sábado, 20 de junio de 2009

Barack Obama, verdadero amigo de Israel

Por A. B. Yehoshua*

El Tiempo, Bogotá

Junio 20 de 2009


¿Cómo se sabe cuándo un amigo es verdadero? Por el hecho de que cree y confía en uno, y nos dice con honestidad nuestros errores, los cuales trata de ayudarnos a corregir. Ese es el tipo de amigo que quiero a mi lado, no alguien que apruebe automáticamente todo lo que hago, me declare su afecto y me acepte tal como soy.


Desde su gran victoria militar en la guerra de los Seis Días de 1967, cuando repelió a las fuerzas armadas combinadas de Egipto, Siria y Jordania, que habían proclamado abiertamente su deseo de destruir el estado judío, Israel ha estado sumido en una confusión militar e ideológica resultante de las conquistas que hizo en aquel conflicto.


Tras la Guerra de los seis días, Israel no consideró las tierras conquistadas como algo por negociar a cambio de paz, y con eso inducir al mundo árabe y a los palestinos a reconocer su legitimidad y asegurar la desmilitarización de los territorios palestinos tras su restitución. En lugar de ello --ya sea debido a su desconfianza en sus enemigos o a un deseo de anexarse algunos de los territorios--, comenzó a seguir una política de asentamientos. Sin embargo, al hacerlo creó una realidad difícil de revertir.


Los asentamientos no militares de Israel son, y siempre lo han sido, irrelevantes para la seguridad del país. Por el contrario, debido a que se encuentran en el centro de la población palestina, son objetivos convenientes para ataques terroristas y requieren medidas defensivas especiales, como el despliegue de grandes fuerzas militares para patrullaje y vigilancia. Incluso en los Altos del Golán, donde no hay presencia siria, los asentamientos, ubicados a unos cuantos kilómetros de enormes concentraciones de tropas sirias, crean una pesada carga porque, en caso de guerra, el ejército israelí se verá obligado a evacuarlos rápidamente, como ocurrió durante la guerra del Yom Kippur en octubre de 1973.


Los asentamientos intensifican el odio de los palestinos hacia Israel. Además de ocupar tierras palestinas, utilizando su agua e imponiendo límites a su libertad de movimiento, los asentamientos simbolizan la intención de Israel de permanecer, y por ende su reticencia a conceder la independencia al pueblo palestino, incluso si reconociera la legitimidad de Israel y se mostrara dispuesto a la coexistencia pacífica.


Israel ha invertido grandes recursos financieros en los asentamientos, a menudo haciendo caso omiso a importantes necesidades dentro de Israel mismo. Los colonos, principalmente partidarios de movimientos y partidos religioso-nacionalistas, a menudo demuestran una actitud de superioridad en sus relaciones con las autoridades israelíes, pretendiendo tener un estatus especial no sólo con respecto a los palestinos, sino también frente a otros ciudadanos israelíes. De hecho, un número sustancial de ellos ni siquiera reconoce la autoridad legal del estado de Israel.


El mayor problema con los asentamientos es que, si siguen expandiéndose, correrá peligro la solución de los dos estados y, tarde o temprano, llevarán a un estado unitario poblado por dos grupos étnicos entre el río Jordán y el mar Mediterráneo. Puesto que la simple demografía implica que los palestinos gradualmente llegarán a ser la mayoría, un estado unitario es una receta para el fin de Israel.


La mayoría de los israelíes comprende esto pero, igual que un drogadicto incorregible, es incapaz de decir: "Basta. Hemos cometido un error, y debemos remediarlo antes de que sea demasiado tarde".


No hay duda de que cuando se firmó un tratado de paz con Egipto, los colonos judíos fueron evacuados por la fuerza desde el Sinaí. De manera similar, cuando las comunidades judías en Gaza se hicieron insostenibles, el líder de la derecha, Ariel Sharon, obligó la salida de 9.000 colonos que vivían entre 1,5 millones de palestinos, un suceso dramático que ha dejado profundas cicatrices en ambos bandos. Sin embargo, hay 250.000 colonos israelíes en Cisjordania. Cualquier intento de evacuarlos podría convertirse en una guerra civil.


El mundo, incluido Estados Unidos, desaprueba los asentamientos israelíes. Sin embargo, a pesar de que las administraciones estadounidenses anteriores tuvieron la oportunidad de hacer sentir su influencia, prefirieron permitir que Israel, estado aliado y amigo, hiciera lo que quisiera.


Así es que ha llegado un momento de la verdad. Barack Obama, un líder sabio y valiente, no está meramente interesado en la imagen de Estados Unidos a los ojos del mundo musulmán. No tengo duda de ello. También busca el bienestar y la seguridad de Israel, diciéndonos: "Basta. Dejad de haceros daño a vosotros mismos y a vuestro futuro. Incluso si no creéis en el deseo genuino de los palestinos por lograr la paz, su capacidad de mantener a raya a los terroristas o su renuncia al supuesto derecho de retorno, siempre podéis proteger vuestra seguridad con una presencia militar en los territorios palestinos, en lugar de perjudicar la futura paz y la solución de dos estados al expandir asentamientos inútiles".


Con un llamado así de claro y directo al gobierno israelí, el presidente estadounidense no sólo expresa lo que una mayoría de los israelíes ya sabe. También demuestra su profunda amistad hacia el Estado judío.

*Es uno de los novelistas más destacados de Israel. Su última novela es Friendly Fire (Fuego Amigo).


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