José Manuel Restrepo Abondano
El Nuevo Siglo, Bogotá
Enero 14 de 2010
Entre preocupantes, cómicas o simplemente asombrosas han resultado las más recientes actuaciones del socialismo del siglo XXI en América Latina. Tanto, que ya la misma sociedad latinoamericana, aquella que reclamaba de esta “nueva” izquierda algo distinto, se empieza a arrepentir y a buscar nuevos aires serios y estructurados de liderazgos políticos, sociales y económicos. Por ejemplo, para nadie es un secreto que “si se respeta la voluntad ciudadana” el presidente Chávez no repetiría hoy los mismos niveles de mayoría parlamentaria.
Lo más triste es que ese socialismo trasnochado, populista y cómico, comienza a afectar al socialismo democrático que ha tenido un papel muy importante en la construcción democrática en países como Chile o Brasil. De hecho, ya son muchos expertos en política internacional que hablan de la victoria de la centro-derecha en próximas elecciones en Chile (17 de enero) y Brasil. Lo triste, consiste en que alternativas democráticas de izquierda pierden dimensión y seriedad cuando uno revisa los más recientes actos de los presidentes de Venezuela, Bolivia, Nicaragua o la misma Argentina.
No es posible darle seriedad a propuestas de gobierno que limiten las libertades individuales, de comunicación, económicas o que abusando de su condición y posición política atropellen a la sociedad y a cualquier forma de oposición intentando callarla.
El más reciente acto de la Presidenta de la Argentina, habla de hasta dónde es posible convertir un acto público en burla de todos. Para no ir tan lejos, quién puede creerle a un gobierno venezolano que por andar de “generoso populismo” en América Latina, descuida las inversiones que en materia de infraestructura de agua potable y eléctrica necesita un país. ¿Cuánta riqueza de una nación, y cuán incapaces son sus gobernantes que no se anticipan a coyunturas periódicas del medio ambiente? Estos hechos nos dejan dos lecciones a los colombianos: de un lado los riesgos de elegir en nuestro país a aquellos “juglares” que quisieran practicar el socialismo del siglo XXI entre nosotros (muy conveniente a algunos meses de elecciones) y cuán diferente es un país en donde a pesar de las diferencias ideológicas y políticas se respeta la democracia, la oposición y las libertades individuales.
Pero el novelón mayor de un gobernante es el que acaba de cometer la presidenta Kirchner al destituir al Presidente del Banco Central para abusar de recursos públicos y hacer algo más de populismo con los mismos. Novelón que continúa al perseguir a la sensata jueza que anuló el decreto presidencial, a su celular, a su casa y a sus vacaciones para apelar la decisión. Como si fuera la chequera de su propia casa o de su tienda, la presidenta Kirchner pretende anular la autonomía de un Banco Central y quedarse con la caja del mismo.
Nada muy distinto de los cierres en otras naciones de medios de comunicación, de las decisiones de devaluación manoseada, de cerrar supermercados y empleadores “opositores”, y muchas más diversiones del triste socialismo del siglo 21.
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