Editorial
El Mundo, Medellín
Mayo 8 de 2009
Ojalá florezcan en otros municipios y regiones, donde el presupuesto público puede contribuir a paliar los efectos del latigazo que golpeó a los más pobres.
El empleo es el indicador económico más golpeado en Colombia por la recesión mundial actual. Sus índices vienen deteriorándose desde el segundo semestre del año pasado por cuenta de la caída en las exportaciones y ganancias de sectores sensibles de la producción, como el agroindustrial y el manufacturero. Según el Dane, el país cerró el mes de marzo con una tasa de desempleo de 12%. Como ha sido tradicional, Medellín es una de las ciudades más golpeadas por la pérdida de puestos de trabajo, lo que se confirma en los más recientes registros del Dane, que lo calculan en 18% para el mes de marzo pasado.
De acuerdo con los estudios del doctor Hugo López, gerente del Banco de la República en Antioquia, entre 2007 y 2008 en el país se perdieron 172.596 puestos de trabajo para el 20% de los asalariados de más bajo ingreso, que son los que tienen mayores dificultades para volver a ocuparse.
Dadas, pues, las condiciones de desempleo y de informalidad laboral en el Valle de Aburrá –que por supuesto son más graves en Antioquia, así no estén medidas recientemente- una política de generación de empleo no es sólo una estrategia económica, se trata especialmente de una iniciativa social de gran calado e imposible de eludir por gobiernos responsables. En ese sentido se debe entender la agresiva propuesta presentada por el alcalde Alonso Salazar para impulsar la creación de 16.000 puestos de trabajo adicionales a los previstos en obras públicas, vivienda y programas sociales, durante 2009, para lo que anunció inversiones por $185.000 millones provenientes del superávit presupuestal del año 2008, previa aprobación del Concejo, que ya inició el trámite de una iniciativa en tal sentido.
Los estudios del doctor López indican que el sector con mejores posibilidades de generar masivamente nuevos puestos de trabajo es el de la vivienda, más intensivo en uso de mano de obra no calificada que los proyectos de infraestructura. Ello para no hablar del importante impacto que la construcción de nuevas viviendas para los estratos bajos y medios tiene en su calidad de vida. Así las cosas, nos es grato registrar la decisión de la Alcaldía de impulsar las inversiones del Instituto de Vivienda de Medellín para construir nueve mil nuevas viviendas en 28 proyectos para los estratos 2, 3 y 4, gestionados mediante alianzas con el sector privado. Con una inversión de $357.165 millones, se espera crear 11.429 nuevos puestos de trabajo.
Con la estrategia de construcción masiva de vivienda, la Alcaldía asume su parte de responsabilidad en la solución del problema para los sectores medios y bajos de la población, en un proceso al que los gobiernos Nacional y Departamental pueden contribuir mediante financiación y apoyo a un proyecto confiable gracias a la planificación que los precede por un grupo de trabajo orientado por la doctora Claudia Restrepo y en su mayoría fogueado en Viva, cuya experiencia aportó entre nuevas construcciones y mejoramiento substancial, 120.000 soluciones en Antioquia.
Los proyectos complementarios definidos por la Alcaldía de Medellín como parte de su estrategia de generación de empleo, abarcan acciones de bienestar y desarrollo social y la aceleración en la construcción de las obras de infraestructura previstas en el plan de desarrollo municipal, entre ellas nuevos colegios de calidad, más parques bibliotecas y la infraestructura de los Juegos Odesur. En suma, esas iniciativas habrán de generar otros 4.400 empleos, dirigidos a paliar los efectos desastrosos en lo social de la revaluación en el sector exportador y de la desaceleración económica mundial. Estos nuevos puestos, sumados a la propuesta inicial del Plan de Desarrollo de Medellín, que ofrece generar 20.000 nuevos empleos en obras de infraestructura, programas educativos y el proyecto de desarrollo social, son alternativas que posibilitan que los más duramente afectados puedan sobrevivir al impacto de la recesión y que ojalá florezcan en otros municipios y regiones, donde el presupuesto público puede contribuir a paliar los efectos del latigazo que golpeó a los más pobres.
La complementariedad del programa con las estrategias para evitar la deserción escolar y para impulsar la formación técnica en los últimos años de la educación media, contribuye a fortalecer la confianza en el impacto positivo que de él se espera sobre la economía del Valle de Aburrá, ojalá con irrigación hacia Antioquia, donde varias zonas han sentido el impacto de la crisis. Si estas acciones fecundan, se logrará contener una crisis social de grandes proporciones, que es la mayor amenaza en esta crisis presente. Vemos con interés el enfoque en equidad que la Alcaldía del doctor Salazar ha dado a los problemas económicos que hoy enfrenta la zona del Valle de Aburrá y confiamos en que logren el impacto esperado. Desde EL MUNDO seguiremos atentos y con ojo vigilante, las ejecutorias que se desprendan de esta interesante iniciativa.
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