jueves, 7 de mayo de 2009

La realidad del TLC

Editorial

El País, Cali

Mayo 7 de 2009

 

Mientras el Gobierno de los Estados Unidos continúa inmerso en el gran reto que le significa superar la crisis económica, la consecuente recesión y su inevitable impacto en el empleo de ese país, en Colombia parecen reactivarse los intentos por lograr que el Tratado de Libre Comercio, TLC, firmado hace dos años, sea aprobado con rapidez. Vale la pena preguntarse si las realidades que afectan a nuestra contraparte no están aconsejando esperar a que se presenten mejores condiciones para empujar su ratificación. 


Si algo quedó claro es que las opciones de aprobar el Tratado en el Congreso estadounidense se enredaron desde el momento en que el Partido Republicano del entonces presidente George W. Bush perdió las elecciones legislativas de noviembre del 2007. Y se confundieron aún más con los comicios en los que resultó ganador Barack Obama. Allí, el TLC se transformó de instrumento para asegurar la amistad con Colombia en materia de polémica ideal para capturar la fidelidad electoral de los sindicalistas, fundamentales para el triunfo del candidato demócrata. 


Y no porque se tratara de nuestro país o porque existiera una creciente ola de opinión en contra de nuestro Gobierno, como esperaban muchos de sus opositores, que pagaban costosos pasajes a Washington para hacer el lobby contra la iniciativa. O porque fuera necesario castigar las violaciones a los derechos humanos, que entre otras cosas tuvieron un decrecimiento radical en Colombia, lo cual le ha merecido reconocimiento a la Política de Seguridad Democrática.

La razón es más pragmática y menos catastrófica de la que se ha querido presentar: la política interna de los Estados Unidos y la necesidad de asegurar el apoyo de poderosos sindicatos al hoy presidente Obama. Y, ahora, de controlar los efectos del desastre del sistema financiero y la recesión más aguda en 70 años. Tan grave amenaza ha revivido incluso el proteccionismo como recurso para impedir que el desempleo siga creciendo en las proporciones que ha registrado en los últimos diez meses. 

El Tratado puede traer beneficios para Colombia, por cuanto significa un acceso privilegiado al mercado consumidor más grande del planeta. Pero es el momento para sopesar las condiciones políticas, económicas y de todo orden que afectan a los Estados Unidos. O los efectos que podría tener para nuestro país que en una recesión como la actual se levantaran las barreras que impiden la entrada libre de los productores de la nación norteamericana. Ante esas perspectivas, es mejor ir despacio y esperar condiciones propicias para lograr que el Tratado se convierta en el hecho que se espera hace más de dos años. 

En esa realidad no influyen ni los derechos humanos ni la protección al sindicalismo, que los opositores al TLC y al Gobierno han querido presentar. Pero estas críticas, que tienen eco en sectores de los Estados Unidos, pueden convertirse en argumentos para exigir reformas al Tratado ya acordado. Y adquirirán protagonismo si, como lo indican algunos hechos, se insiste en conseguir una aprobación rápida del Congreso de ese país. 



 

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