miércoles, 11 de noviembre de 2009

"Se dispara contra la prensa"

Editorial

El País, Cali

Noviembre 11 de 2009


Rodeada de la protesta de grupos adeptos al gobierno de los Kirchner, coincidiendo con el bloqueo al diario Clarín que realizó un grupo sindical adepto al partido oficial y con una reunión paralela patrocinada por el Presidente de Venezuela terminó en Buenos Aires la 65 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP. Los hechos indican por sí solos las crecientes dificultades que amenazan la libertad de expresión en el continente americano.

Desde que existe el periodismo independiente, la labor de los periodistas y de los medios de comunicación ha producido una tensión con los gobiernos. Su misión como veedores del interés común y voceros de los ciudadanos los ha convertido en guardianes, muchas veces incómodos, de las instituciones y de los mandatarios. Es su aporte a la transparencia y a la buena marcha de los asuntos públicos, que se cumple cuando existe el compromiso de respetar la democracia.

No hay entonces razones de alarma si hay discrepancias entre el periodismo y las entidades públicas. Pero sí hay motivos de alarma cuando los gobiernos interpretan esa labor como vehículo de publicidad a los regímenes. Y cuando la intolerancia lleva a calificarlos como enemigos y abre las puertas a la represión, a la persecución o al propósito de crear instrumentos legales para limitar el campo de acción del periodismo. O a silenciarlo, como ocurre en Cuba.

Esa es la situación que infortunadamente crece en el continente, promovida por gobiernos que, prevalidos de las mayorías que les proporciona el populismo, crean estatutos de prensa para controlar la verdad. Con ello pretenden imponer una sola voz, la del régimen, y limitar a sus críticos. O intentan utilizar la pauta oficial para acallar a los inconformes y beneficiar a sus aduladores, como ocurre en Argentina, Aruba, Antillas Holandesas, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela, según la declaración de la SIP.

Pero hay otros intentos, como los que se usan contra Clarín, víctima del acoso proveniente de sectores y organizaciones políticas vinculadas a su gobierno. Y exóticos, como inventarse foros paralelos a la SIP en Buenos Aires patrocinados por el Gobierno venezolano, cuyo propósito es servir de caja de resonancia a trasnochados ideologismos que promueven la censura oficial y la existencia de una prensa amarrada a los designios de los mandatarios.

En un foro realizado en el marco de la asamblea de la SIP, el politólogo y columnista de Clarín, Natalio Botana, expresó: “Se dispara sobre la prensa desde arriba y desde abajo; desde arriba, por gobiernos como el argentino, que encarnan fenómenos de control hegemónicos cada vez más acendrados, y desde abajo, por parte de organizaciones criminales enquistadas en las grandes ciudades. En este caso no hay metáforas, sólo víctimas de la violencia física".

Esa es una faceta de lo que está ocurriendo en nuestra América con respecto a la libertad de expresión. Por eso hay que llamar a la reflexión sobre la necesidad de proteger el periodismo independiente y crítico cuando cumple el papel de dar a conocer la opinión de la sociedad y de vigilar el interés y el bien común.

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