada o como la otra señora que quería saber más que el pescador. Una cosa es comprar el pescado en la carnicería y otra saberlo sacar del agua. "Zapatero a tus zapatos", dice el refrán.

ÑAPA: ¡Qué bien quedamos ante el mundo los medellinenses con la Asamblea del BID! Si los visitantes se fueron contentos de nuestra ciudad, nosotros quedamos más orgullosos de ella. Nuestras autoridades departamentales y municipales merecen nuestro reconocimiento y el gobierno nacional nuestro agradecimiento. Y la Policía Nacional, ni hablar. General Dagoberto García, coronel Luis Martínez, se lucieron. Nuestro pueblo es maravilloso.

 

 

 

 

viernes, 3 de abril de 2009

Chávez, off side

Editorial

El Mundo, Medellín

Abril 3 de 2009

Como sucedía con Fidel Castro, al coronel Chávez le encantan las cumbres de cualquier tipo para llamar la atención.

Dos salidas fuera de foco tuvo en los últimos días el coronel Presidente Hugo Chávez, que lo colocan definitivamente como un personaje grotesco en la escena internacional, mal imitador, por cierto, de su mentor y maestro Fidel Castro, quien sobresalió en la segunda mitad del siglo XX por sus posiciones extremistas en defensa de la revolución y contra el imperialismo, con las que se robaba el show mediático en casi todas las cumbres en que participaba, sin que por ello pudiera tachársele de atrabiliario o vulgar en su lenguaje ni en su trato con los demás jefes de Estado, un rasgo ostensible del carácter primario del bolivariano. 

Como al cubano, al venezolano le encantan las cumbres de cualquier tipo para llamar la atención. Ésta vez le sirvió de mampuesto para sus desafueros contra la Corte Penal Internacional, CPI, y contra la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, la II Cumbre de Países Árabes y América del Sur, que se celebró a comienzos de la semana en Doha, Qatar, con la asistencia de los 22 mandatarios de la Liga Árabe y los 12 de Sudamérica. 

El martes, Chávez la emprendió contra la CPI por haber dictado el 4 de marzo pasado una orden de detención contra el presidente sudanés, Al Bashir, por crímenes de guerra y delitos contra la humanidad en Darfur, calificando la medida de “adefesio jurídico” y de “irrespeto a los pueblos del tercer mundo”. Con su apasionada defensa de su socio y amigo, Chávez pasa por alto la tragedia humanitaria de Darfur, la provincia al oeste de Sudán, donde la guerra civil, auspiciada por el régimen de Jartum, ha dejado en los últimos seis años 300.000 muertos y 2,7 millones de desplazados, según datos de Naciones Unidas. No obstante que Venezuela suscribió el Estatuto de Roma, que le dio carta de nacimiento a la Corte Penal Internacional, Chávez desafía la autoridad y jurisdicción del alto tribunal, invitando durante la cumbre de marras al señor Bashir: “Te invito a Caracas y espero que no tengas algún problema”. 

El otro blanco de sus ataques fue la señora Bachelet, presente en la cumbre. A su llegada a Qatar aprovechó la vitrina que le ofrecían los ávidos reporteros para lanzar los primeros dardos, que luego repitió, casi en los mismos términos, durante su discurso ante la cumbre: “En América del Sur hay ahora gobiernos que se declaran progresistas y no lo entiendo, le voy a preguntar a Lula más tarde... Está la Presidenta de Chile que se reunió en Santiago con el Vicepresidente de Estados Unidos y el Primer Ministro Británico, ¡dos representantes de los imperios! ¡No entiendo nada!… Creo que eso pone en peligro la unión de Sudamérica... Así lo digo, porque un revolucionario, y yo lo soy, no debe callar, debe decir su verdad y esa es parte de mi verdad”. 

Se refería Chávez al Encuentro Mundial de Líderes Progresistas, que por primera vez se realiza en América Latina, y que reunió en Viña del Mar el pasado fin de semana al primer ministro británico Gordon Brown; al vicepresidente estadounidense Joe Biden; al primer ministro de Noruega, Jens Stolnberg; al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero; a los presidentes de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva; de Uruguay, Tabaré Vázquez; de Argentina, Cristina Kirchner y a la anfitriona Michelle Bachelet. Además, a 200 intelectuales de la llamada centroizquierda mundial, ministros de Estado y asesores gubernamentales de Italia, Alemania, Holanda, España, Australia, Canadá y Grecia, entre otros países. Se trataba, según informes de prensa, de aunar fuerzas y criterios bajo sello progresista para impulsar la reestructuración del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial, entre otros puntos prioritarios, a pocos días de la reunión del G-20 en Londres, que precisamente presidiría el señor Brown y a la que asistirían los dos representantes de Sudamérica en el exclusivo club: Brasil y Argentina. 

La calidad de los participantes y la indiscutible importancia de la reunión hace mucho más notoria la bufonada del presidente venezolano, que lo deja muy mal parado y cada vez más aislado, como rara avis, en el campo diplomático internacional, pues al tachar a la presidenta chilena de invitar a “dos representantes del Imperio”, también lo está haciendo con los mandatarios sudamericanos que aceptaron esa invitación, en esa compañía, es decir, a los presidentes Lula, Kirchner y Vásquez, de quienes se precia socio, correligionario y amigo, y a los que implícitamente está reclamando que no tuvieran en consideración que él había sido ostensiblemente excluido de la reunión. 

El senador chileno, Sergio Romero, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Alta, caracteriza muy bien el desplante del coronel Chávez: “Está viviendo en siglos pasados y así lo muestran sus comentarios, añejos y sin futuro... El señor Chávez posee una limitación intelectual que revela su falta de visión como estadista, que simplemente lo coloca al margen de lo que es hoy el mundo civilizado; en la práctica, uno puede estar en desacuerdo con una reunión, pero descalificarla creyéndose el vocero del mundo es presumir de un liderazgo que no tiene”. 

