domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Presidente de la paz?

Jorge Ramos

El País, Cali

Diciembre 13 de 2009

La razón por la que Barack Obama está en la Casa Blanca es porque se presentó durante la campaña electoral como el candidato presidencial anti-Bush. La mayoría de los votantes no quería otra presidencia similar a la de George W. Bush y por eso pusieron al candidato demócrata (Barack Obama) en la Casa Blanca, no al republicano (John McCain).

Sin embargo, conforme llegamos al primer año de Barack Obama en la presidencia, algunas de sus decisiones se acercan más a las que podría haber tomado George W. Bush que a las de un mandatario que prometió el cambio. Dentro de un momento hablaremos de la guerra en Afganistán, pero comencemos con Honduras.

Cuando el Ejército hondureño destituyó a Manuel Zelaya de la presidencia el 28 de junio, el Gobierno de Estados Unidos calificó el hecho como un “golpe” y pidió su inmediata restitución. Pero luego de cinco meses, la posición de Barack Obama se empezó a parecer a la que exigían congresistas republicanos y antiguos aliados de George W. Bush. Hubo fuertes presiones para que el gobierno de Barack Obama reconociera al ganador de las elecciones en Honduras y todo parece indicar que sí lo va a hacer.

Así me lo explicó Manuel Zelaya en una entrevista: “Los norteamericanos hicieron una negociación. Barack Obama arregló su casa, pero desarregló la nuestra. Ellos cambiaron su posición después que habían suscrito documentos en las Naciones Unidas y la OEA (Organización de Estados Americanos)”.

El gobierno de Barack Obama no puso la restitución de Manuel Zelaya como condición para aceptar el resultado de las elecciones el 29 de noviembre. Y dejó el destino del depuesto presidente en las manos de la Corte Suprema y del Congreso de Honduras. Ambas instituciones, por supuesto, votaron contra el regreso de Manuel Zelaya a la presidencia.

La posición de Estados Unidos, según Zelaya, pasó de la condena al “golpe” a tolerarlo, y eso sienta un peligroso precedente en América Latina.

Así lo ve el depuesto presidente y así lo ven también países como Argentina y Brasil que no han reconocido al ganador de las pasadas elecciones hondureñas, Porfirio Lobo.

Pero Lobo tiene una explicación distinta. Me dijo que para una democracia como Estados Unidos “negar un proceso electoral es sumamente complicado”. Ciertamente Honduras es un caso único. Pero la pregunta es ¿cómo va a actuar Estados Unidos cuando ocurra el siguiente golpe de Estado en América Latina?

Ahora Afganistán. Cuando se trata de la guerra ¿está Obama actuando como Bush?

La estrategia de Barack Obama en Afganistán tiene similitudes a la de George W. Bush en Iraq: primero aumenta considerablemente el número de tropas para tratar de pacificar el país -el famoso “surge”- y luego le transfiere el poder a los gobernantes locales.

La decisión de enviar 30.000 soldados más a Afganistán ha decepcionado a muchos que votaron por Obama. Sospechan que es exactamente lo mismo que hubiera hecho Bush.

Si George W. Bush fue el presidente de la guerra -comenzó dos- la esperanza era que Barack Obama fuera el presidente de la paz. Y enviar más tropas a Afganistán no es precisamente la acción más pacífica que hubiera podido tomar.

Obama ya tiene el premio Nobel de la Paz. Pero ahora le toca ganárselo.

Es verdad que el presidente Obama ordenó el cierre de las cárceles en la base naval de Guantánamo en Cuba, prohibió la tortura a detenidos y le puso fecha a la salida de soldados norteamericanos de Iraq y Afganistán. Nada de eso hizo Bush. Pero el envío de más soldados a una guerra asemeja a Obama con su antecesor.

Gobernar es, desde luego, más difícil que hacer una campaña electoral. Ser presidente es mucho más complicado que ser candidato. Pero la desilusión de muchos votantes norteamericanos se basa en que el cambio total que les había prometido Obama el año pasado aún no ha llegado.

Obama no es Bush, pero...

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