Editorial
El Mundo, Medellín
Enero 13 de 2010
Steinberg es un hombre clave, sobre todo por su conocimiento del Plan Colombia, del cual fue supervisor en el Gobierno Clinton.
Hace apenas dos días comentamos en estas columnas la visita a nuestro país del Subsecretario para el hemisferio Occidental, Christopher Mc Mullen, en compañía de cuatro parlamentarios demócratas, y hoy no podemos pasar por alto la que realiza desde ayer el Subsecretario de Estado, James Steinberg, un personaje que por su conocimiento de Colombia, por ser considerado “el número dos” del Departamento de Estado y, sobre todo, por el contenido de las declaraciones que dio después de su cordialísimo encuentro con el presidente Álvaro Uribe en su finca el Ubérrico, en Córdoba, nos lleva a pensar que hay una deliberada intención del alto Gobierno norteamericano – por iniciativa, sin duda, de la propia Secretaria Clinton y muy probablemente del propio presidente Obama – de contrarrestar la mala impresión que se han encargado de propalar los críticos y algunos medios anticolombianos de que no existe “química” entre los dos mandatarios y que las relaciones entre los dos gobiernos serían tensas a pesar de los muchos intereses en común.
Si como decíamos el lunes, la visita del señor Mc Mullen y los representantes demócratas reavivaba la esperanza de que los congresistas finalmente entiendan que tienen la responsabilidad histórica de hacer justicia a Colombia, el más importante aliado de Estados Unidos en América Latina, la del subsecretario Steinberg es una confirmación de la tesis de que esa alianza es inconmovible y nunca será afectada de fondo por las eventuales diferencias de estilo y de talante de sus respectivos gobernantes. En ese contexto hay que entender la categórica afirmación del señor Steinberg: “La relación con Colombia es muy importante, es una relación estratégica y de una gran alianza que cubre muchos temas trascendentales para nuestros dos países. (Colombia) es un socio, es una alianza que va más allá. Cubre los aspectos económicos, sociales y culturales”. Dirigiéndose al presidente Uribe, recalcó: “Los Estados Unidos apoyan el esfuerzo suyo para ir construyendo la Seguridad Democrática y para buscar el bienestar de todos los colombianos...”.
Dos visitas de esa categoría, arrancando el 2010 y en un ambiente de confianza y camaradería como el del Ubérrimo, y especialmente la del Subsecretario Steinberg, que demuestra una especial consideración mutua – entre anfitrión y visitante – expresan mucho más que una simple intención de “tranquilizar a Colombia sobre su papel de gran aliado de los EEUU en América Latina”, como dice el experto Michael Schifter, del Diálogo Interamericano. Sobre todo si se tiene en cuenta que ésta es la primera visita a Sudamérica del señor Steinberg, desde que se posesionó hace casi un año, y resulta muy significativo que en su agenda sólo figuren Colombia y Perú, los dos caracterizados aliados en la región. Por eso fue muy pertinente que el presidente Uribe, acompañado en el diálogo con el alto funcionario norteamericano por sus ministros de Relaciones Exteriores, Defensa y Hacienda, aprovechara la ocasión para reiterar la importancia de que el Gobierno de EEUU intervenga ante el Congreso de ese país para la pronta ratificación al Tratado de Libre Comercio, pues, por la dinamización de la economía y la generación de nuevos empleos que el mismo conlleva, resulta clave en el éxito de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.
Nosotros creemos que el señor Steimberg no sólo es un buen interlocutor sino que será el mejor comunicador de esas inquietudes y aspiraciones de Colombia y de su gobierno a la Secretaria Clinton y al propio presidente Obama. El doctor Guillermo Fernández de Soto lo describía hace varios meses como el primero de los tres funcionarios del nivel más alto del Departamento de Estado que más conoce de Colombia: “Nunca como en la actual administración de Barack Obama había habido en Washington tantos funcionarios importantes con buen conocimiento de los temas colombianos”, declaró el ex canciller en mayo del año pasado a la revista Semana.
En realidad, Steinberg es un hombre clave, sobre todo por su conocimiento del Plan Colombia, del cual fue supervisor en el Gobierno de Bill Clinton. Luego, como profesor de la Universidad de Texas en Austin, la más fuerte, según dicen, de Estados Unidos en los estudios sobre la región, mantuvo su atención puesta en Colombia y en sus vecinos. Por criticar a uno de esos vecinos, precisamente, fue llamado “payaso adjunto” y “puro George Bush reeditado”, debido a que se atrevió a criticar de “inconveniente” la política de Chávez, tanto para la democracia de su país como para el resto de Latinoamérica, y a censurar las simpatías del mismo por las Farc. El segundo que se menciona es Arturo Valenzuela, subsecretario de Asuntos del Hemisferio Occidental, otro experto en el tema proveniente del segundo mandato Clinton, que ha visitado a Colombia numerosas ocasiones y ha sido incluso condecorado con la Cruz de Boyacá. Y el otro es Robert Manogue, ex consejero económico de la embajada en Bogotá y hoy coordinador de temas relacionados con los tratados comerciales. Como también decía el mencionado señor Shifter: “Desde los años 90 no ha habido en Washington un tema latinoamericano más importante que Colombia. Todo el que quería trabajar sobre el hemisferio tenía que saber de la realidad colombiana. Ha sido la prioridad de la agenda”.
Quedan, pues, notificadas las “aves de mal agüero” en Colombia.
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