Con razón la Cancillería chilena le restó importancia al incidente y, en lugar de una nota formal de protesta, se limitó a calificar de “inadecuadas” las críticas de Chávez a quien “es símbolo de unidad y de diálogo en todo el mundo. Nuestro gobierno participa de la Cumbre Progresista y de todas las instancias donde hay actores relevantes, donde hay temas importantes, donde podamos construir diálogo, esa es nuestra política”. Una vez más el coronel Chávez hace el ridículo con sus ladridos contra la CPI y la Presidenta Bachelet.

 

Cuéntenme una de vaqueros

Por Francisco Javier saldarriaga A.

El Colombiano, Medellín

Abril 3 de 2009

Hace más de un año se incautaron los computadores de las Farc; en días pasados una explicación proveniente de las Altas Cortes pasó desapercibida y a medida que pasa el tiempo, si no se cuestiona, quedará como la razón lógica para dejar de hacer lo que ya debieron realizar: llamar a indagatoria a los múltiples implicados en la Farcpolítica, descubiertos en esos computadores. Se supone empezaron porque llamaron al Ministro de Defensa, no se sabe con qué intenciones.

La explicación de la que hago mención era más o menos ésta: la documentación es tan extensa que hay que estudiarla toda para poder decidir, si se llama o no a dar explicaciones a los implicados.

No voy a sugerir que se empiece a fusilar mientras llega la orden, pero estoy seguro de que muchas de las informaciones que allí reposan tienen suficientes elementos para decidir si se llama o no, a muchas de las personas que se mencionan.

Cuando se empezó a hablar de la parapolítica, el acervo probatorio era similar al que ahora tienen los magistrados; el afán fue tal que llamaron y detuvieron a personajes, que posteriormente salieron a la libertad; estos altos jueces buscaron la manera de llevar a juicio y condenar sin haber terminado de cotejar las informaciones, contenidas en los computadores incautados a los delincuentes de turno.

Ahora la cosa es a otro precio, pues de hacerlo pueden ser tachados de estar a favor del establecimiento, (como diríamos los comunistas de los años 60) y es que es muy posible que muchos de los mencionados sean miembros de los partidos de oposición y esto no es muestra de ¿imparcialidad?; es que ante el mundo y ante las ruidosas organizaciones de izquierda, que dicen defender los derechos humanos, es inaudito que se llame a juicio a un integrante de esos partidos, puesto que con esto se está coartando o mejor, se pretende silenciar a los opositores.

Los delitos son eso, y nadie está libre de que lo llamen a responder por ellos, si los comete. Otra cosa es que los jueces estén seriamente amenazados para proceder en justicia y ahora con este sancocho del DAS, es posible que quieran hacer ver que las amenazas provienen de fuerzas oscuras de organismos del Estado, cuando éstas de tiempo atrás proceden de esos grupos terroristas que quieren hacerse con el poder en Colombia. Me surgen varias preguntas: ¿Es por miedo?, ¿deseo sincero de aplicar cabalmente las leyes?, ¿intereses particulares?, ¿hacer un mandado?, ¿no alborotar un avispero superior, en tamaño, al de la parapolítica?, ¿cuantas preguntas más habrá?

Añadido: ¿Quién pagará la demanda, en caso de ganarla, del senador Guillermo Gaviria Zapata, cuando ésta fue a raíz de la detención arbitraria ordenada por la Corte Suprema de Justicia?

 

Chávez, ¿totalitarismo total?

Editorial

El Colombiano, Medellín

Abril 3 de 2009

El sueño de Chávez ha sido lograr un total control sobre su país. Las últimas medidas económicas no conjurarán la polarización y el descontento. Sin embargo, lo más delicado para los venezolanos sería perder lo que les queda de democracia. El modelo chavista es demagógico y populista, ya casi un totalitarismo total.

En Venezuela se está extinguiendo el Estado de Derecho. Paso a paso Hugo Chávez, ha ido estructurando un gobierno totalitario. Inicialmente propuso un referendo popular para aprobar una reforma constitucional e instaurar su modelo de socialismo. Claro, que bajo su particular manera, para poder así controlar la libre expresión, establecer la reelección indefinida presidencial y nacionalizar los hidrocarburos, entre sus más importantes deseos. El pueblo, en forma sabia, le dijo NO en diciembre de 2007.

Pero a Chávez poco le importan las negativas y los "formalismos" legales. Hizo caso omiso de la voluntad popular que negó la reelección perpetua del Presidente, una medida a su medida, e insistió en ella. El 15 de febrero de este año sometió de nuevo a votación el referendo para la presidencia vitalicia, logrando el triunfo por una mayoría del 54,8 por ciento, luego de la presión de una aceitada maquinaria oficial.

Y si bien Chávez está autorizado para someterse a nuevas elecciones que le permitan gobernar hasta su muerte, aún no puede cantar victoria, pues le faltan años de difícil administración. Máxime ahora cuando la crisis económica mundial ha agudizado la que él produjo en su propio país y se ha visto obligado a dictar urgentes medidas económicas de ajuste al desbarajuste.

Chávez está usando todo su poder para acomodar el Estado venezolano a su concepción totalitaria. Así interpretamos la reforma que ha hecho a la Ley Orgánica de Descentralización, modificación que busca dirigir al poder central los recursos y algunas competencias que han estado en manos de los gobernadores y alcaldes. Es el último paso de su estrategia totalitaria, hecho alarmante por la concentración de poder en dos únicas manos, las suyas.

Quitó a los mandatarios locales el control de las carreteras, de los terminales aéreos y marítimos, para transferirlo al poder central. Gobernadores y alcaldes se han declarado "en emergencia y en rebeldía contra la centralización y la persecución política del gobierno". Ayer, el antiguo aliado militar de Chávez y ex ministro de Defensa, Raúl Baduel, fue detenido por las fuerzas del Estado, por presunto enriquecimiento ílicito.Y el principal líder de la oposición y alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales, ha tenido que resguardarse al sentirse amenazado por las acusaciones que cursan contra él también por un supuesto enriquecimiento ilícito.

