Eduardo Mackenzie
Blog Debate Nacional, París
Diciembre 13 de 2009
La Fiscalía no puede negarse a abrir investigación sobre los miembros colombianos y extranjeros del Movimiento Continental Bolivariano (MCB). La exhortación del presidente de la República Álvaro Uribe para que ese organismo judicialice a esa gente debe ser atendida, y rápidamente, pues el asunto es de importancia estratégica. Mal haría el Fiscal encargado Guillermo Mendoza al buscar pretextos para aplazar o archivar esa investigación. Nombrar una comisión para ver “si hay pruebas”, cuando éstas ya existen, no es un buen síntoma.
Los miembros del MCB saben en qué están embarcados. El MCB no acoge en sus filas a las FARC sino que tiene a ese movimiento terrorista como núcleo central. Desde antes de su fundación, cuando el MCB se llamaba “coordinadora continental bolivariana”, ya las FARC estaban allí orientándolo todo. ¿Quien ha olvidado que un número de delegados a la reunión de la CCB en Quito entró en contacto personal con Raúl Reyes, número dos de las FARC, en su campamento de Angostura, poco antes del ataque en el que Reyes y otros perdieron la vida?
Ulteriormente, el comunista dominicano multicarta Narciso Isa Conde, cabeza visible del MCB, confirmó que las FARC hacen parte de esa organización y que los principios de éstas, como la “combinación de todas las formas de lucha”, hacen parte del arsenal político-ideológico del MCB. Es más, el MCB incluyó en su presidencia “colectiva” a alias Alfonso Cano y, de manera simbólica, para que no haya dudas, al difunto y tristemente célebre Tirofijo. Yul Jabour, del Partido Comunista Venezolano, reiteró que el MBC no excluye ninguna forma de lucha y que en consecuencia acoge a "cualquier movimiento insurgente, incluyendo la guerrilla de las FARC”. El ELN colombiano ha pedido también ingreso. ¿Por qué Guillermo Mendoza hace como si no viera, ni entendiera, nada al respecto?
El MCB no es sólo una “reactivación” del frente internacional de las FARC, dirigido ahora por 'Iván Márquez', con oficina en Caracas, como lo acaba de confirmar el gobierno ecuatoriano, sino que es un embrión de internacional terrorista como la que construyeron los bolcheviques en 1919.
Como es obvio, la senadora “liberal” Piedad Córdoba se pronunció rápidamente contra la investigación pedida por el presidente Uribe. Ella pretende pasarle al Fiscal Guillermo Mendoza, a través de la prensa, una contraorden en el sentido de que hunda o embolate esa iniciativa de alguna manera. Ya veremos qué hace Mendoza.
Los colombianos deben saber bien qué es el MCB. Cierta prensa lo está presentando como un simpático movimiento de izquierda. Como hizo cuando apareció en M-19, en 1974. Sabemos bien en que terminó esa comedia. En realidad, el MCB, organismo opaco y secreto, será dentro de poco la organización internacional más peligrosa del continente. Sus jefes la están construyendo en las barbas de todos los gobiernos latinoamericanos bajo la apariencia de una inofensiva y bien intencionada organización política que lucha “por la paz”, aunque no ocultan que las FARC están allí bien instaladas.
El MCB es un organismo de guerra. Es la aventura más ambiciosa desde el desmantelamiento, en 1978, de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), de triste memoria. Esa internacional terrorista de extrema izquierda, robó, secuestró y asesinó a miles de personas en el continente y amasó un tesoro de guerra con el que financió a casi todos los movimientos armados del continente, que en la época no eran pocos.
La JCR llegó a tener bases clandestinas en cuatro países (Argentina, Chile, Uruguay y Bolivia), y simpatizantes en dos otros (Colombia y Paraguay) y discretas oficinas en Francia y Portugal. Uno de sus agentes allá era Carlos, el Chacal, hoy encarcelado en Francia.
Fundada en octubre de 1972 en Chile por delegados de tres movimientos terroristas (dos argentinos: el PRT/ERP, de Roberto Santucho, y Montoneros, de Mario Firmenich, y el MIR del chileno Miguel Enríquez), la JCR se propuso realizar la “revolución continental”. Después se sumaron, el ELN de los hermanos Peredo de Bolivia y los Tupamaros de Uruguay.
