miércoles, 26 de agosto de 2009

Pobreza, una tarea pendiente

Editorial

El Colombiano, Medellín

Agosto 26 de 2009

El informe de la primera fase de trabajo de la Misión para el Empalme de las Series de Empleo, Pobreza y Desigualdad (Mesep), entregado el pasado lunes, tiene más de arena que de cal y le plantea al Gobierno y a la sociedad enormes retos para los años futuros.

Colombia perdió en los años 2006 y 2007 una información valiosa, quizás en uno de los momentos más críticos en los que se requería de datos oportunos y confiables sobre el comportamiento de la pobreza, el empleo y el efecto del costo de los alimentos en el incremento de la indigencia. El Gobierno tuvo un acierto en la conformación de esta comisión, pero es importante reconocer y aprender del hecho de que el problema fue creado por sus propias decisiones. En este sentido, el balance técnico del trabajo de la comisión en cuanto a la información estadística es positivo y a partir de 2008 tenemos una buena base de información para el rediseño de las políticas sociales.

La reducción de la pobreza es realmente insuficiente. Para el crecimiento que se ha tenido en los últimos años, la cifra no es buena y alerta sobre el tipo de desarrollo económico que ha tenido el país, en parte, por los sesgos generados por los incentivos al capital.

La indigencia es especialmente preocupante, pues no solo no se redujo sino que aumentó. Es alarmante la pobreza del 65,2 por ciento en áreas rurales, cifra que se ha mantenido en los mismos niveles desde hace una década. En cambio, la pobreza bajó en las 13 grandes áreas metropolitanas en una quinta parte y alcanzó el 30,7 por ciento. El país está en una dinámica de crecimiento desequilibrado que está dejando segregado del desarrollo al país rural.

Un economista sensible al tema de la pobreza, que estuviera al frente de la política agrícola, habría privilegiado la atención a la baja del precio de los alimentos y no al aumento de la rentabilidad para los empresarios del campo. Eso no se hizo el año anterior, pues en repetidas ocasiones se desestimó bajar los aranceles de los alimentos cuando éstos se dispararon a nivel mundial. La factura que están pasando los índices de indigencia a este error de política es alta, pero nunca comparable al "dolor social" de cientos de miles de familias que no tuvieron cómo comprar sus alimentos.

Un hallazgo importante de la comisión es que la línea de pobreza para Colombia ha sido fijada en una cuota excesivamente alta y mucho mayor que en los demás países de la región, luego sus cifras no pueden compararse con las de Latinoamérica y además inducen errores de interpretación y asignación de prioridades. En la agenda de la comisión está proponer una nueva metodología.

Por su parte la sociedad, como un todo, debe repensar su responsabilidad ante la exclusión social. No son los gobiernos ni los Estados los únicos que superan la pobreza, también las sociedades deben generar estructuras empresariales más justas e incluyentes. En esto tenemos una enorme tarea pendiente en el país y en la región.

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