Además, todo parece indicar que las últimas medidas económicas de Chávez no conjurarán la polarización y el descontento. Al contrario: el incremento en el IVA del 9 al 12 por ciento puede tener un efecto negativo, ya que es un impuesto regresivo e impone presiones a la clase media. La reducción del gasto público en 6,7 por ciento, a través de recortes en los salarios de altos oficiales y de gastos suntuarios, no es suficiente para cubrir el déficit fiscal. Entonces, podría llegarse a recortes en proyectos de inversión pública en infraestructura, lo que afectaría aún más el crecimiento económico y ocasionaría mayor malestar ciudadano.

El dominio de Chávez sobre su país se debilitará al extremo si no logra conjurar la crisis económica. Sin embargo, lo más delicado para los venezolanos y la región sería perder lo que les queda de democracia. El modelo chavista es una expresión demagógica y populista, ya cercana al totalitarismo total.

 

 

 

¿Y el salto estratégico?

Por Eduardo Posada Carbó

El Tiempo, Bogotá

Abril 3 de 2009

 

En una conferencia internacional sobre el terrorismo, celebrada esta semana en Bogotá, el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, anunció una importante iniciativa "para sentar las bases de un futuro de paz" en Colombia. 'Salto estratégico' la llamó. Se trataría de una renovada "campaña militar y social", acompañada de acciones contra "la guerra política y jurídica" desplegada por los grupos armados ilegales, las Farc en particular. ¿En qué consiste dicho "salto estratégico"? ¿Tendría el alcance y la efectividad necesarios para el tan anhelado fin del conflicto?

 

Ante todo, hay que reiterar -como lo hizo el Mindefensa- que se han dado significativos avances en seguridad durante los últimos años. Estos logros se reflejan en las caídas de las tasas de homicidio y secuestro, o en el mayor control del territorio por parte del Estado. Estas conquistas no han estado libres de problemas, algunos muy serios -como los llamados "falsos positivos"-. El mismo ministro los reconoció en su discurso, donde también reconoció la imperiosa necesidad, y obligación, de respetar los derechos humanos. "Si vencemos al enemigo al costo de volvernos como él, habremos perdido", observó.

 

Las amenazas persisten, pero debilitadas. Santos considera que, sobre la consolidación de los avances en seguridad, el Gobierno podría llevar a los guerrilleros "a un punto de no retorno, después del cual solo tendrán el camino de la desintegración o la negociación sin cartas marcadas".

 

El Mindefensa identificó seis componentes en la planteada "ofensiva decisiva". Se destacan la concentración de una "campaña militar masiva y sostenida" en aquellas zonas donde los grupos guerrilleros aún tengan "capacidad militar creíble"; esfuerzos de "contención en las fronteras", y "el trabajo de recuperación social de los territorios que antes vivían sometidos al imperio de los terroristas". También señaló mayores trabajos de inteligencia, más capturas (y judicialización de los capturados) y continuación de operaciones antinarcóticos.

 

Es importante que el Gobierno mantenga la iniciativa y consolide sus avances, aunque es difícil saber con precisión dónde están las novedades del "salto estratégico". Algunos de los planteamientos del ministro Santos parecen además de sentido común -como insistir en la necesidad de acompañar la lucha militar con políticas sociales-. Lo que sí parece faltarle al anunciado "salto estratégico" es una dimensión política.

Según el Ministro, las guerrillas "se encuentran en el peor momento de su historia, debilitadas militarmente, con la moral baja y repudiadas a nivel nacional e internacional". Sobre esta premisa, el Gobierno cree estar cerca del "momento de quiebre", que permitiría la "desintegración" de las guerrillas o la "negociación sin cartas marcadas". Si ello es así, esta sería la oportunidad para convocar a todas las fuerzas democráticas alrededor de una entonces sí "ofensiva decisiva" por la seguridad y por la paz.

 

Sólo dos días antes del discurso del Mindefensa, el presidente Uribe propuso que habría que pensar en "un horizonte de dos líneas. Una línea: firmeza en la derrota de los terroristas. Y una segunda línea: buscar más diálogo con los colombianos de todas las tendencias políticas, para tratar de avanzar en la construcción de consensos nacionales sobre aspectos fundamentales". Y no hay otros aspectos fundamentales del porvenir colombiano que exijan consensos nacionales con mayor urgencia que los de la seguridad y la paz.

 

El "salto estratégico" anunciado por el Ministro de Defensa mantiene la primera línea de firmeza adoptada por el Gobierno desde hace más de seis años. Donde se necesitan mayores muestras de avance gubernamental es en esa segunda línea de buscar "más diálogo con los colombianos de todas las tendencias políticas", con la oposición en particular. Esta es la dimensión política ausente del "salto estratégico": un acuerdo entre el Gobierno y la oposición para buscar la paz en Colombia.

 

Angustias metafísicas

Por Plinio Apuleyo Mendoza

El Tiempo, Bogotá

Abril 3 de 2009

Rara vez había escuchado una explicación tan aguda y llena de humor a propósito de nuestros famosos culebrones, las telenovelas; tan tremendistas y cursis como las zarzuelas y la propia Biblia, decía. ¿Quién? Daniel Samper, por supuesto. Al salir, en Madrid, del foro donde él intervino, me anunció que en su columna del domingo haría sobre mí una cariñosa mención. Y así fue. Daniel piensa y dice con cariño que quienes ponemos en duda la imparcialidad de la Fiscalía o de la Corte nos ocupamos de hacer sólo exploraciones psicológicas en vez de rebatir argumentos jurídicos. Angustias metafísicas, dice.

Pues bien, para no desmentirlo, quisiera exponerles no sólo a él sino a mis colegas y amigos Roberto (Pombo), Alejandro (Santos), Rodrigo (Pardo) y María Elvira (Samper) la sospecha íntima y de pronto desquiciada de que en el campo informativo los órganos de prensa que dirigen no son imparciales.

A ese respecto, podría dar muchos ejemplos, pero hoy me limito sólo a uno. No recogieron las valerosas y graves revelaciones que hizo a Fernando Londoño, en su Radio Super, el ex guerrillero 'Olivo Saldaña'. Con nombres propios, habló de parientas de guerrilleros que ocupan cargos en la Fiscalía y de encuentros y pactos con las Farc de un gobernador y varios personajes políticos bien conocidos por su beligerante perfil de izquierda. De esas alianzas, 'Saldaña' fue testigo directo. Dio fechas y lugares. Pero todo ello quedó sin eco en la prensa escrita.

