miércoles, 6 de mayo de 2009

Regalos lastimeros

Por Eduardo Escobar

El Colombiano, Medellín

Mayo 6 de 2009

Al regalar a Obama "Las venas abiertas de América Latina" de Eduardo Galeano, Chávez presentó por interpuesta persona un memorial de agravios ante la presidencia de los Estados Unidos. Pero Obama como negro debe saber de sacrificios y segregaciones tanto como supo la gente de Guaicaipuro.

Alejo Carpentier, considerado por la crítica el profeta del realismo mágico, que convirtieron en manía escritores como Galeano y en arte García Márquez, reivindicó una hipotética grandeza latinoamericana a partir de la majestad de la Ceiba. Un gesto inesperado en uno que pronunciaba la erre francesa. Árboles monstruosos crecen en todas partes. Comenzando por la sequoia imperial de los parques nacionales gringos y el baobab que inmortalizó Saint Exupery en El principito. Hay ríos africanos que caminan al revés y se ahogan en llanuras y desiertos que hablan solos. La piedra que canta en Venezuela hace dúo a la de Memnon en Egipto. Florecen allá y aquí las miserias sociales que son los frutos eternos de los vicios particulares.

El mundo es hermoso y atroz en todas partes y todos los hombres son idénticos, oí decir a las mujeres que saben de secretos. El patrioterismo latinoamericano endiosa al aborigen y quiere imponer contra los melocotones la importancia internacional de la ruda guanábana porque son de aquí. Un bambuco mamerto canta: No me den trago extranjero que es caro y no sabe a bueno. Bobadas. Brindo con un brandy bien curado contra el veneno de la caña.

El patrioterismo latinoamericano supone que el indígena es un dechado de virtudes. Uno recuerda a Rojas Birry y se queda pensando. Y los indígenas no fueron los ecologistas que exalta.

El fin de los mayas vino por agotamiento de los recursos energéticos consumidos en pro del embeleco tiránico de las pirámides. La irrisoria nobleza atribuida al nativo americano es otra hipócrita exclusión. Como se pretende rebajar a las mujeres incluyéndolas entre las rosáceas. Me irrita la condescendencia de los líderes indígenas con la lección bien aprendida cuando me llaman "hermanito menor" solo porque soy bautizado.

El libro de Galeano que le regaló Chávez a Obama no es un buen mensaje, carece de dignidad. Se goza en la inferioridad, la derrota y la autocompasión equilibradas con la fatuidad. No fueron la tecnología y la crueldad cristiana como predican sus apóstoles las que derrotaron a los caciques, sino la chicha, el desorden, las disensiones. Los españoles al llegar solo agravaron la matazón que se hacían aztecas, chibchas, incas. La situación desgraciada se prolonga. Los aventureros cosechan en nuestras escisiones. Mientras nosotros buscamos el ahogado aguas arriba.

La conquista de América fue una empresa feroz, como fueron las de Moisés, Alejandro, César, Carlomagno y Cortés. Pero si lo Cortés no quita lo vergajo tampoco quita lo valiente. Estoy agradecido de no vivir bajo el régimen de Moctezuma. De no ser engordado a esta hora en Bogotá para un sacrificio a la luna de Teusaquillo. No alcanza a tanto mi orgullo latinoamericano. No aspiro a convertirme en un dios a la barbacoa.

No cambia el futuro humedeciendo con lágrimas la materia viva del tiempo. La visión de la historia como tragedia es una vieja manera de negarse a entenderla. Y acaba en la depresión neurótica, en alguna ideología cerrera, o la simulación, que son los caminos del menor esfuerzo intelectual.

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