domingo, 28 de junio de 2009

Una reflexión más sobre las Farc

Por Oscar Tulio Lizcano

El Colombiano, Medellín

Junio 28 de 2009

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El 7 de junio, a través de este mismo medio, escribí una columna titulada "Reflexión sin odio", donde señalé que las Farc han jugado equivocadamente a ser un ejército y que por tanto viene sufriendo una creciente hipertrofia militar. Esta situación encuentra gran sentido en su visión acartonada, apoyada en aquella idea maoísta de que el poder nace del fusil; igualmente señalaba que este tipo de aportes carece de odio. De no ser así, estaría condenado a seguir encadenado a esa selva que fue mi cárcel durante muchos años.


Posición que deja ver muy claro la inexistencia de una sólida y eficaz cultura de resistencia política e ideológica frente a un gobierno como el del Presidente Uribe que, por el contrario, los ha golpeado duro militarmente. Logró unir a todo el pueblo colombiano en contra de esta guerrilla, luchando contra prácticas abominables como el secuestro y actos terroristas, dos acciones que evidencian el fracaso del proyecto revolucionario. Prueba de ello, las multitudinarias marchas del pueblo colombiano que se llevaron a cabo durante los dos últimos años.


En medio de la monotonía del secuestro me convencí cada vez más del estado lamentable al que han llegado las Farc. En mi libro Años en silencio reseño situaciones que ilustran la ignorancia que aqueja a sus combatientes.


Recuerdo especialmente las preguntas de dos de mis 17 carceleros, en 2003, cuando se ventilaba en los medios de comunicación el tema del referendo, impulsado por el actual presidente. Merejo, con 15 años de estar en las Farc, se me acercó para preguntarme en qué consistía eso del referendo: ¡es que como lo mencionan tanto en la radio!, ¿qué es, pues, una persona o un señor? Quedé perplejo, pero reaccioné con mucha naturalidad, se trataba de uno de los comandantes que dialogaba conmigo y se preocupaba por mi salud. Le expliqué, evitando que se sintiera mal por su desconocimiento.


Jofre, con 21 años de estar en la guerrilla, en 2006, y con motivo de una discusión con sus camaradas, me preguntó: Don Óscar, ¿el petróleo se siembra lo mismo como se hace con el maíz o el fríjol?


Estas conversaciones me dejaron una reflexión sobre la estructura ideológica en la que se parapetaban las Farc que, como quedó en evidencia, no incluye a los mandos medios en la formación política y de actualidad nacional.


Esta no fue la única pregunta que me conmocionó. Otras tantas me hicieron durante el tiempo que estuve en cautiverio que provenían de los comandantes que estuvieron al mando de los guerrilleros que me custodiaban. Concluí que el soporte ideológico de su lucha, del que tanto hablan los integrantes del Secretariado, no puede ser una posibilidad exclusiva de un porcentaje reducido de altos mandos.


Por eso, comprobar que el conocimiento de la realidad del país se quedaba en hombres como Iván Márquez, Alfonso Cano y Pablo Catatumbo, entre otros, no era más que una evidencia de las graves fracturas ideológicas que tiene esta guerrilla. Con el agravante de poseer una altísima masa de guerrilleros de base que no saben dónde están parados y que imposibilita la formación de cuadros políticos que contribuyan a la verdadera y efectiva revolución.


En las Farc ha persistido una avidez por sumar nuevos combatientes en buena parte compuesta por niños y adolescentes a los que a los tres meses les entregan un camuflado, un fusil y botas, sin garantizar su formación en conocimientos que les sirvan de base para comprender nuestras coyunturas sociales. Eso los ha llevado a ser una guerrilla rural, que está muy lejos de emprender un proceso exitoso de masas.

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