En cambio, si las revelaciones hubiesen provenido de un paramilitar a propósito de senadores cercanos al Gobierno, el estrépito habría sido grande. La verdad es que no hay equilibrio informativo entre las denuncias relacionadas con la 'parapolítica' y las de la ''farcpolítica'. Las primeras se encienden como fogonazos en las carátulas de las revistas. Las segundas, no; más bien son dejadas de lado, envueltas en un silencio cauteloso o indiferente. ¿Por qué?

Es algo difícil de entender. Para mí, Daniel Samper y los colegas atrás mencionados son muy buenos periodistas, pulcros y muy seguros de adelantar en sus respectivos medios informativos operaciones de salubridad pública. Y es cierto que en el campo de las páginas de opinión les abren espacio a las posiciones más diversas. (La prueba es esta misma columna.)

En mi concepto, el problema se sitúa en el campo de la información. Como no se trata, estoy seguro, de una parcialidad deliberada, sino más bien inconsciente, tengo que darle gusto a Daniel convirtiéndome, como él lo teme, en una especie de psicoanalista para explicar tal desequilibrio en la valoración de denuncias y noticias.

Pues bien, tengo una sospecha. Subsiste en ellos y en muchos colegas míos un rezago del sarampión ideológico que padecimos en la juventud, el mismo que nos hacía sentir rebeldes en un país conformista, el que nos alejaba de las corbatas y nos acercaba a la izquierda como quien es atraído por una muchacha bonita. Es muy probable, por ello, que quienes defendemos a los militares injustamente acusados apoyamos a Uribe, no creemos en el diálogo ni en la santidad del Polo Democrático o la de Colombianos por la Paz, seamos vistos compasivamente como exponentes de una obstinada derecha. Ideas de viejos o de godos, deben pensar. Pero los entiendo, qué caray. También yo pasé por ahí. Quizás fui aún más lejos. Cuando era dirigente de las Juventudes del MRL envié a Cuba, para adoctrinarlos, a más de cuarenta muchachos. Y varios de ellos, al regresar, crearon el Eln.

¡Mea culpa!, sí. Tardé muchos años en darle razón a ese gran viejo que fue Enrique Santos Castillo. También él padecía, como yo ahora, las angustias metafísicas de que habla Daniel.

 

¿Legalización o penalización?

Por Libardo Botero C.*

Será inocua la nueva propuesta legislativa del gobierno para combatir la “dosis personal” de droga, si no va acompañada de un blindaje constitucional. Además sería un retroceso frente a la idea de penalizar el consumo, que ha defendido el presidente Uribe, no tanto para castigar a los adictos, sino para rescindir, por mandato de la Carta, la tristemente célebre sentencia de la Corte Constitucional de 1994, promulgada a instancias del magistrado Carlos Gaviria, ahora presidente del Polo Democrático, partido que acaba de culminar esa tarea al proponer la legalización de la producción y el tráfico.

Desde aquel fallo Colombia fue colocada en situación paradójica: mientras es líder mundial en lucha contra cultivo y comercio de cocaína, heroína y marihuana, ha despenalizado su consumo. La propuesta de permisividad plena había sido formulada antes por Ernesto Samper, quien ahora perora que de haber sido aceptada ¡nos hubiéramos ahorrado la violencia de estos años! Extraña oír a los críticos inveterados del neoliberalismo predicar el libre mercado en materia tan sensible. Los mismos que enrostran al consumo de Estados Unidos ser gestor de nuestra tragedia, lo facilitan aquí.

Los argumentos de la legalización son precarios. Desaparecería la violencia, sugieren, generada por las ganancias exorbitantes resultado de los altos precios que provoca el combate a la oferta. ¿Pero no aumentaría el consumo con la reducción de precios y se estimularía mayor producción? Emergería un problema de salud pública talvez de mayor realce que la violencia actual, ya bastante reducida y controlada.

La propuesta de los ex presidentes Zedillo, Cardoso y Gaviria, navega en las mismas aguas de indefinición que hoy padecemos: combatir cultivo y tráfico, pero ser tolerantes con el consumo, con la disculpa de que es un problema de salud pública y no policivo. ¿Y de dónde acá el consumo de drogas no puede ser enfrentado en esas dos dimensiones a la vez? Es perfectamente compatible la prohibición del uso, con campañas de educación y rehabilitación de adictos. En el trasfondo baila la posición derrotista de que la guerra contra las drogas está perdida, porque no hemos ganado todas las batallas, y que mejor es claudicar.

El mundo no marcha hacia la permisividad; está de regreso de ella. Están en el orden del día las limitaciones a la venta y/o consumo de alcohol y tabaco por los menores; se prohibe y/o penaliza fumar en sitios públicos o conducir embriagado. La misma Holanda, que un día fue el ejemplo libertario viene reversando: prohibió el tráfico y consumo de las “drogas duras” (cocaína, heroína y otras) desde mediados de los 90 del siglo pasado, y acaba de prohibir el expendio de “hongos frescos” por un trágico caso de suicidio. Y ha emprendido el cierre de un buen número de coffee shops, los expendios autorizados de “drogas blandas” (ya casi solo la marihuana).

Los países nórdicos de Europa, en una época paraísos de la prostitución, han dado un viraje inimaginable en esta materia. En 1999 se aprobó una curiosa ley en Suecia que la ha reducido en más de 80% (ya fue acogida en Noruega y se discute en Finlandia y otros países): despenalizó la venta de servicios sexuales, pero penalizó su compra o consumo, con severas penas de cárcel a los clientes. A la par adoptó campañas preventivas dirigidas a la población, y procesos de recuperación de las trabajadoras sexuales.

