viernes, 23 de octubre de 2009

La educación en el ejército colombiano

William Parra

El Tiempo, Bogotá

Octubre 23 de 2009


Ayer se publicó la noticia sobre una de las últimas decisiones de la Corte en el caso de los homicidios agravados cometidos por los militares. La Corte encuentra responsabilidades de los superiores militares por no ejercer el control y la vigilancia de los hombres bajo su mando.

Debido a que la institución militar está estructurada jerárquicamente y sobre principios como el de la obediencia, los superiores militares deben responder por las acciones de los hombres bajo su mando. La ley internacional y nacional afirma dicha responsabilidad y adiciona las graves sanciones que se ciernen sobre estos, por acción y por omisión. Para una institución que realiza funciones de tan alta responsabilidad y de tan delicado ejercicio no es fácil acomodarse a los exigentes niveles de responsabilidad y de calidad, así como a la permanente observación y vigilancia de la sociedad y de las organizaciones nacionales o internacionales.

El Ejército colombiano no ha rehuido sus caros compromisos con la sociedad colombiana, a pesar de que la tarea es difícil, como cualquier situación militar que cada hombre de armas vive cotidianamente. A pesar de esto, el empeño y el trabajo están dando sus frutos. La clave para ejercer las funciones del monopolio de las armas y la fuerza legítima del Estado, en consonancia con el respeto de los derechos fundamentales de los colombianos, se ha encontrado en la educación y profesionalización de cada miembro de la Fuerza Pública, y en la reestructuración institucional y organizacional del Ejército

Es un imperativo que en la moderna formación y educación profesional en el ejercicio de las armas se debe complementar la formación militar con la observación de las leyes. El resultado debe ser un hombre autónomo y responsable, capaz de aplicar principios éticos y personales en el desarrollo de su profesión.

Esta tarea no es fácil, por ejemplo, en la formación universitaria en materia de derechos humanos. La ética y la moral contienen limitaciones de conducta que prohíben de manera general el lesionar a una persona o vulnerar sus derechos fundamentales a la vida, la libertad, entre otros. Sin embargo, en la ética del guerrero o combatiente, para que no exista reproche moral, la formación debe incluir la posible negación de estos derechos, eso sí dentro de la legitimidad que la Ley exige. Esta formación individual, ética, jurídica y política y la evolución de la lucha contra las organizaciones criminales orientarán hacia el futuro una creciente responsabilidad individual por cada acción que lleven a cabo los miembros del Ejército en el desarrollo de sus funciones.

Así mismo, los controles institucionales y la estructuración de las operaciones militares con base en claros instrumentos, como la orden de operaciones, permiten aclarar las responsabilidades de los mandos encargados de tomar las decisiones y orientar y aplicar la estrategia y la táctica militar, previendo los posibles errores y desviaciones de la conducta de cada hombre, que es lo que produce la vulneración de las normas internacionales del DIH y de las normas de los derechos fundamentales.

En este sentido, la Escuela de Soldados Profesionales (Espro), en Nilo (Cundinamarca), es una muestra sobre cómo se viene haciendo este trabajo educativo. Los jóvenes que allí se preparan para ejercer como servidores públicos y como profesionales militares, la mayoría de ellos, al igual que los estudiantes universitarios, se están graduando con edades que apenas superan los 20 años y ya tienen una formación suficiente para hacer operaciones militares con los estándares exigidos por la doctrina militar y legal, y una formación humanística y jurídica necesaria para salvaguardar los derechos fundamentales de los colombianos, así como para realizar una lucha contra la criminalidad organizada dentro de la Constitución y la Ley.

Acertadamente, la preocupación y la responsabilidad de los mandos tienen su mejor herramienta en que ellos les han procurado el tesoro de la educación, el cual se refleja en que esta juventud que allí se forma ya tiene una conciencia de la importancia de su trabajo y de las limitaciones y posibilidades de su conducta en la exigente tarea de ser garantes de los derechos fundamentales de los colombianos.

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