sábado, 19 de diciembre de 2009

La gestión Obama

Juan Pablo Convers*

El Tiempo, Bogotá

Diciembre 19 de 2009

La llegada de un negro a la Casa Blanca, con un discurso progresista e ideas de cambio, diálogo, cooperación y superación de los errores y abusos pasados hizo pensar hasta a los más escépticos que las políticas estadounidenses y su relación frente al resto del mundo iban a adquirir otro tinte.

Sin embargo, aparte de los discursos, fotos y apretones de mano, los pilares fundamentales de la superpotencia siguen indemnes y profundizándose, con algunos leves matices. Basta un rápido recuento de algunos sucesos internacionales del año que termina para evidenciar la realidad.

En Medio Oriente, y dirigiéndose expresamente a Irán, Obama anunció su disposición al diálogo y su deseo de recomponer las relaciones con el gobierno de Teherán; Estados Unidos se comprometió a tender la mano si el país islámico abría su puño. Ante la pasividad negativa de Ahmadineyad, Washington no permaneció mucho tiempo con la palma abierta, sino que, por el contrario, cerró desafiante ambos puños. Fue así como en el foro de seguridad y defensa de la Asean, realizado en Tailandia, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, anunció que de persistir Irán con el desarrollo de su controvertido programa nuclear, Estados Unidos armará a sus vecinos y aliados en el Golfo Pérsico, creando a su alrededor un "paraguas defensivo" para contener militarmente al régimen.

Más al norte, el sorpresivo anuncio estadounidense del desmonte del escudo antimisiles en Polonia y República Checa, luego de la amistosa visita de Obama a Moscú, fue percibido como una muestra de debilidad de la superpotencia ante una Rusia desafiante. Sin embargo, el nuevo sistema móvil de defensa con misiles propuesto por la administración Obama, apoyado por el secretario de Defensa, Robert Gates (el mismo que durante el gobierno Bush elaboró el escudo anterior), y respaldado por el pleno de la Otán, parece evidenciar que tan controvertido viraje estratégico no debilitará el potencial bélico estadounidense en Eurasia, sino que puede significar su repotenciamiento al incorporar componentes móviles y marítimos a los elementos terrestres. Además, la famosa doctrina Truman de aislar a la URSS e impedir la expansión del comunismo no parece haber cesado en este nuevo escenario. La cruzada estadounidense de absorber a la Otán a quienes conformaran el Pacto de Varsovia no se ha visto frenada por el renovado discurso. El proceso de ingreso de Ucrania y Georgia a la organización militar internacional no se ha descartado y sigue sobre la mesa.

En otro hemisferio, la XXXIX Asamblea General de la OEA, celebrada en Trinidad y Tobago, fue el escenario para que Obama propusiera una nueva agenda en las relaciones de Estados Unidos con América Latina, que pasara página a la tan fustigada política de la zanahoria y el garrote.

Fue así como, en un primer momento, sorprendió la enérgica condena del gobierno estadounidense contra la deposición forzada de Zelaya -ficha clave del proyecto socialista-imperialista de Chávez- y contra el gobierno interino del conservador Micheletti. Sin embargo, ante el clamor de los gobiernos progresistas de "reinstaurar la democracia" en Honduras, la presión estadounidense se ha enfocado superficialmente en la interrupción de ayudas económicas no esenciales y en gestos diplomáticos simbólicos; mientras paralelamente las remesas, que representan el 25 por ciento del PIB del tradicional aliado centroamericano, siguen fluyendo con normalidad desde el Norte y las relaciones comerciales con Estados Unidos, que significan el 80 por ciento del comercio hondureño, continúan intactas. Más aún cuando el gobierno Obama ha apostado por el reconocimiento de Pepe Lobo como futuro presidente legítimo.

Por último, el acuerdo colombo-estadounidense para la utilización de por lo menos siete bases colombianas por personal militar y contratistas norteamericanos es otra evidencia contundente (para fortuna nuestra) de lo poco desteñida que se encuentra la estructura fundamental de la política exterior de la Casa Blanca, pues representa un espaldarazo directo a la posición colombiana en la región y una presencia disuasiva para el expansionismo chavista y su modelo del 'Socialismo del siglo XXI' que encarna un problema serio para los propósitos geoestratégicos nacionales y estadounidenses, en un contexto en el que los gobiernos de China, Irán y Rusia se encuentran asomando "tímidamente" sus narices.

¿Estrategia política concertada o poca maniobrabilidad de Obama? Lo cierto es que mientras el discurso reconciliador y de no confrontación del hawaiano despista a muchos y reviste a Estados Unidos de una imagen renovada que dificulta la políticamente conveniente -sobre todo para los autócratas más populistas- satanización de la superpotencia, la Casa Blanca conserva su color y Estados Unidos su papel hegemónico, o por lo menos así parece.

* Politólogo. Miembro fundador e investigador de la fundación Think Tank Américas.

No hay comentarios: