Por Alfredo Rangel
Revista Semana, Bogota
9 de mayo de 2009
De un plumazo el Consejo de Estado ha reducido en un 70 por ciento la capacidad ofensiva de nuestras fuerzas militares. Es una muestra más de la manera desinstitucionalizante e inconveniente como los jueces a veces invaden la órbita de las decisiones del Ejecutivo y del Legislativo. Destinstitucionalizante, porque los jueces deberían limitarse a la administración de justicia de acuerdo con las leyes, e inconveniente porque los jueces no siempre están en condiciones de medir los alcances de algunas de sus decisiones. Es el riesgo de la judicialización de la política. Si los jueces manejan la defensa y la seguridad nacional, todo se volverá judiciable.
Señala el Consejo de Estado que únicamente los soldados profesionales están en condiciones y tienen la obligación de participar en las operaciones bélicas de las fuerzas militares, mientras que el resto de los soldados no pueden ser obligados a hacerlo. La posición de este tribunal pasa por encima del artículo 216 de
Con la movilización masiva de los países aliados fue como se derrotó, no hay que olvidarlo, la agresión nazi-fascista durante
La insólita decisión es una muestra de irresponsabilidad, de ignorancia y de populismo judicial. Esta clase de populismo tiene, además de las consecuencias nefastas de sus decisiones, el problema de erosionar el principio de responsabilidad política, pues implica una captura de poder por quienes no rinden cuentas, no han sido elegidos y no pueden ser sustituidos democráticamente. Mientras el servicio militar sea obligatorio por mandato constitucional y legal, los jóvenes de todos los sectores sociales deberían estar en disposición de asumir este compromiso con el país, en función de las necesidades de nuestras Fuerzas Militares. Eso sí, en total igualdad en lo que se refiere a mecanismos de selección y reclutamiento, y al tiempo y las condiciones del servicio. Hoy existen grandes iniquidades: hay una contribución desproporcionada de gente pobre, campesinos y marginados urbanos, y una gran elusión de las clases medias y altas urbanas. Están exentos los sacerdotes, los indígenas, los estudiantes de colegios militares, entre otros. Los bachilleres cada vez son menos y sólo prestan funciones administrativas.
Hay que corregir todas estas iniquidades con una nueva Ley discutida y aprobada democráticamente que reforme el servicio militar obligatorio. Pero son los poderes Ejecutivo y Legislativo, que tienen origen popular, los llamados a hacerlo. No es de jueces la organización de los ejércitos. P.S. Volvió a circular en Anncol, vocera oficiosa de las Farc, un absurdo y refrito montaje según el cual yo conspiré con el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos,
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