Editorial
El Tiempo, Bogotá
Enero 13 de 2010
La fuerte devaluación del bolívar estaba prevista. Lo que está por verse es el efecto que la medida tenga sobre el gobierno de Chávez.
Para quien no haya estado al tanto de las noticias, las largas filas que se han visto durante los últimos días en los almacenes de electrodomésticos y en los supermercados de las principales ciudades venezolanas podrían dar una falsa ilusión de prosperidad. Pero la ola consumista en el país vecino tiene otra explicación. Todo se relaciona con el desespero de la gente por adquirir artículos varios, antes de que los precios reflejen la devaluación que sufrió el bolívar en la noche del llamado 'viernes rojo'.
Como se recordará, fue el 8 de enero cuando Hugo Chávez anunció la adopción de dos tipos de cambio, frente al de 2,15 por dólar que estaba vigente desde febrero del 2005: uno de 2,6 por dólar, que se aplicará a las importaciones de bienes básicos, como alimentos, medicinas y maquinaria, que tienen un peso de 30 por ciento en las adquisiciones de Venezuela; y otro de 4,3 por dólar, con el que se liquidarán las compras externas de los demás artículos, incluyendo automóviles, textiles y telecomunicaciones, entre otros.
Tales variaciones tendrán impacto en Colombia, aunque limitado, por cuenta de la decisión unilateral ya adoptada por Venezuela de tratar de llevar el comercio binacional a cero. En cambio, pueden afectar más a aquellos países que aspiraban, en forma oportunista, a llenar el vacío.
Aparte de ese cálculo, la verdad es que los analistas económicos esperaban una decisión desde hace meses. La razón es que la inflación acumulada en los últimos cinco años llegó a 162 por ciento, una de las más altas del mundo. Esa situación condujo a una sobrevaluación de la moneda que, en términos prácticos, hizo mucho más baratos los productos traídos de afuera que los hechos internamente. Ahora la lógica indicaría que las medidas deberían estimular a la industria y a la agricultura local, que serían más competitivas.
El problema es que nada de eso está asegurado. Es conocida la hostilidad del gobierno bolivariano hacia el sector privado, lo que asegura que las inversiones en nueva capacidad productiva brillen por su ausencia. Eso para no hablar de un clima interno cada vez más difícil, en un escenario de polarización política, de creciente inseguridad ciudadana, de escándalos de corrupción y de racionamientos de agua y luz. Ayer, para no ir más lejos, se anunció que los cortes de electricidad en Caracas llegarán a cuatro horas cada dos días, por lo menos hasta mayo.
Debido a esa situación, los expertos predicen que la descolgada del bolívar tendrá un impacto directo en los precios. Firmas como Moody's, por ejemplo, pronostican un alza de la inflación hasta del 60 por ciento este año, con lo cual la caída en el ingreso real de los venezolanos será inevitable. Ante lo sucedido, las voces de protesta han aumentado y la oposición ha convocado a una manifestación de rechazo a las medidas el próximo 23 de enero.
En respuesta, la administración chavista ha enfocado sus baterías en contra de los comerciantes, como lo pudo comprobar la cadena Éxito, cuyos almacenes fueron cerrados durante 24 horas por mandato oficial. Esas medidas, sin embargo, tendrán un efecto limitado y pueden ocasionar problemas de abastecimiento si se mantienen, pues nadie querrá vender a pérdida si sus costos suben.
Para el Palacio de Miraflores, no obstante, el tema principal es otro. Gracias al nuevo tipo de cambio, los ingresos petroleros de Venezuela se liquidarán a 4,3 bolívares por dólar, lo que, en la práctica, duplica la que es su principal fuente de recursos fiscales. Dicha circunstancia permitirá aumentar el gasto público, con lo cual las fuerzas gobiernistas aspiran a mantener sus mayorías en las elecciones legislativas de finales de septiembre. Eso, por supuesto, si los venezolanos, cansados del mal manejo y el despilfarro, no deciden darle la espalda a una revolución que vocifera mucho y hace poco por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.
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