No es fácil ganar una batalla legislativa varias veces perdida. Pero serían pírricos los réditos de desgastarse en el trámite de una ley que dejara en pie la doctrina constitucional tolerante. Loable que el proyecto de ley del gobierno enfatice la atención estatal del problema de salud pública, pero hay que cerrar la tronera del consumo de la “dosis personal” con un blindaje jurídico sólido. O, en pocos años lamentaremos no haber procedido con firmeza y volveremos a buscar cómo controlar el consumo desbordado.

* Economista. Analista e investigador del Centro de Pensamiento Primero Colombia (CPPC)

jueves, 2 de abril de 2009

Las Farc tras un nuevo fondo

Editorial

Vanguardia liberal, Bucaramanga

Abril 2 de 2009

A pesar de que los colombianos se han resignado con el paso de los años a enterarse de las continuas atrocidades de las Farc, ello no quiere decir que no puedan sorprenderse aún cada vez que esa guerrilla da nuevas muestras de su crueldad y salvajismo.

 

Y es que a pesar de que en un principio pudiera pensarse que la propuesta de esa agrupación criminal de realizar un canje de cadáveres de secuestrados por subversivos dados de baja, es una muestra de buena voluntad, la realidad es que significa un nuevo fondo en materia de inhumanidad alcanzado por esa organización. 

De hecho, si bien en su comunicado las Farc parecen no poner ya más el requisito del despeje de dos municipios para efectuar en el futuro un posible canje humanitario, sí salta a la vista un problema aún más grave.

La afirmación de esa guerrilla según la cual tienen en su poder a sólo nueve colombianos secuestrados, cuando las pruebas demuestran que ese número hay que multiplicarlo varias veces, demuestra una vez más su capacidad de mentira y cinismo. Y de paso, genera todo tipo de dudas y sospechas sobre lo que puede haber pasado con los cientos y tal vez miles de ciudadanos que han sido plagiados por esa agrupación.

Es que después de los abusos y atropellos que han caracterizado a esa organización en las últimas décadas, no sería demasiado pesimista asumir que no reportan a totalidad de ciudadanos en su poder para poder concretar la extorsión o lo que sería peor, porque ya no están vivos.

Desde que las Farc se decidieron por mantener durante años y lustros a personas secuestradas para robarles su patrimonio, los desenlaces fatales lamentablemente tampoco se han hecho esperar.

El país entero tiene que mandarle un mensaje fuerte y claro a Alfonso Cano y sus filas. El secuestro es absolutamente inadmisible en cualquier situación y mientras insistan en esa política no hay posibilidad alguna de reconciliación.

 

 

 

Paso el marzo negro?

Poe Eduardo Herrera Berbel

El Colombiano, Medellín

Abril 2 de 2009                           

Numerosas predicciones y augurios alarmistas vaticinaron un marzo negro, al conmemorarse el primer aniversario de la muerte de tres integrantes del secretariado de las Farc. En efecto, fue un mes con una ofensiva sostenida superior de la Fuerza Pública contra los actores violentos; una mayor beligerancia armada y terrorista de las Farc; se planteó incluso, la posibilidad de acciones guerrilleras de impacto estratégico con el empleo de nuevas armas y métodos de guerra novedosos; también crecieron las expectativas sobre el verdadero alcance de la reingeniería de las Farc, el direccionamiento de su nuevo liderazgo y la ejecución del Plan Renacer Revolucionario de Masas.

Pero pasó el mes de marzo y se podría concluir que las Farc sufrieron una contundente derrota en el Sumapaz, y su intención de penetrar nuevamente en Cundinamarca, fue neutralizada; aunque ejecutaron acciones terroristas aisladas contra el transporte terrestre de carga, de pasajeros y llevaron a cabo ataques esporádicos contra la Fuerza Pública y afectaron la tranquilidad ciudadana local con amenazas de paros armados, fue evidente que carecen de la capacidad crítica de antaño para articular escaladas terroristas de orden regional y nacional.

También se pudo observar que las Farc no han asimilado aún los golpes recibidos en los dos últimos años, pues muestran un despliegue estratégico disperso, una nula conectividad operacional entre sus estructuras, dificultades de comunicación, de mando y control, y están sumidas en un repliegue defensivo para preservar fuerzas y acumulados logísticos. Todavía persisten las críticas internas sobre la conducción de la organización por parte de su alta dirigencia, continúa su aislamiento político y no han podido recomponer la comisión internacional que en otras épocas les dio protagonismo internacional.

Podría uno preguntarse entonces: ¿dónde están las nuevas Farc? No aparecen por parte alguna, aunque esto no ha sido óbice para divulgar retóricas triunfalistas que se aprecian en el escenario colombiano. Es evidente que las Farc cuentan con una gran capacidad de daño, pero hoy al parecer son más cuidadosas en no ocasionar daños colaterales a la población civil.

Las Farc aprovecharon la coyuntura del mes de marzo, y en el marco de una relativa posición de fuerza, debido a los niveles de la confrontación armada durante este mes para responder la tercera carta de los CCP. De esta comunicación cabe resaltar lo siguiente: existe un cálculo político para acorralar al Gobierno, anuncian la entrega condicionada de los restos del mayor Guevara muerto en cautiverio, no hay exigencias de despejes, no renuncian al secuestro y lo justifican como retenciones económicas en el marco de una tal ley 02, plantean su voluntad de adelantar un intercambio humanitario con la sociedad civil, anuncian sus voceros oficiales, y piden acompañamiento internacional.

¿A qué se debe esta estrategia de las Farc? No hay duda de que buscan oxigenación política y generar una presión transitiva hacia el Gobierno sobre el tema humanitario e incidir en la coyuntura política reeleccionista. Y como trasfondo de sus intenciones reales, buscan el canje como mecanismo para continuar la guerra, manejan un discurso humanitario hacia afuera e internamente siguen los lineamientos de sus planes estratégicos, y pretenden construir una veeduría internacional de orden regional, donde no se les condene como terroristas, lo cual no se lograría con la participación de Europa.

Por último, ¿quedaron conformes los CCP con las explicaciones que dieron las Farc a su solicitud de renunciar al secuestro? Desviarán la atención sobre la exigencia fundamental de que esta guerrilla ratifique su voluntad de paz. Por lo tanto, estaremos atentos a observar la coherencia de los planteamientos futuros de los Colombianos y Colombianas por la Paz sobre estos sensibles temas.

