domingo, 13 de diciembre de 2009

El discurso de Obama

Alfonso Monsalve Solórzano

El Mundo, Medellín

Diciembre 13 de 2009

El discurso pronunciado por Obama en Oslo con motivo de la entrega del Nóbel, ecléctico filosófica y políticamente hablando, como es, encierra verdades y teje profundos silencios; pero sobre todo, muestra, contra el discurso pacifista, la necesidad de real de enfrentar a los violentos con violencia, si se quiere obtener la paz.

Lejos de Martin Luther King, a quien cita en varias ocasiones, reconociéndose él mismo como resultado de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos que aquel encabezó, dice Obama: “ En mi calidad de jefe de Estado que juró proteger y defender a mi país, no me puede guiar solamente su ejemplo. Enfrento al mundo como lo es, y no puedo cruzarme de brazos ante amenazas contra estadounidenses. Que no quede la menor duda: la maldad sí existe en el mundo. Un movimiento no violento no podría haber detenido los ejércitos de Hitler. La negociación no puede convencer a los líderes de Al Qaeda a deponer las armas. Decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo; es reconocer la historia, las imperfecciones del hombre y los límites de la razón”.

En virtud de estas circunstancias, defiende el concepto de guerra justa, que para él es aquella que “se libra como último recurso o en defensa propia; si la fuerza utilizada es proporcional y, en la medida posible, si no se somete a civiles a la violencia”.

Obama considera justo continuar en Afganistán y enviar 30.000 tropas adicionales para derrotar a Al Qaeda, que agredió a los Estados Unidos, en el famoso septiembre 11 de 2001, precisamente para desmontar una organización que podría seguir atentando contra su territorio. ¿Qué decir de la acción del 1º de marzo de 2008 en Sucumbíos para destruir el campamento de Reyes desde el cual se atacaba a Colombia?

En alguna ocasión, en esta columna he resumido la teoría de la guerra justa, que en últimas, es: a) la que tiene una justa causa (por ejemplo, la defensa de una agresión injusta exterior (planteada por Obama) o la defensa de la democracia o la defensa, por parte de la comunidad internacional, de una población de una dictadura oprobiosa); b)la que se libra justamente (es decir, se usa una fuerza proporcional y se respetan los tratados internacionales, específicamente, los que protegen los civiles, como también plantea Obama, (y agrego yo, no se los convierte en objetivo militar, no se los asesina, secuestra, desplaza, emplaza, no se reclutan niños, no se usan armas no convencionales; no se destruyen sus poblaciones, no se los extermina en razón de su fe religiosa, etc.); se respetan los derechos de los combatientes (no se los mata una vez hayan sido vencidos en combate, ni se los tortura, y se les da un trato digno si han sido capturados, etc.). El cumplimiento de esta condición produce superioridad moral en el hecho mismo de la guerra.

Y c) la de que se termine justamente (condición que no señala Obama en su discurso), lo que ahora significa, que se reparen las víctimas, no unas, como aquí se quiere, sino a todas, se reconstruya el tejido social, y haya dosis razonables de castigo para los criminales de guerra y responsables de delitos de lesa humanidad, en el entendimiento que quienes cometen estos delitos a nombre de la defensa del pueblo u otra causa supuestamente altruista, no lo hacen por razones morales de este tipo, pues ¿cómo pueden una sociedad o sus jueces considerar altruista a alguien que en nombre del bien se convierte en la encarnación del mal, asesinando masivamente, secuestrando, desplazando, practicando actos terroristas?

En el centro de la relación de una democracia con regímenes no democráticos y con estados que violan sistemáticamente los derechos humanos, está la discusión entre los teóricos de la paz democrática, que piensan que sólo una sociedad internacional de países democráticos garantizará la paz en el mundo, con la tesis complementaria de que las democracias no se hacen la guerra entre sí. Esto significa el compromiso de apoyar las democracias y promover a nivel mundial, el cumplimiento de los derechos humanos. En el mundo crecientemente multipolar que hoy vivimos, se piensa, por parte de algunos países no occidentales que la cultura de los derechos humanos es típica de Occidente, por lo que las organizaciones internacionales no deben entrometerse en estos temas. La doctrina también ha sido discutida por teóricos occidentales. Pero, de hecho, ya ha habido intervenciones humanitarias de la ONU y la OTAN en los Balcanes y África subshariana y la sociedad internacional ha construido tribunales como la Corte Penal Internacional.

Países como Irán y Corea del Norte han sido objeto de creciente preocupación por sus actividades militares y de apoyo a grupos terroristas. ¿Cómo tratar a esos países? Obama piensa que hay que ejercer presión y realizar sanciones, manteniendo mecanismos como la OTAN, pero que hay que mantener la puerta abierta para posibles acuerdos. Pero, ¿cuál es el límite de ese equilibrio? Pensemos en el caso colombiano: ¿la puerta abierta de USA frente a un país como Venezuela -que estrecha vínculos con naciones como Irán, que compra miles de millones de dólares en armas ofensivas que apuntan a Colombia, que auspicia alianzas de partidos que apoyan a la insurgencia, que viola consuetudinariamente el derechos internacional humanitario y el derecho de guerra para destruir nuestra democracia- significa quedarse de brazos cruzados contra esa agresión y tratar el problema como un actor neutral y no como el aliado que se implica en la supervivencia de una democracia, la más antigua de Latinoamérica, que ha sido su amiga durante tanto tiempo? Colombia debería esperar que al menos Obama presionara al gobierno de Chávez para que cesara su agresión a nuestro país y que no nos dejase a nuestra suerte en caso de una agresión militar. Eso para que hiciera honor a su discurso.

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