miércoles, 2 de septiembre de 2009

La sombra de Chavez aparece sobre el proceso electoral uruguayo

Por Emilio Cárdenas *

Diario Exterior, Madrid

2 de septiembre de 2009

Quedan menos de dos meses para las próximas elecciones presidenciales uruguayas. La campaña electoral, como cabía esperar, está entonces en pleno fragor. Los candidatos que compiten por la presidencia recorren febrilmente el país, desplegando sus propuestas, predicando sus evangelios y, de paso, cruzándose acusaciones, aunque dentro del marco del respeto proverbial del Uruguay, que en los últimos tiempos se ha distinguido notoriamente de la Argentina, enferma de la inmoralidad política que ha sido el resultado inevitable de las administraciones de los Kirchner.

Las encuestas sugieren la existencia de una gran paridad de fuerzas entre la izquierda, representada por el Frente Amplio, encabezado esta vez por el ex tupamaro José Mugica, y las de "centro", conformadas por los tradicionalesblancos y colorados que, una vez más, irán juntos a la segunda vuelta que presumiblemente decidirá el resultado final de los comicios que se aproximan. En el "centro", el candidato hoy con más posibilidades es, ciertamente, Luis Alberto Lacalle, el experimentado adalid del Partido Nacional.

Observando lo que sucede, llama poderosamente la atención que uno de los principales movimientos políticos del Uruguay, país reconocidamente democrático, lleve - sin inmutarse, ni estremecerse- como candidato a Presidente a José Mugica, quien en su momento condujera al movimiento guerrillero "Tupamaros"; razón por la cual podría haber sido responsable de la comisión de crímenes de guerra. (Esto es, de delitos de lesa humanidad, imprescriptibles, que fueran cometidos en el conflicto armado interno, que afectara al Uruguay en la década de los 70). Eso, y no otra cosa, fueron los secuestros, asesinatos y atentados que, en centenares, fueron cometidos en los años de plomo uruguayos. Pero las cosas son desgraciadamente así. Para José Mugica, los guerrilleros marxistas caídos en acción en los 70 son héroes y no víctimas. Por ello, dice no buscar revancha, sino querer descubrir la verdad, para lo que debiera estar dispuesto a contribuir con su parte del relato aún desconocido, que permanece en una relativa opacidad. La suya es una visión del pasado reciente diametralmente opuesta a la de la Argentina de los revanchistas Kirchner, aún obsesionados en caminar mirando hacia atrás y no hacia adelante.

Las encuestas sugieren hoy que en segunda vuelta Lacalle podría derrotar a Mugica. Por una diferencia estrecha, seguramente. De esta manera Uruguay, como Chile y, luego, Brasil y Argentina podrían girar políticamente hacia el "centro", descompensando al hoy izquierdista UNASUR. Lo que naturalmente desvela a algunos de los disgustados líderes "bolivarianos" -y a sus compañeros de ruta- dispuestos a manipular las instituciones de la democracia, las mismas que, en su momento, les permitieran llegar al poder, de manera que ellas no los obliguen, de pronto, a tener que dejarlo. De allí que para los "bolivarianos", la definición de democracia no incluya jamás la "alternancia". Peligrosísimo, por cierto. Pero real e inocultable. Las conocidas sombras antidemocráticas "con gusto a Chávez" han aparecido, lamentablemente, también en el proceso electoral uruguayo. Esta vez sin las desfachatadas "valijas de Antonini Wilson" que -repletas de petrodólares caribeños- ayudaran a Cristina Fernández de Kirchner a llegar al poder en la Argentina. Hugo Chávez obra desde la oscuridad, porque es un gigantesco "pianta-votos" -como le consta al peruano Ollanta Humala- razón por la cual acaba de cancelar una visita que tenía previsto hacer al Uruguay.

No es, sin embargo, sorpresivo que se hayan detectado maniobras encubiertas que podrían servir para aportar opacamente fondos a la campaña del Frente Amplio. Ellas están siendo investigadas por la jueza Graciela Gatti, titular del juzgado del crimen organizado. Se trata de exportaciones que se realizan a precios groseramente sobrevaluados. Por ejemplo, una de las empresas que está bajo investigación ha exportado a Venezuela libros escolares impresos en el Uruguay a un costo del orden del medio millón de dólares, recibiendo en pago por ellos un valor total de 32 millones de dólares. El dinero llega al Uruguay abultado, para así abonar la compra realizada y, luego, regresa "vivo" (en las valijas de siempre) al Caribe para ser vendido en el mercado negro con diferencias cambiarias del 200%, o más. Una multiplicación extraordinaria "de los panes", más brillante aún que la bíblica, razón por la cual estos "negocios" han despertado las naturales sospechas, recogidas inmediatamente por los medios.

Con idéntico perfil se han detectado también otras exportaciones que incluyen: cartografía, bolsos de mano y diccionarios y enciclopedias. Todo llama poderosamente la atención. Las empresas exportadoras que se utilizan en estas "ventas" no tienen antecedentes en la materia y estas operaciones milagrosas aparecen justo en tiempos electorales. Conociendo ya la región quien es efectivamente Hugo Chávez, el olor a sucio es muy fuerte. Horrendo, más bien. La oposición uruguaya está alerta y estos episodios no ayudarán a José Mugica, quien por el momento prefiere ni referirse a ellos. Porque juega, naturalmente, al inocente. Al que no sabe nada. Pero su pasado -más allá de su carisma personal- pareciera abonar las sospechas que, una tras otra, se amontonan. No sólo porque la conducta "intervencionista" de Chávez es incorregible. También porque entre los antecedentes de una de las empresas de pronto "exportadoras" (la más importante) aparece extrañamente un primo de la esposa de Mugica, la senadora Lucía Topolansky. Por todo esto nadie se sorprende ante este tipo de ardides, que, en cambio, se presumen. Y no sin razones.

* Emilio Cárdenas es ex Embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas

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