Por lo pronto, lo único seguro es lo que han anunciado las Farc hasta ahora: la confrontación armada continúa con o sin intercambio. Desde luego, sin dejar de utilizar lo político-humanitario como arma silenciosa de guerra y de connotaciones mediáticas para sus intereses políticos. 

*Mayor General (r), Ejército Nacional

 

 

 

 

 

La plaga de las minas antipersona

Por William Brownfield*

El Heraldo, Barranquilla

Abril 1 de 2009

En Colombia cada mes ocurren unos 100 incidentes relacionados con minas antipersonal. Entre 1990 y 2008 cobraron la vida de 1.678 colombianos e hirieron a otros 5.616, muchos de ellos con discapacidad permanente. Hay muy pocos países afligidos por esta plaga como Colombia. Por eso hoy, en el Día Internacional de Información sobre el Peligro de Minas, debemos entender cuál es el impacto de estas armas en Colombia, trazar los avances que hemos logrado y dedicarnos a tratar todos los aspectos del problema.

En 2005 y 2006, Colombia registró el más alto número de nuevas víctimas de minas antipersonal en todo el mundo, aun más que Afganistán y Camboya. En 31 de los 32 departamentos y el 60 por ciento de los municipios ha habido por lo menos un incidente. Esta crisis tiene aspectos humanitarios, socioeconómicos y políticos. Las minas antipersonal no distinguen entre combatientes y civiles, adultos y niños. El 30 por ciento de las víctimas civiles son menores de edad. Las minas impiden el desarrollo humano y afectan a grupos vulnerables como campesinos, indígenas y desplazados, de manera desproporcionada. Casi todos los incidentes de minas se atribuyen a grupos armados ilegales, primordialmente las Farc y el ELN.

En mi embajada, he declarado 2009 el Año Contra las Minas Antipersonal. Desde 2007, EE.UU. es el país que más ha contribuido a programas contra minas en Colombia, colaborando con el Gobierno a través del Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal. Con la OEA hemos capacitado y equipado dos unidades del Ejército colombiano para el desminado humanitario. Estos equipos ya han realizado exitosas operaciones de limpieza en Bajo Grande (Bolívar) y San Francisco (Antioquia). En 2007, construimos el Centro de Acción Humanitaria contra Minas en la Escuela de Ingenieros Militares, y ya estamos construyendo otro centro de capacitación en Tolemaida. Además, hemos proporcionado sistemas para manejar información sobre minas.

Al mismo tiempo, la Usaid, con la ONG estadounidense Mercy Corps y la Campaña Colombiana contra Minas (Cccm), ha prestado asistencia a los sobrevivientes en los seis departamentos más afectados. El objetivo del programa es aumentar la capacidad para tratar la gama de necesidades de los sobrevivientes y sus familias. Este proyecto comprende el suministro de equipo médico, capacitación de profesionales en rehabilitación, tratamiento físico y psicológico de los sobrevivientes, y programas de reintegración social y económica. En cooperación con la Gobernación y el Hospital Universitario de Nariño, vamos a inaugurar un nuevo centro de rehabilitación integral en Pasto, este mes. Además, con la colaboración del Sena, el Cicr y el gobierno alemán, abriremos una escuela de técnicos de prótesis en Bogotá, para subsanar la escasez de esta habilidad. Hemos apoyado también el Centro Integral de Rehabilitación de Colombia y la Cccm para crear equipos de rehabilitación en zonas remotas, y elaborar programas de educación en riesgo de minas.

Gracias a los esfuerzos de la Fuerza Pública, con el apoyo de gobiernos aliados y las ONG, disminuyó por primera vez el número de incidentes de minas en Colombia en 2007. Aunque este representa un punto de inflexión importante, todavía nos queda mucho por hacer. El problema multifacético de minas antipersonal exige esfuerzos integrados entre operaciones de desminado, educación en riesgo de minas y asistencia a sobrevivientes. El gobierno de EE.UU. seguirá trabajando en todos estos ámbitos al lado de nuestros socios en el Gobierno de Colombia, las ONG y la comunidad internacional.

En marzo, tuve el privilegio de honrar el equipo ‘Huella 2009’, el grupo de cuatro militares colombianos sobrevivientes de minas antipersonal que conquistó la montaña más alta de las Américas. Presente también estuvo un grupo de jóvenes víctimas de minas, quienes, gracias al apoyo de ONG colombianas y americanas, recuperaron sus vidas. Todos ellos son héroes, superaron sus discapacidades y alcanzaron el cielo. Como sociedad tenemos la obligación de asegurar que todos los sobrevivientes de minas tengan la oportunidad de realizar sus sueños. Pero sobre todo, tenemos el deber de lograr que las minas antipersonal no cobren más víctimas inocentes.

*Embajador de Estados Unidos

¿"Rehenes" del Presidente?

Por Sergio Esteban Vélez

El Mundo Medellín

Abril 1 de 2009

Pocas veces he sentido tanta indignación como hace algunas semanas, cuando, a través del prestigioso canal RDI (el principal del Canadá), vi, en horario triple A, la transmisión de un documental que es improperio para Colombia. Su nombre: “Les otages du président”, que traduce: “Los rehenes del Presidente”.

Y la producción entera corresponde a lo que tal título sugiere. Según los realizadores, el nuestro es un país en la miseria sometido a una especie de dictadura narco-paramilitar, cuyo máximo jefe, el presidente Uribe, sería el mayor enemigo de la paz y de la justicia. 

Los “investigadores” se dirigen a las Farc como “Ejército del Pueblo” y, para ellos, aunque este grupo “rebelde” ha cometido algunos errores, los verdaderos responsables de la guerra que asuela al país serían los paramilitares y, muy especialmente, el Estado, que los habría estimulado y encubierto. 

Este documental en francés, de 58 minutos de duración, sumamente bien preparado y cuya producción seguramente costó una fortuna, fue realizado por la periodista francesa Mylène Sauloy, con el auspicio de France 5 et de la AMIP, de París. Su lanzamiento oficial tuvo lugar en septiembre del año pasado, cuando, luego de una intensa campaña promocional, fue emitido por la televisión francesa. 

