lunes, 16 de noviembre de 2009

Chávez: problema de identidad

Editorial

El Colombiano, Medellín

Noviembre 16 de 2009

La fortaleza y la prudencia son virtudes que el Presidente Álvaro Uribe ha desplegado frente a los permanentes ataques verbales de su homólogo Hugo Chávez. Fortaleza, para entender las causas de las provocaciones y la paranoia del mandatario vecino, y no caer en su premeditado juego político regional. Prudencia, para responderle con total contundencia pero sin ningún ánimo belicista. "Colombia no ha hecho ni hará un solo gesto de guerra a la comunidad internacional, menos a países hermanos", dijo el Mandatario colombiano.

El Gobierno ha hecho bien en utilizar los canales que la diplomacia tiene establecidos para dirimir dificultades entre naciones demócratas y civilizadas, como lo son las notas informativas que presentó ante el Consejo de Seguridad de la ONU y de la OEA, con ocasión del llamado de Chávez a los militares y a la población civil de su país a prepararse para una guerra contra Colombia.


Las misivas radicadas en los dos organismos internacionales tienen un carácter netamente informativo. En ellas se hace un recuento de las acciones hostiles del presidente Chávez contra Colombia desde que asumió su mandato: incitar a la confrontación bélica, la muerte violenta de ocho colombianos en territorio venezolano sin resultados en la investigación, la visita que parte del secretariado de las Farc hizo a Caracas, y el congelamiento de las relaciones comerciales, entre otros aspectos de interés binacional.


Es claro que nuestro país no tiene ninguna intención bélica con Venezuela. Lo que desea el Gobierno colombiano es que el mundo tenga pleno conocimiento de lo que pasa con el país hermano. Los 32 países miembros de la OEA y los 15 del Consejo de Seguridad de la ONU tienen todo el derecho de conocer la información de primera mano del Ejecutivo colombiano, y no sólo la que les llega por las voces estridentes del mandatario vecino.


Colombia no le está pidiendo imposibles a Venezuela, y mucho menos está aliado con Estados Unidos para atacarla. Lo que quiere es que coopere en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, colabore en la investigación de los asesinatos de compatriotas, y cese en las amenazas de guerra.


Pero es tal la incongruencia del vecino gobernante que una cosa piensa en la mañana, otra en la noche, y qué no decir de un día para otro. Cuando ya todos creíamos que estaba arrepentido del llamado a su pueblo a prepararse para la guerra con Colombia, a causa de la firma del convenio de cooperación militar con Estados Unidos, Chávez volvió a su paranoia. El viernes 13, en una marcha realizada en el centro de Caracas para rechazar el citado convenio, el ex coronel convocó de nuevo a todos los venezolanos a defender su nación. " No me voy a quedar cruzado de brazos. Nosotros estamos obligados a defender a la patria, a elevar la capacidad de entrenamiento de nuestras tropas de tierra, agua y aire", fueron sus encendidas palabras.


El primer mandatario venezolano parece haber perdido no sólo el control de su mente sino el norte de su país. La inseguridad, la falta de alimentos esenciales y el racionamiento en los servicios públicos, le han hecho bajar popularidad, situación que lo ha puesto en pánico ante una eventual pérdida en elecciones futuras. De ahí la necesidad de crear y mantener cortinas de humo. ¡Y qué más propicio que apelar al sentimiento nacionalista, con la invención de una guerra!


Pero los verdaderos estadistas no son ingenuos y ya empiezan a entender el juego guerrero de Chávez, en el que obviamente no quieren participar. La rebeldía de algunos de sus iniciales amigos debe preocupar aún más al gobernante vecino. El Senado de Brasil aplazó la votación para decidir el ingreso de Venezuela a Mercosur. Para el gigante suramericano, la paz de la región es vital, máxime en su posición de nueva potencia mundial.
Y como Brasil, así opinan los verdaderos demócratas.

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