La JCR fue más lejos incluso que las redes organizadas por los cubanos. Ese proyecto que implantaba y entrenaba guerrillas en varios países, pero en el campo, será aplastado en todas partes, salvo en Colombia. La JCR se propuso llevar la lucha armada a las ciudades y propiciar movimientos “de masas’ urbanos para destruir las democracias. Durante ocho años causó desastres en varios países, pero finalmente fue brutalmente aplastada por las dictaduras militares del Cono Sur. (Ver Les Annés Condor de John Dinges, La Découverte, Paris, 2004).
Tras el derrumbe de la URSS, la ambición de las FARC era tener de nuevo un aparato de coordinación continental que las respaldara a nivel logístico, político y militar y que desarrollara, al mismo tiempo, actividades ofensivas en otros países y no sólo en Colombia. Ese proyecto no cuajó durante años pues Cuba estaba en la ruina pero ahora, gracias a Chávez, está tomando forma. Con el respaldo material de Venezuela y la orientación ideológica de Cuba, con los petrodólares venezolanos y el tráfico de drogas de las Farc, con agentes en Europa y quizás en Medio Oriente, el MCB estará en condiciones de abrir un nuevo periodo de graves desestabilizaciones en el hemisferio. Los países que están en su mira no son sólo Colombia, Perú, Panamá, México y Honduras. Son todos los demás, incluidos Chile, Argentina y Brasil (donde habrá en los próximos meses cambios de gobierno y no precisamente favorables a la izquierda). Ni Estados Unidos puede considerarse fuera de la lista. Chávez ha anunciado que quiere derribar el sistema político de esa gran potencia. Lo que busca Caracas es utilizar como palanca de sus intereses las alas radicales del partido Demócrata, y los grupos extraparlamentarios, para paralizar la ayuda de Washington a las democracias atacadas.
El desafío que plantea el MCB es, pues, enorme. Los países que están en la mira no tienen alternativa distinta a la seguida por Estados Unidos y la Unión Europea en su lucha contra Al Qaida: infiltración, vigilancia electrónica constante y desmantelamiento temprano de los núcleos combatientes. Es en ese contexto que la Fiscalía colombiana y los organismos de seguridad de los otros países latinoamericanos deben ver el llamado del presidente Uribe sobre el MCB.
El MCB tendrá dos aparatos: uno visible, con una jerarquía más o menos identificable, y otro clandestino con personal, equipos y logística oculta. Empero, si el chavismo logra vender la sigla MCB como un grupo “progresista” y de buenas personas, organizado para hacer el bien en todas partes, el aparato visible hará presión en Colombia para atraer al Partido Liberal y lograr un colapso electoral. Es obvio que Piedad Córdoba y su clique, y el Polo Democrático, al no tener ninguno de ellos diferencias de fondo con el MCB, colaborarán en esa empresa. Su propaganda tratará de que todo el mundo olvide que la nueva internacional no ocultó jamás sus ambiciones ni sus métodos, los cuales incluyen la violencia armada.
En la vida de los Estados, éstos pueden escoger, en general, dos vías para preservar sus intereses y su seguridad: mediante relaciones más o menos amistosas con los otros Estados y gobiernos, o mediante la manipulación de movimientos subversivos diseminados en todas partes. Chávez escogió la segunda vía. Una vía fracasada. Con el MCB, Chávez completa su panoplia de organismos de intervención. Ya tenía el Foro de Sao Paulo, el Alba y Unasur, cada uno con un papel diferente. Ahora, con el MCB no le falta ninguna palanca. Chávez busca “bolivarianizar” la vida de las naciones del continente, como Stalin buscaba “bolchevizar” el mundo entero. ¿Cómo será la combinación de todo eso? Esa vía, muy probablemente, aislará la revolución bolivariana y la llevará al colapso, como le ocurrió, con un notable retraso, al mundo soviético. Haber sido parte del campo vencedor en la Segunda Guerra mundial retrasó 40 años el hundimiento de la URSS. La diferencia es que Chávez podría no tener esa ayudita de la Historia.
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