Para dolor nuestro, muchos ciudadanos extranjeros, luego de ver este filme, han terminado creyendo en un supuesto “lado amable” de la guerrilla. Se confirma así la fuerza que han tomado las Farc en el más activo medio universitario e intelectual europeo, gracias a su estrategia propagandística internacional, mucho más acuciosa y efectiva que la diplomacia del democrático Gobierno Nacional. 

Se muestra al presidente Álvaro Uribe como un original colaborador del narcotráfico, próximo al capo Pablo Escobar, y Medellín, su tierra, es identificada como “La Ciudad del Cartel”. Para completar, lo “acusan” de haberles declarado la guerra a las Farc y de haber promovido el paramilitarismo. Hacen especial énfasis en la cacaraqueada “persecución” a los sindicalistas que se habría desarrollado durante el actual gobierno (pero, como aquí sabemos, los sindicalistas amenazados han recibido una protección gubernamental, a veces exagerada, y, durante los dos mandatos de Uribe, el asesinato de dichos activistas ha descendido muy significativamente). 

Con tal contenido, ya se imaginarán ustedes quiénes son los entrevistados “estrella”: pues nada menos que el senador Petro, el periodista Jorge Enrique Botero (a quien llaman “Quique”) y la “dama del turbante”, Piedad Córdoba, a quien presentan como auténtica heroína, toda vestida de blanco, con imágenes en las cuales el pueblo que la aclama le ofrenda rosas a su paso. ¡Como a la Virgen María! No fue consultada ni una sola fuente contraria a los “revolucionarios”. 

Tal vez, el punto en el que se aprecia con mayor claridad la simpatía “fariana” de los realizadores es cuando se denuncia que el presidente Uribe habría ordenado bombardear a alias ‘Raúl Reyes’, para ellos verdadero adalid de la libertad. Con este “asesinato”, según ellos, se dio fin a la única esperanza del intercambio humanitario. 

Entre los múltiples planos de campamentos de la guerrilla, en algunos de las cuales exhiben las condiciones en que viven los secuestrados (ellos los consideran “prisioneros de alta seguridad”), muestran a la camarada Córdoba sentada dialogando con Reyes. Posteriormente, se contempla a la senadora, furibunda, hablando de las “instituciones mafiosas que concentran el poder”, en nuestra patria, y a la muchedumbre que grita: “!Uribe, paraco!”. Ningún desprevenido espectador europeo podría, después de ver esta emisión, imaginar que el presidente Uribe cuenta en Colombia con un 80% de popularidad.

Por supuesto, también se les da la palabra a varios guerrilleros, a altos representantes de ONG y se dedican sendos fragmentos a la aberrante escena en la cual el presidente de Venezuela afirma enardecido que «Las Farc no son terroristas: son verdaderos ejércitos», en medio de los aplausos del público “cautivo”. 

Para rematar, estos “imparciales investigadores” reniegan de la gran marcha del 4 de febrero, contra el secuestro y el terrorismo, a la cual califican como una «maquinación» del presidente Uribe, quien habría convocado a su electorado para manifestarse en contra de las iniciativas de las Farc, del intercambio humanitario y, por ende, de la libertad de los «rehenes». 

Pero lo más sorprendente es que, a pesar de que el documental ya ha sido transmitido (con amplio despliegue) en diversos países de la Francofonía, no ha suscitado, como sería lógico, una enérgica y contundente respuesta de nuestro gobierno ni de nuestros representantes diplomáticos en tales naciones. Peor aún, los medios de comunicación nacionales, que tanto se precian de su agilidad para denunciar y de estar siempre actualizados en el campo internacional, no han publicado ni una sola sílaba al respecto. 

¡Qué cómodo les resulta quedarse de brazos cruzados!

 

 

Dosis mínima, Libertad individual y chicharrón

Por Darío Acevedo Carmona

El Tiempo, Bogotá

Abril 1 de 2009

Me gustan más las campañas educativas contra el cultivo (del que desafortunadamente viven muchos campesinos, 'la mataquemata') y el consumo de drogas que las leyes que apuntan a eliminar por la vía de la represión, sobre todo el consumo o la llamada dosis personal. No soy especialista en el tema, pero me convencen los argumentos de los que piensan que este es un asunto del fuero interno de los adultos y que el Estado no debe inmiscuirse ahí, so pena de traspasar una línea muy peligrosa.

Entiendo que la violencia que se ha derivado del negocio de drogas ilícitas en gran escala en nuestro país es preocupante y demanda de las autoridades medidas y políticas para combatir a las mafias que viven de su tráfico, causan muertes y debilitan la Ley y el Estado. También, que es muy inquietante adoptar una actitud libresca de dejar hacer y dejar pasar, como si vender drogas y consumirlas fuese lo mismo que vender o comer chicharrón o morcilla, pues sabemos que detrás de todo este asunto pululan pequeñas y medianas bandas criminales que anegan en sangre y producen dolor a la población.

El Estado y el Gobierno deben hacer una clara diferencia entre el consumidor, que no es necesariamente un delincuente, y el negociante, que sí debe ser perseguido, sobre todo aquellos que buscan crear y estimular el consumo entre la juventud. No creo que sea necesario ser jurista o especialista en el estudio del tema para entender esta distinción necesaria. El Ministro de Trabajo debería hacer a un lado las argumentaciones de quienes defienden el consumo y a la vez abogan por la legalización del comercio, como si se tratara del comercio de alimentos, para centrarse en el debate real que nos remite a un caro principio de las sociedades liberales, que les impone a los Estados y a la Ley un límite respecto del comportamiento de los individuos en aquellos asuntos del fuero íntimo.

