Editorial
El Nuevo Siglo, Bogotá
Enero 14 de 2010
Parece un chiste de mal gusto afirmar que Venezuela se ahoga en petróleo, pero no lo es. Desde que llegó el comandante Hugo Chávez al poder ha recibido en fondos por las exportaciones de crudo más dinero que sus antecesores en el poder, por cuenta de los precios al alza del mismo. Durante medio siglo de dictaduras Venezuela vendía el barril de petróleo en promedio a un dólar. Apenas a partir de las reformas de Rómulo Betancourt se entró a vender al precio internacional y se repartieron dividendos por partes iguales con las compañías exportadoras. La más grande bonanza de la historia le tocó a Chávez, que resolvió emplear gran parte de las divisas del crudo para exportar la revolución. Así es como se reconoce que Venezuela gastó, entre el 2005 y el 2009, más de US$ 220.000 millones en inversiones, subsidios y donaciones a 14 países afines políticamente. Al tiempo que descuida la infraestructura propia, deliberadamente reduce a escombros la industria nacional. El presidente Chávez, con la reciente devaluación del bolívar redujo en casi un 80 por ciento el salario básico de los venezolanos que, por el derrumbe de la industria durante su gobierno, importan gran parte de los productos esenciales de pan coger y de bienes de producción.
Encabeza Rusia el destino de buena parte de los dineros venezolanos girados al exterior con 34.485 millones de dólares en compra de armas y convenios energéticos, conocidos. El segundo lugar lo ocupa Cuba con 24.721 millones de dólares. Cuba es sostenida por la ayuda de Chávez, comparativamente superior a la que le prestó en su momento la Unión Soviética. Además, Fidel Castro revende petróleo en el Caribe y otros países. Se conoce que a Cuba le entregan en crudo 80 mil barriles diarios, que figuran en la contabilidad oficial, otros tantos o más barriles no se facturan, según sostienen analistas internacionales. Fuera de multimillonarios pagos por servicios médicos, de alfabetización y sociales prestados por funcionarios cubanos en Venezuela. Se giran US$ 220.000 millones, a los que habría que sumarles sumas mucho mayores de la cuenta petrolera. Esos dólares habrían permitido, en el supuesto de repartirlos en partes iguales entre la población, que la masa venezolana viviera cómodamente de la renta oficial durante el gobierno de Chávez, a la manera de elementos opulentos de la clase media y costeando en buenos colegios y universidades la educación de sus hijos en el extranjero. Y si se hubiesen invertido en industrializar la agricultura del país Venezuela sería una potencia. Lo triste es que más de la mitad de la población es pobre y buena parte sobrevive por la ayuda oficial, gracias al reparto de mercados y medicamentos.
Las cifras de los ingresos de Venezuela por la venta de crudo y el despilfarro consiguiente son, sencillamente, alucinantes. Lo que explica que al comandante Hugo Chávez no lo trastorne la caída de US$ 5.000 o US$ 4.000 millones del comercio bilateral con Colombia, entre particulares, puesto que con esas cifras de divisas que maneja considera que el gobierno puede comprar en cualquier parte. Y al devaluar, como al establecer dos tipos de precio para el dólar, entra a manipular el mercado interno y jugar con las divisas. Por lo pronto, los comerciantes venezolanos con deudas en Colombia o en el extranjero no podrán cancelarlas al nuevo precio del cambio por dólar. Se calcula que los exportadores colombianos perderán en consecuencia por lo menos unos US$ 400 millones y más. Los que hicieron el negocio en bolívares sufrirán de manera implacable las consecuencias del derrumbe de la moneda. Lo que aumentará el desempleo en Venezuela y Colombia. La situación para Colombia en lo económico sería mucho más grave, paradójicamente, de no haber caído artificialmente el intercambio comercial entre los dos países en el 2009, pues de otra forma se habrían producido aquí quiebras desastrosas en cadena. Y es temprano para predecir, pero, en ocasiones, la devaluación favorece a la larga la recuperación económica y obliga a consumir lo propio.
Si Colombia se lanza a una carrera armamentista delirante, con un frente subversivo interno, como reclaman algunos necios abierta o solapadamente, no está en condiciones de gastar ni la tercera parte de los que el país vecino destina a los juegos de guerra. Nos arruinaríamos, apenas conseguiríamos enriquecer más a los vendedores de armas que como buitres hambrientos nos ofrecen créditos en armamento letal, dizque para disuadir al contrario. Un país que en 50 años no ha podido acabar de raíz a los alzados en armas, apenas por milagro podría batir al enemigo externo, que Venezuela no lo es. Y precisamente la alianza con los Estados Unidos, es un elemento disuasivo que nos economiza de momento el rearme ruinoso. Sin contar que en asuntos bélicos el último en rearmarse encuentra los equipos más sofisticados. Es evidente que ni los soldados venezolanos pueden sentarse en sus bayonetas, ni los colombianos.
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