lunes, 16 de noviembre de 2009

La izquierda enterrada

Darío Ruiz Gómez

El Mundo, Medellín

Noviembre 16 de 2009

Lo que un amigo llama “privatización de los social” se refiere a que espacios de reivindicación defendidos frente al absolutismo de los poderes, el derecho a la vivienda, a la salud, a la educación, etc., se han ido convirtiendo en botines privados de las ONG que surgieron como una necesidad para defender a los oprimidos, pero que a lo largo de los años se han ido burocratizando en manos de estos propietarios que han impedido que éstas agrupaciones se democraticen, renueven su filosofía. Ver a la misma señora nórdica disfrazada de indígena, al mismo danés travestido de guerrillero, produce risa, inevitablemente. Pero lo mismo sucede en Colombia donde esta burocracia que devenga altísimos sueldos no pasa ya de hacer cada cierto tiempo un mitin a favor de los campesinos desplazados, contra Uribe, y “a favor de la paz” mientras asiste a cocteles, seminarios para “erradicar la pobreza”. De esta manera el discurso sobre la injusticia se ha ido desgastando en la medida en que se convirtió en un cliché. ¿Quién les pide una rendición de cuentas a estas organizaciones?

El noble propósito de crear confianza, fraternidad para evitar la dispersión de los grupos perseguidos, dio paso, desgraciadamente, a un silencioso adoctrinamiento, y, a la propagación de odio, a la imposición de lenguajes y formas extrañas tan perniciosas como las del consumismo. El resultado de estas prácticas en las diferentes comunidades no es la presencia de la solidaridad, la reflexión sobre el presente para dar paso a la modernidad, sino el abandono, la aculturación, la caída fatal en esa miseria que describe magistralmente Levy-Strauss en “Tristes trópicos”, un nuevo tipo de automarginamiento. Marx ya prevenía sobre los peligros que supone para un dirigente social la llamada vida burocrática, parlamentaria, en la cual los altos sueldos suponen para ellos un cambio radical de costumbres que los van convirtiendo en satisfechos holgazanes y no pues en defensores de aquellos contenidos que supuestamente iban a rescatar. El juicio que se hace hoy al fracaso de la izquierda europea, no es un juicio planteado desde la derecha, sino desde los pensadores de izquierda aterrados de ver como el oportunismo, la banalidad le ha impedido a esta izquierda tener una respuesta frente a las nuevas realidades políticas tal como se está dando en la Italia de Berlusconi, tal como se da en la Francia de Sarkozi, en Inglaterra, en España.

Lo que la caída del muro de Berlín destapó fue el horror de un totalitarismo que bajo la proclama de una nueva sociedad para los pobres y explotados se corrompió creando una burocracia que se convirtió a su vez en un remedo de pequeña burguesía. A partir de esta caída del muro se inicia entonces un juicio a estos monstruosos líderes políticos y a una utopía mentirosa. Modelo de horror que estas agrupaciones nacionales e internacionales de beneficencia para los explotados defiende en el caricaturesco “socialismo del siglo XXl y que, callada e impunemente

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