jueves, 11 de marzo de 2010

Una extraña renuncia

Editorial

El Mundo, Bogotá

Marzo 11 de 2010

Cualquiera que lea ese señalamiento –sobre todo en el extranjero – podría pensar que aquí estamos en la edad de piedra en materia de protocolo.

El embajador de República Dominicana, Ángel Lockward, anunció el lunes su intempestiva renuncia al cargo, aduciendo que recibió información falsa -sin aclarar cuál- de un funcionario de la cancillería colombiana, en relación con la visita del fin de semana pasado a Bogotá del presidente de ese país, Leonel Fernández, quien, como se sabe, intentaba adelantar una labor de mediación entre los gobiernos de Venezuela y Colombia, junto a los mandatarios de Méjico y Brasil, acordada en la reciente cumbre del Grupo de Río en Cancún.

La escueta declaración del diplomático a grandes cadenas radiales, reproducida a su vez por grandes periódicos capitalinos y agencias internacionales de noticias, fue la siguiente: “He enviado en el día de ayer (lunes) mi renuncia a mi presidente por motivos que indico en la nota que he remitido y que tiene que ver con una información falsa que me suministró el director de protocolo en ocasión de la visita... Hubo un detalle en el manejo de protocolo, cierta indelicadeza protocolar que me ha hecho dar el paso. El director de protocolo me entregó cierta información, que luego confirmé con mi presidente que no era cierta, y eso produjo una indelicadeza protocolar que me resulta inaceptable”. Sujeto del señalamiento es, en efecto, el jefe de protocolo de la cancillería, Julio Riaño, que, por razón de su cargo, es responsable de la logística de los eventos diplomáticos y acompaña al presidente de Colombia en eventos internacionales.

Lo primero que tenemos que expresar es nuestra cordial discrepancia con el periodismo bogotano, especialmente con aquellos colegas que admitieron sin chistar la insólita declaración, sin exigir del personaje que fuera más explícito y señalara en qué había consistido la supuesta “información falsa”, puesto que no puede aceptarse que un funcionario extranjero, en un gesto espectacular de renuncia frente a los medios de un país que no es el suyo, pretenda, no sólo poner en la picota pública a un alto funcionario de nuestra chancillería, sino tender un manto de duda sobre la seriedad de la política exterior colombiana. Cualquiera que lea ese señalamiento –sobre todo en el extranjero – podría pensar que aquí estamos en la edad de piedra en esa materia y que le deberíamos rogar al señor Lockward que se quede en Bogotá dándonos unas leccioncitas de protocolo.

Creemos que ese periodismo que no fue capaz de exigir claridad al renunciado embajador y al mismo tiempo buscar la versión del afectado antes de dar absoluto crédito a la de su acusador, faltó gravemente a la ética del oficio, al equilibrio informativo e incluso al sentido patriótico, tratándose de un tema tan delicado como son las relaciones internacionales. Al doctor Riaño, en su pleito con el señor Lockward – que nadie sabe a ciencia cierta en qué consistió – sus propios compatriotas de los medios le negaron su derecho a la defensa y ni siquiera le concedieron el beneficio de la duda, dejando en el aire la impresión de ineptitud y chapucería en su trabajo.

Nada más lejos de la realidad. El doctor Riaño es un diplomático de carrera, con más de 30 años de vinculación al Ministerio de Relaciones Exteriores; ha sido ministro consejero de la embajada colombiana en Argentina y embajador en varios países centroamericanos. La última vez en Costa Rica, donde estuvo 7 años, al final de los cuales, en un gesto inusual, el entonces presidente Abel Pacheco, le impuso la Gran Cruz de Plata de la Orden Nacional “Juan Mora Fernández”, en “un reconocimiento a su destacada labor y su esfuerzo por acercar a las personas de ambos países”. Por si fuera poco, para “despedir a un gran amigo”, los costarricenses organizaron en su honor un torneo de golf y un partido de fútbol entre dos destacados equipos. En la cancillería describen al doctor Riaño como “un trabajador incansable, silencioso y discreto”. En alguna de las pocas entrevistas que ha concedido, dijo que “el protocolo es un arte, porque a veces hay que tener una gran sutileza y capacidad imaginativa. Y es una ciencia, porque toca jugársela a cada momento con la mayor inteligencia en situaciones en que lo que está de por medio es el ajedrez de los delicadísimos asuntos de la política internacional”.

Movidos por la curiosidad periodística, quisimos saber qué cubrimiento dio la prensa de su país a la noticia de la renuncia del embajador Lockward. Revisamos los sitios web de seis diarios de Santo Domingo y en cinco de ellos apenas sí registraron la noticia con base en despachos de agencias internacionales desde Bogotá. Sólo en La Nación Dominicana recogieron declaraciones del propio Lockward al programa “El Gobierno de la Mañana”, que se transmite por la emisora Z-101 de ese país, en las que, curiosamente, dio una versión muy distinta a la que dio en Bogotá. Dijo que él debió estar presente en el encuentro entre el presidente Fernández y su par colombiano, Álvaro Uribe, pero “no fui convocado, lo que constituye una indelicadeza protocolar”. Luego aclaró: “Pero no se debió a nada que tuviera que ver con nuestra Cancillería, ni (...) con mi Presidente, ni con el Presidente de Colombia, sino que fue una de esas bellaquerías que gentes producen, que tienen como efectos resultados como el que comentamos”. ¡Juzguen ustedes, amables lectores!

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