viernes, 22 de enero de 2010

Una alianza en ciernes

Editorial

El Mundo, Medellín

Enero 22 de 2010

En la lucha contra el frente 48 de las Farc los éxitos recientes no son sólo de este lado sino también del ecuatoriano.

Lo más parecido a una alianza militar exitosa contra un enemigo común, algo impensable hace seis meses, es a lo que estamos asistiendo ecuatorianos y colombianos como resultado de los esfuerzos diplomáticos de las dos cancillerías y de la eficaz colaboración entre los dos ejércitos en la lucha contra el frente 48 de las Farc, responsable de la comisión de múltiples delitos de narcotráfico, secuestro, extorsión y tráfico de material de guerra en la zona fronteriza del río Putumayo.

Es un gran alivio que hoy podamos decir, por boca del ministro de Defensa Gabriel Silva, que la colaboración del Ejército de Ecuador ha sido clave en los buenos resultados de los operativos de los últimos días en área rural de Las Lomas (Puerto Asís, Putumayo), a orillas del río San Miguel, que marca el límite entre los dos países. Se trata de la llamada ‘Operación Fortaleza’, en marcha en esa región, que aplaudimos por su eficacia y también por ser un ejemplo de lo que se puede conseguir con el trabajo coordinado y mancomunado de Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía Nacional. El miércoles fueron destruidos tres campamentos; abatidos nueve guerrilleros y capturados otros seis; incautadas numerosas armas, municiones, material de intendencia y, lo más valioso para la inteligencia militar, fueron encontrados dos computadores y seis memorias USB.

El golpe habría sido más contundente si consiguen la captura o muerte del comandante del frente, Ángel Gabriel Lozada, alias ‘Édgar Tovar’, quien según inteligencia militar logró huir, herido, refugiándose al otro lado de la frontera, aun cuando se espera que, dado el nuevo clima de colaboración binacional, no le sea fácil eludir la persecución de las autoridades. ‘Edgar Tovar’ era hombre de confianza del extinto ‘Raúl Reyes’, en cuyos computadores se le menciona como ficha clave en el manejo de los negocios de narcotráfico del grupo guerrillero y uno de los socios principales de los hermanos Ostaiza, señalados capos de la mafia en el vecino país. Actualmente está cobijado por una circular roja de Interpol y por una solicitud de extradición de los Estados Unidos.

En la lucha contra el frente 48 de las Farc los éxitos recientes no son sólo de este lado sino también del ecuatoriano. El propio presidente Rafael Correa se ufanó esta semana de que en un enfrentamiento con las Farc, militares de su país dieron de baja a tres guerrilleros. Aquí hay que resaltar la permanente interlocución de los ministros de Defensa y de Seguridad de ambos países. El ministro Miguel Carvajal informó a su colega Silva sobre el desarrollo de varias operaciones en la frontera, en una de las cuales se destruyó un campamento que las Farc tenían en territorio ecuatoriano y, simultáneamente, en medio de un combate que se desencadenó por el ataque de las Farc a una patrulla militar, murieron tres subversivos, que fue el caso a que aludió el presidente Correa.

Que el propio Correa haya salido a cobrar el triunfo, muestra una resolución de combatir a esa narcoguerrilla de verdad y no de dientes para afuera, actitud tanto más significativa por provenir de un gobierno manifiestamente de izquierda, después de aceptar la evidencia de que la narcoguerrilla terrorista colombiana se les había metido al rancho de una manera descarada y masiva. Afortunadamente para ambos pueblos, ese capítulo de mutua desconfianza parece cancelado y lo que se abre es una etapa de plena colaboración en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, a partir de la reactivación de la Comisión Binacional de Frontera, que se ha venido reuniendo discretamente, la última vez a principios de esta semana, en Cali, para un intercambio fructífero de información y la coordinación de acciones contra la delincuencia organizada que, como se ve, comienza a dar resultados ampliamente satisfactorios.

Sin decirlo abiertamente para no provocar un enfrentamiento con Chávez si hace un deslinde expreso y abierto, el presidente Correa está implicando con su actuación que no pertenece al grupo de los incondicionales del venezolano frente al tema de las Farc, como tampoco parece compartir a estas alturas su extremismo y su radicalismo para condenar el acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos. Prueba de ello son sus últimas actuaciones como presidente pro témpore de Unasur: primero invitó al Departamento de Estado a aun diálogo constructivo con el grupo subregional y a un acercamiento en temas como el de las bases militares en Colombia, invitación que ya fue aceptada por la señora Clinton. Segundo, aunque sigue pensando que esas bases son “un foco de desestabilización para la región”, su preocupación es porque “¿quién puede garantizar que el presidente que suceda a Álvaro Uribe no utilice esas bases militares con otros Gobiernos de EEUU para otros objetivos”? Eso puede ser exagerado, pero está bien que se lo digan al Imperio y no que pretendan convertir a Colombia gratuitamente en el malo de la película. Pero también en este tema va Correa por buen camino. ¡Que la Divina Providencia no lo deje descarrilarse!

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