José E. Mosquera
El Mundo, Medellín
Noviembre 12 de 2009
Más allá de los insultos y las amenazas de guerra del presidente venezolano Hugo Chávez, en contra de Colombia, cuyo gobierno califica de “enemigo” de su delirante “revolución bolivariana”, en el fondo lo que se esconde es una realidad política inocultable: la pérdida de legitimidad del régimen chavista, producto de los desaciertos de sus políticas económicas que han desatado una crisis interna que lo tiene con los pelos de punta.
La cual obedece en gran parte una década de improvisaciones en el manejo macroeconómico, a la ineficiencia, al incontrolable gasto público y a la galopante corrupción de la “revolución bolivariana”, que se han convertido en las acérrimas amenazas para una autocracia que se encuentra atrapada en su propio laberinto de equivocaciones.
Los gobiernos de Colombia y Estados Unidos son piezas claves del perverso plan geopolítico del populismo de la “revolución bolivariana”. Por consiguiente, el acuerdo militar entre Bogotá y Washington es utilizado como un elemento estructural de la siniestra estrategia política y militarista chavista que, desafortunadamente genera dividendos políticos internos y externos en ambos lados de la frontera.
Es claro que detrás de los improperios y la supuesta paranoia chavista contra las instituciones colombianas se oculta una pericia política que busca exacerbar el nacionalismo para frenar el descenso en la popularidad y de paso cohesiona sus fuerzas políticas de cara a las próximas elecciones.
La ruptura de relaciones y las restricciones comerciales hacen parte de esa infame estrategia y que no se sorprendan los colombianos si en los próximos días o meses expropia algunas empresas colombianas. El autoritarismo de Chávez ha demostrado que no tiene límites y por eso no le ha importado un ápice destruir el aparato productivo de su país, prueba de ello son las arbitrarias confiscaciones que ahuyentan la inversión extranjera y las medidas económicas contra miles de empresarios que los ha llevado a la ruina.
La situación de Venezuela es están crítica que registra un índice de prosperidad inferior a países que subvenciona como Bolivia y Ecuador. Lo lamentable para el pueblo venezolano es que el régimen chavista en lugar de invertir las ganancias de la bonanza petroleras en la transformación del país las dilapida comprando adeptos para el Socialismo del Siglo XXI en América Latina, Asia y África.
Era impensable que una potencia petrolera como Venezuela sufriera graves deficiencias en el suministro de energía y agua, un desbordante desempleo y desabastecimiento en productos de primera necesidad. Pero esos son los resultados de un régimen paternalista y corrupto que ha quebrantado todos los fundamentos de la potencialidad económica venezolana.
Lo increíble es que mientras Chávez se gastó el año pasado más de 8.o00 millones de dólares en ayuda para la expansión de la “revolución bolivariana” en América Latina y el Caribe, regaló miles de barriles de petróleo a Cuba, Nicaragua, Haití, entre otros países e inclusive para calefacción en 20 ciudades del imperio y construye 36 refinerías alrededor del mundo, en Venezuela PDVSA, la principal empresa petrolera estatal, afronta dificultades tecnológicas, sus principales refinerías son obsoletas y se ha visto obligada a importar gasolina.
Ahora, como quiera que más del 60% de los venezolanos cree que el principal problema del país es la inseguridad, la estrategia del chavismo es hacer creer a la opinión pública que la ola de inseguridad es consecuencia de un plan de desestabilización direccionado por Estados Unidos desde Colombia.
El propio régimen, en su malévola estrategia de armar a los comandos chavistas para afrontar la hipotética guerra contra los enemigos de la “revolución”, tiene serias responsabilidades en esos aumentos de los índices de criminalidad.
Se estima que en Venezuela existen entre 9 y 15 millones de armas en poder de la población civil, un asunto que se refleja en los creciente guarismos de criminalidad.
El Observatorio de la Violencia venezolano ha dicho que si se mantiene la tendencia en la tasa de criminalidad lo más probable es que este año alcance la lamentable cifra de 18.436 homicidios en el país, 4.816 más que el 2008 que cerró con 14.584. Las estadísticas sobre la criminalidad en Venezuela no mienten, por que desde que asumió el poder Chávez se disparó y en una década de chavismo Caracas pasó a ser la capital latinoamericana con más crímenes anuales y una de las ciudades más peligrosas del mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario