Alberto Maya Restrepo
El Mundo, Medellín
Noviembre 16 de 2009
La prensa colombiana poco o nada se ha ocupado del mayor caso, al menos en lo económico, que ha encarado la Organización Mundial de Comercio -OMC-. Se trata de la disputa por subsidios que se alegan mutuamente los dos gigantes aeronáuticos: Airbus (EADS) y Boeing. Los europeos dicen que The Boeing Co., a través de sus ventas de equipos militares al gobierno norteamericano, subsidia su división de aviones comerciales. Por su parte, Boeing sostiene que las “ayudas de lanzamiento”, en forma de préstamos, que recibe Airbus de los gobiernos europeos, son una práctica ilegal.
¿Cómo funcionan las “ayudas de lanzamiento”?
Airbus, cuando piensa en desarrollar, producir y mercadear un nuevo avión, hace estimaciones sobre cuántos podría vender en un determinado período; saca cuentas de los costos totales y del punto de equilibrio y sale así a solicitar préstamos para “lanzar” el producto. EADS, dueña de Airbus, cuenta entre sus accionistas a Francia, Alemania, Reino Unido y España, así que son sus respectivos gobiernos quienes, de los contribuyentes, toman dinero para hacer préstamos que Airbus empieza a pagar una vez haya alcanzado el punto de equilibrio en el producto.
Boeing es una empresa que cotiza en Bolsa y cuando está frente a nuevo desarrollo explica a potenciales inversionistas del mercado abierto de capitales las bondades de su empeño. Así se hace a los recursos necesarios para su desarrollo, producción y mercadeo, debiendo cumplir con los intereses y plazos estipulados, digamos, de los bonos emitidos con tal propósito.
Que Boeing pasa dinero de sus utilidades en la venta de equipos militares para apoyar a su rama comercial es algo de lo que la OMC se está ocupando, pero hay que tener en cuenta que EADS, igualmente, está en el negocio de equipos militares, así que de las ganancias en ese sector también podría mover recursos a otra de sus “hijas”, a Airbus, quien produce aviones comerciales y militares. Las cifras discrepan mucho y no es fácil conocer la verdad, lo cierto es que esa práctica de Airbus de pedir prestado a gobiernos europeos ha cubierto todos sus modelos de aeronaves comerciales, sin que se conozca cuánto ha recibido por tal método, ni cuánto ha repagado, ni a cuánto ascienden los intereses reconocidos a los acreedores.
Hace poco se dio a conocer un primer concepto de la OMC. El documento completo, según se informa, tiene unas mil páginas y lo que se hizo público es sólo una mínima parte. En todo caso, se dice allí que ese organismo internacional aceptó que los subsidios recibidos por Airbus para lo tocante a su avión A380 (de dos pisos) no son legales. Esto estaría dando una ventaja de 1 a 0 a Boeing en este proceso que, según algunos, tardaría años en ser resuelto completamente, lo que no sería raro debido al peso específico de cada una de las empresas contrincantes, a la presión de los respectivos gobiernos y a las implicaciones, inclusive, para la salud financiera de los dos monstruos aeroespaciales.
Lo anterior, sin contar con lo altamente burocratizada que se presenta la OMC, razón para que sea lenta en su accionar y “prudente” en sus decisiones ante pesos pesados.
Si Boeing comete un error al ejecutar sus proyectos, es el mercado quien la castiga cerrándole puertas para la financiación de futuros planes. Si Airbus calcula mal cuántos aviones podría vender de un nuevo modelo, o si no estima correctamente el punto de equilibrio, ¿qué pasa? Veamos el caso del A380, del que son significativamente más elevados los costos en que ha incurrido desarrollando, produciendo y vendiendo ese modelo, que cualquiera de las estimaciones que ha hecho sobre ellos. Cuando, inicialmente, hablaba de un punto de equilibrio alrededor de las 180 unidades a vender, hoy, por cuenta de los extracostos, ese punto está arriba de las 420 unidades. Así, mientras no llegue Airbus a ese equilibrio no pagará lo que le prestaron, sin que se tenga noticia cierta, como anoté, sobre cuánto, entre tanto, reconoce por intereses. Tal “elasticidad” sería rara en el mercado abierto. Este caso ante la OMC resulta muy interesante y vale su seguimiento.
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