El alto Gobierno debe desistir de esa reaccionaria pretensión de entrometerse en la vida privada de los adultos. Esto lo debe y lo puede hacer sin dejar de perseguir el expendio de drogas, que es cosa bien diferente. Por ejemplo, así como las secretarías de Salud inspeccionan la producción de alimentos en fábricas y restaurantes para evitar intoxicaciones y otras consecuencias derivadas de la manipulación, se podría estipular que el expendio de drogas sicotrópicas es ilegal y peligrosa y por tanto sancionable con cierres y multas si son pequeños negocios o con la cárcel si son grandes depósitos y alijos, en cuanto son sustancias fabricadas clandestinamente, al margen de controles de sanidad y en cuanto su siembra masiva, su comercialización y el lavado de activos están asociados a hechos de sangre que enlutan al país.

Igualar el consumo de la dosis mínima de drogas ilícitas con el de chicharrón (porque produce colesterol) es un burdo alarde caricaturesco que banaliza la violencia y la destrucción que ha ocasionado el narcotráfico a Colombia. Si un adicto roba, el castigo debe ser por robar. Si alguien roba para comprar un chicharrón o una butifarra, hay es que tener compasión. La crítica al proyecto no debe irse a los extremos del permisivismo o la ingenuidad. No es lo mismo que un niño o un joven consuma un pedazo de chicharrón en un recreo en su colegio o en su hogar a que saque un pucho o un polvillo para hacer un 'pase' en los mismos escenarios. Tan sencillo que el uno es un alimento y el otro es una droga sicotrópica que -está comprobado- es dañina para la salud, aun en dosis mínimas.

Si ahora está prohibido vender licores a menores de edad y fumar en sitios públicos, ¿por qué razones no habría que ser igual de prohibicionistas con el comercio de drogas ilícitas? Que no se les vaya la mano a los críticos del proyecto y que por defender una actitud libertaria no nos terminen vendiendo la idea de que no se debe ni siquiera regular el consumo, pues, de esa manera, sería más delito fumar en sitios públicos prohibidos por la ley antitabaco que fumarse un pucho delante de un grupo de muchachos. Si el que vende licores, con etiqueta de procedencia y legalidad, puede ser violador de la ley cuando vende a cualquier hora, en cualquier sitio y a  menores de edad, y eso lo hemos aceptado de buena gana, por ejemplo en Bogotá, ¿por qué rechazaríamos la persecución y el castigo a los expendedores de drogas si el daño que hacen es tanto o más grave?
 
 

 

Señor Sarcozy, ¡es una secuestradora!

Por José Obdulio Gaviria

El tiempo, Bogotá

Abril 1 de 2009

Xalapa es la capital del Estado mexicano de Veracruz. El sábado, por invitación del gobernador Fidel Herrera, estuve en la inauguración de la muestra de Fernando Botero, El dolor de Colombia. Fidel -así llama su gente al Gobernador- es uno de los políticos más populares de México y compite con su esposa, Rosa, en amor y conocimiento de la cultura y la historia de su región y en interés por las de Colombia. Hablamos largamente de su tierra, del camino de la conquista de Cortés, de los fallidos ataques corsarios, de la 'Guerra de los pasteles', de los versos y las melodías del veracruzano Agustín Lara, de El Tajín, epicentro de la cultura más antigua y avanzada de la América precolombina, del progreso actual del Estado...

El domingo hice ese acto reflejo de los navegantes del Internet: dar una pasadita madrugadora por los periódicos y revistas del mundo. ¡Caramba!, ahí me enteré, en 'Confidenciales' de una revista semanal de Bogotá, que yo no andaba por México en lo que les cuento, sino conspirando con no sé qué asesores, para preparar el referendo reeleccionista.

Algunos, ingenuos, tendíamos a creer que si esa revista decía una cosa, algún fundamento habría de tener. Pero en este caso, ante mi conciencia, había un testigo de que la revista mentía: ¡Yo! Yo era quien estaba en Xalapa, esa ciudad que, con apenas 500.000 habitantes, llenó esa noche un teatro inmenso con una presentación de ballet, mientras que, al lado, en un teatro intermedio, otros aplaudían a rabiar una comedia. ¡Yo!, yo era quien estaba en ese momento en esa ciudad con cinco orquestas sinfónicas, cuatro periódicos diarios y un museo como de París. Yo, yo mismo fui quien oyó, hacía pocas horas, las palabras orgullosas del embajador Luis Camilo Osorio, al cortar la cinta roja que obraba como talanquera simbólica para la multitud que copaba las calles a la espera de la hora oficial de ingreso a una pinacoteca inmensa, para apreciar la bella y trágica descripción boteriana del dolor que sentía Colombia antes de la implantación de la política de seguridad democrática.

Esa madrugada repasé mi intensa agenda de los días anteriores, para saber si soñaba o si la revista mentía. Era evidente lo segundo. Es verdad, hay testigos, que tuve un día intenso en el Centro Fox; que almorcé en su rancho con el ex presidente, su esposa, Marta, y sus colaboradores. Es evidente que hablé con José Antonio Ortega e Isabel de Wallace, dos firmes y heroicos luchadores mexicanos contra la plaga del secuestro, quienes predican que Colombia, que sufrió esa enfermedad, produjo, en el 2002, el antídoto. Es verdad que me reuní con el Procurador General y pude palpar la admiración que sienten los mexicanos por el presidente Uribe y por el embajador Osorio, quien es allí el referente obligado para aprender sobre el sistema penal acusatorio. Es evidente que estuve en un club literario..., en fin, es evidente que la revista mintió.

Mencioné la 'Guerra de los pasteles'. No hay aquí espacio para contar ese antiguo episodio, entre trágico y ridículo, protagonizado en México por los franceses. Lo están recordando porque Sarkozy fue a México para liberar de la cárcel a una redomada secuestradora capturada en flagrancia. El único argumento es que es francesa.

Isabel de Wallace, la heroína que investigó y llevó ante los tribunales a los secuestradores de su hijo, me contó su diálogo con Sarkozy, cómo lo paró y le dijo que ya era suficiente el daño que le había hecho a Colombia y a Paraguay con el tema Íngrid y la liberación de Granda. Que no intentase deslegitimar a la justicia mexicana para rescatar a una secuestradora por el solo hecho de haber nacido en Francia. Que eso es chauvinismo ramplón. ¡Oh lalá!