miércoles, 6 de mayo de 2009

¿Qué espera la Corte Suprema de Justicia para acusar a Piedad Cordoba?

Por Jacques Thomet

Le Journalisme d’investigation

http://jacquesthomet.unblog.fr/

Traducción de Colombian News

4 de mayo de 2009

 

No tengan miedo de las palabras.  La senadora colombiana Piedad Córdoba, comparsa de las FARC, me hace pensar en Twilight, el héroe mundialmente conocido de Stephenie Meyer que se convirtió  en vampiro. Piedad Córdoba se asemeja a tal monstruo por su papel cruel en el asunto de los rehenes en manos de la guerrilla.

 

Como los vampiros sedientos de sangre, ese siniestro personaje del Congreso colombiano insiste, por petición de las FARC, en desempeñar el papel de intermediaria en la liberación del cabo Pablo Emilio Moncayo, rehén de los terroristas desde hace 12 años, y en la entrega del cuerpo del capitán Julián Ernesto Guevara a su familia. Julián  Guevara murió en 2006, tras  nueve años de cautiverio en manos de las FARC. El 25 de abril pasado, el Presidente colombiano Álvaro Uribe le pidió a la CICR (Cruz Roja Internacional)  y a la Iglesia la tarea  de recuperar el rehén Moncayo y los restos mortales de Julián Guevara. A pesar de su voluntad de no ceder ante las exigencias de los terroristas, las FARC reiteraron su exigencia al final de la semana pasada: quieren entregar  sus presas, el cabo y una persona muerta hace tres años, a la senadora. Ella está marcada para siempre por su complicidad activa con las FARC, como lo revelaron los archivos de Raúl Reyes, el ex número dos de la guerrilla, abatido el 1 de marzo de 2008 por el ejército colombiano.  ¡En estos mensajes, la senadora  se destacaba por su oposición a la liberación de Ingrid Betancourt, antes de que la Operación Jaque liberara  a esa rehén y a otros catorce rehenes el 2 de julio de 2008 en las barbas mismas de sus carceleros!  

 

El respeto que inspiran los dos mártires, uno aún en vida y otro en cenizas, habría debido obligar  a la senadora a renunciar a esa función de Drácula, de alguien que vive de la sangre y de la muerte. Ella no hizo nada. Ella lo que hace es esperar, en su cueva, a que el régimen democrático colombiano quiera ceder ante el chantaje de la guerrilla. Peor aún, esa senadora, vista como sospechosa por la Corte Suprema de Justicia por sus vínculos probados con las FARC, no ha sido todavía inculpada por esa jurisdicción la cual está más dispuesta a acusar a los senadores  o a los diputados,  sin prueba algunas muchas veces, de tener presuntos vínculos con los paramilitares.

 

Esa insoportable ligereza ilustra la complicidad evidente de algunos magistrados con los sectores terroristas. Imaginemos una toma de rehenes en Francia, como la ocurrida en 1993 en una escuela de Neuilly, ciudad cuyo alcalde era en ese entonces Nicolas Sarkozy. ¿El futuro presidente de la República habría aceptado que uno de los 25 niños fuera entregado al trotskista Olivier Besancenot, y no a los poderes establecidos? ¿Qué el secuestro de los otros niños durara doce años? ¿Qué cada año, otro alumno sea devuelto al activista comunista? Los invito a responder, precisándoles que Nicolas Sarkozy no esperó años para solucionar ese drama: el tomador de rehenes fue abatido por la policía.

 

Estoy bastante asombrado por el mutismo de la prensa colombiana ante el horror actual del doble drama Moncayo-Guevara. Álvaro Uribe hizo una concesión sin precedentes hace cerca de dos meses, cuando ofreció a las FARC la posibilidad de negociar sin ninguna condición previa, salvo el de respetar un alto al fuego de cuatro meses, para llegar a un canje entre los rehenes de las FARC y los guerrilleros encarcelados. La guerrilla no respondió. Ocultó su negación bajo una macabra pantalla de humo: la entrega del cadáver del comandante Guevara y del rehén Moncayo.

 

Era de esperarse que los medios de comunicación se movilizaran, y el pueblo con ellos, para exigirle a las FARC  sentarse a la mesa de  negociaciones, para llegar a  una solución global que no se limite a los casos de Moncayo y del cadáver de Guevara. Pero no. No quiero ser malévolo, pero me parece que el silencio de la prensa obedece a una estrategia política. Dentro de un año exactamente será la elección presidencial en Colombia. Se ignora aún si Álvaro Uribe habrá obtenido del Congreso el derecho a presentar su candidatura. Una serie de intereses ocultos entraban la movilización de apoyo que se podría esperar de los medios de comunicación colombianos ante la iniciativa pacifista del Presidente. Si el Presidente consigue lo que busca, haría saltar su cuota de popularidad, que hoy es de 70%, al  90% o al 95%, como ocurrió después de la liquidación de Raúl Reyes. Todos los candidatos a su sucesión desaparecerían en la trampilla de la historia.

 

Seré aún más crítico respecto de las capitales europeas, tan rápidas al momento de llenar de carteles con la fotografía de Ingrid Betancourt  las fachadas de sus alcaldías, entre 2002 y 2008. ¿Qué esperan para exigirle a las  FARC que acepten el ramo de olivo tendido por Álvaro Uribe?

 

 

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