Eduardo Pizarro Leongómez
El Tiempo, Bogotá
Enero 11 de 2010
"Bicho raro." Así se define a sí mismo el ex líder guerrillero y nuevo presidente electo de Uruguay, José Mujica, quien se posesiona el próximo primero de marzo. Uruguay es una enorme fuente de lecciones para Colombia por su madurez democrática y su infinita capacidad de reconciliación.
En las recientes elecciones presidenciales hubo dos hechos que merecen una honda reflexión. Por una parte, la mayoría de los uruguayos votaron en contra de una propuesta de reabrir los procesos penales contra los responsables de la dictadura civil-militar (1973-1985). Y, al mismo tiempo, eligieron presidente a un ex miembro del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Tupamaros. Es decir, con una mano decidieron "pasar la página" de los horrores del pasado y con la otra, para reforzar esa decisión, designaron a un ex guerrillero presidente.
La dictadura terminó en 1985, gracias al controversial Pacto del Club Naval, mediante el cual los líderes políticos de los partidos Colorado, Frente Amplio y Unión Cívica y los comandantes de las Fuerzas Armadas pactaron un acuerdo de impunidad, tanto para los miembros del Estado como para los líderes guerrilleros. Este pacto se materializó en la Ley No. 15.848 de 1986 (o Ley de Caducidad de las Pretensiones Punitivas del Estado), como mecanismo para garantizar una transición pactada hacia la democracia.
En 1989, la mayoría de los uruguayos (57 por ciento) votaron en contra de un plebiscito que pretendía anular la Ley de Caducidad. En las recientes elecciones, celebradas el pasado 25 de octubre, nuevamente, la mayoría de los electores votaron en contra. Uruguay decidió pasar la página y mirar hacia el futuro.
Pero este gesto de reconciliación nacional no terminó ahí. La elección de José Mujica tiene un significado aún más profundo.
José Mujica es, sin duda, un "bicho raro". En 1964 cayó preso durante un asalto frustrado a Sudamtex. En ese momento se hizo pasar por delincuente común y salió en libertad. Poco después, sin embargo, debió pasar a la clandestinidad como 'Ulpiano' o 'Facundo'. Gravemente herido en un enfrentamiento con la fuerza pública fue, nuevamente, detenido y torturado. Tras una fuga, fue recapturado al inicio de la dictadura y pasó en prisión más de una década. Al salir de la cárcel haría historia. Fue el primer ex tupamaro en llegar al Congreso. El primero en presidir la Asamblea General. El primero en pasar revista a las tropas del Batallón Florida -responsable del desmantelamiento del MLN-, acompañado por el jefe del Ejército, general Ángel Bertolotti, y por los comandantes de la Marina y la Aviación. El primero en ser ministro (de Agricultura), al lado de Enrique Bonelli (Ministro de Trabajo), y, finalmente, el primero en ser presidente. Una parábola vital ejemplar.
Los colombianos estamos enfrentando el pasado con estándares de verdad, justicia y reparación distintos y superiores a los que ha habido en Uruguay y muy superiores a los que hubo en Brasil, Guatemala, El Salvador, España e Irlanda del Norte, para solo mencionar algunos casos. La aplicación de estos estándares debe tener como norte alcanzar la paz y la reconciliación entre los colombianos. Pues, como diría el presidente de Chile, Ricardo Lagos, en el momento en que recibió el informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (2005), "estas medidas están orientadas a sanar las heridas y no a reabrirlas".
José Mujica, ese "bicho raro", es un símbolo para toda América Latina. Es un símbolo de la capacidad de un movimiento armado de transitar de las armas a la política, de la violencia a la lucha democrática. Es un símbolo de la capacidad de reconciliación nacional, mediante la cual los antiguos adversarios se reencuentran en una sociedad democrática.
Me pregunto: ¿estamos los colombianos preparados para "pasar la página", para mirar hacia el futuro? ¿Cuándo entenderán las Farc y el Eln -dos organizaciones en proceso de honda degradación criminal- la inutilidad de su violencia irracional?
No hay comentarios:
Publicar un comentario